
BOLLYWOOD
UNA
HISTORIA DEL CINE INDIO
RAJ KAPOOR, EL PATRIARCA DEL CINE INDIO
La
India posee una de las industrias cinematográficas más antiguas del mundo. El
cine hizo su aparición al tiempo que comenzaba el nuevo siglo, un momento de
importantes reformas políticas y sociales. La primera proyección tuvo lugar en
1896, fecha en la que pudieron verse seis cortos a través del Cinematógrafo de
los Lumière en el hotel Watson de Bombay. Pero la primera producción
propiamente india (proyectada en kinetoscopio) corrió a cargo de Harishchandra
Bhatva en el año 1899. En 1913, la
película Rajah
Harishchandra fue uno de los primeros éxitos comerciales. Su director
Dadasaheb Phalke era un especialista en temas épicos indios. En algunas películas
no fue capaz de encontrar actrices para los papeles femeninos, sufriendo el
rechazo de todo tipo de mujeres que se negaban a prestar tales servicios. Por
ello tuvo que caraterizar al joven A. Chalunke para que hiciera de mujer. Para
1920 ya era una industria más o menos consolidada con numerosos cineastas y
compañías: Dhiren Ganguly, Baburao Painter y Suchet Singh se encuentran entre
los más prominentes directores de la época.
La década de los 30 marcó el inicio de un nuevo cine serio pero entretenido para el gran público. Fue a comienzos de esa década cuando el studio system emergió. Su mayor éxito inicial fue la película Devdas (1935) de P.C Barua, un film de implícita protesta social. También tuvo éxito la compañía Prabhat Film Company fundada por V.G Damle, Shantaram y S. Fatehla en 1929. Los films sociales de V.Shantaram labraron la tierra para otros directores que se animaron a crear un cine de pseudo protesta en el que planteaban interrogantes sobre instituciones como el matrimonio, la viudedad y las diferencias de casta. Su expresión más explícita seguramente se halle en Achhut Kanya (La Intocable, 1936) dirigida por Himanshu Rai, que relata las andanzas de dos jóvenes (un chico y una chica) cuyo desenlace es fatalmente trágico. La siguiente fase más significativa está relacionada con figuras como Raj Kapoor, Bimal Roy y Guru Dutt.
Los
años 40, tras la Segunda Guerra Mundial y la independencia india, asisten a una
verdadera expansión con directores como Chetan Anand, Uday Shanker o Sohrab
Modi. El primer festival de cine internacional se celebró en Bombay en 1952 y
tuvo un gran impacto sobre el cine
indio. Fue Satyajit Ray y su clásico Pather Panchali quien abrió brecha
para otros cineastas de su tierra gracias a su reconocimiento internacional que
le otorgó en Cannes el premio al Mejor Documental Humano, al que posteriormente
se sumaron otros premios dentro y fuera del país.

Pather
Panchali,
Satyajit Ray.
Rak Kapoor (del que más tarde hablaremos) es el creador de algunas de las películas más populares y memorables del cine indio. La mayoría de sus films exploran las fisuras de las clases sociales indias. Bimal Roy’s Do Bigha Zamin (Dos Acres de Tierra, 1954) muestra una clara influencia del neo-realismo italiano representada en las dificultades de un campesino en situaciones opresivas y desgraciadas. Guru Dutt por su parte también cuestiona las convenciones sociales de una manera similar.
La llegada de un cine alternativo en los años 70 cambió por completo la estética y temática predominantes hasta entonces. Es indudable el giro que dio la industria con las nuevas propuestas de cineastas como Satyajit Ray, Ghatak y Mrinal Sen, que preferían otra temática a la habitual trama familiar musical tan de moda. Ray es el que goza de mayor reputación. Gjatak ha sido un director más de culto (seis películas solamente), pero su labor como director de la Escuela de Televisión y Cine de Pune fue muy importante. De ahí surgió la primera generación de nuevos cineastas indios. En ese momento directores como Shyam Benegal, Ketan Mehta o Saeed Mirza exhibieron una estética diferente y sensibilidad política, inclinados a explorar las diferencias de castas y la opresión sufrida por la mujer, la migración de áreas rurales a las urbanas, el problema de la falta de tierras y demás temas comprometidos.
