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Año 1839: Descubierta una nueva técnica para curar el dolor de muelas a través de la Guitarra
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La humanidad siempre ha intentado encontrar la mejor manera de curar sus múltiples dolencias físicas y espirituales que la aquejan. Los diferentes remedios que se han inventado en tiempos pasados para remediar o curar las enfermedades, hoy en día nos llevan en algunos casos a hacernos sonreír, y en otros dejarnos estupefactos de la inventiva de algunos médicos para intentar curar los males de sus pacientes. Todo el mundo conoce los efectos beneficiosos en algunas enfermedades de la Músico terapia. Pero aquí no hablaremos sobre este tema sino que nos ocuparemos sobre el gran descubrimiento realizado en 1839 por un cirujano que aseguraba la total erradicación del dolor de muelas, dolor que en esta época era un verdadero calvario para cualquier persona que lo padeciese. Este nuevo descubrimiento se divulgo ampliamente entre la población, y como veremos no faltaron personas que expresaron su total escepticismo debido a la técnica requerida para erradicar el dolor de muelas, ya que la guitarra admirada unas veces, olvidada otras, era el instrumento adecuado para erradicar esta dolorosa y mortificante dolencia. |
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En esta época los dentistas solían ser gente sin preparación, socialmente muy poco considerados, que recorrían ferias y mercados con sus instrumentos rudimentarios para extraer los dientes sin anestesia. Un dentista era valorado según la rapidez en que sacaba los dientes. Para calmar los dolores del paciente, se le distraía con una charla y se le daba aguardiente y (en los pueblos donde había pozo de nieve, es decir, una especie de nevera comunal subterránea donde en verano se conservaba la nieve del invierno, que se bajaba de la montaña) nieve. Haciendo historia y por poner un ejemplo, vemos que en un recetario manuscrito que se conserva del siglo XVIII de la ciudad de Valls (Tarragona), aconseja varios remedios para el dolor de muelas. Los preparados consisten en escorpiones (hervidos, fritos o al natural con vinagre, colocándoselo en el diente malo el aguijón) eran considerados una verdadera panacea para esta dolencia. Otros remedios consistían en masticar cebolla cruda tragándose el jugo. un diente de ajo calentado al máximo colocado en la muela en cuestión, un diente de un perro negro, cocciones a base de vino negro, tabaco, azufre, hojas de laurel, cera caliente de foca, o bien un cataplasma de excrementos humanos y salvado. Al lado de estas recetas más o menos desagradables se divulgo este nuevo remedio "milagroso" a través de la guitarra, precisamente en el momento que este instrumento empieza su decadencia perdiendo el favor del público culto y en el año de la muerte del gran guitarrista y compositor catalán Fernando Sor (1778-1839). Pero dejemos de preámbulos y vayamos directamente al artículo sobre esta cuestión publicado en la primera página del Diario de Barcelona (domingo, 5 de mayo de 1839, nº. 125, 1863-1866 pp.). Primero leeremos la noticia recogida del Diario de Sevilla por el periódico de Barcelona y después veremos el comentario que hizo uno de los primeros críticos (más bien cronistas) musicales de la prensa barcelonesa, empezando con sus crónicas esta tarea hasta el momento desconocida en los medios de comunicación de la ciudad. Dicho crítico o cronista firmaba con el seudónimo de Aben-Abulema, cuyo verdadero nombre era Joan Cortada i Sala. A continuación reproducimos íntegramente sin más comentarios el mencionado artículo.
VARIEDADES Sevilla
7 de abril. Una
casualidad ha traido á nuestras manos el descubrimiento que á favor de
la humanidad paciente acaba de hacer el profesor que suscribe la
esposicion que en seguida insertamos. El texto de este documento y la
rareza del especifico que revela, no dejarán de interesar al público. Señora:
D. Francisco Sebastian Navarro, cirujano titular de la villa de
Santi-Spiritus, en la provincia de Badajoz, á V.E. me presento a favor
del género humano. No
tengo voces para esplicar el placer que me resulta al dar á V.E.
