Mensaje del G. Jefe Seattle al Presidente de los EEUU de América en 1854.

(Introducción)

J. Seattle
   El Jefe Seattle nació en 1786, murió en 1866 a los 80 años de edad, un año después de que la ciudad que lleva su nombre aprobara una ley por la cual se declaraba ilegal que los indios viviesen en élla. Fue un gran orador y un hábil diplomático.
   El Jefe Seattle de la tribu de los Duwamish había sido amistoso con los blancos. Pero la gran afluencia de colonos provocada por la fiebre del oro de 1849 reclamó su terrritorio. En 1854, al aceptar la firma del tratado de Port Elliot , por la que la tribu cedía su territorio en la región del Golfo Puget y aceptaba el confinamiento en una reserva, el Jefe Seattle pronunció el siguiente discurso ante Isaac Stephens, gobernador del Territorio de Washington.
   (1) - En acotación de Henry A. Smith que figura entre paréntesis en el texto del discurso tal como figura en la crónica del " Sunday Starr Seattle " interpolada en este lugar se dice : " ... hasta época reciente ellos creían ( los indios ) que Washington estaba aún vivo . Este nombre que era el de un presidente lo confundían con el de la ciudad cuando oían decir Presidente de Washington . También pensaban que el rey Jorge seguía siendo rey de Inglaterra, porque los comerciantes de la Bahía de Hudson , se denominaban a sí mismos hombres del rey Jorge . Estos ingenuos equívocos eran sutiles para los indios y suficientes para explicar la idea que tenían de éstas referencias . Algo que por supuesto los blancos conocíamos mucho mejor .
   * Este documento se publicó , por primera vez , en 1887 luego de haber transcurrido 32 años del pronunciamiento del discurso . La traducción de Henry Smith está considerada la más fiel a las palabras dichas por su autor.



          El viejo jefe Seattle era el indio más alto que jamás haya visto, y sin duda el de aspecto más noble . Se alzaba casi seis pies sobre sus mocasines , y era ancho de espaldas , de pecho profundo y perfectamente proporcionado . Sus ojos eran grandes, inteligentes, expresivos y amistosos cuando estaban en reposo y expresaban auténticamente los distintos sentimientos de la gran alma que miraba a traves de éllos. Era generalmente solemne , silencioso y digno , pero en las grandes ocasiones , se movía entre las multitudes como un titán entre los liliputienses , y su palabra era ley .

           Cuando se levantaba a hablar en el Consejo , o exponía su parecer , todas las miradas se volvían a él , y frases elocuentes , profundas y sonoras salían de sus labios como incesantes cataratas de truenos , que fluyeran de fuentes infinitas . Su apariencia magnífica era tan noble , como la del caudillo militar más civilizado , al frente de las fuerzas de todo un continente . Ni su elocuencia , ni su dignidad , ni su gracia , eran adquiridas , sino por el contrario innatas a su hombría , como las flores y las hojas a los almendros florecidos .

           Su influencia era maravillosa . Podría haber sido emperador , pero sus actos eran democráticos y gobernaba a sus leales súbditos, gentilmente y con afectuosa benignidad .

           Era siempre afable y atento con los hombres blancos y nunca tanto , como cuando sentado a la mesa , expresaba más que nunca su comportamiento de caballero .

          Cuando el gobernador Stevens llegó por primera vez a Seattle, y dijo a los nativos que había sido designado Comisionado de Asuntos Indios en el Territorio de Washington , fue objeto de una gran recepción , frente a la oficina del doctor Maynard , en la calle Mayor, junto al barrio portuario .

           La bahía estaba poblada de canoas y la costa bordeada por una masa humana inclinada , amontonada y polvorienta , hasta que la trompeta del viejo jefe Seattle , lanzó sobre la multitud su potente sonido , como la aurora diana del tambor bajo , el silencio se hizo inmediatamente y completo , como el que sigue al trueno en un cielo claro .

           El gobernador fue presentado por el doctor Meynard a la multitud nativa e inmediatamente comenzo a explicar su misión , que al ser conocida no exigía mayores detalles , en lenguaje directo , claro y familiar .

          Cuando se sentó , se levantó el jefe Seattle con toda la dignidad de un senador que lleva sobre sus hombros la responsabilidad de un gran pueblo . Poniendo una mano sobre la cabeza del gobernador y señalando con el índice de la otra lentamente el cielo , comenzó el memorable discurso de forma solemne e impresionante :

           " El cielo , que ha secado las lágrimas de compasión de nuestros padres por los siglos y que a nosotros nos parece eterno , puede cambiar . Hoy está claro , mañana puede estar cubierto de nubes . Mis palabras , en cambio , son como las estrellas que nunca cambian . Lo que Seattle dice al Gran Padre de Washington es (1) tan verdadero y seguro como la sucesión de las estaciones .