Pero
hoy en día son habituales las producciones comerciales, que son las que al fin
y al cabo dominan el mercado en India y en otros lugares donde abundan los
seguidores del cine indio como el Caribe, Fiji, África del este, Sudáfrica,
Reino Unido, Estados Unidos y Oriente Medio. La rutina de canciones y bailes ya
está sistematizada y regularizada por completo.
800 películas anualmente, la mayoría en lengua hindi. Su tecnología es una de las mejores del mundo pero sus tramas y desarrollos suelen ser siempre los mismos. De acuerdo con cifras no oficiales, el cine da empleo a más de 6 millones de personas, generalmente bajo contrato temporal. En cuanto a la financiación del cine indio, aun hoy es algo que no se acaba de conocer. Los bancos no suelen ser buenos inversores debido al alto riesgo que el cine conlleva. El Canara Bank y el Indian Bank sufrieron fuertes pérdidas recientemente al arriesgarse. Ni siquiera actores que han llegado a cargos políticos importantes han revelado las fuentes económicas. Hasta los años 60, los productores solían conseguir préstamos de las distribuidoras con un mínimo de garantía, esto significaba que las distribuidoras tenían que asegurar la proyección en las salas en un período mínimo. La responsabilidad era por lo tanto de las distribuidoras. Aunque siempre hay excepciones, como la de Satyajit Ray que empeñó la joyería de su mujer para financiar una de sus películas.
A
partir de los 60, con la llegada del star system esto cambió. Los
actores/actrices dejaron de tener obligaciones a largo plazo con los estudios.
Ahora todo depende de las recaudaciones de taquilla y de su caché. Esto
incrementa el coste de las películas ya que la estrella acapara una buena parte
del presupuesto del productor, que en algunos casos ha llegado a los 30 millones
de dólares.
Un
verdadero creador: productor, guionista, director, actor y sobre todo un gran
idealista. 18 películas, muchas de ellas protagonizadas por él mismo, es el
legado que nos dejó este showman divertido y humano, uno de los más
importantes eslabones de una saga dedicada al cine. Una de las angustias mayores
de Raj Kapoor era el injusto orden social. Para él, el verdadero mundo es un lugar lejos de la Utopía con un código
moral oscuro, un clima desfavorecido en el que el hombre común es casi como el
perro callejero al que le dan la patada cada vez que se atreve a pisar terreno
prohibido. En Shree 420 (1955) Raj grita contra una sociedad que concede
respetabilidad a los ladrones, carteristas y timadores a costa de la clase
trabajadora empobrecida: “Este es el defecto de nuestra sociedad actual,
que trata a los ladrones y timadores como gente respetable y desprecia a los
humildes trabajadores como si fueran ladrones” decía Kapoor. “Qué
extraño, tú eres un vagabundo, yo también, tienes mala reputación, yo también.
No tienes hogar, yo tampoco. Estás hambriento de amor como yo. La única
diferencia entre los dos es que tú eres un animal y yo humano. Humano, ja!,
podemos escuchar de labios del protagonista de Shree 420.
En
esta película, Raj Kapoor se sitúa al nivel de los deshumanizados parias que
viven bajo el brillo de las luces de Bombay. Con sus zapatos rotos, su pantalón
parcheado y un puñado de sueños por cumplir en el bolsillo, inmediatamente se
gana el afecto de los más pobres. Una vendedora de plátanos se convierte en su
madre adoptiva, y una humilde profesora en su prometida. Su caracterización
chaplinesca comparte ese desamparo ante la injusticia. El vagabundo de Kapoor
lucha contra el desequilibrio de la riqueza con ánimo, lentamente y consciente
de que ha de cambiar su situación pero para ello habrá de trabajárselo mucho.
Cuando se le presenta la oportunidad de ascender en la escala social y
convertirse en un burgués, un hombre respetable ante los demás, no lo duda ni
un instante y abandona a sus camaradas de callejón.