conocimiento de un descubrimiento con el que se quita el inaguantable
dolor de muelas, del que pocos se escapan sin padecer, sufriendo la cruel
operación de dejarse arrancar la muela dolorida, con otros peligros que
suelen sobrevenir de la operacion: de todos estos peligros se ve libre el
paciente por un remedio que nada cuesta, y del mayor placer en su
ejecucion, y es en la forma siguiente: El
paciente morderá uno de los ángulos del mástil de una guitarra, tapándose
bien los oidos para que nada oiga: de este modo el que tenga la guitarra
tocará una contradanza, marcha ú otra clase de tocata de las mas sonoras
que sepa, por un cuarto de hora ó mas si no cede el dolor, repitiendo el
toque si no cede el dolor, y repitiendo este si volviese otra vez. Por
este medio he quitado el dolor á cuantos se me han presentado, con la
ventaja que á ninguno ha vuelto á doler, á pesar que algunos solo
tenian cachos de muelas ó raigones. Si está hinchada la encia ó el carrillo, en algunos no cede el dolor del todo hasta desinflamarse. V.E. no dude de la eficacia de este remedio, pues tengo la esperiencia de mas de 40 sugetos que me hacen hablar con esta confianza, y de aquí el no dilatar por mas tiempo la publicidad para el pronto alivio de los que sean atacados de padecimiento tan insufrible, que es todo mi fin. Esperando de V.E. a favor de los habitantes de la provincia que manda, se lo comunique á todos por medio del Boletin oficial, teniéndole puesto al público para inteligencia de todos, única recompensa que espero merecer. El exponente B. la M.A.V.E. Santi-Spiritus 24 de marzo de 1839.= Francisco Sebastian Navarro. (Diario de Sevilla)
ABAJO
LOS DENTISTAS. Que
la música es buena y agradable lo confesamos todos; que ejerce un influjo
muy grande sobre nuestro espíritu, y que conmueve nuestro corazón de un
modo muy decidido lo confiesan casi todos tambien. Y de estos principios
se siguen grandes consecuencias; dejando á un lado esas mentiras que de
la lira de Orfeo nos cuentan los clásicos, nadie ignora que la música
nos da valor y nos desalienta, que concilia el sueño y despavila los
ojos, que anima á la pelea y afloja los nervios, que nos hace llorar y
provoca nuestra risa, que nos entristece y nos alegra, y que por este
estilo es un motivo muy poderoso de todos nuestros afectos; y un narcótico
que á no pocos los adormece de una manera casi increible. Ella nos
inspira recojimiento y veneración, y cambiando de todo estimula nuestras
pasiones, y nos saca de quicios. ¿Quién lo ignora? Pues todas estas
propiedades de la música son nada si se comparan con la que recientemente
se ha descubierto. Ahora acaba de encontrársele la virtud de curar una
enfermedad que si bien no es grave es muy dolorosa y muy general. En
verdad no es gran descubrimiento para los viejos, mas no han de estrañarlo
porque este es el siglo de los jóvenes; y todo es para ellos. Este
flamante descubrimiento sino echa por tierra una facultad que tiene muchos
profesores la perjudica en gran manera, pero los tales profesores no lo
habrán á enojo porque con causarles un daño á ellos que son pocos se
hace un bien al género humano, y su profesion que tiene por principal
mira el bien de la humanidad, aplaudirá el invento aun cuando sea una
sentencia de hambre contra los facultativos. Mas si no son de este sentir,
ya les indicaré yo el camino por donde salgan del aprieto en que se les
pone. Antes de declarar que cosa es esta, hay una precision de hablar otro
poquito. Todos los lectores saben lo que es una guitarra. Hablo de ese célebre
instrumento, que aclimatado por punto general en las tientas de los
rapistas, aparece de tiempo en tiempo en los salones, brilla en los
teatros, y arrebata en academias. Este instrumento que es popular y
aristocrático, todo junto, que se deja tocar, pulsar, rascar, y arañar,
que indica las variaciones de tiempo, que inspira dulcemente en las manos
de una virgen, y resuena con vigor entre los dedos de un mugriento
labriego, que pasa las noches por las calles, que se pasea debajo de una
capa, que sufre pedradas en las nocturnas rondas, que aguanta el rocio en
