Allá por 1979, alguien descubrió que entre las páginas de mis cuadernos escolares había algo más que apuntes de matemática, historia o geografía. Me regaló, entonces, un cuaderno que tenía poco menos de cuatrocientas páginas y me sugirió que recopilara todo lo escrito hasta ese momento "para que no se pierda tanta poesía". Yo, que consideraba tal nombre demasiado grande para asociarlo a mis divagaciones, le puse por título Pseudopoesía, acepté la sugerencia y comencé a copiar en él lo que pude rescatar de aquellos escritos entre clase y clase, entre materia y materia... y seguí escribiendo en él porque aquel cuaderno se convirtió en compañero inseparable... y cuando estuvo lleno, la misma persona me regaló otro de iguales características y como alguien comentara que "lo que escribes, poesía o no, es el retrato de una vida y un amor", le puse por título "una vida para amar, un amor para vivir" y seguí escribiendo. También este se llenó y llegó el tercero que coincidió con el inicio de mis escritos más sentidos y estos le dieron nombre: "como las hojas de un árbol, como paja seca al viento". En este cuaderno aún escribo hoy.
El contenido de estas páginas está extraido de aquellos dos primeros cuadernos. Aún hoy no estoy seguro de que merezcan el nombre de poesía. De lo que sí no hay duda es de que forman parte del retrato, bien pintado o mal pintado, de mi vida y de mi amor. Tampoco estoy seguro de que tengan valor alguno para los lectores de PoeSite, pero de igual modo, aquí quedan "por si a alguien pudieran interesar", sin más título que el que les corresponde: pensamientos extraidos de entre los cuadernos escolares, divididos en tres partes aunque en las páginas manuscritas de mis cuadernos conviven todos mezclados.
J.L. Dasilva, Enero, 7 de 1998
Del diario de la vida
Del diario del amor
Carta a una buena amiga
Mi querida gran amiga:
hoy no sé dónde te
encuentras
mas deseo te hayan dado
dónde quiera hayas llegado
calurosa
bienvenida.
Hoy te escribo aún sabiendo
que jamás una
respuesta
le darás a esta misiva
y lo hago porque siento
que
acallar mi pensamiento
sería acallar una voz que grita
un sonido
que surge en el silencio
que en el silencio florece
y, en el mismo, se
marchita
una voz que clama al viento
aún sabiéndose no
oida
y que regresa ofendida
a esconderse entre la imagen
de una
entrada sin salida
de un deseo que es deseo
pues nació siendo
deseo
y, sin ser más, morirá
ante la cruel realidad
de
una frustrada esperanza
de una búsqueda fallida.
Hoy te
escribo estas palabras
para acallar en mi mente
ese grito, de repente
que
dice: ¡tú eras mía!.
Estimada amiga mía:
hoy
recuerdo con tristeza
y a la vez con simpatía
los tiempos que
compartimos
aquellos tiempos que fuimos
uña y carne, noche y día
cuando
entre llantos y risas
amarga o alegremente
contábate yo mi
historia
mis penas, mis alegrías
y tú, en silencio,
escuchabas
cual en silencio se escucha
una dulce melodía
y
conmigo también llorabas
y conmigo también reías.
Amiga
mía, hoy te recuerdo
como a ese grato momento
que pasa mas no se
olvida
como a ese día en el tiempo
que no existió un mejor
día
porque fuiste consejera
confidente, complemento
en los
sueños y sentires
de un pedazo de mi vida.
Me embarga, cierto
es
una gran melancolía
al saberte, sin remedio
hoy, para
siempre, perdida.
mas es dulce mi recuerdo
porque de ti, yo conservo
¡tantas
páginas escritas!
¡tantas frases!
¡tantas palabras
bonitas!
que sé bien, aunque quisiera
olvidarte no podría.
Te
fuiste como se va
la primavera florida:
sin protocolos absurdos
sin
adiós ¡sin despedida!
Me dejaste cual se deja
por la
verdad, la mentira
buscando... ¡tal vez buscabas!
sintiendo... ¡tal
vez sentías!
y yo te creí inanimada
y yo creí
que tan sólo
por mi mano te movías
Pero, hoy veo, te
has ido
buscando, tal vez, nuevo rumbo
como errante vagabundo
buscando,
tal vez, nuevo guía...
¡Y quedan tantas palabras
por
escribir todavía!
Estimada amiga mía:
si el
destino así lo quiso, sea
pero que evite llorar, no me pidas
porque
es muy triste pensar
ayer te tuve, hoy no estás
queriéndote
como te quería.
Queriéndote como te quise
en lágrimas
se deshacen
mis ojos, por tu partida.
No es que sin ti sea menos
no
es que sin ti pierda vida
pero tantos años juntos
tantas horas
compartidas
no se borran del recuerdo
ni en la memoria se archivan
cual
se guarda un viejo libro
muy pocas veces leido
o cual se olvidan los
hechos
que no tuvieron sentido
(hechos intranscendentes, absurdos
que,
por sí solos se hunden
en los mares del olvido).
Contigo
escribí, recordaré siempre
encantadoras poesías.
Manantial
fuiste, de donde
letras y versos fluían
cual mágico
elixir, fruto divino
de tierras de fantasía.
Amiga
mía:
hoy te he perdido.
Frase cruel, en mi mente
muchas veces
repetida.
Y... ¿Cómo no repetirla?
Sí. Es cierto.
¡Te
he perdido!
Y esta es mi despedida.
(31/3/1981)

JOsé L. DAsilva N. (E-mail: jldasilva@arrakis.es)