A
Kapoor le gusta restaurar el equilibrio antes de cerrar sus películas. Los
conflictos al final son resueltos, los justos triunfan y Dios es bueno.
También
es interesante su visión de la mujer, de la heroína protagonista. En Awaara
es el amor hacia Raj el que le salva al final; en Satyam Shivam Sundaram, la
mujer es la cantante del templo, la belleza personificada salvo por un defecto físico
en el rostro por el que ha sido toda su vida menospreciada. En general, son las
víctimas de la injusticia del hombre y sufren pero de manera discreta. A la
hora de mostrar sus encantos, Kapoor no olvida echar un velo de decoro que no
impide mostrarnos a la mujer en toda voluptuosidad. Puede mostrar su ardor
siempre que sus intenciones sean honestas, siempre en un contexto legítimo
(noviazgo, matrimonio). En Satyam Shivam Sundaram, la protagonista no
viste más que blusas semi-transparentes y pequeños saris que la cámara no
duda en enseñarnos, porque no hay nada de malo en contemplar a una devota
cantante del templo, sólo es el espectador el que puede incurrir en sacrilegio
si ve con ojos lascivos a este clon de Mirabai, la reina de Rajastán devota del
dios Krishna. Aunque más tarde será comentada la película, conviene hacer un
alto y contar la fascinante historia de esta santa legendaria.
Mirabai
era la princesa del clan Rathod perteneciente a Medath de Rajastán. Rana Ratan
Simh era su padre (Rana significa Rajá). Desde pequeña demostró sus
inclinaciones espirituales y su admiración y devoción por Giridhar Gopal, una
de las formas de Lord Krishna. Se casó con el príncipe de Chittore, pero al
poco tiempo él murió. Mira se negó a realizar el sati (es decir, inmolarse en
la misma pira funeraria que su marido) como era costumbre entre los Rajputs.
Ella se creía unida solamente a Giridhar Gopal y la muerte terrenal de su
marido no significaba nada. Se
pasaba el día meditando, orando, cantando y bailando ante su amado ídolo
instalado en el palacio.
El
lugar comenzó a recibir a muchos devotos, vagabundos espirituales con los que
Mira encontró gran compañía. Pero este extraño comportamiento no era bien
visto en palacio, gobernado por su cuñado y rey. Intentaron de diversas maneras
distraer su atención y apartarla de la vida pública, pero no lo consiguieron.
Muchas de sus canciones hablan sobre esta circunstancia: Eel Rajá le envió
a Mira una cesta con flores y una serpiente dentro”, “Dispuesto a
matarla, el Rajá envió una copa con veneno”, etc.
El
rey llegó a decir que ojalá decidiese poner fin a su vida ahogándose. Esto
llegó a oídos de Mira quien pensó que sería buena idea dejar de sufrir, pero
una voz le dijo que era pecado suicidarse, y que fuera a Brindavan.
Así
que para allá se fue, a Brindavan, un lugar sagrado atendido sólo por hombres.
Uno de ellos era Jeeva Goswami que había jurado no ver jamás a una mujer (ni
siquiera su sombra) así que su discípulo la detuvo y se lo dijo. Mira se rió
y dijo:“Creía
que el único hombre en Brindavan era Krishna, ¡ahora veo que tiene un
rival!” En el culto Bhakti, el amor de la mujer hacia su marido se dice
que es la mejor forma de devoción, de ahí que todos los devotos del mundo son
considerados mujeres y Dios es el único hombre. Si un devoto se cree un hombre
entonces es considerado rival de Dios. Las palabras de Mirabai calaron en
Goswami quien entendió su significado y la acompañó a la ermita. Desde
Brindavan a Dwaraka fue cantando y rezando. Se dice que finalmente Mira se fundió
junto al Krishna del templo de Ranchod en Dwakara.
Más
de 400 canciones son las adscritas a Mira, a las que ella misma puso letra y
melodía. Hoy en día son muy populares en la India y sirven de solidaridad
entre los Bhakti.
