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Aún recuerdo cuando en los años 70 soltaron por vez primera
truchas arcoiris en el río Rudrón. La población de truchas
comunes de dicho río burgalés era más que saludable y por ello
ahora no se podría comprender por qué se echaban. Simplemente
porque llegó la moda de hacerlo, porque comenzaron a criarse con éxito
en España y a nadie se le ocurrió pensar que aquello podría tener
consecuencias negativas. Yo era un adolescente y reconozco que al
principio me hacía más ilusión sacar una exótica arcoiris que
una de las preciosas truchas comunes del Rudrón a las que ya estaba
acostumbrado. Después, el declive de las truchas de este río
comenzó al poco de realizarse esas repoblaciones masivas.

En muchos lugares
del mundo se ha repoblado con truchas arcoiris de orígenes
silvestres y se han formado poblaciones naturales que se reproducen
sin problemas. No es el caso de España, donde las truchas
repobladas descienden de muchas generaciones de individuos cautivos
y son incapaces de reproducirse en libertad en la mayor parte de los
casos. Por eso, pescar en intensivos poco o nada tiene que ver con
engañar a las truchas autóctonas de un río.
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Sin
embargo, es interesante aprender una técnica diferente que luego
puede tener aplicaciones a la pesca de truchas silvestres. Las
comunes que se crían en piscifactorías tienen un comportamiento
muy similar al de las arcoiris y bien diferente del de las truchas
autóctonas. Muchas de las poblaciones de fario ibéricas, como por
ejemplo las de Albarracín, han alcanzado un grado de
hibridación tan elevado que su comportamiento puede ser más
parecido al de las truchas de un intensivo que al de las silvestres.
No
son muchos los lugares en los que quedan truchas genéticamente
puras, y es interesante ir aprendiendo las costumbres de las
introducidas. Lo haremos respondiendo a una serie de preguntas básicas
que se hace cualquier pescador al introducirse en este tipo de
pesca.
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¿Cómo
funcionan los intensivos?
Por desgracia, en la mayor parte de los intensivos españoles
existe la costumbre de soltar semanalmente una remesa de truchas
arcoiris adultas. Habitualmente se hace en un día concreto (miércoles
o jueves por ejemplo) y se pescan en su mayoría en las dos o tres
jornadas posteriores. Se suele repoblar con ejemplares mayores de 25
cm, con una estética deficiente, ya que la mayor parte de las veces
presentan las aletas carcomidas. Son truchas, por tanto, en absoluto
adaptadas al medio en el que se las introduce y que presumiblemente
van a durar muy poco en el tramo.
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¿Qué
comen las truchas
Habida cuenta de la costumbre de soltar para pescar casi
inmediatamente la mayor parte de las truchas, no tienen apenas
posibilidad de adaptarse a las condiciones del nuevo medio en el que
se han introducido. Las truchas pasan directamente de comer el
pienso compuesto que las echan diariamente en la piscifactoría a
tener que buscarse las habichuelas en un medio hostil. Pocos son los
cotos intensivos españoles que reúnen condiciones para poder
alimentar de un modo natural a las truchas recién llegadas. Se
tiene que dar el caso de que haya comida abundante y fácil de
cazar, ya que las truchas de piscifactoría no poseen ninguna
habilidad especial para sobrevivir. En raras ocasiones las que no
son pescadas pueden perdurar a costa del alimento del propio río o
embalse. En esos casos se puede pescar con imitaciones de las presas
naturales o con las propias presas.
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¿Sobreviven
mucho tiempo tras la repoblación?
Evidentemente, no se puede generalizar, pero en la mayor parte de
los casos las truchas apenas sobreviven unas semanas en los lugares
donde son repobladas. Se sueltan para ser pescadas en el plazo de
tiempo más corto posible y las que no lo son, caen depredadas,
mueren de inanición al no poderse alimentar o se acarrean poco a
poco por la corriente del río al perder fuerzas. En muchas
ocasiones la creencia popular es que pueden crecer y sobrevivir
durante años, pero la inmensa mayoría de las veces perecen en poco
tiempo si no son pescadas con antelación.
Es sorprendente observar la acumulación de predadores que se
origina cuando se sueltan truchas arcoiris. En cotos intensivos de
la sierra madrileña los cormoranes llegan por bandos desde zonas
bastante lejanas poco después de repoblar, y son capaces de devorar
la mayor parte de la suelta en pocas horas. También en el coto de
Mozar, en Zamora, los lucios se acumulan y crecen de un modo
desproporcionado en los límites del coto, aprovechando el acúmulo
gratuito de truchas de repoblación. Son descastados con redes y
pesca eléctrica varias veces al año, pero siguen existiendo en
gran abundancia y tamaño.
