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GUERRA A LA GUERRA (I)

 

COMUNICADO DEL COMITÉ EJECUTIVO DEL CAUM

Ante la guerra desatada por los países de la OTAN contra Yugoslavia, el Comité Ejecutivo del Club de Amigos de la UNESCO de Madrid (Caum) expresa su condena sin paliativos ante un acto que no tenemos más remedio que calificar de criminal por su naturaleza ilegal e inmoral, que sólo acarrea más destrucción de la que teóricamente pretende evitar, y tremendamente peligroso por las consecuencias que para la seguridad internacional se están derivando del mismo. Asimismo, denunciamos la actuación del Gobierno español quien ha violentado el mandato del Parlamento que prohibe cualquier intervención de fuerzas militares españolas en el exterior sin un mandato expreso del Consejo de Seguridad de la ONU. Este uso de la fuerza al margen del derecho internacional, calificado por el presidente de la Asamblea General de la ONU, el canciller uruguayo Didier Opertti, de "golpe de Estado mundial" de la OTAN contra la ONU, coloca a los Gobiernos de la OTAN en un plano de igualdad moral y legal equiparable al de los responsables de la organización terrorista ETA.

La guerra desencadenada por la OTAN en los Balcanes ha vuelto a colocar a Europa al borde del abismo. No nos engañemos: no estamos a salvo de sus consecuencias. De hecho, aunque los bombardeos acaben mañana, los efectos de la guerra ya van a ser terroríficos. Por ello el Comité Ejecutivo hace un llamamiento a los socios a movilizarse con la máxima energía y rapidez que podamos para desarrollar iniciativas que ayuden a parar la guerra y garantizar la vuelta a sus hogares de todos los kosovares deportados por el Gobierno serbio o que hayan huido ante los bombardeos. Estas son algunas iniciativas en las que el CAUM ya está participando junto a otras organizaciones y personalidades:

1.- Exigir al Gobierno de Aznar la salida inmediata del conflicto de los soldados y armamentos españoles que están ahora mismo involucrados en una guerra de agresión ilegal.

2.- Exigir al Gobierno español una desvinculación preventiva de la OTAN, en tanto esta organización armada no se ponga bajo el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU. Exigir al Gobierno español que ponga a las Fuerzas Armadas Españolas a disposición del Consejo de seguridad de la ONU.

3.- Denuncia judicial contra el presidente del Gobierno español por violación de la LEGALIDAD y de la voluntad popular contraria a la participación militar española en la OTAN expresada democráticamente en el referéndum sobre la OTAN de 1996 y ratificada en 1995 mediante acuerdo parlamentario.

4.- Propuesta de PARO NACIONAL. Hoy nos estamos jugando mucho más que cuando los gobiernos de turno promovieron las reformas de las pensiones o de los contratos laborales que originaron sendas huelgas generales. Desde un punto de vista moral y de interés inteligentemente entendido, los que vivimos del trabajo debemos responder contundentemente a quienes una vez tras otra nos demuestran que viven de la sangre de los demás. Cada bomba que se arroja sobre Yugoslavia está santificando el derecho del dinero a usarnos y despreciarnos. A la Guerra del Golfo le siguieron los contratos basura, las ETTs, el abaratamiento de los despidos. ¿Qué pretenderán imponernos después de que arrasen con Yugoslavia? De momento ya estamos pagando las bombas con las que practican el terrorismo internacional.

La posibilidad de llevar a buen puerto estas campañas depende de la capacidad de trabajo y organización que estemos dispuestos a desarrollar. No nos quedemos impotentemente aislados ante la propaganda con la que se nos está intentando convencer de lo injustificable. Si nos damos la oportunidad de movilizarnos contra la guerra, tal vez nos sorprendamos de los muchos que somos, y de las fuerzas que podemos ser capaces de poner en movimiento. Solo se requieren dos cosas: Honestidad y trabajo. Démonos una oportunidad si no queremos que mañana, cuando ya no haya remedio, sintamos que no hicimos lo que debíamos. Tenéis a vuestra disposición en el Caum dossieres de prensa y de documentación histórica sobre el conflicto. La información rigurosa es nuestra única arma para hacer frente a la histeria belicista. Uno de los dossieres recoge las mentiras utilizadas en las últimas guerras.

Mentiras de guerra

El intento de ampararse en razones humanitarias el arrasamiento de un país no es nuevo: es un argumento tan viejo como la infamia. Hitler también justificó su expansión hacia los Balcanes aduciendo que la población de origen alemán estaba siendo maltratada por la mayoría eslava. No ha habido guerra imperial que no haya intentado fundar sus razones en supuestos humanitarismos.

