BOLLYWOOD

 

UNA HISTORIA DEL CINE INDIO

 

Por José Alberto Valverde y J. Borja Sánchez Mayoral.

 

 

HISTORIA

RAJ KAPOOR, EL PATRIARCA DEL CINE INDIO

PELÍCULAS

MÚSICA

 

Los comienzos

 

La India posee una de las industrias cinematográficas más antiguas del mundo. El cine hizo su aparición al tiempo que comenzaba el nuevo siglo, un momento de importantes reformas políticas y sociales. La primera proyección tuvo lugar en 1896, fecha en la que pudieron verse seis cortos a través del Cinematógrafo de los Lumière en el hotel Watson de Bombay. Pero la primera producción propiamente india (proyectada en kinetoscopio) corrió a cargo de Harishchandra Bhatva  en el año 1899. En 1913, la película Rajah Harishchandra fue uno de los primeros éxitos comerciales. Su director Dadasaheb Phalke era un especialista en temas épicos indios. En algunas películas no fue capaz de encontrar actrices para los papeles femeninos, sufriendo el rechazo de todo tipo de mujeres que se negaban a prestar tales servicios. Por ello tuvo que caraterizar al joven A. Chalunke para que hiciera de mujer. Para 1920 ya era una industria más o menos consolidada con numerosos cineastas y compañías: Dhiren Ganguly, Baburao Painter y Suchet Singh se encuentran entre los más prominentes directores de la época.

La década de los 30 marcó el inicio de un nuevo cine serio pero entretenido para el gran público. Fue a comienzos de esa década cuando el studio system emergió. Su mayor éxito inicial fue la película Devdas (1935) de P.C Barua, un film de implícita protesta social. También tuvo éxito la compañía Prabhat Film Company fundada por V.G Damle, Shantaram y S. Fatehla en 1929. Los films sociales de V.Shantaram labraron la tierra para otros directores que se animaron a crear un cine de pseudo protesta en el que planteaban interrogantes sobre instituciones como el matrimonio, la viudedad y las diferencias de casta. Su expresión más explícita seguramente se halle en Achhut Kanya (La Intocable, 1936) dirigida por Himanshu Rai, que relata las andanzas de dos jóvenes (un chico y una chica) cuyo desenlace es fatalmente trágico. La siguiente fase más significativa está relacionada con figuras como Raj Kapoor, Bimal Roy y Guru Dutt.

Los años 40, tras la Segunda Guerra Mundial y la independencia india, asisten a una verdadera expansión con directores como Chetan Anand, Uday Shanker o Sohrab Modi. El primer festival de cine internacional se celebró en Bombay en 1952 y tuvo un gran impacto sobre el  cine indio. Fue Satyajit Ray y su clásico Pather Panchali quien abrió brecha para otros cineastas de su tierra gracias a su reconocimiento internacional que le otorgó en Cannes el premio al Mejor Documental Humano, al que posteriormente se sumaron otros premios dentro y fuera del país.

 

Pather Panchali, Satyajit Ray.

 

Rak Kapoor (del que más tarde hablaremos) es el creador de algunas de las películas más populares y memorables del cine indio. La mayoría de sus films exploran las fisuras de las clases sociales indias. Bimal Roy’s Do Bigha Zamin (Dos Acres de Tierra, 1954) muestra una clara influencia del neo-realismo italiano representada en las dificultades de un campesino en situaciones opresivas y desgraciadas. Guru Dutt por su parte también cuestiona las convenciones sociales de una manera similar. 

La llegada de un cine alternativo en los años 70 cambió por completo la estética y temática predominantes hasta entonces. Es indudable el giro que dio la industria con las nuevas propuestas de cineastas como Satyajit Ray, Ghatak y Mrinal Sen, que preferían otra temática a la habitual trama familiar musical tan de moda. Ray es el que goza de mayor reputación. Gjatak ha sido un director más de culto (seis películas solamente), pero su labor como director de la Escuela de Televisión y Cine de Pune fue muy importante. De ahí surgió la primera generación de nuevos cineastas indios. En ese momento directores como Shyam Benegal, Ketan Mehta o Saeed Mirza exhibieron una estética diferente y sensibilidad política, inclinados a explorar las diferencias de castas y la opresión sufrida por la mujer, la migración de áreas rurales a las urbanas, el problema de la falta de tierras y demás temas comprometidos.