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¿Cómo
se comportan?
Habitualmente se repueblan grupos de truchas en diferentes
enclaves, que suelen permanecer unidos en cardúmenes. Durante los
primeros días, si se trata de un río, las truchas pueden
permanecer, incluso, en corrientes moderadas, pero siempre que
puedan elegirán las zonas sin corriente que les exigirán menos
esfuerzo y desgaste. Poco tiempo después de ser soltadas, si se
hallan en zonas paradas o de corriente muy lenta nadarán alrededor
de su postura patrullándola intensamente. Es el mejor momento para
pescarlas. A medida que pasa el tiempo, las truchas que no son
pescadas van adelgazando y perdiendo fuerzas. Ya no se las ve nadar
por las zonas lentas del río y muchas veces se encuentran vegetando
en algún refugio de la orilla o del fondo. En esos casos es más
difícil pescarlas porque llega un punto en el que se muestran
indolentes ante los señuelos. Es conveniente, en esos casos, ver al
animal y pescar sobre pez visto con idea de ponerle el cebo o señuelo
muy cerca de su boca.
Es normal que inmediatamente después de soltarse las truchas no
entren bien a los cebos y señuelos. Suelen requerir un corto
periodo de aclimatación y muchos pescadores opinan que es mejor el
segundo día para pescarlas. En los intensivos donde hay eclosiones,
lo normal es que las truchas de piscifactoría también se muestren
más activas con las eclosiones de insectos, momento que debe
aprovecharse para pescar de la manera más parecida a como se hace
con las truchas autóctonas.
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¿Cómo
encontrarlas?
Existe un factor tan simple y a la vez tan fundamental como es
localizar a los peces. Dependiendo del tipo de coto, las truchas
pueden estar agrupadas en unas u otras zonas, o bien repartidas más
o menos uniformemente, que es lo menos habitual. En grandes
embalses, tipo Villagudín, puede resultar difícil. Si el agua está
muy caliente pueden estar arremolinadas en el fondo y no
necesariamente cerca de la orilla, con lo que la pesca se complica.
En un embalse las truchas de piscifactoría también buscan zonas
querenciosas, como la entrada de ríos o regatos.
En un río, localizarlas es a veces tan sencillo como buscar las
zonas donde han sido soltadas. Es frecuente que se depositen en
balsas de agua poco movida y profunda, que es donde menos se
desgastan por la fuerza de la corriente. Recién soltadas no es raro
que se observen evidencias de la presencia de truchas, viéndolas
nadar en cardúmenes o curiosear a flor de agua. Es imprescindible
localizarlas, y uno de los problemas de los intensivos cuando son
extensos puede ser el pescar en zonas donde no se hallan la truchas.
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¿Qué
tamaño tienen?
La respuesta es obvia, el que los gestores del coto deseen
introducir. Hay cotos intensivos en España, como Villagudín,
famosos por el tamaño de sus capturas. He llegado a sacar a mosca
dos truchas de más de 11 kilos cada una en una tarde afortunada, amén
de otras algo menores. Algunos pensaban que eso era imposible con un
equipo de trucha, concretamente una caña de mosca para líneas del
7. Lo cierto es que las arcoiris pelean con fuerza, pero sin
demasiado criterio. En aguas abiertas como éstas con un poco de
calma se podrían sacar aún mucho mayores, ya que no hay obstáculos.
En muchos cotos intensivos sueltan truchas grandes, lo que plantea
una reflexión acerca de los equipos y la línea a utilizar. Si no
hay obstáculos se pueden pescar con equipos ligeros, sin embargo si
hay maleza, piedras o troncos se impone una línea y un equipo más
potente.
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¿Son
buenas para comer?
Como en todo, las truchas de piscifactoría han experimentado una
gran mejoría en cuanto a su calidad culinaria. Tengo amigos piscicultores
que han sido testigos de este avance y recuerdo cuando hace muchos años
me enseñaron la primera trucha de piscifactoría de carne naranja,
considerada como un prodigio de la tecnología moderna. También ha
surgido la polémica acerca de su alimentación a base de harinas de
pescado, lo que induce a la duda de que surja una posible enfermedad tipo
la de las vacas locas. Yo recomiendo consumir estas truchas que poco
tienen que envidiar con las silvestres en cuanto a sabor, y además el
hecho de tenerlas congeladas me anima en muchas ocasiones a soltar la
mayor parte de las truchas silvestres que capturo.
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