La cuestión no es, como se pretende hacernos creer, si Milosevic es más o menos asesino o más o menos dictador o más o menos genocida. ¿Tiene acaso Milosevic más muertos a sus espaldas que Clinton? ¿Quién va a juzgar a Clinton por el bombardeo de una fábrica de medicamentos de Sudán? ¿Es acaso más brutal la represión del Gobierno Serbio contra la población albanesa de Kosovo que la represión del Gobierno Turco contra la población Kurda a la que está masacrando estos mismos días, mientras el presidente turco se va a Macedonia a lamentar la situación de los refugiados kosovares? ¿Por qué no merecen imágenes ni titulares los bombardeos turcos de estos días contra la población kurda?

Como miembros de una organización internacionalista no nos mueve a ninguna simpatía el discurso nacionalista Serbio. Ni el nacionalismo Serbio de Milosevic ni el nacionalismo croata de Tudjman, ni el nacionalismo kosovar del ELK (Ejército de Liberación de Kosovo), ni el nacionalismo del "Dios salve América" de un país que lleva violando los derechos del resto del mundo desde hace más de un siglo.

Lamentablemente, todo parece indicar que el Gobierno yugoslavo, y su presidente, son responsables de una represión que se ha cobrado vidas inocentes en Kosovo en los últimos años. Sin embargo, no hay información –al menos no en las hemerotecas- que avale la tesis del genocidio con anterioridad al inicio de los bombardeos. La guerra del Gobierno yugoslavo contra el Ejército de Liberación de Kosovo no ha sido peor que la desarrollada por Turquía contra los Kurdos; Israel contra los palestinos; México contra el EZLN o Colombia contra las FARC y el ELN. Lo sentimos mucho pero no existe una información que avale lo contrario por más lo repitan para justificar lo injustificable. Ponemos a disposición de quien lo quiera los recortes de prensa publicados al respecto desde 1989.

El Gobierno serbio sí es claramente responsable de la deportación masiva de kosovares y este es un crimen por el que sus responsables deberán responder ante la justicia internacional. Ahora bien, la propaganda se ha llevado al absurdo de comparar estas deportaciones con los campos de exterminio nazis. No hay líder de la OTAN que no compare la deportación con la película La lista de Schidler. Existe una diferencia a tener presente: los trenes nazis llevaban a los deportados a las cámaras de gas. No es el caso que nos ocupa. Ello no le quita gravedad a la medida: cientos de miles de personas expulsados de sus hogares, erradicados de sus vidas, es un crimen lo suficientemente grave como para que no necesite adornos de ningún tipo. Es más; es muy probable que se hayan producido asesinatos de kosovares tras los bombardeos de la OTAN, sin que consideremos que estos justifiquen lo primero. Los crímenes son crímenes y deben ser juzgados. De igual manera, los responsables políticos y militares de la OTAN deberán responder por los crímenes que han cometido. Los daños colaterales no pueden eludir la responsabilidad en el asesinato de personas civiles. El cinismo de la expresión "daños colaterales" no vale ni para ETA ni para el IRA ni para el Gobierno yugoslavo ni para la OTAN. Los crímenes son crímenes y deben ser juzgados en un marco internacional que garantice los principios básicos del derecho: la igualdad de TODOS ante la ley y la garantía a un juicio justo para los acusados. Ese marco sólo puede ser el Tribunal Penal Internacional que Estados Unidos lleva décadas impidiendo que pueda funcionar.

Los conflictos nacionalistas de los balcanes nadie la va a resolver bombardeando indiscriminadamente, como es de suponer que nadie intente esa vía para resolver los de la península ibérica. El argumento del "algo había que hacer" puede valer para una película de Stallone, no para construir un marco de convivencia pacífica y de respeto a los derechos humanos entre las diferentes comunidades de los Balcanes. Da lástima ver transformados ex policías justicieros, cuando no en puros matones de barrio, a reputados columnistas y supuestos intelectuales.

