RETO BOLIVARIANO (Pablo Mora -Venezuela-) ¡Creo en ti, perenne Hijo de la Gloria! ¡Inmarcesible Rayo de la Guerra! ¡Comandante invencible de Los Andes! ¡Espada vencedora de los Dioses! Creo en el ávila, fanal primero donde irradió el fulgor de tu existencia. En el vientre que arrulló tu gloria y en el maestro que templó tu mente. En el pueblo que siguió tus pasos y en la nodriza negra de tu infancia. Creo en la Roma en que juraste un día dar tu sangre por nuestra Libertad. En el mar en que acampaste cuando la Patria te confió el primer mandado. En la ternura que le diste a Fanny con el aliento de tu amor a prisa. Creo en la flama de amor de Manuelita, en la fulguración de tus soldados y en la estampida de palomos briosos en busca del Jinete redivivo. Creo en la nívea pila bautismal al fraguarte inmortal Libertador, en la pila sagrada de Los Andes. En el Llano que se fue contigo, erguido fiel por nuestra libertad. En la lealtad del corazón del negro en llamas que inmoló la Patria. Creo en el Mariscal en que creíste y en la desgarradura de Berruecos. Creo en tu arrojo que envidiaste a Piar y en el Piar que tuviera que morir para abrir paso a tu esperanza egregia en medio de la lucha sin cuartel. Creo en Petión, el de la noble mano, al enjugar la lágrima al esclavo. En la furiosa huracandad de Pisba, acicate feroz de tus soldados, en el alumbramiento de la helada, hijo de aquél que se quedó en la cuesta. Creo en la majestad del Chimborazo donde de pie entendiste al viejo Tiempo. En tu rostro desafiando el mar cuando, lejos, clamabas por la Patria. En los ásperos callos de tus manos para el hambre de América harapienta. Creo en tus brazos y en tus puños creo desde la eternidad encabritados. En el samán que te albergara creo, en tus noches, tus selvas, tus caminos. Creo en el tamarindo de Angostura donde amarraras tu esperanza al río. En el entrecejo de tus iras y en el crispado acento de tu verbo. Creo en tu hamaca, compañera fiel en cada escaramuza libertaria. En la orfandad de tus monturas viejas, añorándote a ti, ¡Oh Padre Nuestro! Creo en las plateadas herraduras, hechizos del galope redentor. En tu espada que atizó la gloria, sembrando sobre sombras libertad. Creo en Palomo y su inmortal relincho cuando, gozoso, te sabía campal. También en los secretos que confiabas a tu mula Orejona y obediente. Creo en el tremedal de Casacoima: regazo en el delirio de tus sueños. Creo en Pichincha y creo en Boyacá y en Junín, Carabobo y Ayacucho. Creo en la cruenta imagen que tenías de aquella América rapaz del Norte. En el recio camarada Rooke quien a la noche le ofrendó su brazo. En la Gran Colombia que fundaste y en el sueño de América, la Patria. Creo en tu pensamiento, fulminante hoguera de visiones sempiternas. Creo en Jamaica y creo en Angostura donde fijaste el rumbo a nuestra América. En la América tuya tan dolida, ágora ayer: la comunión del mundo. En Tinjacá y en tu Nevado perro, en tu pobreza y tu camisa rota para la desnudez de Santa Marta. En el fulgurar de tu relámpago perdido en la hondonada del vacío. En el alarido de la noche con la última proclama de la unión. Creo en la redención de nuestro suelo por tus huestes apenas comenzada. En nuestra soledad iluminada por tu ejército ahora clandestino. En la reciedumbre de tu furia amparada en melífera ternura. Creo en tu sangre guaicaipura y éuscara, hermana de la sangre de Lautaro, ¡Oh Fénix trashumante, la esperanza de los partos solares por venir! Creo en la Guerra de Tupac Amaru, la Guerra a Muerte que empuñara el Ande. En Martí cuando corrió a buscarte en la noche sangrienta de tu América y en la montaña que soñó tribuna, entre relámpago y furente rayo, y un manojo de pueblos en tu puño, rendidos los tiranos a tus pies. Creo en el Che, en Camilo y en Sandino para tu valentía encarnaduras. Creo en todos los hijos de la Tierra capaces de fraguar la nueva aurora. En la hospitalidad de estas neblinas creo, remanso de tu luengo insomnio. Definitivamente creo en Ti, ¡Omnipotente Padre de la Patria! Y aunque tú ya una Patria nos dejaste, creo en la Patria que nos falta hacer. Creo en ti, ¡Adalid de Libertad! Desde estos ventisqueros de los Andes, donde una América de pie te espera para salir a libertar más patrias así tengamos que retar a Dios con tal de no seguir arando el mar.