 

La actualidad

 

Pero hoy en día son habituales las producciones comerciales, que son las que al fin y al cabo dominan el mercado en India y en otros lugares donde abundan los seguidores del cine indio como el Caribe, Fiji, África del este, Sudáfrica, Reino Unido, Estados Unidos y Oriente Medio. La rutina de canciones y bailes ya está sistematizada y regularizada por completo.

800 películas anualmente, la mayoría en lengua hindi. Su tecnología es una de las mejores del mundo pero sus tramas y desarrollos suelen ser siempre los mismos. De acuerdo con cifras no oficiales, el cine da empleo a más de 6 millones de personas, generalmente bajo contrato temporal. En cuanto a la financiación del cine indio, aun hoy es algo que no se acaba de conocer. Los bancos no suelen ser buenos inversores debido al alto riesgo que el cine conlleva. El Canara Bank y el Indian Bank sufrieron fuertes pérdidas recientemente al arriesgarse. Ni siquiera actores que han llegado a cargos políticos importantes han revelado las fuentes económicas. Hasta los años 60, los productores solían conseguir préstamos de las distribuidoras con un mínimo de garantía, esto significaba que las distribuidoras tenían que asegurar la proyección en las salas en un período mínimo. La responsabilidad era por lo tanto de las distribuidoras. Aunque siempre hay excepciones, como la de Satyajit Ray que empeñó la joyería de su mujer para financiar una de sus películas.

A partir de los 60, con la llegada del star system esto cambió. Los actores/actrices dejaron de tener obligaciones a largo plazo con los estudios. Ahora todo depende de las recaudaciones de taquilla y de su caché. Esto incrementa el coste de las películas ya que la estrella acapara una buena parte del presupuesto del productor, que en algunos casos ha llegado a los 30 millones de dólares.

 

RAJ KAPOOR. El patriarca del cine indio.

 

Un verdadero creador: productor, guionista, director, actor y sobre todo un gran idealista. 18 películas, muchas de ellas protagonizadas por él mismo, es el legado que nos dejó este showman divertido y humano, uno de los más importantes eslabones de una saga dedicada al cine. Una de las angustias mayores de Raj Kapoor era el injusto orden social. Para él, el  verdadero mundo es un lugar lejos de la Utopía con un código moral oscuro, un clima desfavorecido en el que el hombre común es casi como el perro callejero al que le dan la patada cada vez que se atreve a pisar terreno prohibido. En Shree 420 (1955) Raj grita contra una sociedad que concede respetabilidad a los ladrones, carteristas y timadores a costa de la clase trabajadora empobrecida: “Este es el defecto de nuestra sociedad actual, que trata a los ladrones y timadores como gente respetable y desprecia a los humildes trabajadores como si fueran ladrones” decía Kapoor. “Qué extraño, tú eres un vagabundo, yo también, tienes mala reputación, yo también. No tienes hogar, yo tampoco. Estás hambriento de amor como yo. La única diferencia entre los dos es que tú eres un animal y yo humano. Humano, ja!, podemos escuchar de labios del protagonista de Shree 420.

En esta película, Raj Kapoor se sitúa al nivel de los deshumanizados parias que viven bajo el brillo de las luces de Bombay. Con sus zapatos rotos, su pantalón parcheado y un puñado de sueños por cumplir en el bolsillo, inmediatamente se gana el afecto de los más pobres. Una vendedora de plátanos se convierte en su madre adoptiva, y una humilde profesora en su prometida. Su caracterización chaplinesca comparte ese desamparo ante la injusticia. El vagabundo de Kapoor lucha contra el desequilibrio de la riqueza con ánimo, lentamente y consciente de que ha de cambiar su situación pero para ello habrá de trabajárselo mucho. Cuando se le presenta la oportunidad de ascender en la escala social y convertirse en un burgués, un hombre respetable ante los demás, no lo duda ni un instante y abandona a sus camaradas de callejón.