Queda otra acusación para justificar el bombardeo: la limpieza étnica llevada a cabo por el Gobierno serbio contra la población de origen albanés. Al margen de los discursos de los ultranacionalistas serbios en esta dirección, hasta el inicio de los bombardeos no se puede decir que Serbia haya desarrollado un proyecto de limpieza étnica masiva en Kosovo. No se puede decir por la sencilla razón de que no hay información que lo avale. Confundir el acoso del ejército yugoslavo a las poblaciones donde el ELK (Ejército de Liberación de Kosovo) se encontraba más enraizado con un proyecto de limpieza étnica es hacer demagogia. Los desplazamiento de población provocados por el ejército como un arma contra la guerrilla es algo que lleva muchos años enseñándoselo Estados Unidos a las plutocracias latinoamericanas sin que nadie les acuse de limpieza étnica. Esa misma política la ha desarrollado el ELK ante la complacencia de la OTAN y de la OSCE. No deja de ser alarmante que el máximo responsable de la OSCE en Kosovo fuese uno de los responsables del escándalo Irán-Contra, es decir, uno de los artífices de la creación de una organización terrorista puesta en marcha por Estados Unidos contra la Nicaragua gobernada por el Frente Sandinista. ¿Casualidad? Tal vez ello explique porqué la OSCE no ha tenido a bien condenar los asesinatos llevados a cabo por fuerzas del ELK contra albaneses considerados afines a Belgrado, ni haya condenado la humanitaria estrategia de colocar bombas en los establecimientos comerciales de la capital de Kosovo. Tal vez ello explique por qué William G. Walker se apresuró tanto a decir que todos los hombres asesinados en Racak por el ejército yugoslavo eran civiles indefensos. Unos días después, la madre de dos de los muertos reconocía en declaraciones a un periodista español que entre los muertos había varios guerrilleros.

Todo ello no significa que el Gobierno yugoslavo, empezando por su presidente, no sea responsable de los asesinatos que han cometido el ejército, la policía o las milicias serbias. Por supuesto que lo son y deben pagar por ello. El problema es que el que dirige los supuestos bombardeos humanitarios (EE UU) no está dispuesto a admitir la obediencia a un Tribunal Internacional NEUTRAL. El problema es que Estados Unidos (y Europa calla y ayuda) pretende ser juez y parte en la administración de la justicia internacional. Esa es la razón de ser de los bombardeos: la incuestionable autoridad de Estados Unidos. ¡Qué importan los muertos serbios o los deportados kosovares!

La naturaleza de la OTAN

Los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia han vuelto a poner de manifiesto el carácter TERRO-RISTA de una organización cuya misión no es otra que la de defender el derecho del 20% de la población del planeta a disfrutar del 80% de las riquezas. Esa es, nos guste o no, la naturaleza de la OTAN. No hay más que observar lo contentas que se ponen las bolsas al olor de la sangre. Una naturaleza que se traduce en la necesidad de intentar eliminar, sin ningún tipo de legitimidad legal ni moral, a aquellos países o poderes que considera contrarios a sus intereses. Una organización cuya misión no es otra que la de defender que la riqueza del mundo siga siendo patrimonio de unos pocos, de ellos.

Durante años hemos alertado de los peligros que conllevaba la política de Estados Unidos, perfectamente diseñada, de impedir que Naciones Unidas se configurase como el ÚNICO centro de poder con capacidad y LEGITIMIDAD para el uso de la fuerza en la esfera internacional. No era ni es ninguna utopía y cada intervención de la OTAN o de Estados Unidos demuestra la necesidad de dicho mecanismo. A finales de los años ochenta, el deshielo entre los bloques promovido por Gorbachov permitió que el envío de tropas bajo mando de la ONU fuese el mecanismo que acabase con las guerras de Mozambique, Angola, El Salvador o Guatemala, por poner algunos ejemplos. La caída de Gorbachov y el colapso de la URSS dio al traste con esta política que ya entonces era fuertemente cuestionada por el estamento militar estadounidense, entre otros por el actual responsable militar de la OTAN. El hundimiento de la URSS, dejó abierto el viejo sueño de Estados Unidos de construir un orden mundial afín a sus intereses. No es una suposición; así ha sido teorizado en los documentos oficiales del Pentágono y de la política exterior estadounidense. Desde 1989, la política exterior de Estados Unidos se acelera en dos direcciones: de un lado, debilitamiento de la ONU; de otro, fortalecimiento de la OTAN, ampliándola a los países del antiguo Pacto de Varsovia, en contra de lo pactado con la URSS cuando la unificación alemana. Por cierto: ¿No era el temor al Pacto de Varsovia el gran motivo por el que España ingresó en la OTAN? ¿Cómo se explica ahora que, desaparecido dicho enemigo, se siga ampliando la OTAN?

Esta estrategia de dominación mundial unilateral se puso sobre el tapete, misiles en mano, en la guerra del golfo, donde tras obtener el aval de intervención de la ONU, Estados Unidos obvia los mecanismos de intervención que establece la Carta de la ONU y desencadena una guerra de destrucción sin precedentes y sin control alguno. Siete años después, Estados Unidos sigue imponiendo el terror a los iraquíes, a los que se bombardea periódicamente sin otro objetivo que el de ahogarles económicamente. El Objetivo: impedir que levante cabeza un país que pueda molestar la hegemonía en la zona de Estados Unidos.