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Poemas que tengan a Bolívar como tema hay muchos. Con sobrados motivos, la literatura hispanoamericana está sembrada de innumerables referencias al guerrero, al hombre, al pensador. No pretendo hacer aquí una antología o una recopilación exhaustiva sino publicar aquellos poemas que, por uno u otro motivo, han llamado mi atención en un momento dado, dejando la puerta abierta a cualquier colaboración por parte de quien llegue a estas páginas.
José L. Dasilva
jldasilva@arrakis.es
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VOZ DE LOS PUEBLOS LIBRES DE AMÉRICA Bolívar: ¡Aquí estamos! Bolívar: aquí estamos. Somos los pueblos libres de América, Bolívar. Apreciamos tu nombre y te pedimos llenos de altruismo y ardentía, que por tiempos y tiempos, en tus doctrinas, vibres para que entre nosotros, los derechos del hombre espiguen en los predios que abrió su autonomía. Bolívar: aquí estamos alzando tus banderas, somos nietos de aquellos que se fueron contigo, con el sol de los libres por tórrido testigo sobre las pampas y las cordilleras. Bolívar: aquí estamos, donde la democracia defiende tus doctrinas y a Cristo alza los ojos y así, no está soñando con sangrientos despojos Ni en levantar sus glorias sobre ajena desgracia. ![]() (Lea más de Juan de Jesús Reyes en PoeSite) CANTO A BOLÍVAR Unido por los mismos ideales de gloria que refleja en sus cristales más nítidos, la diosa libertad! Confederado para la defensa en una sola patria, patria inmensa, y así, también, de inmensa potestad! Por trillas de zigzag y por rodeos, a un palmo de vertientes y de abismo, irán otros bizarros prometeos con la fe de su causa y de sí mismos, turbarán sus continuos fantaseos los más anonadantes visualismos, Tal vez no cristalicen sus deseos de triunfos y de locos heroísmos! Tal vez poniendo la mirada en alto, verán gigantes moles de basalto amenazar sus cráneos de valientes Tal vez, tras la pisada no medida, habrán de ir los héroes con su vida al abismo en que mujen los torrentes! Tal vez con hambre, los desfiladeros sus fauces abrirán desmesuradas por devorar los bravos caballeros del porvenir, que ceñirán espadas para que tengan libertad y fueros de naciones, las tierras postergadas que no miran radiante de luceros la esfera de sus noches enlutadas! Tal vez pesados bloques de pedruscos las mandarán fieros picachos bruscos y pedazos de selva atronadores! Tal vez los volarán los huracanes! Tal vez lluvia de lava, los volcanes darán para los bravos redentores! Mas, no! lejos fantasmas! duros ceños del hado, suspended tanta fiereza! Serán los paladines muy pequeños ante la colosal naturaleza!... Mas, por el alma en floración de sueños, es mayor que los andes su grandeza! No esgrimirán sus armas poderosas las viejas cordilleras portentosas sobre aquellos indómitos varones! Ellas están los héroes aguardando! Ellas, a voces, los están llamando! Ellas, del triunfo, les darán lecciones! Verdes gramíneas de la pampa, un día seréis un rojo mar de llamaradas! Recios picachos, brava serranía, soberbios Andes, sentiréis pisadas de titanidas, todos energía! A Bolívar veréis con sus brigadas! Brazos de mar en donde el cielo fía el rastro de sus luces bienamadas, veréis aquel arranque soberano del pelotón que nada, la una mano por remo bajo el agua bullidora, y, por el aire, la potente diestra, y en ella dando irradiación siniestra, el arma liberal y vengadora!... Ah, los ríos! Amenos, cristalinos, brillan, rumoran, siguen sus caminos. No se cansan los viejos peregrinos de escuchar a los pájaros