A Kapoor le gusta restaurar el equilibrio antes de cerrar sus películas. Los conflictos al final son resueltos, los justos triunfan y Dios es bueno. En cuanto a la cuestión social, la acusación de Kapoor no recae en el socialismo de Nehruvian. Él conserva un optimismo y un idealismo romántico por el cual aún hay esperanza. En definitiva, la política de Raj Kapoor es el amor: “Veía mi entorno y el efecto social que tenía sobre la gente e intenté tejer los guiones de aquellos años con las influencias de ese entorno y presentarlo con romanticismo y un cierto sentido de pertenencia, de humanismo que hacía las veces de amor”. El vagabundo de Kapoor no quiere ser un marginal sino ser respetado y pertenecer a la comunidad. Es el joven que sólo necesita una oportunidad. Según el director, “los jóvenes de nuestro país lo tienen todo: son honestos, cultos, pueden ser ciudadanos maravillosos si se les da una oportunidad, pero siempre se han visto truncados por ciertas influencias sociales, por los escasos recursos económicos. Llevan una flor en la mano y caminan hacia un horizonte distinto”. Es este romanticismo, inocencia y optimismo la constante en la obra de Kapoor durante cuatro décadas de producción.

También es interesante su visión de la mujer, de la heroína protagonista. En Awaara es el amor hacia Raj el que le salva al final; en Satyam Shivam Sundaram, la mujer es la cantante del templo, la belleza personificada salvo por un defecto físico en el rostro por el que ha sido toda su vida menospreciada. En general, son las víctimas de la injusticia del hombre y sufren pero de manera discreta. A la hora de mostrar sus encantos, Kapoor no olvida echar un velo de decoro que no impide mostrarnos a la mujer en toda voluptuosidad. Puede mostrar su ardor siempre que sus intenciones sean honestas, siempre en un contexto legítimo (noviazgo, matrimonio). En Satyam Shivam Sundaram, la protagonista no viste más que blusas semi-transparentes y pequeños saris que la cámara no duda en enseñarnos, porque no hay nada de malo en contemplar a una devota cantante del templo, sólo es el espectador el que puede incurrir en sacrilegio si ve con ojos lascivos a este clon de Mirabai, la reina de Rajastán devota del dios Krishna. Aunque más tarde será comentada la película, conviene hacer un alto y contar la fascinante historia de esta santa legendaria.

Mirabai era la princesa del clan Rathod perteneciente a Medath de Rajastán. Rana Ratan Simh era su padre (Rana significa Rajá). Desde pequeña demostró sus inclinaciones espirituales y su admiración y devoción por Giridhar Gopal, una de las formas de Lord Krishna. Se casó con el príncipe de Chittore, pero al poco tiempo él murió. Mira se negó a realizar el sati (es decir, inmolarse en la misma pira funeraria que su marido) como era costumbre entre los Rajputs. Ella se creía unida solamente a Giridhar Gopal y la muerte terrenal de su marido no significaba nada.  Se pasaba el día meditando, orando, cantando y bailando ante su amado ídolo instalado en el palacio.

El lugar comenzó a recibir a muchos devotos, vagabundos espirituales con los que Mira encontró gran compañía. Pero este extraño comportamiento no era bien visto en palacio, gobernado por su cuñado y rey. Intentaron de diversas maneras distraer su atención y apartarla de la vida pública, pero no lo consiguieron. Muchas de sus canciones hablan sobre esta circunstancia: Eel Rajá le envió a Mira una cesta con flores y una serpiente dentro”, “Dispuesto a matarla, el Rajá envió una copa con veneno”, etc.

El rey llegó a decir que ojalá decidiese poner fin a su vida ahogándose. Esto llegó a oídos de Mira quien pensó que sería buena idea dejar de sufrir, pero una voz le dijo que era pecado suicidarse, y que fuera a Brindavan.

