De madrugada comenzaron los ruidos. Al parecer iba a tener vecinos en la casa de al lado. Se trataba de una zona residencial de clase alta, así que no sería gente cualquiera, sino personas de alto poder adquisitivo ó artistas como había ocurrido en otras ocasiones.
Yo estaba solo, después de mucho tiempo en el exterior, en una oficina diplomática, había decidido tomarme un tiempo de descanso para escribir un libro. Cosa que llevaba largo tiempo meditando, que por otra parte me hacía gran ilusión.
Mi exmujer, de la que me había separado dos años atrás venía en alguna ocasión de visita, seguíamos manteniendo buenas relaciones.
Como buen observador, había preparado un pequeño orificio entre los arbustos que separaban los jardines de ambas casas, de tal forma que pudiera ver quienes eran los nuevos inquilinos. No tuve que esperar mucho. Unos ruidos delataron movimiento en el jardín contiguo, entonces pude ver que se trataba de una joven muy bella de alrrededor de unos veinticinco años junto con un señor mayor que ella; Este de una edad próxima a los cuarenta ó más.
Partió con su coche y la dejó sola. Durante toda la mañana estuve esperando el momento de tener un encuentro supuestamente casual, que me permitiera conocerla y entablar amistad; Así que preparado, solo tuve que esperar el momento en que la ví salir de casa, con un bolso. Imagino que para comprar. presto me dirigí a la puerta de mi casapara coincidir con su salida. -¡Buenos dias!. La dije poniendo mi mejor perfil. -¡Buenos dias!. me respondió ella con una ámplia sonrisa. Observé que me echó una mirada de arriba abajo. No se como definirla entre deseosa e inquisitorial. -¿Eres la nueva inquilina de la casa?. Pregunte cordial, tratando de saber más. -¡Si!, ¡hemos venido a vivir aquí, mi novio y yo!. -¡Muy bien!. respondí, creo que en un tono demasiado eufórico que ella me notó. -¡Ya sabe, si necesita alguna cosa no tiene más que pedirla, yo vivo solo y a veces algo para todo el día, lo digo por si llama y no estoy!. -¡Muchas gracias, es usted muy amable!, ¡Adios!.-¡Adios! Me despedí de ella. Me quedé observándola mientras caminaba para alejarse, tenía bonitas piernas, quedé pensando que debía tener un sexo estupendo enmarcaco entre esas dos esculpidas piernas.
Al rato volví de nuevo a casa, después de dar una vuelta por los alrrededores para disimular. No volví a salir de la casa y como el día era bueno establecí mi puesto de trabajo en el jardín, cerca del puesto de observación entre los arbustos. De vez en cuando me acercaba a comprobar si había movimiento en la casa, hasta que por fín la ví salir de la misma en top-less, con la parte de abajo del bikini pequeñísima. Que cuerpo, que caderas, que piernas, todo como me lo imaginaba. Era un bombom de mujer, envidié a su novio.
Después de darse un baño en la piscina se tendió en una hamaca a tomar el sol. Se quedó dormida, así que la pude observar con todo lujo de detalles, incluso me preparé con unos prismáticos que me permitieron deleitarme con los más pequeñas formas de su cuerpo. Al día siguiente serían sobre media mañana, oí voces de discusion el el jardín contiguo, así que me situé en mi punto de observación. Ella le decía a él: -¡Por favor no te vayas!.-¡Lo siento, pero es mi trabajo!. -¡Entonces, no me dejes así!, ¡Con esto!. ¡Con esto!, le había dicho...-¿A que se referirá?. de momento la discusión, no tenía mucho sentido para mí, pero no era una despedía normal. -¡Ya sabes como soy!. ¡Y tu has aceptado todas mis condiciones para vivir conmigo!.-¡Si, lo sé!. ¿Pero con esto?. ¡Esto es distinto!. ¡Ahora te vas fuera y yo me quedo aquí, sola!. -¡Por eso lo hago!, ¡para evitar que hagas tonterias, mientras estas aquí sola!. -¡Voy a estar fuera tres días!, ¡vamos!. ¿No me digas que no puedes llevar esto durante tres días?. -¡Si!. ¡pero!.-¡Lo siento, tengo prisa!. El la dió un beso y salió de la casa, ella quedó en la puerta sola y melancólica, me pareció ver unas lagrimas en sus ojos. De pronto, con un gesto de rabia, la ví pegr un a fuerte taconazo en el suelo y exclamar. -¡Maldito seas!.
Aquella mañana, no la volví a ver por más que de vez en cuando me asomaba por mis observatorio en los arbustos. Muy intrigado con la referencia que habían hecho algo que yo no había podído descubrir de que se trataba. Al medio día con una sol de justicia, la vi salir de la casa. y dirigirse al jardín hacía la piscina -¡Al fín!, exclamé. Primero se quitó el tirante del vestido, descubriendo enseguido sus pechos, no llevaba para cubrirlos. Preparado, esperando que dejase caer el vestido, no podía imaginar que aún así me sorprendería. haciendome soltar una sonora exclamación de asombro por mi parte, porque no es que llevase un bañador pequeño y excitante como el día anterior, ni es que fuese desnuda. Es que ciñéndo su bonita figura, llevaba un cinturón de castidad, metálico resplandeciente en tono plateado, debía tratarse de acero inoxidable, muy bien ajustado, por la parte de atrás, dos tiras de cadenitas también plateadas, imagino que del mismo material, que pasaban por entre sus piernas, hasta unirse a la banda de acero que la ceñía el talle. Quedé atónito. Que una joven tan hermosa como esa llevase ceñido tal instrumento hoy en día. Bien es verdad que después de la partida de su compañero, estaba dispuesto a seducirla. Yo soy unhombre soltero y bien parecido, no habría sido la primera que se rinde a mis dotes de seductor latino, pero con esto no contaba.
La joven no se bañó aunque si se puso a tomar el sol, tranquila de saber que no podía ser descubierta por estar la casa guardada con los arbustos de miradas indiscretas. Estaba tendida sobre la hamaca junto a la piscina, la noté incómoda, no encontraba la postura adecuada para descansar. No pudo resistir mucho, el sol calentaba tanto las bandas del metálico cinturón, que se levantó rápidamente y se colocó bajo la ducha, junto a la piscina tratando de enfriarlo. Maldijo el cinturón que llevaba y el que lo inventó y se metió en la casa.
Intrigado por el desconocimiento de lo que ocurría en el interior de la casa, recordó el catalejo que tenía guardado en la buhardilla de la casa, guardaba muchas cosas olvidadas, pero esta era ideal para la ocasión, ademásse le ocurrió mirar por la pequeña ventana del cuarto y... -¡Eureka!, la altura superaba totalmente las copas de los árboles del jardín contiguo y daba discretamente a la alcoba de la casa de al lado.
Situé el catalejo, enfoqué y, ya estaba dentro, no contento con ello pensé que sería buena cosa recordar el momento, así que bajé a coger la cámara de video que me había prestado mi amigo Juan. Dentro de la bolsa también. había más accesorios, así que le coloque un zoom. Ahora estaba bien preparado, con la cámara mejor que con el catalejo. Ahora podrína inmortalizar los momentos más intensos.