cantores, de robar a las albas sus colores, ni de robar los rojos vespertinos! Ah, los ríos agrandan su volumen, salen de madre, inundan en resumen dejan todo el trayecto destrozado! Pero dan limo, dan fecundo lodo para otra siembra! Asimismo es todo pueblo que un ideal ha desbordado! Oh, valles! Oh, montañas! Aguardad arrojos de Bolívar batallones de la tierra de heráldicos leones, ¡siempre alerta! ¡Las armas preparad! No confiéis en los días de tempestad, de lluvias y de negros nubarrones! Desconfiad de los sórdidos crespones de la noche, ¡la negra majestad! Desconfiad de la valla de los ríos! Bolívar, siempre llevará sus bríos y su espada maestra siempre en alto! Irá Bolívar bajo la tormenta, o esbozado en la noche soñolienta, a sembrar los terrones del asalto! Desarraigando montes y heredades darán los terremotos su fragor! Infundirán lecciones de pavor monumentos que alzaron las edades azotando con palma de crueldades a los humildes hijos del dolor. Rugirán las andinas tempestades con prepotente impulso destructor! Rodarán los enormes ventisqueros de la cumbre que besan los luceros con persistente y muda claridad! Derramarán su copa los volcanes, y avanzarán así, los Capitanes en nombre de la magna libertad. A veces la vetusta Cordillera con sus lamentos roncos y profundos hará temblar la diamantina esfera donde gravitan luminosos mundos. Será que el Héroe contará segundos largos cual siglos de dolientes espera! O sentirá deseos sitibundos de ver con él la humanidad entera! Será que herido por dragones rojos, el genio irá por selvas y matojos refugiando su vida y sus pendones! mas, volverá la frente en su trayecto, y mostrará un magnífico proyecto: el de crear y refundir naciones! Estremeceos, enérgicos centauros, del recio Páez bizarros compañeros! soñad con dianas épicas y lauros y banderas, indómitos llaneros! Soñad con los ataques, oh lanceros, para rendir a duros Minotauros! Soñad en vuestras manos los aceros por titanes blandidos, no por lauros! Soñad, soñad vuestra jornada homérica suelo fecundo y pródigo de América, dale tus primaveras milagrosas al genio de Bolívar! Claro cielo, para Bolívar, pon sobre tu velo Azul, tus alboradas, como rosas! Volad, volad con alegría suprema! id, águilas y cóndores, al cielo lleno de azul, en majestuoso vuelo, y seréis las estrofas de un poema para Bolívar! A la vista gema del sol, interrogad con noble anhelo para que rasgue el misterioso velo encubridor de la futura yema! Más allá de las nubes de alabastro, id, águilas y cóndores al astro, al sol, interrogadle: qué varones, por sus grandes proezas y su fama, remontarán al núcleo de tu llama, como Bolívar, Padre de Naciones? Sacudid vuestras orinas galopando, ¡oh, potros de las pampas! Regios Andes, ¡estremeceos! os vendrá escalando el más sublime de los genios grandes! Oh, Chimborazo, que la vista expandes paisajes y horizontes contemplando! Mientras que gozos de lo azul demandes, sigue a tu genio tutelar llamando! Campos de Carabobo y de Junín, soñad, soñad con dianas de clarín al loco frenesí de la victoria; Oh, Nuevo Mundo, guarda bendiciones y el saludo filial de tus pendones para el más alto genio de tu gloria! Oh, Magdalena, que de asombro pasmas cuando se mira en ti la Primavera, cuando palmas, y bosques, y pradera, y luz del sol, y azul de cielo plasmas! Cómo rumora, cómo te entusiasmas cuando copias la flor de una bandera! La misma que la grande Cordillera viera erguida por brazos de fantasmas! Sí, de fantasmas! de varones de esos que llevan lava entre los duros huesos y el radio inextinguible del