FUNDADORES antes
de hacer un recorrido por la historia de Falange, conoceremos a nuestros
fundadores
José Antonio
Primo de Rivera:
Fue
un político y abogado español que se preocupó profundamente por liberar
al pueblo español de las injusticias a las que se estaba viendo sometido.
Su idea principal era la de poner a España por encima de la lucha de
clases. La colaboración entre las diferentes clases sociales conducirían
a España a una victoria segura.
En todo momento durante su
prisión en la prisión de Alicante, mantuvo contactos con las fuerzas
sublevadas dando su consentimiento para que los falangistas participasen
activamente en la guerra civil española del lado de las fuerzas militares
sublevadas.
Onésimo
Redondo:
Nació
en Quintanilla de Abajo (Valladolid).
Fue hijo de padres
labradores, y conocedor a fondo de las míseras condiciones en las que las
gentes del campo desenvolvían sus actividades. Creó para redimirlas las
Juntas Castellanas de Acción Hispánica.
En 1931 fundó en
Valladolid un periódico titulado "Libertad", y unido con
Ledesma constituyeron el gran movimiento de las J.O.N.S. ( Juntas de
Ofensiva Nacional-Sindicalista)..
La gran pasión de Onésimo
Redondo, como ya hemos indicado fueron las gentes y el campo. Todos sus
artículos y discursos estaban inflados de un gran espíritu patriótico,
y en poco tiempo llegó a reunir en torno suyo a un selecto grupo de jóvenes
que estaban decididos a luchar por España y todo su pueblo que estaba
amenazado por el marxismo (sistema que en la práctica se apoya en el
militarismo para mantener su poder y feudaliza la tierra dándosela al que
a él le de la gana).Esta juventud se esparciría por las llanuras
castellanas predicando a los campesinos su revolución nacional.
Cuando estalló la guerra
se puso del lado de los falangistas vallisoletanos y se puso al frente de
su gente en el combate. Pero al llegar a al pueblo de Labajos (Segovia),en
julio de 1936, murió víctima de una emboscada.
Sus falangistas siguieron
adelante, y tanto se distinguieron en la defensa del Alto de León, que
desde entonces se le conoce con el nombre de Alto de los Leones de
Castilla.
Ramiro Ledesma
Ramos:
Nació
en el pueblecito de Alfaraz (Zamora) en el 1906, y después de haber
realizado unos brillantísimos estudios, comenzó a procurarse el porvenir
de la patria.
Para liberarla del abismo
en el que estaba a punto de caer, en marzo de 1931 fundó el semanario
conocido con el nombre de "La conquista del Estado", que se
caracterizó por su ardiente fervor patriótico y revolucionario.
A este joven entusiasta se
le unieron otros varios en busca de la libertad para España y el pueblo.
De esta forma nacieron las J.O.N.S. que luego se unirían a las untas
Castellanas de Acción Hispánica de Onésimo.
Desde su fundación (1933)
hasta el 18 de julio de 1936, la Falange vivió horas de verdadera
tragedia.
Los gobiernos marxistas, dándose
cuenta del peligro que para ellos representaba el movimiento falangista,
lo persiguieron por todos los medios: encarcelamientos de camaradas,
clausura de centros, registros de domicilios particulares, suspensión de
mítines y periódicos, etc.
Y por si esto fuese poco,
los partidos de derechas tampoco lo apoyaban temerosos de perder con su
triunfo las posiciones de que disfrutaban.
Solamente los jóvenes,
libres de intereses y prejuicios mezquinos, abrazaron con entusiasmo las
doctrinas falangistas, aún sabiendo que con ello se jugaban su propia
vida.
Más de cien camaradas
murieron asesinados por propagar y servir a la Falange, pero cada
falangista muerto era un nuevo estímulo para seguir la lucha.
Con la guerra civil,
Franco unifica (el 19 Abril de 1937) a monárquicos, cedistas,
falangistas, tradicionalistas y carlistas en un sólo partido ('el
movimiento') que es la F.E.T. y de las J.O.N.S. antes mencionadas. Franco
coge muchas ideas de Falange, incluso el nombre, el yugo y las flechas y
el escudo imperial de España.
