ESPECIAL FIN DE SEMANA
habman quedado tres amigas para pasar el fin de semana a solas en el apartamento cerca de la playa de Benidorm, que tenian los padres de una de ellas.
Dispuestas con sus mejores y mas provocativos vestidos fueron a la discoteca a ligar. De las tres solo una tenia novio y estaba lejos, estudiando en Madrid. Una vez en la discoteca. Se desmelenaron, disfrutaron moviindose lasciva y provocadoramente. Patricia nots como era observada muy atentamente por un joven que a un primer vistazo parecis agradarla, no tards mucho en acercarse hasta donde estaban las tres bailando y susurrar al oido de ella unas palabras. Patricia reaccions marchandose con il a la barra. Estuvieron hablando y tomando unas copas. Siendo observadas con una pequeqa envidia por las otras dos amigas. Mas tarde estas se acercaron a la barra donde estaban ellos hablando. Pretendian conocer al joven que habma absorbido el seso a su amiga.
Este se presents; Se llamaba Francisco, no se hizo ni el simpatico ni nada por el estilo, ante las tres jsvenes que le rodeaban. Solo respondis con educacisn, cuidadas y medidas palabras, haciindoles sentir mayor deseo de conocerlo. Patricia observando que sus amigas parecian dispuestas a quitarselo, decidis acabar la conversacisn. Para acto seguido marcharse con el joven que se habma ligado. Advirtiendo antes a sus dos amigas que no se preocupasen por ella, que estarma todo el tiempo con Francisco.
Este la llevs a su apartamento. La habma prometido nuevas y excitantes experiencias. Despues de desnudarse ambos. La llevs a su cuarto, dentro de este, el armario, que abris de par en par, ante la espectante mirada de ella.
Perfectamente dispuestos en unos soportes en el fondo del armario, un juego de vibradores de variadas forma y tamaqos, esposas para las manos y otras para los tobillos algo mas anchas, unidas por una cadena tambiin mas larga, mascaras de cuero, un cintursn de castidad de acero inoxidable de moderna construccisn, latigos de varias colas y de una sola, una pequeqa fusta. Francisco se encargs de elegir para ella el artilugio que usarma. Cogis el cintursn de castidad.
Aparte de que le gustaba Patricia, la habma elegido porque sus medidas se adaptaban al cintursn. El aro de la cintura solo permitma pequeqas variaciones. Ella se lo dejs poner. Una vez se lo hubo puesto, cogis la pequeqa fusta, se la mostrs y le pidis total obediencia a todos sus deseos, ella asintis con la cabeza, para estar seguro de que no dirma nada la introdujo una bola de caucho en la boca, sujeta con unas correas a la parte posterior de la cabeza. De esta forma Patricia solo podma emitir pequeqos sonidos ininteligibles. La acercs hasta poner la cara de ella frente a la suya, mirandola fijamente a los ojos, mientras la mano de il la ponma en el sexo de ella sobre el cintursn. Vis la excitacisn que transmitma su mirada. La bess en la mejilla, la hizo girar ciento ochenta grados hasta que ella le dis la espalda, la hizo arrodillar sobre la cama, quedando esta a cuatro patas, mostrando su redondo trasero surcado por las dos tiras de eslabones y la placa que protegma el sexo. Comenzs a azotarla con delicada y refinada precisisn, sus fustazos no eran para producir dolor sino placer. A cada golpe de fusta ella se retorcia de placer. Siguis hasta notar como su trasero se enrrojecma y sus pezones se ponman duros.
Ella aunque no podma emitir palabras alguna. babeaba de placer. La observs con detenimiento, escudriqando con la vista en el pequeqo agujero del cintursn y vis que este brillaba en el interior. Luego se tendis bajo ella, la retirs la bola de la boca. Se besaron con deseo y frenesm, al tiempo que los dedos de il acariciaban los sonrosados pezones de ella. No sabma como. Era muy extraqo, pero Patricia sentma como estaba apunto de alcanzar un incomparable orgasmo. Le rogs que la tomara que no podma aguantar mas. Francisco se acopls tras ella y la hizo suya por el znico orificio accesible.
Sus juegos continuaron uno tras otro sin que ella en ningzn momento se viese libre del cintursn de castidad. Asm transcurris todo el fin de semana, haciindo pequeqos descansos para comer y dormir, cuando las fuerzas flaqueaban y el cansancio les vencma.
El Domingo a medio dma Francisco llevs a Patricia con sus amigas, al apartamento de estas. Las amigas estaban ansiosas de que su amiga las contase sus aventuras con aquel extraqo joven.
Francisco estaba en el rellano del apartemento a la entrada de este. Patricia se volvis hacma il para despedirse. Se abrazaron y besaron largamente. ella aprovechs para decirle al oido en voz baja:
-?Me das la llave del cintursn?. Francisco respondis: -!A partir de ahora, tu placer me pertenece!. !La llave colgara de mi cuello!...!Te espero la semana que viene.
FIN