          Nuestra religión es la tradición de nuestros antepasados , los sueños de nuestros mayores , entregados por el Gran Espíritu , y revelados por nuestros jefes , escritos así en el corazón de nuestro pueblo.

           Vuestros muertos dejan de amaros a vosotros , y a su lugar natal ; tan pronto como traspasan los umbrales de la tumba se van lejos a las estrellas , pronto son olvidados y nunca retornan .

          Nuestros muertos nunca olvidan el bello mundo que les dió el ser . Siempre amarán sus serperteantes rios , sus grandes montañas , sus recónditos valles , y siempre añorarán , con la más tierna dulzura , este sentido de la soledad y de la vida ; a menudo frecuentarán estos lugares , confortándose en éllos .

           El día y la noche no pueden convivir. El Piel Roja siempre ha huído de la aproximación del Hombre Blanco , como la cambiante niebla huye de la montaña huye del poderoso sol .

          Sin embargo vuestra proposición me parece justa , y pienso que mi gente la aceptará , y se retirará a la reserva que ofrecéis. Entonces éllos vivirán aparte en paz porque las palabras del Gran Jefe Blanco parecen la voz de la naturaleza , hablando a mi pueblo, desde la densa oscuridad, que se agolpa junto a él , como la niebla espesa invade la tierra hacia dentro desde el mar de medianoche .

           Importa poco donde pasemos el resto de nuestros días . No son muchos . La noche del indio promete ser oscura. Ni una brillante estrella aparece en su horizonte . Vientos de voz triste gimen en la distancia. Alguna cruel Némesis de nuestra raza sigue la huella del Piel Roja, y donde quiera que vaya , siempre oirá las pisadas apremiantes de su cruel verdugo, y esperará resignado el encuentro con su destino, como lo hace la corza herida, cuando escucha las pisadas próximas del cazador .

          Unas pocas lunas más, unos pocos inviernos más, y ni uno solo de los sesenta poderosos espíritus, que un día llenaron esta vasta tierra , y que ahora vagabundean en bandas fragmentadas por las amplias soledades, que antes vieron hogares felices, protegidos por el Gran Espíritu, permanecerán para llorar sobre las tumbas de gentes poderosas y animadas como las nuestras .

          ¿ Pero de qué debo quejarme ? , ¿ Por qué debo afligirme por el destino de mi pueblo ? . Las tribus están formadas por individuos y no son mejores que éllos. Los hombres van y vienen como las olas del mar . Una lágrima , un lamento , un canto funeral y se han ido de nuestros anhelantes ojos para siempre . Incluso el Hombre Blanco cuyo Dios anduvo con él y le habló como de amigo a amigo , no está excento de este destino común . Puede que seamos hermanos después de todo, veremos .

          Ponderaremos vuestra proposición y cuando hayamos decidido os lo comunicaremos . Pero en el caso de aceptarla, aquí y ahora , impongo la primera condición : que nunca se nos niegue el privilegio de visitar, cuando queramos, las tumbas de nuestros antepasados y amigos. Hasta la más mínima parte de este país es sagrada para mi gente .

          Cada colina , cada valle , cada llano y alameda, están marcadas por algún recuerdo , triste o alegre , de la vida de mi tribu . Incluso las rocas que parecen descansar mudas mientras las baña el sol a lo largo de la silenciosa costa , en su solemne majestuosidad se alegran con la memoria de los antepasados sucesos , relacionados con la vida de mi gente ; hasta el polvo , que pisamos con nuestros pies , contesta amorosamente a nuestras pisadas , más que a las vuestras , porque son las cenizas de nuestros antepasados y nuestros desnudos piés , están conscientes de esta agradable comunicación , y porque el suelo está enriquecido con la historia de nuestros muertos .

           El hijo del Gran Jefe Blanco dice que su padre nos envía saludos de amistad y buena voluntad . Esto es gentil por su parte , ya que nosotros sabemos que el tiene poca necesidad de nuestra amistad recíproca , ya que su gente es mucha . Son como la hierba , que cubre las vastas praderas , mientras que mi gente es poca , parecen los esparcidos árboles barridos por la tormenta .

           El Gran - y yo presumo también - Buen Jefe Blanco nos manda palabras de que quiere comprar nuestras tierras , y de que está decidido a permitirnos reservar las suficientes para que podamos vivir razonablemente . Esto parece realmente generoso , porque el Piel Roja ya no tiene derechos que merezcan respeto y la oferta puede ser también inteligente , porque ya no necesitamos un gran país para poder vivir .

          Hubo un tiempo que nuestro pueblo cubría toda la tierra , como las olas de un mar turbulento , pero ya hace mucho desde que ese tiempo paso , y con el ha caído la grandeza de nuestras tribus . No lamentaré , ni lloraré por esta ruina , ni tampoco reprocharé a los rostros pálidos por haberla realizado , porque parte de esa culpa la tenemos nosotros también .

