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SOCIEDAD EXCURSIONISTA DE HUELVA |
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Ultima Revisión: 05/07/98 16:23Sección de Espeleología
Curso de iniciación a la Espeleología
Travesia Hundiero-Gato
Barranco de Guadiaro
Sima lepiotas
Sima de Soldao
Complejo Motilla-Ramblazo
Sima de Cacao
MIS IMPRESIONES SOBRE LA ESPELEOLOGIA. Mi primer conocimiento sobre la espeleología se remonta a los lejanos tiempos de la pubertad en los que, esporádicamente, los telediarios de Televisión Española emitían, en aquellos noticiarios en blanco y negro, imágenes de individuos con aspecto similar al de los mineros que establecían récords de permanencia en lo que yo entendía tétricos y húmedos agujeros ultraterrenos. Tengo asociada la idea del espeleólogo a la del científico porque se ofrecían datos sobre los estudios que, simultáneamente, se habían realizado sobre el comportamiento del organismo y de la psique tras la larga privación de la luz solar y el empacho de soledad. También acuden a mi memoria las noticias de rescates de espeleólogos polacos en cuevas de la faja del Cantábrico. En la mente infantil aquellos tipos pertrechados con cascos luminosos no dejaban de producir un extraordinario asombro y cierta pesadumbre. Parecía que no estaba exento de peligros adentrarse en el subsuelo. Desde luego no podía entender aquel empeño por el mundo subterráneo. ¿Qué atractivo podrían encontrar aquellos extraños hombres de gustos aún más extravagantes en las lóbregas humedades cavernosas?. Entonces, gozaba de la lluvia y el suave manto verde que cubre la bella tierra de mis ancestros. Crecí. Descubrí la pasión por: los techos de azul intenso y límpido, por los techos rutilantes de estrellas, aquellos que se encuentran a altitudes superiores. Trabé contacto con personas que estaban poseídas por el entusiasmo que yo siento por la montaña, pertenecían a la Sociedad Excursionista de Huelva. De entre sus miembros, cuatro espeleólogos. Su presidente Diego Román y Carmen Romero Marcos "su compi de fatiguitas", hicieron que volviese a toparme de soslayo con el mundo de la espeleología. Espeleólogos entusiastas y convencidos, les oía elogiar las excelencias y bellezas del más allá, con el orgullo y la satisfacción de pertenecer a una elite poseedora de sensaciones y experiencias desconocidas, ignotas, para el resto del común de los mortales. Conocer físicamente a un espeleólogo/a, comprobar que era un ser de este mundo, y oírle relatar maravillas sobre las cuevas, las simas de cientos de metros de profundidad tierra-abajo, no despertó lo más mínimo mi curiosidad por ellas. Hubo que esperar a que me topara con mis grandes, casi insuperables, limitaciones de orden físico y técnico para seguir subiendo cada año un poquito más... Y... tuve que conocer a Alejandro Hurtado, malagueño, generoso y amante de la espeleología, empeñado en impartirnos un curso en el que aprenderíamos técnicas para el descenso y ascenso de simas. Aquello me convenció, sin duda aprendería algo útil para mis escapadas montañeras. Me enrolé. Aquel chico parecía dispuesto a enseñarnos algunas cosas interesantes. El curso se desarrolló entre Febrero y Marzo de 1.996. Nuestro regalo de fin de curso fue mostrarnos "soldado". La descarga de adrenalina fue de una intensidad pocas veces igualada; la emoción, el impacto, memorables. Habrá simas más bellas probablemente, pero ésta fue la que sacudió mi interior. Era el 20 de Marzo de 1.996, sobre las ocho de la tarde Rafael y yo paseábamos por Huelva envueltos en una nube de sensaciones nuevas. Deseaba que todo fuese perfecto. Deseaba ir a ver a mi familia y en especial contarles a mi hermano y a mi padre lo que había descubierto: otra dimensión, explicarles por qué no me había dejado ver las últimas semanas pero..... No pude, no pude...... Yo, definitivamente, irremediablemente, me hice mayor después de mi curso de " espeleo ". Fdo.. EDURNE ( Espeleonovata de la S.H.E. para la revista "Cota Cero") |