HISTORIA DE
FALANGE ESPAÑOLA
Todo
empezó en la mañana del 29 de Octubre de 1933, en un teatro de Madrid,
el de la Comedia, en la Calle del Príncipe. Su propietario lo había
cedido gratuitamente para que en él se celebrara un acto político de
afirmación nacional, presidido por Narciso Martínez Cabezas, en el que
intervendrían por este orden: Alfonso García Valdecasas, conocido por su
preparación jurídica y tendencias conservadoras, Julio Ruiz de Alda -uno
de los compañeros de Ramón Franco en el vuelo transoceánico del Plus
Ultra- y José Antonio Primo de Rivera, el mayor de los hijos del General,
que, entre 1923 y 1930 presidiera un Directorio, primero militar y luego
civil, conocido comunmente como Dictadura. Prescindiendo de cualquier
prejuicio, en favor o en contra, los historiadores deben constatar, ante
todo, que el discurso de José Antonio fue una pieza oratoria magnífica,
capaz de despertar el entusiasmo de quienes estuviesen dispuestos a captar
la riqueza y densidad de su pensamiento.
Contenía,
sin embargo, un planteamiento sorprendente e inesperado para muchas de las
dos o tres mil personas que llenaban por completo el aforo del local, en vísperas
electorales, y figurando Primo de Rivera como candidato independiente
dentro de listas del bloque de derechas para la circunscripción de Cádiz,
podía esperarse que el acto de afirmación nacional fuese planteado por
él dentro de la línea de propaganda de la derecha conservadora. Pero el
joven abogado, que acababa de cumplir treinta años de edad, no hizo la
menor concesión en tal sentido: habló de la unidad de España, de la
justicia social, de la libertad profundad , tan distinta de la vana
palabrería liberal , rechazó abiertamente el sistema capitalista tanto
como el socialista, y dijo, además: quién ha dicho hablar de todo menos
de la violencia, que la suprema jerarquía de los valores morales reside
en la amabilidad?” . Había, en esta última frase una directa alusi6n
crítica a José María Gil Robles, autor de las palabras entrecomilladas.
Probablemente
tampoco Ramiro Ledesma Ramos, dirigente de las JONS (Juntas de Ofensiva
Nacional Sindicalista) que ocupaba un palco por expresa invitación de José
Antonio, quedó enteramente satisfecho. Había, en el discurso, demasiadas
alusiones a la tradición española.
Asistieron
al acto cinco muchachas, todavía muy jóvenes, que pasaron bastante
desapercibidas: Pilar y Carmen Primo de Rivera, hermanas del orador, sus
primas Inés y Dolores, y una amiga de ellas, Luisa Mª . Aramburu. Se
sintieron inmediatamente captadas por aquel discurso: en medio de la gris
opacidad que dominaba el ambiente político, las palabras de José Antonio
restallaban luminosas y coloristas, llenas sobre todo de sentido poético.
Cuando el 2 de Noviembre, como consecuencia inmediata del discurso, se
fundó Falange Española, las cinco acudieron a inscribirse, sin vacilar.
pero se las rechazó: siendo mujeres, y todavía muy jóvenes, no parecía
que tuviesen cabida en el Movimiento antipartido como José Antonio lo
concebía, grupo para una lucha tensa. Fueron informadas de que podían
afiliarse al Sindicato Español Universitario (SEU) que por entonces
comenzaba a formarse, y Pilar, Inés y Dolores así lo hicieron; en el SEU
se encontraron con otras dos muchachas, estudiantes universitarias,
Justina Rodriguez de Viguri y Mercedes F6rmica, que llegaría, años más
tarde, a convertirse en una importante escritora.
De
este modo tan simple, nació la Sección Femenina, Pocas veces de ha
producido una identificación tan completa entre una persona y su obra
como en el caso de Pilar Primo de Rivera y la organizaciÓn de mujeres
falangistas. Ella misma ha explicado cómo, en aquella mañana del 29 de
Octubre de 1933. “tomé la decisión de entregarme a Falange con todas
mis fuerzas”. Vivía las horas difíciles de la persecución y de la
guerra, estuvo íntimamente asociada a la expansi6n en todas sus
vicisitudes, conoció el éxito y el fracaso, la alegría y la decepción,
y alcanza todavía a ver como la Sección Femenina, obra de su vida, era
friamente destruída sin que se alzaran razones en contra ni tampoco las
voces que estaban obligadas a acudir en su defensa.
