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pesca.jpg (1648 bytes) Artículo muy interesante sobre:

 LA PESCA EN LOS COTOS INTENSIVOS a cargo de Juan Delibes.

La pesca de truchas repobladas poco o nada tiene que ver con la de truchas silvestres autóctonas. El comportamiento de ambas es muy distinto y se halla regido por necesidades bien diferentes. Pero aprender a pescar truchas en intensivos puede dar un poco de contenido a los meses de veda, además de ser recomendable dado que las poblaciones de truchas de nuestros ríos son cada vez menos puras y su comportamiento se va pareciendo cada vez más al de las truchas de piscifactoría.

Se titula Cambiando el Chip 

y es un artículo que viene muy a cuento.

(Está sacado de Trofeo - Pesca. com , Febrero 2005)

         

       Aún recuerdo cuando en los años 70 soltaron por vez primera truchas arcoiris en el río Rudrón. La población de truchas comunes de dicho río burgalés era más que saludable y por ello ahora no se podría comprender por qué se echaban. Simplemente porque llegó la moda de hacerlo, porque comenzaron a criarse con éxito en España y a nadie se le ocurrió pensar que aquello podría tener consecuencias negativas. Yo era un adolescente y reconozco que al principio me hacía más ilusión sacar una exótica arcoiris que una de las preciosas truchas comunes del Rudrón a las que ya estaba acostumbrado. Después, el declive de las truchas de este río comenzó al poco de realizarse esas repoblaciones masivas.


         En muchos lugares del mundo se ha repoblado con truchas arcoiris de orígenes silvestres y se han formado poblaciones naturales que se reproducen sin problemas. No es el caso de España, donde las truchas repobladas descienden de muchas generaciones de individuos cautivos y son incapaces de reproducirse en libertad en la mayor parte de los casos. Por eso, pescar en intensivos poco o nada tiene que ver con engañar a las truchas autóctonas de un río.

 

       

          Sin embargo, es interesante aprender una técnica diferente que luego puede tener aplicaciones a la pesca de truchas silvestres. Las comunes que se crían en piscifactorías tienen un comportamiento muy similar al de las arcoiris y bien diferente del de las truchas autóctonas. Muchas de las poblaciones de fario ibéricas, como por ejemplo las de Albarracín,  han alcanzado un grado de hibridación tan elevado que su comportamiento puede ser más parecido al de las truchas de un intensivo que al de las silvestres.
No son muchos los lugares en los que quedan truchas genéticamente puras, y es interesante ir aprendiendo las costumbres de las introducidas. Lo haremos respondiendo a una serie de preguntas básicas que se hace cualquier pescador al introducirse en este tipo de pesca.

¿Cómo funcionan los intensivos?

Por desgracia, en la mayor parte de los intensivos españoles existe la costumbre de soltar semanalmente una remesa de truchas arcoiris adultas. Habitualmente se hace en un día concreto (miércoles o jueves por ejemplo) y se pescan en su mayoría en las dos o tres jornadas posteriores. Se suele repoblar con ejemplares mayores de 25 cm, con una estética deficiente, ya que la mayor parte de las veces presentan las aletas carcomidas. Son truchas, por tanto, en absoluto adaptadas al medio en el que se las introduce y que presumiblemente van a durar muy poco en el tramo.

 

¿Qué comen las truchas

Habida cuenta de la costumbre de soltar para pescar casi inmediatamente la mayor parte de las truchas, no tienen apenas posibilidad de adaptarse a las condiciones del nuevo medio en el que se han introducido. Las truchas pasan directamente de comer el pienso compuesto que las echan diariamente en la piscifactoría a tener que buscarse las habichuelas en un medio hostil. Pocos son los cotos intensivos españoles que reúnen condiciones para poder alimentar de un modo natural a las truchas recién llegadas. Se tiene que dar el caso de que haya comida abundante y fácil de cazar, ya que las truchas de piscifactoría no poseen ninguna habilidad especial para sobrevivir. En raras ocasiones las que no son pescadas pueden perdurar a costa del alimento del propio río o embalse. En esos casos se puede pescar con imitaciones de las presas naturales o con las propias presas.

¿Sobreviven mucho tiempo tras la repoblación?

Evidentemente, no se puede generalizar, pero en la mayor parte de los casos las truchas apenas sobreviven unas semanas en los lugares donde son repobladas. Se sueltan para ser pescadas en el plazo de tiempo más corto posible y las que no lo son, caen depredadas, mueren de inanición al no poderse alimentar o se acarrean poco a poco por la corriente del río al perder fuerzas. En muchas ocasiones la creencia popular es que pueden crecer y sobrevivir durante años, pero la inmensa mayoría de las veces perecen en poco tiempo si no son pescadas con antelación.
Es sorprendente observar la acumulación de predadores que se origina cuando se sueltan truchas arcoiris. En cotos intensivos de la sierra madrileña los cormoranes llegan por bandos desde zonas bastante lejanas poco después de repoblar, y son capaces de devorar la mayor parte de la suelta en pocas horas. También en el coto de Mozar, en Zamora, los lucios se acumulan y crecen de un modo desproporcionado en los límites del coto, aprovechando el acúmulo gratuito de truchas de repoblación. Son descastados con redes y pesca eléctrica varias veces al año, pero siguen existiendo en gran abundancia y tamaño.