Así que para allá se fue, a Brindavan, un lugar sagrado atendido sólo por hombres. Uno de ellos era Jeeva Goswami que había jurado no ver jamás a una mujer (ni siquiera su sombra) así que su discípulo la detuvo y se lo dijo. Mira se rió y dijo:“Creía que el único hombre en Brindavan era Krishna, ¡ahora veo que tiene un rival!” En el culto Bhakti, el amor de la mujer hacia su marido se dice que es la mejor forma de devoción, de ahí que todos los devotos del mundo son considerados mujeres y Dios es el único hombre. Si un devoto se cree un hombre entonces es considerado rival de Dios. Las palabras de Mirabai calaron en Goswami quien entendió su significado y la acompañó a la ermita. Desde Brindavan a Dwaraka fue cantando y rezando. Se dice que finalmente Mira se fundió junto al Krishna del templo de Ranchod en Dwakara.

Más de 400 canciones son las adscritas a Mira, a las que ella misma puso letra y melodía. Hoy en día son muy populares en la India y sirven de solidaridad entre los Bhakti.

El exotismo en el cine de Kapoor por lo tanto es un asunto a considerar, siendo no obstante revolucionario el que incluso llegue a mostrar los pechos de la protagonista en Ram Teri Ganga Maili (eso sí, para amamantar a su hijo) en una sociedad tan tradicional y ortodoxa.

 

LAS PELÍCULAS

 

AWAARA, 1951

 

Director: Raj Kapoor. Año: 1951, B/N. Duración: 180'. Intérpretes: Primithviraj Kapoor, Nargis, Raj Kapoor con K.N, Singh, Shashi Kapoor, cuco y Leele Chitnis.

 

El vagabundo descubre que es el hijo perdido de un juez reaccionario defensor del concepto nietzschiano de los hombres y superhombres, los hombres corrientes y los príncipes, así como un marcado determinismo al que Newton dio una nueva dimension tras su Principia Mathematica de 1687, en el que explica el orden y la complejidad del cosmos, teorías físicas que no dejaban margen a interpretaciones. Según esto,  las leyes de la naturaleza contienen nuestro futuro y el hombre es una pieza más de la maquinaria total,  por lo que nuestro destino ya viene marcado por nuestro pasado y nuestro presente, es decir, que uno no puede ser respetable si ha nacido en una familia de hampones y asesinos.

El amor de ese vagabundo ladrón por una heroína justa le ayuda a encontrarse consigo mismo y con su pasado. La canción de la secuencia del sueño lo representa muy bien: “no quiero este infierno, quiero flores, música y amor”.

El argumento es sencillo: Un abogado de Lucknow, llamado Raghunath sufre terriblemente cuando su mujer Leela es secuestra por el malvado jefe de los villanos Jagga, recién salido de prisión a donde fue enviado por el abogado y sentenciado con su teoría determinista. Cuando Jagga se entera del estado de buena esperanza de la mujer, urde un plan vengador y la deja marchar. Una vez que Leela vuelve a casa, la duda de la paternidad del bebé hace que Raghunath se vuelva loco y la expulse de casa. Ella da a luz en la calle. Las sombras siniestras al estilo del cine negro de los 40 remarcan perfectamente esta miseria. Ese niño crece, y su madre le quiere convertir en un abogado como su padre, pero Raj (que así se llama el protagonista) no parece convencido (sólo hay que ver como se despeina después de que su madre le unta el pelo con aceites). El hambre hace que pronto su destino se incline hacia el crimen. Robos junto a Jagga, el cual quiere probar que su padre estaba equivocado con sus teorías y que un niño nacido en una familia honrada puede ser un perfecto ladrón. En uno de los intentos de robo se encuentra con la bella Rita (Nargis) y descubre que es la niña de su infancia a la que tanto cariño le tenía. Cuando se reconocen mutuamente se enamoran. Ella constantemente le llama salvaje y eso despierta la ira de Raj que descubre en Rita su yo más enfermo y malvado. Muestra de sus luchas interiores es la escena del sueño que recrea el cielo y el infierno en el cual intenta escapar de la influencia de Jagga y ser honesto.

La reforma de Raj no es fácil. No consigue trabajo y Raghunath (convertido ya en juez) le sigue condenando por no tener padre. No obstante, Rita se mantiene a su lado aun sabiendo que es un ladrón. Cuando al final Raj mata a Jagga para salvar a su madre, Rita se convierte en su abogado. Tras una larga lucha emocional, padre e hijo se reconocen y aceptan.