Por eso esta
"HISTORIA" debe comenzar con una evocación de su persona,
de su perfil humano. Se trata, en este caso, de una mujer serena, con
curiosa inclinación a la ternura, católica sin vacilaciones y sin
etiquetas, como solían serlo las mujeres sencillas de la España de
entonces, dejándose penetrar del espíritu benedictino, tan cuidadoso de
la liturgia -la huella de fray Justo Pérez de Urbel fue muy profunda- y
tan abierto al mismo tiempo a las novedades cuando son serias. Dominaba,
como rasgo fundamental de su carácter, la feminidad. Quizá por eso, y
por la firme voluntad con que afirmó que “mi vida privada era solo mía”,
permaneció soltera: de acuerdo con sus propios principios, de haberse
casado hubiera tenido que abandonar la dirección. En una de sus
“Glosas” Eugenio D`Ors creó, para definirla, la imagen de la lámpara
votiva que arde ante el altar: “la consagración inacabable, el ardor
silencioso, la docilidad obstinada, el recogimiento llameante, la caricia
a las tinieblas, el suave aceite, la pacífica luz” , Aún hoy, cuando
toda la obra de su vida ha sido aventada y del tenaz esfuerzo de cuarenta
años quedan sólo raíces profundas, de las que no se ven, sigue
aceptando, con doloroso silencio, el revés y la ingratitud que fue su
causa.
Todos
los hijos del General Primo de Rivera maduraron con la conciencia de que
su padre había sido objeto de profunda ingratitud. En esto coincidía
también el Generalísimo Franco que, en unas notas manuscritas para su
uso personal, incluyó estas aceradas palabras: “ingratitud de la
Monarquía con el general Primo de Rivera que con tanta eficacia la había
servido durante siete años” . Don Miguel, como militar y como
gobernante, se distinguió tanto por su valor como por su campechanía;
nadie puede reprocharle dureza o afán persecutorio. De su matrimonio con
Casilda Saenz de Heredia nacieron seis hijos, por este 6rden: José
Antonio, Miguel, Carmen, Pilar y Angelita que fueron gemelas, y Fernando,
cuyo nacimiento cost6 la vida a la madre. También Angelita murió pronto,
con cinco años de edad. Los cinco hermanos tendieron a formar una piña
en torno al mayor, cuya influencia fue sin duda muy poderosa.
Los
Primo de Rivera siguieron las vicisitudes de la carrera militar de su
padre, quedando los niños sometidos al cuidado y celosa vigilancia de una
hermana soltera de don Miguel -la “tía Ma” , que hizo las veces de
madre- y de otra tía, Inés, viuda de Pemartín. No sintieron por eso
nunca un vacio familiar, sino lo contrario. Ambas, Marta e Inés,
establecieron los tres valores fundamentales de su educaci6n: la vida
cat61ica, penetrada de devociones al gusto de la época pero repleta al
mismo tiempo de sentido moral muy profundo, que encontramos tanto en José
Antonio como en Pilar en forma de guías para la acci6n política; el amor
a la Patria como se enseñaba entonces en las Academias Militares y la
cohesi6n familiar.
Jose
Antonio llegó a sentir, entre 1931 y 1936, una auténtica obsesión
reivindicatoria por la memoria de su padre, pero nunca identificó esta
memoria con el sistema político, sino con el comportamiento humano.
La
Sección Femenina puede y debe definirse como la forma en que pretendió
llevarse a la realidad social una doctrina acerca de la significaci6n de
la mujer -pero no sólo de la mujer en cuanto ser humano igual en derechos
al var6n, sino en cuanto que es portadora de valores específicamente
“femeninos” - en la vida moderna. Esta Doctrina coincidió exactamente
con la que al principio fuera de Falange Española, sin añadir un ápice;
más adelante, muerto José Antonio se iniciara un desarrollo peculiar,
probablemente mucho más fiel al pensamiento de éste que el de otros
sectores que se consideraron a sí mismos muy “joseantonianos” , Pilar
hubo de compartir con su hermano, también soltero, experiencias vitales
muy decisivas, a partir de aquella noche del 12 al 13 de Septiembre de
1923 en que las niñas, conducidas por la enérgica tía Ma, pasaron la
noche en la Tribuna que desde Capitanía daba a la iglesia de la Merced,
en Barcelona, rezando por el buen éxito de su padre, que había decidido
recurrir al golpe de Estado para salvar a la Monarquía agonizante usando
el más original de los instrumentos: el servicio telegráfico.