          Cuando nuestros jóvenes se ponen nerviosos por alguna injusticia , real o imaginaria , y desfiguran sus caras con pinturas negras , son a menudo crueles e implacables , y no conocen límites , y nuestros mayores no pueden detenerlos .

           Pero esperaremos que las hostilidades entre el Piel Roja y su Hermano Blanco no vuelvan nunca . Tendríamos todas las de perder y pocas de ganar . Es cierto que se considera positiva la venganza de los jóvenes guerreros , aunque se logre al precio de sus vidas , pero los ancianos que se quedan en casa en tiempo de guerra y las madres que tienen hijos , lo saben mejor .

          Nuestro Gran Padre en Washington - porque ahora imagino que es tan padre nuestro como vuestro , desde que el rey Jorge ha trasladado sus fronteras más al norte - , nuestro gran y buen Padre , digo , nos manda palabras de que si hacemos lo que él nos dice , él nos protegerá . Sus poderosos ejércitos serán para nosotros , como una muralla de protección , y sus grandes barcos de guerra llenarán nuestras costas , para que nuestros antiguos enemigos del Norte - los Simsiams y los Hydas - no nos asusten más , ni a nosotros ni a nuestras mujeres y ancianos .

           ¿ Pero podrá ser esto alguna vez ? . Vuestro Dios ama a vuestro pueblo y odia al mío . El abraza con afecto al Hombre Blanco , estrechándolo en sus poderosos brazos , y lo dirige como el padre guía a su hijo , pero El ha olvidado a sus hijos Pieles Rojas , si es que han sido realmente sus hijos . Vuestro Dios hace cada día más fuerte a vuestra gente , como la cera que se endurece , mientras que mi gente decrece como la bajamar que nunca subirá .

          El Dios del Hombre Blanco no puede querer a sus hijos Pieles Rojas , ya que si no los protegería . Parecemos huérfanos que no podemos pedir ayuda a nadie . Entonces ¿ Cómo podéis ser hermanos nuestros ? , ¿ Cómo puede convertirse vuestro Padre en nuestro Padre para traernos prosperidad y avivar en nosotros sueños de gloria ? . Vuestro Dios nos parece parcial . Vino al Hombre Blanco . Nosotros nunca lo vimos ni oimos su voz . Dió al Hombre Blanco leyes , pero no dedicó ni una sola palabra de atención al Piel Roja que era también su hijo , cuyas abundantes poblaciones , por millones , ocuparon un día este continente , como las estrellas llenan el firmamento . No , somos dos razas distintas y debemos permanecer siempre así . Hay poco de común entre nosotros . Las cenizas de nuestros antepasados son sagradas y el lugar de descanso final , tierra de veneración . En cambio vosotros ignorais las tumbas de vuestros padres y os alejais de ellas sin pena .

          Vuestra religión fue escrita en tablas de piedra por el dedo incandescente de un Dios airado, a menos que podais olvidarlo . El Piel Roja nunca podrá recordarlo así , ni menos comprenderlo .

          Los bravos guerreros , las orgullosas madres , las doncellas alegres y felices en el corazón , e incluso los niños pequeños , que vivieron y alegraron estos lugares a pesar de su breve estación , y cuyos nombres desconocidos están ya olvidados , todavía aman estas sombrías soledades , y esta profunda realidad que a la caída de la tarde se hace todavía más sombría con la presencia de los espíritus del atardecer . Y cuando el último Piel Roja haya desaparecido de la faz de la tierra , y su memoria entre los hombres blancos se haya convertido en un mito , entonces estas cosas se llenarán con la invisible presencia de mi tribu muerta ; y cuando vuestros niños piensen que están solos en los campos , en el almacén o en las tiendas , en el camino o en el silencio de los bosques , no estarán solos . En toda la tierra no habrá ya un lugar dedicado a la soledad . Por la noche cuando las calles de vuestras ciudades o pueblos estén silenciosas y vosotros penseis que están desiertas , se llenarán con los espíritus viajeros , que un día poblaron , y todavía aman esta hermosa tierra .

          El Hombre Blanco ya no estará nunca más solo . Dejadle ser justo y se convertirá pacíficamente con mi gente , porque los muertos tienen poder eternamente .

          ¿ Muertos dije ? . No hay muertos . Solo un cambio de mundos ."


          Otros oradores intervinieron pero yo ya no tomé notas . La respuesta del gobernador Stevens fue breve , simplemente prometió convocar un Consejo General en la primera ocasión que se le presentáse , para discutir la propuesta del Tratado . El Jefe Seattle prometió adherirse al tratado una vez que fuera ratificado , observándolo al pié de la letra , pues quería ser de un modo indiscutible un fiel amigo de los blancos .

          Lo antes narrado no fué más que un fragmento del discurso del Jefe Seattle , y le falta a la narración toda la fuerza y el encanto del viejo orador de la ocasión .



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