SEXO, DROGAS, VIOLENCIA, BUENA MÚSICA, FANTASÍA, REALIDAD…… TODO ESTO EN UNA SOLA PELÍCULA ¡TRAINSPOTTING!

Spud

Diane

Sick boy

Bebgie

Mark Renton


País y Año: Escocia, 1996

Director: Danny Boyle

Guión: John Hodge, basado en la novela de Irvine Welsh

Protagonistas: Ewan McGregor, Ewen Bremner, Jonny Lee Miller, Kevin McKidd, Robert Carlyle y Kelly MacDonald

Nominaciones: Mejor Guión Adaptado.





RESUMEN

Sabiamente interpretada, la película narra la alucinante y trágica historia de una pandilla de cinco jóvenes (cuatro patas y una flaca) dispuestos a tratar de no sacrificar los excesos de su vida de drogas por la aparente normalidad y comodidad de una vida hecha y derecha donde familia, trabajo y matrimonio son la trilogía del éxito.

Trainspotting es un estupenda película, que tiene toda la energía del rock & roll y el combustible de las drogas y que se nutre de toda la estética de los noventa... Bob Dole (candidato a la presidencia de USA) la ha considerado una película nociva para la juventud americana pese a no haberla visto.

Trainspotting ha conocido con inusitada rapidez el éxito en su isla natal, Inglaterra, y en Europa. Y va camino a convertirse en una película de culto. Adaptada de la novela del mismo título, escrita por Irving Welsh (Escocia, 1958) y publicada en 1993, ha provocado una identificación masiva de la juventud. La prensa internacional le ha reventado cohetes y derramado harta tinta sobre ella. Sea para elogiarla o para levantar polvoreda. Y es que para unos Trainspotting puede ser entendida como una apología de un estilo de vida que lleva a la autodestrucción, si uno es incapaz de ponerse límites. En ese sentido la película no ofrece una reflexión profunda sobre el uso de drogas, sino que constituye un fresco contemporáneo, desgarrador, sobre el consumo de drogas 'duras' (heróina, ectasy, etc). La intensa lucha interior y exterior que lleva a cabo uno de los protagonistas por emprender una cura de desintoxicación, y su posterior fracaso, ilustran de manera vigorosa esta situación.

A lo largo de más de 100 minutos, uno se aproxima por una ventan la rabia de una generación 'incomprendida' en una suerte de retrato salvaje de la juventud. Un retrato provisto de una seductora belleza que trata de acercarnos al placer de una visión menos sombría de la realidad.

Y a todo esto, qué diablos quiere decir Trainspotting ? Como en Pulp Fiction, el director ofrece en los minutos iniciales la definición cual diccionario del celuloide: El arte de matar el tiempo viendo pasar los trenes y anotando el número de las locomotoras. La cultura del hueveo llevada al celuloide. Una película que se ve fácil, sin repulsión, con simpatía. Y sin necesidad de empolvarse la nariz.

Con Trainspotting uno se identifica desde el primer segundo, tan pronto te apoltrones en tu butaca y tus ojos revienten con el primer pinchazo en una vena al ritmo de Lust for Life, de Iggy Pop. Un canción que es todo un himno a la lujuria en la voz de un ilustre sobreviviente, que más de una vez a estado a punto de perder el billete de retorno en el tren. Aquí nada

parece ser real y a pesar de ello todo parece ser cierto.

Es difícil no pegarle la etiqueta de película rockera. La banda sonora de la película contribuye soberbiamente. Sus protagonistas reivindican, a su manera, su pertenencia a la pandillas mezclando humor y arrogancia, autodestrucción y orgullo. Desde las primeras escenas, con la persecusión implacable por las calles de un grupo de detectives contra la pandilla de drogos, uno encontrará referencias a toda una tradición de películas donde se mezclan música, violencia y drogas. De A hard days night, de los Beatles hasta Goodfellas, de Martin Scorsese, pasando por la Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick, de quien piratea una memorable escena al interior de una discoteca decorada con todo el estilo de los setenta y sin olvidar Drusgtore Cowboy, de Gus Van Sant, de quien recrea en impactante primer plano el ritual del pinchazo en las venas del personaje principal convertido en antihéroe en un pasaje fetichista que sin duda estimulará a unos e indispondrá a otros. Trainspotting está provista de una estupenda dosis de rock que va desde los setenta a los noventa, con Lou Reed (Perfect Day) e Iggy Pop hasta lo mejorcito de la producción de los noventa, donde sobresalen el pop de Blur y Pulp, la música ambiental de Brian Eno, el experimento house de Primal Scream, New Order, Underworld, Elastica, KYO, entro otros grupos.

Trainspotting marca la diferencia con el realismo social intelectual predominante en el actual cinema europeo. Aquí nada parece ser real y a pesar de ello, todo es cierto al mismo tiempo. Como la memorable escena del protagonista central convertido en antihéroe accidental sumergiéndose al interior del water y atravesando la mierda pura hasta poder recuperar su droga favorita. El dilema de Trainspotting es simplista y planteada un interrogante: repudiar el mundo para conservar sus patas del alma y una suerte de espíritu comunitario puede equivaler a ingresar a una sociedad formal, donde cada uno habrá de fajarse su propio camino en nombre del individualismo y la incomunicación de los noventa?