Una de las cumbres del cine de Kapoor ayudado por los guionistas K. A Abbas, V. P Sathe y el excepcional cámara Radhu Karmakar. Awaara fue la primera película rodada en los estudios recién estrenados de Raj RK studios. Tras el éxito de la película, Raj trabajó exclusivamente con la actriz Nargis en los cinco años siguientes.

Lo importante es la puesta en escena, con las canciones construídas para la ocasión, los planos tomados muchas veces de Welles, la rica imaginación con el uso de transparencias, los decorados que tan bien reflejan los estratos sociales y la memorable interpretación de los protagonistas (el propio Raj Kapoor y Nargis). Aunque, sí, Raj Kapoor pertenece a la tradición del Bollywood (según nuestra terminología, bollywood es el cine de  entretenimiento, de mayor calado entre el gran público a diferencia del cine de autor de mayor profundidad temática y estética si cabe), sus películas en blanco y negro poseen una calidad extraordinaria dignas de elogio. José Alberto Valverde

 

 

 

SHREE 420, 1955

 

Director: Raj Kapoor. Año: 1955, B/N. Duración: 177 minutos. Intérpretes: Raj Kapoor, Nargis, Nadira, Nemo, Lalita Pawar, M. Kumar, Hari Shivdasani, Nana Palsikar, Bhudo Advani, Pesi Pastel, Rashid Khan.

Shree 420 es otra muestra del cine de Raj Kapoor, una película muy entretenida, limitada en algunos aspectos, pero encantadora en su conjunto. Como en otras ocasiones presenta personajes con un destino marcado (del que es muy difícil que se separen) que arrastran desde la infancia. También habitual es la profunda historia de amor que surge entre sus dos protagonistas.

Kapoor nos cuenta la historia de Raj (interpretado por él mismo), un golfillo que tras algunas peripecias termina llegando a la gran ciudad de Bombay. Allí se encuentra con la pobreza más absoluta y la falta de oportunidades. En su devenir va conociendo a gente de diverso pelaje, en general buena, como la vendedora de plátanos (que le llega a considerar como su hijo) o la bella maestra infantil Vidya (Nargis), de la que se enamora perdidamente. Vista su dificultad para obtener un empleo recurre a pequeñas triquiñuelas y engaños aprovechándose de la inocencia y bondad de las gentes más humildes. Al poco tiempo consigue un trabajo en una lavandería pero su actitud informal le impide rendir de forma satisfactoria. Este oficio le da la posibilidad de entregar un pedido a la peligrosa Maya, mujer de nefastas intenciones (genuina femme fatale del cine negro americano) con poses ( al fumar, seducir o actuar en un escenario) propias de una Gilda india. Maya y la prodigiosa habilidad de Raj con los naipes abrirán las puertas de éste último al opulento mundo de los ricos. Aquí conocerá en una partida de cartas al todo poderoso Seth Sadmachalan (llamado en Bombay el rey del algodón) e iniciará su escalada hacia el éxito aumentando sobremanera sus ingresos gracias al fraude. Esos grandes logros sólo se satisfacen gracias a la pérdida de la honestidad y al declive moral.

Las pinceladas básicas del argumento en sus 100 primeros minutos son éstas. El film incide (no de forma mordaz) en la crítica social. A grandes rasgos refleja una sociedad muy pobre, cuyas diferencias entre la base social más baja y la más adinerada son abismales. Este problema sabemos que se ha dado y se da en todos los países  del mundo pero es un fenómeno más acusado en los países subdesarrollados, en este caso la India, donde no tenemos consciencia de la existencia de una clase media (algo que desgraciadamente cada vez es más frecuente en los Estados que no pertenecen al primer mundo). Pero los desdichados de Kapoor a pesar de sus adversidades son gente feliz. La dicotomía que representan por un lado las figuras de Raj (en algunos momentos) y Seth Sadmachalan evidencian un triunfo a cualquier precio, aún a costa de pasar por encima de la gente. Por el otro  está la forma de pensar honrada y virtuosa de Vidya. Las posibilidades de salir adelante no son muchas, por ese motivo a veces se escoge el camino más rápido para ganar dinero. Simbolizando estas realidades está la tienda de empeño del tío de Vidya donde se intercambian las ilusiones presentadas a través de sencillas matáforas: la venta por parte de Raj de su medalla de la honestidad o la de Vidya de sus libros, fuente de la sabiduría.