El exotismo en el cine de Kapoor por lo tanto es un asunto a considerar, siendo no obstante revolucionario el que incluso llegue a mostrar los pechos de la protagonista en Ram Teri Ganga Maili (eso sí, para amamantar a su hijo) en una sociedad tan tradicional y ortodoxa.

Director: Raj Kapoor. Año: 1951, B/N. Duración: 180'. Intérpretes: Primithviraj Kapoor, Nargis, Raj Kapoor con K.N, Singh, Shashi Kapoor, cuco y Leele Chitnis.
El
vagabundo descubre que es el hijo perdido de un juez reaccionario defensor del
concepto nietzschiano de los hombres y superhombres, los hombres corrientes y
los príncipes, así como un marcado determinismo al que Newton dio una nueva
dimension tras su Principia Mathematica de 1687, en el que explica el
orden y la complejidad del cosmos, teorías físicas que no dejaban margen a
interpretaciones. Según esto, las
leyes de la naturaleza contienen nuestro futuro y el hombre es una pieza más de
la maquinaria total, por lo que
nuestro destino ya viene marcado por nuestro pasado y nuestro presente, es
decir, que uno no puede ser respetable si ha nacido en una familia de hampones y
asesinos.
El
amor de ese vagabundo ladrón por una heroína justa le ayuda a encontrarse
consigo mismo y con su pasado. La canción de la secuencia del sueño lo
representa muy bien: “no quiero este infierno, quiero flores, música y
amor”.
El
argumento es sencillo: Un abogado de Lucknow, llamado Raghunath sufre
terriblemente cuando su mujer Leela es secuestra por el malvado jefe de los
villanos Jagga, recién salido de prisión a donde fue enviado por el abogado y
sentenciado con su teoría determinista. Cuando Jagga se entera del estado de
buena esperanza de la mujer, urde un plan vengador y la deja marchar. Una vez
que Leela vuelve a casa, la duda de la paternidad del bebé hace que Raghunath se
vuelva loco y la expulse de casa. Ella da a luz en la calle. Las sombras
siniestras al estilo del cine negro de los 40 remarcan perfectamente esta
miseria. Ese niño crece, y su madre le quiere convertir en un abogado como su
padre, pero Raj (que así se llama el protagonista) no parece convencido (sólo
hay que ver como se despeina después de que su madre le unta el pelo con
aceites). El hambre hace que pronto su destino se incline hacia el crimen. Robos
junto a Jagga, el cual quiere probar que su padre estaba equivocado con sus teorías
y que un niño nacido en una familia honrada puede ser un perfecto ladrón. En
uno de los intentos de robo se encuentra con la bella Rita (Nargis) y descubre
que es la niña de su infancia a la que tanto cariño le tenía. Cuando se
reconocen mutuamente se enamoran.
La
reforma de Raj no es fácil. No consigue trabajo y Raghunath (convertido ya en
juez) le sigue condenando por no tener padre. No obstante, Rita se mantiene a su
lado aun sabiendo que es un ladrón. Cuando al final Raj mata a Jagga para
salvar a su madre, Rita se convierte en su abogado. Tras una larga lucha
emocional, padre e hijo se reconocen y aceptan.
Una
de las cumbres del cine de Kapoor ayudado por los guionistas K. A Abbas, V. P
Sathe y el excepcional cámara Radhu Karmakar. Awaara fue la primera película
rodada en los estudios recién estrenados de Raj RK studios. Tras el éxito de
la película, Raj trabajó exclusivamente con la actriz Nargis en los cinco años
siguientes.
Lo
importante es la puesta en escena, con las canciones construídas para la ocasión,
los planos tomados muchas veces de Welles, la rica imaginación con el uso de
transparencias, los decorados que tan bien reflejan
los estratos sociales y la memorable interpretación de los protagonistas (el
propio Raj Kapoor y Nargis). Aunque, sí, Raj Kapoor pertenece a la tradición
del Bollywood (según nuestra terminología, bollywood es el cine de
entretenimiento, de mayor calado entre el gran público a diferencia del
cine de autor de mayor profundidad temática y estética si cabe), sus películas
en blanco y negro poseen una calidad extraordinaria dignas de elogio. José
Alberto Valverde

SHREE
420, 1955
Director:
Raj Kapoor. Año: 1955, B/N.