Uno de los puntos fuertes de Trainspotting es su lenguaje, que respeta escrupulosamente la jerga de las pandillas juveniles escocesas. En un estilo que es alquimia pura, capaz de transformar los clichés de la jerga de barrio en literatura.

Quienes corran para encontrar una versión de los noventa de la Naranja Mecánica, no pierdan el tiempo quemando neuronas. Esta Trainspotting no tiene la vastedad estilística de Kubrick ni la fuerza de la visión política que hicieron de la Naranja un icono cultural y una referencia emblemática en la juventud, y una precursora de la cultura punkie de fines de los setenta.










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Personajes:

CONCLUSION

Han hecho mucho ruido. Quizás demasiado. Con un gran despliegue en prensa y medios, con grandes pancartas, ha llegado a nuestras pantallas una de las películas anunciadas como «de las más esperadas» de la presente temporada. Se trata de una aventura cinematográfica llevada a cabo por el trío británico Danny Boyle, Andrew MacDonald y John Hodge, que ya alcanzaron notable éxito con Tumba abierta en 1994. Desde que esta película fue estrenada en Gran Bretaña ha cosechado todo tipo de valoraciones y opiniones que han acabado incendiando la polémica. Por otra parte, era de esperar, dado el contenido del film y teniendo en cuenta hasta dónde pueden llegar los límites de la conciencia pública británica.

La película tiene un arranque muy prometedor, tanto de imagen como de texto. Ese vómito de Mark sobre el modo de vida burgués y los hábitos de consumo más estúpido, hace albergar la esperanza de que estemos ante un renacido Sid Vicius, implacable y radical, cuya respuesta a la cínica barbarie de la sociedad capitalista avanzada sea el abandono autoconsciente al puro, ancho y diametral sentido del placer. De hecho, la experiencia de la droga, y del caballo en concreto, se presenta como una salida estupenda para disfrutar de un potente y extendido orgasmo mientras todo lo demás pasa a ocupar un lugar secundario. El ritual del azúcar moreno se presenta explícitamente en el film de Boyle como una consagración de la que participan una suerte de apóstoles del mal, marginados por voluntad elegida, por un riguroso y hostil inconformismo.

El guión está construido sobre la base de la acción, algo muy adecuado para este tipo de retratos, que viajan entre bares, calles y el antro en el que se pican. Vemos con humor las atrocidades intestinales que les provoca la sustancia, la extraña simpatía del colocado o, con total realismo, el acceso implacable del mono cuando Mark intenta, ayudado por sus padres, abandonar a la dama, tras una sobredosis.

La acción dramática de Trainspotting avanza con bastante soltura y gracia, aunque a veces resulte un tanto desigual y tenga que apoyarse en sucesos fuertes que marquen el interés, como el niño, el mono, el funeral o el robo. Sobre ellos gira una pequeña crónica unida al personaje de Mark, cuya fuerza inicial se va diluyendo poco a poco en la medida en que se redime de su inexorable destino de perdedor existencial. Lo curioso es que una extraña lucidez en el sermón de la montaña que oficia a sus amigos a las afueras de Edimburgo, les conduce a volver a engancharse de nuevo. Por eso Mark, cuando mejor está, es cuando escupe su ácida crítica contra la sociedad británica, cuando renuncia a lo establecido en aras de una felicidad burguesa, cuando rechaza encarnar el arquetipo de ciudadano de buena fe, cuando renuncia a aceptar un futuro que no existe, cuando reniega de la vida, es decir, cuando se droga. En este concepto pesimista y angustiado de trasfondo existencial aparece la mejor sombar del punk urbano que quizás sin saberlo revela ser la consecuencia de toda una tradición del pensamiento negativo, de Shopenhauer a Nietzsche, de Burroughs -uno de los más lúcidos yonkis de este siglo- a Bernhardt.

En este punto viene mi objeción, cuando me parece que la película abandona sus magníficas pretensiones iniciales y las troca por una salida más complaciente y equívoca. A estas alturas de siglo casi todo el mundo está al cabo de la calle respecto al mundo de las drogas. Numerosísimos ejemplos ilustran -Hendrix, Joplins, Morrison, Vicius, etc.- posiciones de verdad y de alcance social entre los jóvenes radicales que luchan contra el futuro. El exhibicionismo de ese lado oscuro de la droga debe ir acompañado de una apuesta final, sólo así puedes creer al punk que tienes delante, porque si resulta que puede acabar siendo de los que desean una puñetera carrera universitaria, una jodida familia, una maldita televisión, un repugnante seguro médico o un cochazo de mierda, entonces no estamos ante un «final esperanzador» sino ante un punk de broma, un niñato que se pica y juega a hacerse el duro, víctima sin duda de sí mismo.

Por otro lado, el planteamiento de Boyle es acertado y sus transiciones entre secuencias, contaminadas de lenguaje televisivo, son brillantes y sorprendentes. Película fuerte, ácida y tóxica destaca, sobre todo, por dos aspectos: una excelente dirección de actores por un Boyle experimentado en la escena, y un gran cuidado en su banda sonora, excelentemente elegida hasta en el tema Perfect day de ese viejo maestro de la heroína que un día fue Lou Reed.