afán! De los que voz de "Excelsior" en las bocas, ya fundan rayos, a sus pies, las rocas, ya desgaje la selva el huracán!... Veréis, oh, regias cumbres, oh castillo, oh, selva, oh, mar, oh, verdecido alcor, en los dos contendientes gran valor, y, en sus grandes poemas, grande brillo! En un momento asaz conmovedor, en noble acto por demás sencillo, se abrazarán Bolívar y Morillo. Oh, abrazo de la Gloria y del Honor! sentirán cerca, en ti, sus corazones Bolívar y Morillo! Cada entraña, al tiempo y al espacio indefinidos, hablará con proféticos latidos de un abrazo de América y de España!... Bolívar, soñador! Oh, visionario! oh, gran Libertador y liberal! Sobre la comba azul de tu sagrario, tu genio es una aurora tropical! Y atalaya, glorioso, el escenario de toda una extensión continental! Y en un interrogante cuestionario dialoga con el sol del ideal! Surge tu genio, y callan los asombros creyendo ver que cuelga de tus hombros un iris sus diamantes, bajo el sol. O se imaginan la más alta cumbre que levanta la andina reciedumbre bajo el manto real de un arrebol Con un arrebatado paroxismo, atronador, y regio al Tequendama arrojase, magnífico, al abismo y en diamantinas curvas se derrama. Entre la orilla y el abismo, es fama que alza un peñón informe su mutismo, esa mole parece que te llama por sentir, otra vez, tu dinamismo. Desde ella el abismo contemplaste, y, mirando el abismo, no temblaste y no tuviste un vértigo fatal! Saltando así el abismo de la muerte, el nombre tuyo, cada vez más fuerte, huella moles de gloria perennal! Rige, Bolívar, rige los destinos y el alma rige de los continentes! ¡Oye! Te nombran siempre los torrentes y te nombran los cóndores andinos! Te dan los puros cielos diamantinos del Nuevo Mundo, auroras sorprendentes, y arrebatados, ciegos y trementes, los aludes te dan sus torbellinos horrísonos. ¡Bolívar! Los aludes fueron sólo mutismos y quietudes, y un sueño de tremenda potestad fueron los moles de sus nieves puras! Tú, como ellos, bajaste desde alturas donde sueña su bien la humanidad! Dilo con tus clamores, Océano! tú lo dirás, andino vendabal! "Benefactor, Bolívar soberano, Alma de luz de bendición astral! Ni caraqueño, ni venezolano, ni de un continente: ¡Eres mundial Revelación del ideal humano! ¡Estás en la conciencia universal! Y dilo tú, Bolívar, "¡Pueblos míos, solidaridad, unión y bríos son el tesoro de los pueblos grandes!" ¡Mirad! desde sus moles de granito, las águilas volando al infinito, parecen las ideas de los Andes! Torrentes, cataratas, ventisqueros, truenos profundos, recios vendavales! Habláis de libertades y de fueros con persistentes voces eternales! Habláis de recios bloques altaneros suspensos, en las cumbres, días enteros y noches de negruras abismales, como las armas de la democracia sobre la frente de la plutocracia! Armas que atisban en constante espera! aludes, cataratas, rayos, vientos! Sois los Pegasos de los pensamientos, Sois las palabras de la Cordillera! Libertador, varón iluminado! El Ande tiene un punto culminante, deslumbrador, y tú lo más remontado. El horizonte, allí, siempre es radiante, y el panorama está magnificado por todo el gran conjunto circundante donde la Providencia ha derramado lo más bello, sublime y arrogante. Y hay en la historia una serena cumbre que el sol de la verdad llena de lumbre, adonde sólo alcanza tu renombre. ¡Libertador, vidente sin segundo: tal vez un día se pregunte el mundo si fuiste un semidios, o fuiste un hombre! ![]() (Lea más de Juan de Jesús Reyes en PoeSite) |
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