La guerra contra Yugoslavia es el segundo gran test de esta política imperial, en la que ya ni siquiera se guarda la apariencia de legalidad. El objetivo no es otro que el de demostrar al mundo que nadie puede oponerse a la dominación de Estados Unidos. Una dominación que se expresa en todos los órdenes: En lo económico, en un modelo de mundialización económica en el que sólo el capital tiene derechos; un modelo en el que tanto los Estados nacionales como las clases trabajadoras pierden de forma acelerada los instrumentos de control y freno a los desmanes del capital, mecanismos que tantas vidas y sacrificios costó en los últimos 150 años. Un modelo de dominación económica que condena a la miseria a la inmensa mayoría del planeta. Los datos que año tras año arrojan los informes del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) son irrefutables al respecto. Este es el gran GENOCIDIO de nuestra era, un genocidio perfectamente evitable y cuyos máximos responsables no son otros que los que tienen a la OTAN como brazo armado de su política. En lo político, este modelo de dominación centra su estrategia en el control de la información por parte del capital. Los medios de comunicación, convertidos en negocios privados que requieren capitales multimillonarios, se convierten, por su propia naturaleza, en portavoces de la política que estamos denunciando. Este y no otro es el trasfondo del ataque a Yugoslavia. El pretendido humanitarismo de la OTAN lo conocemos sobradamente como para no creer en sus lágrimas de cocodrilo. Ahí está el Tercer Mundo para atestiguarlo; ahí están el pueblo iraquí, el kurdo, el palestino o toda América Latina para recordárnoslo.

Que nadie se llame a engaño. No son los crímenes del dictador yugoslavo (elegido tan democráticamente como Clinton o Aznar), ni son las razones humanitarias de defensa de los derechos de la población kosovar los que han provocado la guerra. El conflicto de los Balcanes hunde sus raíces en una historia de nacionalismos enfrentados mucho más compleja y mucho más difícil de resolver que lo que nos está queriendo hacer creer la propaganda de guerra. Por acudir a la historia más reciente, conviene recordar que durante la II Guerra Mundial, los serbios fueron los únicos que se opusieron a la dominación nazi, que contó con el apoyo de croatas y albaneses. La resistencia a los nazis costó a los serbios pérdidas humanas superiores en porcentajes de población a las que tuvieron Francia, Inglaterra o Estados Unidos. Sorprenderse y rasgarse las vestiduras ante la oposición serbia a los procesos de secesión de Croacia, Bosnia y, ahora Kosovo, todas ellas promovidas y alentadas desde Alemania no deja de ser un acto de cinismo. Ello no significa, en absoluto, justificar la política bélica de Serbia, política por cierto idéntica a la de Croacia, aliado y consentido de la OTAN. Cuando occidente, de la mano de Alemania, reconoce las independencias de Eslovenia, Croacia, y Bosnia no podían ser tan imbéciles como para pensar que Serbia lo iba a permitir sin más. Desde luego, la OTAN puede pecar de criminalidad, pero no de candidez. Sabían perfectamente que Serbia no iba a quedarse de brazos cruzados permitiendo sin más la independencia de territorios donde había porcenatajes de población Serbia superiores al 40% y cuando además contaba con la legalidad internacional a su favor: los países que empujaron las independencias eran firmantes del Acta Final de Helsinki en el que se consagraban como inamovibles las fronteras europeas surgidas de la II Guerra Mundial. De hecho, y ya no se quiere recordar, hubo una oposición fuerte de varios Gobiernos europeos a los procesos de independencia promovidos por Alemania. Conviene recordar que Francisco Fernández Ordóñez, ministro de Exteriores del Gobierno español en ese momento, se oponía tajantemente a esta política, ante la que luego se vio obligado a claudicar. Algo similar le ha ocurrido ahora a Abel Matutes, quien tras calificar al ejército kosovar (ELK) de "banda terrorista similar a ETA", una semana después se comía su opinión y plegaba velas a favor del discurso oficial de Estados Unidos. Probablemente tuvo algo que ver en ello el gesto de Richard Hoolbroke, a la sazón enviado de Estados Unidos a Kosovo, y no en balde apodado el Kissinger de los balcanes, quien apareció fotografiado con los líderes del ELK, quienes aparecían uniformados y armados. Quizás sea este apodo el que decidió que el bombardeo contra Yugoslavia comenzase sólo unas horas después de que los lores británicos no le concediesen inmunidad a Pinochet. Ante la extrañeza de todo el mundo, y especialmente de los medios de comunicación –no se oye otra cosa en las tertulias-, Estados Unidos sigue sin poner a Kisinger a disposición de un tribunal Internacional.