De los hijos de don Miguel, sólo Fernando sintió la vocación
militar. José Antonio, la tuvo, muy fuerte, por la abogacía. Ejerció
muy pronto y montó un bufete, en la calle de Los Madrazo, en Madrid, que
contaba, al menos, con cuatro pasantes: todos ellos serían tenidos después
por falagistas y dos de ellos murieron asesinados al comienzo de la
guerra. A diferencia de lo que ocurría en el caso de Franco, el
sentimiento militar ocuparía escaso lugar en el alma del Fundador de
Falange, aunque defendi6 para ésta “un laconismo militar”en su
estilo. Tampoco tenía una elevada opini6n en relación con los generales
que se dedicaban a la política, aunque por su casa pasaron, en aquel
tiempo, soldados de gran prestigio, como Muñoz Grandes, que se haría
falangista y mandaría la División Azul, tenido en los años 30 como uno
de los héroes sobresalientes de la guerra de África. La Dictadura había
estado legitimada, ante su conciencia, por aquella terrible situación,
que no permitía otra salida, y, a posteriori, por la ingente labor
realizada por el general. Pero nunca se refirió a ella como a un sistema
político deseable.
Se
trata de una cuestión importante en la que vale la pena detenerse un
poco: puede ayudarnos a comprender ciertas líneas de su pensamiento.
Después de las elecciones de noviembre de 1933, José Antonio se
convirti6 en diputado a Cortes. Gobernaban los radicales de Lerroux, una
minoría dentro de la Cámara, gracias al apoyo que les prestaba la CEDA.
El 6 de Junio de 1934, Primo de Rivera tomó la palabra para defender la
memoria de su padre, que también las derechas parecían interesadas en
oscurecer. Dijo entonces: “ni la Dictadura, ni la República, ni ningún
hecho revolucionario se justifican ni han justificado nunca, con arreglo
al 6rden jurídico anteriord”. Insistió en este punto: la República
había nacido mediante la ruptura violenta de la legitimidad hasta
entonces existente; sólo con posterioridad había tratado de construir
una legitimidad nueva recurriendo al sufragio. Y, dirigiéndose a la Cámara,
concluyó: “no creo que nadie vaya a poner en dudad” ahora, la legitima existencia de una República española.
¿,Qué
quería decir con este argumento, en si mismo irrebatible? Calificando a
la Dictadura de “experiencia política frustrada”, y dejando a salvo
la obra y la persona de su padre, “un hombre verdaderamente
extraordinario” , José Antonio quería llegar a la formulación de uno
de los principios que más arraigados tendría luego la Sección Femenina
de Falange; no es el origen de un sistema político lo que importe -todos
necesitan de una ruptura con la legalidad existente para nacer- sin6 su
ejercicio; él será quien cree la legitimidad necesaria. Eficacia frente
a limpieza de sangre.
Las
responsables de la Secci6n Femenina extendieron después este principio a
las personas: el crecimiento vertiginoso de aquella durante la guerra fué
posible gracias a que no se establecieron condiciones previas para el
ingreso: se ponía toda la confianza en “formar”
posteriormente a las afiliadas en el “espíritu” de
Falange.
Hasta qué punto se logró este objetivo es una cuestión sobre la que nos
proponemos volver.
