EL SECRETO DE LA GATITA
Acariciaba con su mano el suave pelo de su gatita siamesa; Tendida en el sofá. La gata recostada sobre ella dejaba recorrer su cuerpo por el monótono movimiento de su ama.
Aquella mañana se habia puesto el cinturón de castidad. Le gustaba usarlo. En cuanto llegaba a casa, se lo ponía especialmente los fines de semana. Comenzaba el viernes en cuanto acababa su horario de trabajo. Era cuando más disfrutaba, no se lo quitaba un solo momento, nisiquiera para salir a la calle. Ese problema estaba solucionado con ropa algo más ancha de lo que acostumbraba a usar, para disimularlo. Había tenido que cambiar parte de su vestuario, pero no la importaba, comparado con lo que disfrutaba usando el cinturón.
Ella era como su gata: tímida y cariñosa. No habia encontrado nadie de momento con quien compartir sus fantasias, aunque sabia que para disfrutar completamente del cinturón hacia falta un keyholder, traducido al castellano un "guardián de la llave". Habia probado a enviarse la llave a si misma, así estar sin ella durante el tiempo que el correo tardaba en entregarsela metida en el sobre en el que la enviaba.
Si bien tenia su emoción, Siempre sabía el día que el correo se la traía, así que si este tardaba tres días, siempre sabía que al tercero podría conseguir la llave, lo que hacía perder cierto encanto al asunto. Nunca podía compararse esto con la sensación de depender de otra persona que guardase la llave, que dependiendo de como se portase obtendría el favor de abrirselo.
Tenía que encontrar un fórmula que la obligase a llevar el cinturón sin que ella supiese cuando podría conseguir la llave para abrirlo, cosa dificil se le antojaba, sin depender de otra persona. Pero su timidez la impedía dirigirse a otras personas, que si bien existian, porque las había conocido en internet por correo electrónico, no terminaba de entregar su total confianza, como para confesar sus deseos y presentarse ante ellos.
Cuando de pronto, mientras acaricaba a su mascota, se le ocurrió una idea.
-¿Porqué no ponerle la llave a la gatita?..
-¡Podría llevarla colgada del pequeño collar de cuero, donde llevaba grabado su nombre. Nadie se daria cuenta que la llave pendería de el!.
Lo más importante era que su gatita recorría todos los alrrededores de la finca con total libertad. Pasando de un balcón a otro y entrando incluso en las casas de los vecinos, todos ellos la conocian y nadie le hacía nada. Era frecuente que el animalito desapareciera durante varios días sin que ella se preocupase lo más mínimo, porque sabía que estaría en casa de algún conocido.
Decidida colgó la llave del cinturón de castidad en el collar y dejó a la gatita en el balcón...Solo de pensar que la gatita se marchase a dar una vuelta por los alrrededores de la finca y que ella no pudiese obtener la llave la excitaba. No tuvo que esperar mucho porque a los cinco minutos de dejarla en el exterior, había desaparecido. Se apresuró a asomarse a ver si la veía, pero no la vió. Una extraña y excitante emoción recorrió su cuerpo. Apenas hacía solo unos minutos que no tenía la llave en su poder y ya deseaba tenerla.
-¿Era esa la emoción que buscaba?...
-¡Si,,! ¡Esa era!.
Ahora solo había que esperar a que el tímido animal regresase...
-¡Y si no regresaba!..(se preocupó)
Siempre había vuelto hasta ahora no tenía de que preocuparse.
Varias veces se volvió a asomar al balcón con la esperanza de verla, pero esta no apareció. Se tranqulizó intentando disfrutar de esos momentos, sabía que mientras Mina no volviese, ella debería llevar el cinturón.
-¿Cuando volvería? Hasta ahora el tiempo máximo que se había ausentado, no había sido más de una semana. ¿Podría estar una semana entera sin abrir el cinturón?. ¡Si!. ¡No había problema! con el orificio perfectamente situado y con unas mínimas medidas higiénicas podría aguantar incluso mucho más.
Ahora si que debería soportar esos deseos de autosatisfacción que experimentaba con el cinturón. No podía quitárselo para darse placer, y con este puesto era imposible. En otras ocasiones lo había intentado sin conseguirlo.
El Domingo al medio día oyó unos conocidos maullidos en el balcón..¡miau..miau!. Salió llena de alegría y allí estaba la preciosa Mina, la cogió con una inmensa alegría en sus brazos.
-¡Mi querida gatita..! ¿has venido a liberarme de mi condena?...
rapidamente comprobó que la llave seguía colgada del collar. La entró a la casa y la colmó de caricias mientras le desenganchaba la llave del collar.
Tras dejarla en el suelo, llave en mano se encaminó a su cuarto donde disfrutó a solas frente al espejo del armario de la satisfacción de abrir el cinturón, cuando se lo quitó se dijo para si....
-¡Ha sido emocionante!..¡Me ha gustado esta experiencia!.
Tendida en su cama se acarició con deleite las zonas hasta excasos instantes vedadas para ella....
