Son los padres o abuelos los que sospechan
en primera instancia la dificultad para oír del niño. El contacto con
ellos permanentemente les pone en guardia de determinados comportamientos.
Es posible que tu hijo tenga algún grado
de pérdida de audición si:
el niño no se sobresalta, llora o
reacciona ante ruidos muy altos e inesperados.
no le despierta el ruido intenso.
no gira la cabeza en dirección a tu
voz.
no imita sonidos.
Ante cualquiera de estos signos es
conveniente que tu hijo sea evaluado por un otorrinolaringólogo, que
determine que tipo de pérdida de audición presenta y que importancia
tiene.
El déficit de audición podría ser
simplemente un tapón de cerumen o una
infección del oído
medio, que puede ser solucionada con tratamiento médico o cirugía
menor.
Sin embargo, si la pérdida de audición es
neurosensorial (afectación del oído interno), el déficit auditivo suele
ser permanente. Estos niños a pesar de tener un déficit permanente,
conservan restos auditivos que se pueden amplificar con prótesis, para que
junto con un programa educativo especial desarrollen un lenguaje adecuado
para relacionarse.
ADVERTENCIA: Estas notas
son puramente informativas y te ayudarán a conocer mejor el problema que
tiene tu hijo y como se resuelve, no pretenden ser sustituto de la
visita al médico. Es importante que ante cualquier problema acudas a la
consulta de tu
otorrinolaringólogo.