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Córdoba
Fundada probablemente por los cartagineses, se convirtió en próspera colonia romana a partir del s.II a.J.C. Tras la invasión musulmana de la península Ibérica, Córdoba asumió la capitalidad de al-Andalus (716), función que mantendría durante el emirato (756) y el califato (929). Fue ésta la época de mayor esplendor de la ciudad, cuya población llegó a alcanzar los 250.000 hab.
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CÓRDOBA
Capital de la provincia, en la comunidad autónoma de Andalucía. En la transición entre La Sierra y La Campiña y a orillas del Guadalquivir. Situada en un enclave que es encrucijada en las vías de comunicación de Andalucía, la actividad económica de la ciudad ha estado tradicionalmente vinculada a la de la feraz región agrícola que la rodea, que ha hecho de la urbe un activo mercado de productos agrícolas y ha generado una pujante industria alimentaria (azúcar, orujo y bodegas, con producción de reputados caldos, entre los cuales destacan los vinos de Moriles y Montilla). Sin embargo, a la industria ligada al aprovechamiento de los recursos mineros (carbones y metales de la cuenca de Peñarroya) y energéticos (centrales hidroeléctricas del Guadiato, el Guadalmellato y el Guadalquivir) debe Córdoba su más reciente desarrollo, con industria química, de material eléctrico, metalúrgica, de construcciones mecánicas, del cemento y textil. La prosperidad del sector terciario es fruto tanto de las funciones administrativas de la ciudad como de su actividad comercial o la atrayente oferta turística.
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Historia
- El Califato de Córdoba
En 929 Abd al-Rahman III rompió los últimos vínculos con los califas fatimíes y adoptó el título de califa, instaurando el período califal. Este hecho es consecuencia de la decadencia del califato abasí y, por otra parte, de la política de expansión con la que amenazaba Egipto desde el califato fatimí. Durante este período tuvieron un gran desarrollo la agricultura, la ganadería, la artesanía (orfebrería, tallas de marfil y jade, tejidos, cerámica), las ciencias (medicina, matemáticas) y la cultura. Las ciudades crecieron y aumentaron su población (Toledo, Granada y Córdoba, convertida en una gran metrópoli) y se edificaron las ciudades residenciales de Medina Azara y Medina Azahira. La administración del estado se hizo cada vez más compleja y requirió una nueva organización burocrática. Se creó la figura del hachib o primer ministro y se aumentó el número de funcionarios, incluso algunos antiguos esclavos pudieron acceder al funcionariado, los llamados sagaliba. Los cargos de mayor importancia estaban detentados por la nobleza andalusí. El califato mantuvo constantes relaciones con los reinos cristianos. Durante el reinado de Hisam II destacó un personaje cuya ambición llegaría a ser legendaria, llamado Ibn Abi Amir, conocido como Almanzor (el victorioso). Almanzor, aprovechando la debilidad de Hisham II se hizo con el poder y de 981 a 1002 gobernó de manera absoluta, llevando a cabo una política de agresión a los reinos cristianos que se basaba en el saqueo. Le sucedieron sus hijos pero no supieron conservar el poder que les legó su padre. Después de la muerte de Almanzor el califato entró en un período de guerras civiles (1009-1031) y quedó dividido en los llamados reinos de taifas.
- El Emirato de Córdoba
Después de una rápida conquista de la península Ibérica, iniciada en 711 y que llegó a sus límites en 718, los soberanos musulmanes recibieron del califa de Oriente, el título de emir o valí y residieron en Córdoba bajo la autoridad nominal de aquel. La población en la Península estaba formada por árabes, instalados en las ciudades, y beréberes, en las zonas rurales, además de los núcleos de población autóctonos. En el año 750, en Damasco los abasíes derrocaron a los omeyas en el poder del califato, y seis años más tarde, en 756, Abd al-Rahman I se proclamó emir en Córdoba y posteriormente se independizó de Damasco (773). Sin embargo, Abd al-Rahman II fue el verdadero organizador del emirato independiente, delegando sus poderes en manos de los visires. Esta indepencencia era, de hecho política y administrativa, porque mantenía la unidad espiritual y moral del Islam. La historia de al-Andalus fue siempre agitada, las disputas entre árabes y bereberes no cesaron con la proclamación del emirato y esto permitió la reorganización del sector cristiano para la reconquista. La dinastía omeya siguió practicando la política pro-árabe que llevó a sublevaciones que llegaron a poner en peligro el estado, protagonizadas por los muladíes. La islamización del estado fue muy rápida y los mozárabes o cristianos en territorio musulman se redujeron sensiblemente. Cuando en 912 Abd al-Rahman III llegó al trono, la decadencia política del emirato cordobés era un hecho. Intentó terminar con las sublevaciones y conflictos, imponiento su autoridad que le llevó a proclamarse califa en 929, iniciando una nueva etapa.