Duración: 177 minutos. Intérpretes: Raj Kapoor, Nargis, Nadira, Nemo, Lalita
Pawar, M. Kumar, Hari Shivdasani, Nana Palsikar, Bhudo Advani, Pesi Pastel,
Rashid Khan.
Shree
420
es otra muestra del cine de Raj Kapoor, una película muy entretenida, limitada
en algunos aspectos, pero encantadora en su conjunto. Como en otras ocasiones
presenta personajes con un destino marcado (del que es muy difícil que se
separen) que arrastran desde la infancia. También habitual es la profunda
historia de amor que surge entre sus dos protagonistas.
Kapoor nos cuenta la historia de Raj (interpretado por él mismo), un golfillo que tras algunas peripecias termina llegando a la gran ciudad de Bombay. Allí se encuentra con la pobreza más absoluta y la falta de oportunidades. En su devenir va conociendo a gente de diverso pelaje, en general buena, como la vendedora de plátanos (que le llega a considerar como su hijo) o la bella maestra infantil Vidya (Nargis), de la que se enamora perdidamente. Vista su dificultad para obtener un empleo recurre a pequeñas triquiñuelas y engaños aprovechándose de la inocencia y bondad de las gentes más humildes. Al poco tiempo consigue un trabajo en una lavandería pero su actitud informal le impide rendir de forma satisfactoria. Este oficio le da la posibilidad de entregar un pedido a la peligrosa Maya, mujer de nefastas intenciones (genuina femme fatale del cine negro americano) con poses ( al fumar, seducir o actuar en un escenario) propias de una Gilda india. Maya y la prodigiosa habilidad de Raj con los naipes abrirán las puertas de éste último al opulento mundo de los ricos. Aquí conocerá en una partida de cartas al todo poderoso Seth Sadmachalan (llamado en Bombay el rey del algodón) e iniciará su escalada hacia el éxito aumentando sobremanera sus ingresos gracias al fraude. Esos grandes logros sólo se satisfacen gracias a la pérdida de la honestidad y al declive moral.
Las
pinceladas básicas del argumento en sus 100 primeros minutos son éstas. El
film incide (no de forma mordaz) en la crítica social. A grandes rasgos refleja
una sociedad muy pobre, cuyas diferencias entre la base social más baja y la más
adinerada son abismales. Este problema sabemos que se ha dado y se da en todos
los países del mundo pero es un
fenómeno más acusado en los países subdesarrollados, en este caso la India,
donde no tenemos consciencia de la existencia de una clase media (algo que
desgraciadamente cada vez es más frecuente en los Estados que no pertenecen al
primer mundo). Pero los desdichados de Kapoor a pesar de sus adversidades son
gente feliz. La dicotomía que representan por un lado las figuras de Raj (en
algunos momentos) y Seth Sadmachalan evidencian un triunfo a cualquier precio, aún
a costa de pasar por encima de la gente. Por el otro
está la forma de pensar honrada y virtuosa de Vidya. Las posibilidades
de salir adelante no son muchas, por ese motivo a veces se escoge el camino más
rápido para ganar dinero. Simbolizando estas realidades está la tienda de empeño
del tío de Vidya donde se intercambian las ilusiones presentadas a través de
sencillas matáforas: la venta por parte de Raj de su medalla de la honestidad o
la de Vidya de sus libros, fuente de la sabiduría.