El director incorpora a su film elementos perfectamente reconocibles de filmografías occidentales. Cuando vemos a Raj en las primeras secuencias es inevitable recordar el cine cómico mudo (su cámara rápida) y muy especialmente el espíritu popular y “clown” del inolvidable Charles Chaplin (Charlot Vagabundo). Su característica forma de moverse, su mímica o su ridículo aire de dandy (cuando “toma prestado” el traje de la lavandería). También hereda sus elementos psicológicos como su romanticismo y sentimentalismo. Junto a Charlot, Raj bebe mucho de los Hermanos Marx, sobre todo del mudito Chico,  el más gestual y gracioso. Son comunes a los cómicos mencionados las escenas de golpes (abundantes en el desenlace final). También la figura de Cantinflas (Mario Moreno) está incorporada, cuyos personajes de gran corazón popularizaron el cine mejicano de los años 40. El personaje de Seth Sadmachalan es una estupenda versión de sus villanos.

Por otro lado posee ligerísimos toques de neorrealismo italiano en numerosas situaciones en las que tenemos a los pobres como protagonistas pero siempre descartando su dramatismo. El cine británico, como no podía ser de otra forma (no sólo el exitoso de posguerra, sino también el anterior), se cuenta entre los favoritos del director.  De todas formas las aportaciones americanas son sin duda las más apreciables, lo cual es lógico si tenemos en cuenta que la distribución de cine estadounidense en la India era enorme. Los números musicales son frecuentes con Raj o Vidya com protagonistas absolutos. Otras veces intervienen los pobres. E incluso llegan a desarrollarse en un lujoso Club o Casino. Aquí es donde la influencia del musical americano es mayor aunque no deja de ser modesto, sin llegar a sus cotas de glamour ni elegancia. Destacable es también el uso de transparencias típico del cine de Kapoor, las cuales agilizan la narración. La segunda parte de la película introduce tramas y situaciones propias del cine negro americano clásico aportando detalles muy interesantes al conjunto.

Un film que puede ser tachado de artificial, infantil en algunos aspectos o incluso considerarlo como un puro divertimento a modo de evasión, pero es innegable que desde el punto de vista narrativo está bien construido y que posee secuencias y planos preciosos, como los del primer encuentro de Raj y Vidya en el puesto de té ambulante. Es recomendable aunque solo sea por el hecho de ver la mezcla de géneros y estilos propios del cine occidental junto al cine indio, a menudo inspirado en su folklore y tradición.

 

 

SATYAM SHIVAM SUNDARAM, 1978

 

Director: Raj Kapoor. Año: 1978. Duración: 172 minutos. Intérpretes: Shashi Kapoor, Zeenat Aman, Kanhaiyalal, A.K. Hangal, David, Hari Shivadasani, Leela Chitnis, Sheetal.

Satyam Shivam Sundaram es un perfecto ejemplo de lo que podemos encontrarnos en el momento de ver un Bollywood. Debo confesar que ha sido mi primera experiencia en este género y la verdad es que estoy muy satisfecho.

Su argumento es de una sencillez casi infantil. Rupa es una niña desafortunada desde su nacimiento (su madre falleció en el parto), e incluso es considerada maldita por el resto de los habitantes de su aldea. Siendo todavía pequeña sufre un terrible accidente que la desfigura la mitad del rostro. Con el tiempo la niña se va convirtiendo en una hermosísima joven, cuya belleza se ve visiblemente empañada por las desagradables cicatrices que conserva. Además la adorable Rupa canta deliciosamente bien, lo que encandila y enamora desde el principio a un joven ingeniero que llega a la aldea para inaugurar una presa recién construida. El galán trata de ser seducido por todas las jóvenes del poblado pero el sólo busca la voz de Rupa, hasta que al fin la encuentra, quedando también prendado por su exótica belleza (siempre con un velo cubriendo la mitad de su rostro). Los dos sienten verdadera pasión pero la joven es reticente a enamorarse porque le asusta la posible reacción del varón si descubriese su cara completa. Después de mucho ir y venir acaban comprometiéndose y en el decisivo instante de la boda el ingeniero descubre toda la verdad, lo que provoca un auténtico torbellino.