las alboradas, que caballero en un bagaje acompaña los ejércitos, que en
el camaranchon de un buque marca el aire y el compás de una jota, que se
desmaya acompañando una caña, que se muere cachucheando, que anima los
pasos de la moza danzante, y remueve los pies de los espectadores, que van
dando pascuas por las casas, que amanece en la guardilla de un ciego, pasa
la mañana en una taberna, sestea en un café, y trasnocha en un baile;
que da fe de todas las rapaduras de un pueblo ó de un barrio de ciudad,
que responde con la misma condescendencia á la llamada de un buen tocador
que á la de aprendiz inesperto; que ha hecho conquistas amorosas muy
sonadas; que es compañera de comilonas; que sirve de testigo de cien
reyertas; que anda con harta frecuencia por debajo de balcones y ventanas;
que se siente encolar, crujir, abrir, descoyuntar y componer mil veces;
que va del suelo á una silla, de la silla á la mesa, de la mesa á su
caja, de la caja á un rincon, del rincon al campo, del campo á la
ciudad, de la ciudad á la marina, que viaja á pie, á caballo, en
tartana, en barco, en diligencia, y á la espalda de un hombre; que suele
recoger trastazos por andar por las calles alborotando á padres y
tranquilizando á hijas, que triunfando de modas y de gustos ve pasar los
siglos sin sufrir reformas, cambios, bajas ni altas; este instrumento célebre
es el que se ha escojido para hacer aplicación del nuevo musical invento.
Su eleccion ha sido acertada, y es un rasgo de justicia. Los antiguos y
relevantes meritos de la guitarra la hacian acreedora á una distinción
señalada. El mérito tarde ó temprano se premia, si el merecedor no se
muere antes, y como la guitarra vive hace siglos, al fin el premio ha
venido á encontrarla, y en adelante, la guitarra será instrumento de
gran valia. Todas sus pasadas glorias son para la gloria que ha de
adquirir ahora, como el aire que arrojan mis pulmones comparado con el
viento que hace en Tarragona. Mis lectores estan ya impacientes por saber
cual es la nueva invencion que acaba de hacer la música, y que se ha
aplicado a la guitarra. Tienen razon, es ya hora de sacarlos de pena;
mucho mas cuando algunos de ellos están sufriendo acaso la cruel dolencia
que el invento cura en pocos instantes. Mas para que esten bien enterados
no les basta leer todo este articulo, sino que es necesario que se echen
á pechos el que copiando al diario de Sevilla se encuentra á renglon
seguido de este mio. En sustancia (sin que por esto les dispense de leer
el articulo que sigue á este) la cosa esta reducida á que el Sr. D.
Francisco Sebastian Navarro, cirujano titular de la villa de
Santi-Spiritus, en la provincia de Badajoz, espone á la Excma. Diputacion
provincial de Sevilla que ha encontrado un medio seguro para curar el
dolor de muelas. La medicina es sencilla, barata, breve y del mayor
placer, como oportunamente dice el inventor. El que tiene dolor de muelas
comienza por taparse los oidos, sin duda para que ese sentido no se coma
parte del medicamento, aprieta entre los dientes un ángulo del mastil de
una guitarra, y otro individuo toca en la misma guitarra una contradanza,
y en acabándola se ha acabado el dolor de muelas, y es probado. Cuarenta
casos ó esperimentos han convencido al inventor de la eficacia de su
remedio; y advierte que si con la primera contradanza el dolor no amaina,
se le encaje otra. Todavia se llama andana, otra; y asi se va de
contradanza en contradanza. ¿Qué tal? Vean VV. aquí á la contradanza
triunfante de los rigodones, valses, gabotas, baile ingles, galopas, y de
toda esa otra caterva de bailes modernos que no sirven para curar un dolor
de muelas. ¡Poder de la guitarra! ¿Y que hacen ahora los dentistas? El
grande Alejandro viendo que no podia desatar el nudo gordiano lo hizo
pedazos. Los dentistas no tienen otro recurso que hacer pedazos las
guitarras, y si quieren creerme á mi y asegurar el partido, hacer despues
pedazos á los guitarristas. A la raiz á la raiz. Solo asi podrán
arrancar muelas. Aben-Abulema. |
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