Cogió a Mina en sus brazos, sentada en el borde de su cama, se miró en el espejo con su adorable, íntima y complice de juegos; formaban un conjunto de tierna y sensual belleza.
De nuevo volvió a ponerse el cinturón para aquel día, pero en los dias siguientes solo se lo puso al volver del trabajo, sin confiar la llave al cuidado de su nueva cómplice de juegos.
Los siguientes fines de semana volvió de nuevo a confiar la llave a Mina, que no se ausentó más allá de cuatro dias. La emoción junto a la excitación era muy grande.
Aunque tenía amigos y amigas, ninguno de ellos sabía lo de su cinturón de castidad, era algo que ella consideraba un grado por encima de la confianza que daba a estos.
Por aquel entonces conoció a Francisco, era un joven que ya conocía de antes, tenía unos hermosos ojos verdes que la cautivaban. Personalmente la atraian los hombres con este color de ojos, siempre que había hablado con alguno de estas características, no podía dejar de observarlos mientrar conversaba.
Aunque hasta ahora no le había dicho nada del cinturón de castidad que le gustaba llevar, sabía que en algún momento debería confiarle su secreto. Su amistad llegaba algo más lejos pasando a ser una relación de pareja, aunque cada uno vivía en su casa.
Siempre que se había visto con él, nunca había llevado el cinturón, así que no sabía nada. Sus manos solo habian encontrado las excitantes zonas erógenas de ella y sus carnosos labios.
Un Viernes cuando acabó su jornada de trabajo, llegó a casa tan deseosa de ponerse el cinturón que directamente fué al armario de su cuarto donde lo guardaba escondido entre la ropa de un altillo, los sacó, se quitó los pantalones vaqueros que llevaba y se lo puso...
-¡No aguataba más!...¡Lo necesitaba...! necesitaba sentirlo puesto, su rigidez, sentirme si prisionera!...¡Ahora necesito a Mina!.
Por suerte Mina no estaba ausente como otras veces....Le colgó la llave en el collar y la dejó ir...
Durante toda la tarde y noche lo llevó puesto disfrutándolo. A la mañana siguente sonó el teléfono.
¡Rinnnng...Rinnnnng!
-¡Si digame!.
-¡Hola Ana!...¡Soy Francisco!.
-¡Hola!
-¡Te llamaba para preguntarte que clase de vino te gusta para la cena! ¿tinto o rosado?.
-¡¡¡La cena!! ¡Oh Dios mío!..¡Perdón lo había olvidado por completo!. ¡rosado creo que será mejor!.
-¡Está bien!.. ¡entonces hasta las 20:00 nos vemos esta noche!.
-¡Si hasta las 20:00!.
-¡Seré puntual!.
Que apuro había olvidado la cena con Francisco. Tenía que encontrar a Mina. Buscó a su escurridiza gatita por la casa, por los balcones, por todas partes. Las horas transcurrian a una velocidad increible, pero Mina no aparecía.
-¡Que apuro!..¡Francisco apunto de llegar y yo sin poderme quitar el cinturón!.
Esta situación se le escapaba de las manos. Tenía que encontrar la forma de quitárselo. Mina no volvía. Si hubiese sido otra persona que viniese de visita, no habría problema, pero Francisco. El la acariciaría y abrazaría.
-¡No estoy preparada para decirle que me apasiona llevar el cinturón!. ¡Que corte! ¡Como le explico que encima de que lo llevo, no tengo la llave!. ¡Quisiera quitármelo, además de lo excitada que estoy...
Se puso ropa adecuada para disimularlo y resignada preparó la cena para cuando viniese. Aunque no conseguía quitarse de la cabeza como podía liberarse del cinturón. Salió de nuevo al balcón por si veía a Mina. Pero nada
-¡Esto no puede ocurrirme a mi! ¡En las películas las cerraduras las abren con un hierrecito fino como una horquilla!.
-¡Ya sé!. Yo tengo horquillas, voy a probar, quizá tenga suerte y consiga abrirlo!.
En un cajón guardaba algunas horquillas, se sentó en una silla, se subió las faldas del vestido que se había puesto para la cena, e intentó introdur la horquilla en la cerradura.
-¡Tengo que conseguirlo!.
La horquilla entró dentro del candado
-¡¡Bien!!..¡Ahora hay que moverla con cuidado y esperar que se habra esta condenada cerradura!. ¿Porqué las harán tan difíciles?.
En estas estaba cuando sonó el timbre de la puerta...
-¡Ding Dong!..
-¡Ya está aquí!...¡Que apuro!.
Abrió la puerta..........
-¡Hola Francisco!.
-¡Hola Ana!.
-¡Que guapa estas!. ¡Que vestido más bonito llevas!.
-¡Si me lo he puesto especialmente para la cena! ¡(menuda sorpresa te vas a llevar cuando veas lo que hay debajo!).
Ana le dió un beso intentando no acercarse demasiado para que no descubriese el cinturón bajo su ropa, al notar algo duro bajo ella.