A grandes rasgos, esta es la trama de lo que podríamos considerar la primera parte del film, cuya duración total es de 172 minutos. A partir de la boda la acción progresivamente va cobrando tintes más dramáticos hasta la explosión final. Bajo el género del melodrama (distinto al clásico de Hollywood popularizado por Douglas Sirk) se desarrolla este bonito cuento de amor inspirado en una antigua leyenda hindú. Al mismo tiempo contamos con abundantes números musicales protagonizados por Rupa (que actúa a modo de star system del cine indio), unas veces en solitario, otras junto a su amado e incluso dentro de un amplio conjunto con unas coreografías siempre divertidas. La religión (constantes planos de templos y altares) y la tradición impregnan toda la vida de la aldea. Fiel reflejo de la India milenaria y populosa dotada de una naturaleza exuberante, siendo el agua una de las protagonistas, ya sea en espacios naturales (cascadas de ríos) o artificiales (la presa).

Desde el punto de vista puramente cinematográfico contamos con muchos detalles interesantes de filmografías muy diversas. El gusto evidente de Raj Kapoor por recursos típicos del cine de los años 60 y 70 (italiano sobre todo) como es la utilización compulsiva de acercamientos (zooms) y alejamientos del encuadre, algunas veces violentos. El uso de continuos filtros en la cámara con la finalidad de obtener distintos resultados (puestas de sol, etc). Los guiños a un género (en principio alejado del Bollywood) como es el spaguetti western de Sergio Leone. Los decorados sobrecargados e hinchados de pop y fashion en algunos números musicales (el del sueño de Rupa es el máximo exponente) nos traen a la memoria otros musicales o películas de serie B. Por otro lado la estética luminosa del cine japonés de temática mitológica (por ejemplo Los Tres Tesoros de Hiroshi Inagaki). También son abundantes las situaciones humorísticas (para algunos espectadores -yo no me incluyo- todo el film puede ser objeto de mofa o burla). Muy destacables resultan sus diálogos, muy poéticos y enriquecidos con abundantes metáforas, aunque a menudo destrozadas por los nefastos subtítulos en ¿español?. Al igual que los planos generales de paisajes, verdaderamente plásticos, muy bien fotografiados que crean grandes contrastes cromáticos de luces y sombras (atardeceres). Tenemos otros detalles técnicos como son las elegantes travellings que demuestran el conocimiento del oficio por parte del director.

En fin, una película bastante folklórica, muy popular, apta para todos los públicos (me encantaría viajar para verlas en un cine de la India) con moraleja incluida.  Algunos incluso las comparan con nuestras películas de Marisol o de Manolo Escobar. Nada más lejos de la realidad. En mi opinión la estética y el contenido de un Bollywood es muy diferente y bastante superior.

Una cultura, una civilización y una forma de vida radicalmente distinta a la nuestra, más sosegada y espiritual. Todo esto de una forma y otra se tiene que trasladar a la pantalla y así ha sido aunque se trate de una película sencilla y sin pretensiones. J. Borja Sánchez Mayoral

 

 

 

RAM TERI GANGAL MAILI, 1985

 

Director: Raj Kapoor. Año: 1885. Duración: 178'. Intérpretes: Rajiv Kapoor, Mandakini, Divya Rana, Saae Jaffrey, Raza Murad, Kulbhushan Kharbanda.

Esta producción de 1985 comparte muchos de los rasgos característicos de Satyam Shivam Sundaram como son el espléndido colorido, las tragedias personales y el amor. Esta vez una chica llamada Ganges (Ganga) se enamora de un joven que llega al pueblo de montaña donde ella vive. El joven resulta ser el heredero de una familia importante cuyo matrimonio ya ha sido concertado sin él saberlo. Él vuelve a su ciudad, Calcuta, y ella queda en las montañas embarazada. Al no recibir noticias suyas, decide emprender un viaje a la ciudad para darle la noticia. En el camino Ganga es víctima de todo tipo de estafas, engaños y abusos. Tras una larga serie de penalidades los enamorados se encuentran, pero ella ya se siente sucia y piensa que no es digna de su amor.