En
el discurso fundacional del Teatro de la Comedia -que no- constituía la
exposici6n de un programa político concreto, sino de ciertos principios
que debían contener la raíz de todo programa -José Antonio, que
demostraba poseer muy amplias lecturas, en especial de Unamuno , Ortega y
Gasset , Marañón, Luján, Eugenio D´Ors y Menéndez Pidal, reveló una
vena, poética muy vigorosa, fuerte y atractiva. El diario orteguiano
“El Sol” , refiriéndose en su número del día siguiente al discurso
de la Comedia, lo calificó de “Pieza Poética” . Todos sus argumentos
se situaban en una línea de fuerte crítica al liberalismo, el cual no
era otra cosa que término de llegada del voluntarismo extremo de los
nominalistas cuando lo tom6 en sus manos “un hombre nefasto que se llamó
Juan Jacobo Rousseau” . En esa línea, al alcanzarse las últimas
consecuencias, la libertad quedaba reducida a ser calificaci6n superficial
del egoísmo; el capitalismo
Se
ha discutido mucho el papel de los escritos y enseñanzas de Unamuno - y
lo mismo de Ortega- hayan podido desempeñar en los orígenes del
pensamiento de José Antonio. Unamuno tuvo palabras de elogio para losé
Antonio, al que calificó de “erebro privilegiado” , y muy duras en
cambio para Falange en los primeros momentos de la guerra cuando el
desorden reinante en ella no permitía abrigar muchas esperanzas. Ahora
bien, incluso después de los incidentes del 12 de Octubre, y de los
ataques que ciertos sectores derechistas y clericales le dirig ieron
-ataques que seguirían después de su muerte- él siguió situado al lado
del Movimiento y Falange le proclamó maestro indiscutible. Unamuno moría
en la tarde del 31 de Diciembre de 1936 mientras se hallaba sentado en su
mesa de trabajo. Su cadáver fue conducido al cementerio de Salamanca al día
siguiente por falangistas -tampoco ellos se consideraron de derechas- que,
cuando el féretro descansó en el suelo, saludaron con el brazo extendido
y uno de ellos pronunció la frase ritual “camarada Miguel de Unamuno,
¡presente!
Una
de las tensiones internas en Falange giraba precisamente en torno a la
apreciación que debía darse a la persona y otras de Ortega y Gasset.
Algunos militantes se impacientaron porque no se producía una adhesión
del gran pensador español a los ideales de su movimiento. Ortega se
mantuvo en postura liberal, lo_ que no impidió_ que rechazara enérgicamente
al Frente Popular. José Antonio,_ que, por lo menos desde 1926 era asiduo
lector de Ortega, conservó la admiración por este maestro y en un artículo
para “Haz” , del5 de Diciembre de l 935 (Obras Completas, págs.
513-518) hizo esta expresa declaraci6n: “Una generación que casi
despertó a la inquietud española bajo el signo de Ortega y Gasset, se ha
impuesto a si misma, también trágicamente, la misión de vertebrar a
España” Y en esta fecha de plata -se refería a los 25 anos de
docencia- para don José Ortega y Gasset se le puede ofrecer un vaticinio:
antes de que se extinga su vida, que todos deseamos larga y_ que por ser
suya y larga tiene gue ser fecunda, llegará un día en que al paso
triunfal de una generación de la que fue lejano maestro, tenga que
exclamar complacido: “Esto sf es” .
La
Sección Femenina rendiría verdadero culto intelectual al Marqués de
Lozoya, Eugenio D´Ors, y don Ramón Menéndez Pidal. Habrá ocasión de
nuevas referencias.
liberal
podría dirigirse a los obreros y ofrecerles condiciones equivalentes a
una verdadera esclavitud económica, para, a continuación, decirles que
eran libres para aceptarlas o para morirse de hambre. Sólo una visi6n
trascendente de la vida, aquella que considera al hombre “portador de
valores eternos” es capaz de proporcionar a éste la verdadera libertad
“profunda” .
Sin
mostrarse fascista -aunque sus adversarios después lo acusasen de serlo-
rechazaba cualquiera de las formas de socialismo entonces existentes, no
porque le faltase profunda convicción en la necesidad de un cambio
radical en la sociedad -había en España una “revolución pendiente”
- sino porque todos los planteamientos socialistas al uso se hallaban
viciados por tres errores radicales: a) la interpretación materialista de
la vida y de la Historia, que condena inexorablemente al hombre a un
sometimiento a la naturaleza y al Estado; b) la obsesión de ejercer
represalias sobre el capitalismo; y c) el dogma de la lucha de clases. En
conversaciones privadas a las que asistían Pilar y sus Hermanos -no debe
perderse de vista la importancia de las afinidades familiares en estos orígenes
de la Falange- José Antonio dibujaba, lo mismo que en sus intervenciones
públicas, una panorámica de esfuerzos en cinco direcciones:
a.-España
que debe constituir un objeto de amor y de esfuerzo para todos los españoles,
aparecía en su pensamiento como la unidad integradora de pueblos que
estaban dotados de individualidad propia. Esa integración se producía en
un plano espiritual y no económico: tal era la unidad “metafísica”
más allá del amor terruño, que no suprimía las diferencias
regionales, sino que las elevaba a un plano superior. Por eso era definida
como “unidad de destino en lo universal”. Es en este sentido como debe
entenderse uno de los lemas mas frecuentemente utilizados por la Sección
Femenina, “hagamos la unidad entre los hombres y las tierras de España”
.