Que nadie se llame a engaño. Si comparamos al régimen yugoslavo con el régimen turco y si comparamos la situación de la población kosovar (Obviamente la anterior a los bombardeos y a la deportación y al éxodo masivos) con la de los Kurdos, el Papa (junto con Alemania fue el primero en reconocer la independencia de la católica y pronazi Croacia) tendría que ir preparando la beatificación de Milosevic. El ejército croata expulsó a punta de fusil a 400.000 serbios ante la complaciente mirada de la OTAN. El gran pecado de Yugoslavia es que, a diferencia de Turquía, no pertenece a la OTAN, no ha pedido su ingreso en ella y, a diferencia de los países ex comunistas de centroeuropa, no ha permitido la entrada a saco del capital internacional, especialmente el alemán. Además de a Milosevic, se ha demonizado también a su mujer por la sencilla razón de que se opone a la privatización de las empresas yugoslavas. Esa y no otra es la razón por la que se les bombardea. Esos y no otros son para la OTAN los graves pecados de Milosevic, que además tiene el agravante de seguir siendo aliado de Rusia, a la que hay que demostrar que ya no tiene voz ni voto en el nuevo orden internacional decretado por Washington.

Que nadie se llame a engaño. Los graves conflictos nacionalistas de los Balcanes no se van a resolver con bombardeos. La historia nos ha demostrado suficientemente que la guerra (irracionalidad en esencia) es el mejor alimento de esa otra gran irracionalidad llamada patria. Frente a ambas solo cabe oponer la movilización de la razón y mecanismos de poder que no pasen por el fortalecimiento de las tribus, sean estas la serbia, la kosovar, la española o la de Estados Unidos (¿Puede haber algo más miserable que el eslogan "Dios salve América; algo más miserable que pedir a Dios que sólo se ocupe de unos pocos y ello en función del pasaporte?). Los Estados y las fronteras patrias nunca han sido otra cosa que el resultado de poderes históricos. La actual configuración de Estados en Europa hunde sus raíces en los regímenes absolutistas de los siglos XV al XVIII y, en el caso de Italia, Alemania, del siglo XIX. La razón de ser última de la estructura de Estado no fue otra que la teorizada por Maquiavelo en el siglo XV: articular fuerzas mayores que las de los vecinos con el loable fin de dominarlos. Esta sigue siendo la esencia de todo patriotismo. En eso consistió la confederación de reinos que establecieron los Reyes Católicos y que hemos dado en llamar unidad de España. Por cierto, cuando celebramos a los Reyes Católicos, ¿es la limpieza étnica y religiosa que llevaron a cabo lo que nos conmueve? Posteriormente, sobre todo durante el siglo XIX, la razón de ser de los Estados como estructuras militares-político-administrativas fue teorizada como la consecución de esencias naturales –cuando no divinas- donde los ríos, las montañas, la religión, el color de piel, la lengua o las costumbres se convertían en intocables argumentos de una supuesta unidad de destino por la gracia de Dios y de unos cuantos miles de hijos de puta que han dominado y explotado a los mismos pueblos a los que han vendido la moto del destino común; común, pero diferente: unos en mansiones y los más a la intemperie.

Hechos diferenciales

Volviendo a la actualidad. Que los hechos diferenciales que tanto gustaban a Hitler son una realidad nadie lo niega. El problema empieza cuando de ellos se extraen derechos diferenciados entre unos y otros. En un mundo en el que el desarrollo tecnológico impone el internacionalismo, la consagración de los espíritus nacionales y de los hechos diferenciales como sustentos de poder solo puede llevarnos al enfrentamiento sistemático. De igual manera, la existencia y actuación de poderes bélicos unilaterales como la OTAN solo tendrá como resultado el fortalecimiento de nacionalismos bélicos y a ser posible atómicos. No es casualidad que India acabe de probar un misil intercontinental. La ley de la fuerza tiene sus propias servidumbres y la historia aporta material suficiente como para que las vayamos aprendiendo. Oponerse a la guerra contra Yugoslavia, oponerse a la propia existencia de la OTAN, se convierte hoy en un imperativo categórico si no queremos acabar viviendo en el barro de la indignidad y quien sabe si de una guerra nuclear.

Madrid, 10 de abril de 1999
Comité Ejecutivo del Caum (Club de Amigos de la Unesco de Madrid)

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