Bollywood en estado puro. Violencia musical (la música no surge suavemente sino que golpea con fuerza incluso tapando los diálogos), coreografías sugerentes e hipnóticas, derroche de tonalidades fuertes y una protagonista bellísima (eso sí, con las connotaciones sagradas que supone el llamarse como el río Ganges). Kapoor, tras todo este derroche de imaginación cuestiona la validez de los matrimonios concertados, critica la corrupción (el padre del chico debe conseguir que se celebre la boda concertada con la hija de un pez gordo de la política si no quiere perder su favor), y una larga lista de vicios imperdonables incrustados en la sociedad india. En resumidas cuentas, más de tres horas de diversión ininterrumpida.

 

 

SU MÚSICA

 

La llegada del cine sonoro a la India tuvo lugar en 1931 con la película Alam Ara de Ardershir Irani y fue menos traumática que en Hollywood. Muchos de los actores fueron seleccionados del teatro. El problema mayor era la variedad de lenguas. Solución: el Hindi fue adoptado como la lingua franca para todas las películas indias. Y uno de los resultados más típicos de bollywood fue que la música se hizo protagonista de la acción. A mediados de los 30 muchos músicos clásicos dirigían las bandas sonoras. Aunque las primeras canciones eran el producto de la tradición oral, en la cual se le ponía ritmo al discurso, más tarde fueron auténticas canciones compuestas para realzar las imágenes con verdadero énfasis (es la llamada violencia musical de Bollywood). Hasta tal punto que las canciones son famosas hoy en día independientemente de la película para la que fueron compuestas.

Por supuesto las tradiciones musicales de Occidente pronto se impregnaron a su ADN. Las dos primeras décadas (30, 40) del cine sonoro estuvieron dominadas por actores-cantantes como K.L. Saigal, Pankaj Mullick y Suraiyya, pero la escasa musicalidad de algunos actores planteó el problema. Así es como se llegó a la solución del playback. A finales de los 40 ya era corriente el uso de una voz ajena a la del actor o actriz. Esto marcó el boom de la música del bollywood, que se ha extendido a todas las esferas del país.

Dos de las más grandes y prolíficas cantantes que han dado su voz a miles de películas son Asha Bhosle y su hermana Lata Mangeshkar. La voz de Asha fue entrenada por su padre hasta los 15 años momento en el que debutó con su primer playback Más de 20.000 canciones registradas han brotado de su garganta en todos estos años.

Su hermana Lata Mangeshkar es la voz suprema de la India, toda una institución. El Libro Guiness de los Records la recoge como la artista que más canciones ha grabado (30.000 canciones en 20 idiomas indios entre 1948 y 1987). Y aún sigue cantando. Su debut tuvo lugar en 1943 con la película de Marathi Kiti Hasaal. Su tono agudo dejó obsoletas a las graves voces nasales de la época. Mantuvo una batalla con el cantante Mohamed Rafi (una de las grandes voces masculinas del bollywood junto a Mukesh) en los 60 y dejó de cantar con el que había sido la otra parte de sus duetos durante mucho tiempo por unos problemas de royalties. Grandes compositores y directores musicales pusieron a prueba su voz: C. Ramchandra y Madan Mohan. Cantó para actrices de renombre como Nargis o Kajol. Hace poco le han concecido un premio (otro más) el Bharat Ratna, el más elevado premio a un ciudadano indio.

 

Lata Mangeshkar.

 

Es curioso que habiendo grabado tantas canciones, las hermanas sean tan desconocidas (¿alguien se acuerda del Brimful of Asha de Cornershop?). Hoy en día con la moda del asian underground y las fiebres exóticas se publican (afortunadamente) de vez en cuando recopilatorios con música de cine indio en sellos como Manteca o Normal Records (Q.D.K Media).

La experiencia total de ir al cine quizá sólo suceda en la India: entrar en una tierra de fantasía en compañía de otros espectadores como tú y ser transportado más allá de la realidad. Si no podemos irnos tan lejos, sumergirnos en una de sus películas será suficiente. La huella que deja, os lo aseguro, es profunda. Ésa es la magia del bollywood. José Alberto Valverde