b.-Los
partidos p61iticos estaban llamados a desaparecer. La existencia de
derechas e izquierdas era, en si misma, un mal: la concepción de la
Patria como unidad de proyecto y comunidad de destino exigía que las
divisiones políticas a priori dejaran de ser consideradas convenientes:
la superación de las divisiones exigía integrar todas las pluralidades
naturales y hasta convenientes en una unidad superior.
Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad
profunda del hombre” . El fundador de la Falange sostenía algo tan
sencillo como que la primera y más importante de las libertades, después
del derecho a la existencia, consistía en “ganarse, con su trabajo, una
vida humana, justa y dignad” ; las libertades “formales”
introducidas por el Liberalismo no habían dado al hombre verdadera
libertad porque eran simples manifestaciones de egoísmo que dejaban a los
pobres inermes ante los poderosos.
d.-
Si para implantar un orden nuevo, más justo, era necesario recurrir a la
violencia -en el contexto que antes hemos indicado- “no nos detengamos
ante la violencia” . Era esta frase una clara invitación a romper con
la legalidad entonces existente, para crear otra distinta, cosa que no podía
lograrse desde la propia legalidad. Pretendía establecer como principio
.que ninguna legalidad existente podía impedir el salto hacia adelante de
un proceso que imaginaba, en tal sentido, revolucionario.
e.–
Como consecuencia de esta posici6n, José Antonio prefiri6 llamar a su
organización “movimiento” y no partido. Suscitaba con esta palabra la
idea de unidad y no de dispersión, la pretenci6n de integrar en él a
gentes de muy distinto origen, en especial aquellas que se hallaban
decepcionadas por la escasa eficacia social de la izquierda, y la
esperanza de perfilar un proyecto de futuro. En varias ocasiones insistiría,
más tarde, en que Falange tendría que convertirse, sobre todo en un modo
de ser. Lo repetiría Pilar Primo de Rivera, como una consigna, en el I
Consejo Nacional de la Sección Femenina en Salamanca (Enero de 1937),
durante la guerra civil.
Conviene
hacer una advertencia. Cuando José Antonio negaba tan rotundamente ser
fascista, no estaba tratando de defenderse de una acusación, como si el
fascismo le molestase. La palabra no había adquirido aún el tono
peyorativo que tiene en nuestro días. Todo lo contrario: en los años del
sorprendente desarrollo económico y político de Italia y del ascenso
casi incontenible de Hitler hacia el poder, era tinte de honor para muchas
personas compartir esos vientos nuevos. De modo que lo que Ledesma, Onésimo
Redondo y Primo de Rivera querían decir era que no pretendían copiar a
nadie sino buscar para los tremendos problemas del momento, una solución
que fuese netamente española. Las JONS y Falange Española pretendían
buscar sus raíces en la Historia misma de España y en su contenido.
En
estos días, fracasado su primer intento de conseguir un escaño en las
Cortes, Primo de Rivera volcaba sus energías en el bufete de abogado,
manteniéndose lejos de la política. Ello no obstante, y con ocasión del
mencionado golpe del General Sanjurjo, sufrió una breve detención: pudo
comprobar que su apellido
bastaba
para convertirle en sospechoso ante quienes entonces gobernaban la República.
La decidación profesional no era exclusiva. Mantenía frecuente
correspondencia epistolar con personas de muy diverso origen y se enriquecía
con copiosas lecturas. Poco a poco, desde 1932, estaba elaborando un
programa político -aunque sentía horror por esta palabra- que permitiese
hacer triunfar los principios que conformaban ya el núcleo esencial de su
credo.