El
director incorpora a su film elementos perfectamente reconocibles de filmografías
occidentales. Cuando vemos a Raj en las primeras secuencias es inevitable
recordar el cine cómico mudo (su cámara rápida) y muy especialmente el espíritu
popular y “clown” del inolvidable Charles Chaplin (Charlot Vagabundo). Su
característica forma de moverse, su mímica o su ridículo aire de dandy
(cuando “toma prestado” el traje de la lavandería). También hereda sus
elementos psicológicos como su romanticismo y sentimentalismo. Junto a Charlot,
Raj bebe mucho de los Hermanos Marx, sobre todo del mudito Chico,
el más gestual y gracioso. Son comunes a los cómicos mencionados las
escenas de golpes (abundantes en el desenlace final). También la figura de
Cantinflas (Mario Moreno) está incorporada, cuyos personajes de gran corazón
popularizaron el cine mejicano de los años 40. El personaje de Seth Sadmachalan
es una estupenda versión de sus villanos.
Por
otro lado posee ligerísimos toques de neorrealismo italiano en numerosas
situaciones en las que tenemos a los pobres como protagonistas pero siempre
descartando su dramatismo. El cine británico, como no podía ser de otra forma
(no sólo el exitoso de posguerra, sino también el anterior), se cuenta entre los favoritos del director.
De todas formas las aportaciones americanas son sin duda las más
apreciables, lo cual es lógico si tenemos en cuenta que la distribución de
cine estadounidense en la India era enorme. Los números musicales son
frecuentes con Raj o Vidya com protagonistas absolutos. Otras veces intervienen
los pobres. E incluso llegan a desarrollarse en un lujoso Club o Casino. Aquí es
donde la influencia del musical americano es mayor aunque no deja de ser modesto,
sin llegar a sus cotas de glamour ni elegancia. Destacable es también el uso de
transparencias típico del cine de Kapoor, las cuales agilizan la narración. La segunda parte de la película
introduce tramas y situaciones propias del cine negro americano clásico
aportando detalles muy interesantes al conjunto.
Un
film que puede ser tachado de artificial, infantil en algunos aspectos o incluso
considerarlo como un puro divertimento a modo de evasión, pero es innegable que
desde el punto de vista narrativo está bien construido y que posee secuencias y
planos preciosos, como los del primer encuentro de Raj y Vidya en el puesto de té
ambulante. Es recomendable aunque solo sea por el hecho de ver la mezcla de géneros
y estilos propios del cine occidental junto al cine indio, a menudo inspirado en
su folklore y tradición.


Director:
Raj Kapoor. Año: 1978. Duración:
172 minutos. Intérpretes: Shashi Kapoor, Zeenat Aman, Kanhaiyalal, A.K. Hangal,
David, Hari Shivadasani, Leela Chitnis, Sheetal.
Satyam
Shivam Sundaram es un perfecto ejemplo de lo que podemos encontrarnos en el
momento de ver un Bollywood. Debo confesar que ha sido mi primera experiencia en
este género y la verdad es que estoy muy satisfecho.
Su
argumento es de una sencillez casi infantil. Rupa es una niña desafortunada
desde su nacimiento (su madre falleció en el parto), e incluso es considerada
maldita por el resto de los habitantes de su aldea. Siendo todavía pequeña
sufre un terrible accidente que la desfigura la mitad del rostro. Con el tiempo
la niña se va convirtiendo en una hermosísima joven, cuya belleza se ve
visiblemente empañada por las desagradables cicatrices que conserva. Además la
adorable Rupa canta deliciosamente bien, lo que encandila y enamora desde el
principio a un joven ingeniero que llega a la aldea para inaugurar una presa
recién construida. El galán trata de ser seducido por todas las jóvenes del
poblado pero el sólo busca la voz de Rupa, hasta que al fin la encuentra,
quedando también prendado por su exótica belleza (siempre con un velo
cubriendo la mitad de su rostro). Los dos sienten verdadera pasión pero la
joven es reticente a enamorarse porque le asusta la posible reacción del varón
si descubriese su cara completa. Después de mucho ir y venir acaban comprometiéndose
y en el decisivo instante de la boda el ingeniero descubre toda la verdad, lo
que provoca un auténtico torbellino.