 

¿Cómo se comportan?

Habitualmente se repueblan grupos de truchas en diferentes enclaves, que suelen permanecer unidos en cardúmenes. Durante los primeros días, si se trata de un río, las truchas pueden permanecer, incluso, en corrientes moderadas, pero siempre que puedan elegirán las zonas sin corriente que les exigirán menos esfuerzo y desgaste. Poco tiempo después de ser soltadas, si se hallan en zonas paradas o de corriente muy lenta nadarán alrededor de su postura patrullándola intensamente. Es el mejor momento para pescarlas. A medida que pasa el tiempo, las truchas que no son pescadas van adelgazando y perdiendo fuerzas. Ya no se las ve nadar por las zonas lentas del río y muchas veces se encuentran vegetando en algún refugio de la orilla o del fondo. En esos casos es más difícil pescarlas porque llega un punto en el que se muestran indolentes ante los señuelos. Es conveniente, en esos casos, ver al animal y pescar sobre pez visto con idea de ponerle el cebo o señuelo muy cerca de su boca.
Es normal que inmediatamente después de soltarse las truchas no entren bien a los cebos y señuelos. Suelen requerir un corto periodo de aclimatación y muchos pescadores opinan que es mejor el segundo día para pescarlas. En los intensivos donde hay eclosiones, lo normal es que las truchas de piscifactoría también se muestren más activas con las eclosiones de insectos, momento que debe aprovecharse para pescar de la manera más parecida a como se hace con las truchas autóctonas.

 

¿Cómo encontrarlas?

Existe un factor tan simple y a la vez tan fundamental como es localizar a los peces. Dependiendo del tipo de coto, las truchas pueden estar agrupadas en unas u otras zonas, o bien repartidas más o menos uniformemente, que es lo menos habitual. En grandes embalses, tipo Villagudín, puede resultar difícil. Si el agua está muy caliente pueden estar arremolinadas en el fondo y no necesariamente cerca de la orilla, con lo que la pesca se complica. En un embalse las truchas de piscifactoría también buscan zonas querenciosas, como la entrada de ríos o regatos.
En un río, localizarlas es a veces tan sencillo como buscar las zonas donde han sido soltadas. Es frecuente que se depositen en balsas de agua poco movida y profunda, que es donde menos se desgastan por la fuerza de la corriente. Recién soltadas no es raro que se observen evidencias de la presencia de truchas, viéndolas nadar en cardúmenes o curiosear a flor de agua. Es imprescindible localizarlas, y uno de los problemas de los intensivos cuando son extensos puede ser el pescar en zonas donde no se hallan la truchas.

 

¿Qué tamaño tienen?

La respuesta es obvia, el que los gestores del coto deseen introducir. Hay cotos intensivos en España, como Villagudín, famosos por el tamaño de sus capturas. He llegado a sacar a mosca dos truchas de más de 11 kilos cada una en una tarde afortunada, amén de otras algo menores. Algunos pensaban que eso era imposible con un equipo de trucha, concretamente una caña de mosca para líneas del 7. Lo cierto es que las arcoiris pelean con fuerza, pero sin demasiado criterio. En aguas abiertas como éstas con un poco de calma se podrían sacar aún mucho mayores, ya que no hay obstáculos. En muchos cotos intensivos sueltan truchas grandes, lo que plantea una reflexión acerca de los equipos y la línea a utilizar. Si no hay obstáculos se pueden pescar con equipos ligeros, sin embargo si hay maleza, piedras o troncos se impone una línea y un equipo más potente.

 

¿Son buenas para comer?

Como en todo, las truchas de piscifactoría han experimentado una gran mejoría en cuanto a su calidad culinaria. Tengo amigos piscicultores que han sido testigos de este avance y recuerdo cuando hace muchos años me enseñaron la primera trucha de piscifactoría de carne naranja, considerada como un prodigio de la tecnología moderna. También ha surgido la polémica acerca de su alimentación a base de harinas de pescado, lo que induce a la duda de que surja una posible enfermedad tipo la de las vacas locas. Yo recomiendo consumir estas truchas que poco tienen que envidiar con las silvestres en cuanto a sabor, y además el hecho de tenerlas congeladas me anima en muchas ocasiones a soltar la mayor parte de las truchas silvestres que capturo. 

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