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- La Mezquita de Córdoba
Edificio religioso del arte islámico, iniciado por Abd al-Rahman I. Erigido sobre la antigua iglesia visigoda de San Vicente, su construcción se inició hacia el año 780. En un principio, se proyectó un templo de once naves perpendiculares a la quibla. Hisam I completó su construcción y erigió un alminar. Entre los años 833 y 848, Abd al-Rahman II prolongó las once naves por el lado de la quibla, situada entonces a la altura de la actual capilla de Villaviciosa. Entre 961 y 968, Al-Hakam II continuó la ampliación por el mismo testero meridional y construyó la nueva cabecera, el mihrab y el lucernario. Por último, Almanzor ensanchó la mezquita por el lado oriental, añadiéndole ocho nuevas naves, de manera que la sala de oración quedó formada por diecinueve naves de gran longitud. La dedicación de la mezquita al culto cristiano implicó grandes modificaciones, como la adaptación del lucernario y la construcción de la capilla real mudéjar y de la capilla mayor catedralicia (1523-1600). Además, se eliminó la comunicación de las naves con el patio de los Naranjos, dejando abierta solamente la puerta de las Palmas. La torre de la catedral, que engloba el primitivo alminar, fue construida entre 1593 y 1664.Entre las fachadas y puertas, de diferentes épocas, destacan: la principal, llamada del Perdón, el postigo de la Leche, la puerta de san Esteban, la del Obispo y la de santa Catalina. La gran belleza del interior surge de la sencilla combinación de columnas (procedentes en su mayoría de antiguas construcciones) y arquerías. Desde el punto de vista decorativo, sobresalen los arcos lobulados, los mosaicos polícromos de los muros, la decoración de las cúpulas, los entrelazamientos y las superposiciones de arcos de diversos tipos, los motivos vegetales y las magníficas bóvedas situadas ante el mihrab, expresión de la suntuosidad del arte califal.
- Fernando III de Castilla conquistó la plaza en 1236 y la repobló con gentes del N de la Península. Córdoba inició por entonces su decadencia, que se agravó con las adversidades que se abatieron sobre Andalucía durante el s.XVI (entre ellas, la hambruna y el motín popular de 1652). Ocupada por las tropas francesas en 1810, permaneció en su poder hasta el final de la guerra de la Independencia (1812). A lo largo del s.XIX fue un activo foco de las ideas federalistas y obreristas: congreso federalista y pacto de Córdoba (1869); congreso de la federación regional española de la I Internacional (1872). Durante la guerra civil de 1936-1939, la ciudad estuvo desde el principio en el bando nacional, y resultaron vanos los intentos del general Miaja por tomarla. A mediados de los años cincuenta, inició una considerable activación económica, acompañada de un crecimiento demográfico que se han mantenido, con algún altibajo, en la década de los noventa.
Arte
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Los restos más antiguos conservados en la ciudad corresponden a la época romana: mosaicos, sarcófagos y algunos elementos arquitectónicos del puente romano sobre el Guadalquivir. El período de dominación musulmana fue su época de mayor esplendor no sólo económico, sino también cultural y artístico, y a él corresponden los monumentos más significativos de la ciudad: la mezquita mayor y la ciudad palaciega de Medina Azara, así como algunos alminares, en la iglesia de San Juan y el del convento de Santa Clara; unos baños y restos de las murallas (torres y puertas). La dedicación de la mezquita al culto cristiano implicó grandes modificaciones y la destrucción de una parte importante de esta bellísima construcción. En su lugar se erigió entre 1523 y 1600 la capilla mayor catedralicia, de estilo renacentista, aunque con reminiscencias góticas (siguiendo las directrices de Hernán Ruiz el Viejo), y se transformó el alminar en campanario. La catedral se completó con un retablo mayor (obra de Alonso Matías, s. XVII); la sillería de coro, de estilo barroco, tallada en caoba (1747-1758); y numerosas pinturas y esculturas de los artistas más notables de la época. Córdoba conserva también un interesante conjunto de arquitectura religiosa gótica: iglesias de San Miguel, San Nicolás de la Villa, San Pedro, San Lorenzo, etc., y los conventos de San Agustín y San Pablo. Muestra de la arquitectura barroca son las iglesias de San Francisco y de la Victoria, así como los conventos de la Merced y de Santa Isabel. La iglesia del Carmen Calzado guarda en su interior un buen número de obras del pintor Valdés Leal (s. XVII). También de estilo barroco son los denominados «triunfos de san Rafael», que decoran algunas de las plazas de la ciudad. Entre la arquitectura civil destacan numerosos palacios y casas solariegas de estilo mudéjar, gótico y renacentista, y enmenor número, barrocas. Por último, cabe destacar los restos del alcázar y el castillo de Calahorra. El Museo Arqueológico contiene fondos prehistóricos y de la cultura ibérica, así como de las etapas posteriores de la historia cordobesa. Otros museos son el de la Mezquita, el de Bellas Artes y el dedicado a Julio Romero de Torres. La mezquita de Córdoba fue construida por 'Abd al-Rahman I (780); su hijo, Hisam I (788-96), quien la completó y construyó un alminar; 'Abd al-Rahman II (828-52), que añadió ocho naves y mejoró el patio; y Almanzor, que la ensanchó.
General
13.718 km², 754.452 hab. Cap. Córdoba. La Campiña cordobesa, una de las regiones más fértiles del país (trigo, algodón, arroz), se sitúa en el centro de la prov., entre La Sierra (sierra Morena: sierras de Córdoba, de los Santos), al N, y la comarca de Los Montes (cordilleras Subbéticas: sierras de Rute, Priego), al S, y se halla avenada por el Guadalquivir y sus afl. de la or. izq. (Guadiato, Guadajoz).
La minería, actividad de gran tradición --si bien hoy en retroceso--, sustenta el eje industrial que abarca desde Peñarroya-Pueblonuevo hasta Córdoba (ind. metalúrgica, química y petroquímica), con yacimientos de carbón en Bélmez, Peñarroya y Espiel, y de plomo en Peñarroya; ind. agroalimentaria en Puente Genil; activa ganadería en Los Pedroches (Pozoblanco) y en la Campiña (dehesas ganaderas lanares, porcinas y de toros de lidia); árboles frutales, vid y olivos en Los Montes y cultivos cerealícolas en La Sierra. Embalses de Bembézar, Guadalmellato y Guadiato.