A
grandes rasgos, esta es la trama de lo que podríamos considerar la primera
parte del film, cuya duración total es de 172 minutos. A partir de la boda la
acción progresivamente va cobrando tintes más dramáticos hasta la explosión
final. Bajo el género del melodrama (distinto al clásico de Hollywood
popularizado por Douglas Sirk) se desarrolla este bonito cuento de amor
inspirado en una antigua leyenda hindú. Al mismo tiempo contamos con abundantes
números musicales protagonizados por Rupa (que actúa a modo de star system del
cine indio), unas veces en solitario, otras junto a su amado e incluso dentro de
un amplio conjunto con unas coreografías siempre divertidas. La religión
(constantes planos de templos y altares) y la tradición impregnan toda la vida
de la aldea. Fiel reflejo de la India milenaria y populosa dotada de una
naturaleza exuberante, siendo el agua una de las protagonistas, ya sea en
espacios naturales (cascadas de ríos) o artificiales (la presa).
Desde
el punto de vista puramente cinematográfico contamos con muchos detalles
interesantes de filmografías muy diversas. El gusto evidente de Raj Kapoor por
recursos típicos del cine de los años 60 y 70 (italiano sobre todo) como es la
utilización compulsiva de acercamientos (zooms) y alejamientos del encuadre,
algunas veces violentos. El uso de continuos filtros en la cámara con la
finalidad de obtener distintos resultados (puestas de sol, etc). Los guiños a
un género (en principio alejado del Bollywood) como es el spaguetti western de
Sergio Leone. Los decorados sobrecargados e hinchados de pop y fashion en
algunos números musicales (el del sueño de Rupa es el máximo exponente) nos
traen a la memoria otros musicales o películas de serie B. Por otro lado la estética
luminosa del cine japonés de temática mitológica (por ejemplo Los Tres
Tesoros de Hiroshi Inagaki). También son abundantes las situaciones humorísticas
(para algunos espectadores -yo no me incluyo- todo el film puede ser objeto de
mofa o burla). Muy destacables resultan sus diálogos, muy poéticos y
enriquecidos con abundantes metáforas, aunque a menudo destrozadas por los
nefastos subtítulos en ¿español?. Al igual que los planos generales de
paisajes, verdaderamente plásticos, muy bien fotografiados que crean grandes
contrastes cromáticos de luces y sombras (atardeceres). Tenemos otros detalles
técnicos como son las elegantes travellings que demuestran el conocimiento del
oficio por parte del director.
En
fin, una película bastante folklórica, muy popular, apta para todos los públicos
(me encantaría viajar para verlas en un cine de la India) con moraleja
incluida. Algunos incluso las comparan con nuestras películas de Marisol
o de Manolo Escobar. Nada más lejos de la realidad. En mi opinión la estética
y el contenido de un Bollywood es muy diferente y bastante superior.
Una cultura,
una civilización y una forma de vida radicalmente distinta a la nuestra, más
sosegada y espiritual. Todo esto de una forma y otra se tiene que trasladar a la
pantalla y así ha sido aunque se trate
de una película sencilla y sin pretensiones. J.
Borja Sánchez Mayoral

Director:
Raj Kapoor. Año: 1885. Duración: 178'. Intérpretes: Rajiv Kapoor, Mandakini,
Divya Rana, Saae Jaffrey, Raza Murad, Kulbhushan Kharbanda.
Esta
producción de 1985 comparte muchos de los rasgos característicos de Satyam
Shivam Sundaram como son el espléndido colorido, las tragedias personales y
el amor. Esta vez una chica llamada Ganges (Ganga) se enamora de un joven que
llega al pueblo de montaña donde ella vive. El joven resulta ser el heredero de
una familia importante cuyo matrimonio ya ha sido concertado sin él saberlo. Él
vuelve a su ciudad, Calcuta, y ella queda en las montañas embarazada. Al no
recibir noticias suyas, decide emprender un viaje a la ciudad para darle la
noticia. En el camino Ganga es víctima de todo tipo de estafas, engaños y
abusos. Tras una larga serie de penalidades los enamorados se encuentran, pero
ella ya se siente sucia y piensa que no es digna de su amor.