-¡Tengo un hambre de lobo!.
-¡Púes vamos al comedor que la cena está preparada!.
-¡Tu siéntate aquí, a esta parte de la mesa y yo a esta otra, así estaremos el uno frente al otro.
La luz de la estancia la componian dos velas sobre la mesa, en un ambiente íntimo, ella tenía buen gusto para estas cosas. Francisco puso la botella de vino sobre la mesa y se dispusieron a degustar la cena.
El vino se fué subiendo a la cabeza al igual que los temas de conversación, cada vez más picantes. Sus pies bajo la mesa...En un principio un pequeño roce sin importancia, luego otro.. más tarde él, que saca su pié del zapato y comienza a acariciar con delicados movimientos los de ella. Cada vez más excitada dejaba hacer. El ambiente estaba bastante caldeado, el pié de él subio acariciando la pierna de ella hasta buscar el sexo.
El vino se le había subido a la cabeza embotando sus sentidos, había perdido el control de estos, olvidando lo que llevaba puesto. El pié de Francisco tocó algo duro.
-¿Que llevas ahí abajo?...¡Está muy duro!.
-(sin ninguna vergüenza) ¡El cinturón de castidad!.
-¡Venga!...¡Te estas quedando conmigo!. ¿Como vas a llevar un cinturón de castidad?.
-¡Se que es dificil de creer!, ¡pero es cierto, llevo un cinturón de castidad!.
Como él seguía sin creer, Ana se levantó de la silla y acercándose hasta él se subió el vestido sin ningún reparo, hasta mostrarle el cinturón en su misma cara.
-¿Pero como es esto posible?.
-Su mente en aquel momento de excitación y embotamiento de sus sentidos ideó una espontánea mentira.
-¡Me lo he puesto porque así de esta forma no podrías hacer nada conmigo, no quería que la primera vez que quedamos juntos en mi casa, te aprovecharas de mí. y pensases que soy una mujer fácil.
-¡Pero esto es increible!.
-¿Donde tienes la llave?
-¡Esto es lo mejor!....¡La llave se la colgué a mi gatita del collar y ahora ha desaparecido, así que no tenemos llave.
-¡Ni puede ser cierto lo que me está pasando! (cada vez más sorprendido y excitado por las circunstancias).
Ana había perdido totalmente la vergüenza y no parecía ella.
-¡Si quieres algo de mi tendrá que ser con el cinturón puesto!.
-¡Entonces que sea así!.
Se abrazaron, juntos fueron hasta su habitación, se desnudó él y la desnudó a ella hasta donde pudo, como es lógico el cinturón no consiguió abrirlo por más que lo intentó.
La noche se hizo larga, todo fueron caricias y besos en un intento baldio por satisfacerla. Cuando despertó Ana al día siguiente estaba sola en su cama. Tocó el cinturón y se tranquilizó, lo llevaba puesto. Recordaba todo lo ocurrido, aunque vagamente. Francisco se había marchado, no sabía a que hora, pero la noche había sido maravillosa junto a él. Imaginaba su frustración al tropezarse con el cinturón, pero no menor que la de ella, sin poder satisfacerse desde hacía más tiempo.
Tendida en el lecho recordaba escenas de la noche anterior. Sigilosamente Mina entró por la puerta de la alcoba que daba al balcón. Había regresado.
-¡Vaya por fín has vuelto gatita mala!. ¡Podrías haber venido un poco antes..!.
Se sentía mejor, como más liberada después de que Francisco descubriese que usaba el cinturón de castidad. Aunque no sabía porqué en el último momento le contó aquella mentira, de que se lo había puesto para impedirle hacer nada con ella. Ahora todo había pasado, él ya lo sabía. Solo era custión de explicarle un poco más y asunto concluido, Esperando que no se hubiese asustado y la considerase un poco loca. De pronto observó el collar de Mina...
-¡No puede ser...!.
-¡La llave no está!..¡alguien se la ha quitado.
-¡Dios mío, y ahora que voy a hacer....!. ¿Como lo abriré?.
-¡Ding Dong! (llamaron a la puerta).
-¿Quién es?.
-¡Soy yo!...¡Francisco!.
Abrió la puerta un tanto apurada..
-¡He salido a desayunar al bar, mientras despertabas!.
-¡Es que no te he oido, pensaba que te habías marchado para no volver, o que te había enfadado por lo de mi cinturón!.
-¡No!..¡Para nada!.
-¡Tengo que darte una mala noticia!. ¡He perdido la llave!, ¡No podremos hacer nada!.
-¡Yo tengo en cambio te voy a dar una buena!: ¡Cuando bajaba por las escaleras me encontré con tu gatita y descubrí la pequeña llave colgada en su collar, así que se la he quitado!.
-¿La tienes tú?
-¡Si!...¡Ahora seré tu Amo!. ¡El único dueño de la llave!.
Ella lo abrazó con lágrima de alegría en sus ojos
-¡ Yo seré tu sumisa esclava.
FIN
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