El
liberalismo, con su juego de sufragio universal, individualismo, económico,
libertades puramente formales y urnas para la batalla política –“el
mejor destino de las urnas es romperla” , llegaría a decir- estaba, en
su opinión, muerto; la siguiente etapa en la Historia de Europa se
reservaba a la revolución. Lo importante era impedir que esta revolución
se hiciese en nombre del marxismo porque en tal caso destruiría al
hombre. De Ortega y Gasset -su aprecio por el “egregio espíritu” del
gran pensador había crecido desde que aquel, siendo enemigo de la
dictadura, hizo un caluroso elogio de la persona de don Miguel Primo de
Rivera- tomó dos ideas fundamentales: la necesidad de que se creara un
frente amplio español, mas allá de los partidos, para afirmar y salvar
la República, y la de que únicamente una élite con capacidad creadora
podría realizar los cambios imprescindibles desde arriba. Por
consiguiente, la primera y fundamental tarea para el movimiento que estaba
comenzando a nacer era “formar a los jóvenes”. Atención, porque aquí
aparece la que la Secci6n Femenina convertirá en obligación principal,
casi exclusiva.
José
Antonio y Julio Ruíz de Alda, convertido ya en su más eficiente
colaborador, habían venido discutiendo a lo largo del año 1933 cuál sería
el nombre más conveniente para su grupo político. El primero quería que
se denominase Movimiento español sindicalista y el segundo Falange Española;
fue la opinión de Ruíz de Alda la que finalmente prevaleci6.
Las
dificultades con que Falange iba a tropezar aparecieron muy pronto, antes
incluso del acto de la Comedia: los jóvenes que repartieron las
octavillas anunciando el próximo movimiento fueron detenidos y algunos
llegaron a permanecer hasta quince días en prisi6n. Falange tuvo
calificativo de peligrosidad antes que fé de bautismo y sus simpatizantes
fueron castigados antes de que pudieran haber realizado un gesto
calificable de delito. Se trata de un dato que los historiadores,
independientemente de sus inclinaciones políticas, están obligados a
registrar: no fueron las actuaciones de los falangistas causa de la
persecuci6n que sufrieron ni se limitó ésta a los sectores instalados en
la izquierda del espectro político: derecha, centro e izquierda parecían
coincidir en la necesidad de cerrarle el paso.
Había
sido el fracaso en otra consulta electoral anterior el que llevara a José
Antonio al convencimiento de que, para ser diputado, necesitaba entrar a
formar parte de algunas de las grandes listas: asegurando que seguía
siendo un candidato “independiente”
accedió a que se le incluyera en una lista de derechas en Cádiz,
provincia en la que esas derechas contaban con un cacique - el último de
los grandes caciques, Ramón de Carranza, marqués de Villa Pesadilla- sin
el que resultaba inútil pretender la elección. Pero tal decisión
colmaba uno de los deseos de la derecha: convertir el nombre de Primo de
Rivera, manteniéndolo en posici6n subalterna respecto a los grandes
patronos, en un capital que canalizara la nostalgia que muchos españoles
sentían hacia la Dictadura, tiempo de 6rden y de prosperidad económica.
De este modo pudo ser diputado, con gran alboroto por parte de sus
hermanos.
Sin
embargo, en el intervalo entre la convocatoria y la celebración de las
elecciones, realizó dos gestos que no permiten abrigar la menor duda
respecto a cuáles fuesen sus intenciones profundas: primero el discurso
ya mencionado en el teatro de la Comedia, un llamamiento contra el
capitalismo y el socialismo, contra lo que se entendía entonces por
izquierda y derecha, todo lo cual tenía que disgustar a sus
patrocinadores; segundo, la fundación de Falange Española, el 2 de
Noviembre de 1933. Demostraba así que no iba a conformarse con el papel
subalterno y que, aunque compartiese las preocupaciones de la CEDA por el
sesgo que iba tomando la República, no estaba de acuerdo, ni mucho menos,
con la doctrina de la mayor parte de los grupos que la sustentaban.,
Ahora
había un programa de acción: el movimiento que se llamaba a si mismo
Falange Española nacía con la pretensi6n de dar los pasos necesarios por
un camino, forzosamente largo, cuya meta era la conquista del poder.
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