Bollywood
en estado puro. Violencia musical (la música no surge suavemente sino que
golpea con fuerza incluso tapando los diálogos), coreografías sugerentes e
hipnóticas, derroche de tonalidades fuertes y una protagonista bellísima (eso
sí, con las connotaciones sagradas que supone el llamarse como el río Ganges).
Kapoor, tras todo este derroche de imaginación cuestiona la validez de los
matrimonios concertados, critica la corrupción (el padre del chico debe
conseguir que se celebre la boda concertada con la hija de un pez gordo de la
política si no quiere perder su favor), y una larga lista de vicios
imperdonables incrustados en la sociedad india. En resumidas cuentas, más de
tres horas de diversión ininterrumpida.
La
llegada del cine sonoro a la India tuvo lugar en 1931 con la película Alam
Ara de Ardershir Irani y fue menos traumática que en Hollywood. Muchos de
los actores fueron seleccionados del teatro. El problema mayor era la variedad
de lenguas. Solución: el Hindi fue adoptado como la lingua franca para todas
las películas indias. Y uno de los resultados más típicos de bollywood fue
que la música se hizo protagonista de la acción. A mediados de los 30 muchos músicos
clásicos dirigían las bandas sonoras. Aunque las primeras canciones eran el
producto de la tradición oral, en la cual se le ponía ritmo al discurso, más
tarde fueron auténticas canciones compuestas para realzar las imágenes con
verdadero énfasis (es la llamada violencia musical de Bollywood). Hasta tal
punto que las canciones son famosas hoy en día independientemente de la película
para la que fueron compuestas.
Por
supuesto las tradiciones musicales de Occidente pronto se impregnaron a su ADN.
Las dos primeras décadas (30, 40) del cine sonoro estuvieron dominadas por
actores-cantantes como K.L. Saigal, Pankaj Mullick y Suraiyya, pero la escasa
musicalidad de algunos actores planteó el problema. Así es como se llegó a la
solución del playback. A finales de los 40 ya era corriente el uso de una voz
ajena a la del actor o actriz. Esto marcó el boom de la música del bollywood,
que se ha extendido a todas las esferas del país.
Dos
de las más grandes y prolíficas cantantes que han dado su voz a miles de películas
son Asha Bhosle y su hermana Lata Mangeshkar.
Su
hermana Lata Mangeshkar es la voz suprema de la India, toda una institución. El
Libro Guiness de los Records la recoge como la artista que más canciones ha
grabado (30.000 canciones en 20 idiomas indios entre 1948 y 1987). Y aún sigue
cantando. Su debut tuvo lugar en 1943 con la película de Marathi Kiti Hasaal.
Su tono agudo dejó obsoletas a las graves voces nasales de la época. Mantuvo
una batalla con el cantante Mohamed Rafi (una de las grandes voces masculinas
del bollywood junto a Mukesh) en los 60 y dejó de cantar con el que había sido
la otra parte de sus duetos durante mucho tiempo por unos problemas de
royalties. Grandes compositores y directores musicales pusieron a prueba su voz:
C. Ramchandra y Madan Mohan. Cantó para actrices de renombre como Nargis o
Kajol. Hace poco le han concecido un premio (otro más) el Bharat Ratna,
el más elevado premio a un ciudadano indio.

Lata
Mangeshkar.
Es
curioso que habiendo grabado tantas canciones, las hermanas sean tan
desconocidas (¿alguien se acuerda del Brimful of Asha de Cornershop?).
Hoy en día con la moda del asian underground y las fiebres exóticas se
publican (afortunadamente) de vez en cuando recopilatorios con música de cine
indio en sellos como Manteca o Normal Records (Q.D.K Media).
La
experiencia total de ir al cine quizá sólo suceda en la India: entrar en una
tierra de fantasía en compañía de otros espectadores como tú y ser
transportado más allá de la realidad. Si no podemos irnos tan lejos,
sumergirnos en una de sus películas será suficiente. La huella que deja, os lo
aseguro, es profunda. Ésa es la magia del bollywood. José
Alberto Valverde