Daniel Montoly Es miembro de la comunidad poética Cacibajagua (Madre Tierra, en lengua Taína) de la República Dominicana. Forma parte de la Liga de Jóvenes Latinos para Los Derechos Humanos, con sede en USA. Colabora, activamente, con varios Foros Literarios en la red cibernética y con instituciones vinculadas con la problemática de la pobreza. Fue Autor Invitado en el Primer Volumen de la colección SENSIBILIDADES, del cual es uno de sus miembros, donde publicó un seleccionado de su poesía, que es un canto a la libertad del ser humano y de la palabra. Nació en Valverde Mao, República Dominicana y aunque guarda y conserva, intrínsecamente, sus raíces culturales, su literatura expresa, en un lenguaje fresco y atrevido, profundo y aleccionador, la problemática del ser humano en el amplio contexto de su entorno universal. Tiene un poemario inédito para su próxima publicación y un libro colectivo sobre narrativa breve. Algunos de sus poemas traducidos al inglés han figurado como finalistas en varios concursos literarios. Su poema Detrás del Brutal Silencio dedicado a Lorca obtuvo el segundo lugar en el certamen de La Joven poesía Latinoamericana dentro de los Estados Unidos. Sus trabajos poéticos han sido publicados por las siguientes revistas electrónicas: Zona de Tolerancia, El Astillero, El Ebro, Poetas del Paraíso, Expresiones, entre otras. |
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Memoria póstuma de un rayo Camina amada cerrada la escritura, haciéndole relámpagos en los ojos deshollina las pupilas urbanas, con labios espantapájaros enjuagua en sus córneas el vértice de la palabra que no soporta amarras o mazmorras intergalácticas. Mírala volar, ave de cristal y tinta sobre los lóbulos de la noche, hacer pedazos las tristes máscaras de los testaferros del silencio. Vuela, imagen indestructible ante la desgracia, ..............................................................sube... avanza en los corceles de la sangre tal águila ardiente sobre la ceniza, engulléndose los insomnios penetrados por los precios. Mírala, inefable trazar barriga de grafittis por los sueños, manchar los lienzos de Picasso con tierra cordillera asesinada. Se desplaza, se desplaza con los llantos humanos a la luz que acuchilla los desiertos. Surgen tus gritos y mis gritos de los dominios imprevistos del ocaso. Se desplaza... Vuela y grita. Some Times Cuando la vellonera y los llantos de los neones del olvido deambulen por tu cuerpo, por favor léeme en la ceniza del cigarro que se pasea por tus manos de vampiresa, búscame en el desgarro de tus pupilas... Espero escucharte decir: Some Times. Yo gnomo al fin, me sentiré alegre curiosamente, cruzaré los gélidos meridianos de la censura a cubrirte con una hipótesis. Se quebrará tu mutis en cuatro versos rítmicos escritos por mí en tus papiros erectos, empapelando tu futuro con anécdotas. En ese instante negarás haberme visto llenar tus flancos con agua fresca, suave y tibia. Resonarán las huellas de tu líquido corriendo por mi habitáculo como reflujos o lluvias de jóvenes inquietudes a morir en los acantilados de mi pecho. Yo seré el casto sacerdote de tu niebla, ideólogo y creador de tus imágenes melancólicas, poeta y dios. Nunca lo olvides, que soy el orfebre de tus futuras vocaciones. El Kama y Sutra de tus juegos sórdidos, y tú serás mi auriga dentro y fuera de este sueño angosto. Si oyes que la vellonera llora cuando la música son los roces de los cuerpos, si observas tres tragos y un poema dormir sobre la mesa, nómbrame en el dialecto que prefiera tu vagina. Ya estaré lejos... Tal vez te duela. Estación florida. A tus caricias, prefiero que me engullas en el serpentino vaivén de tu cadera. Sentirme acogido entre los girasoles de tu primaveral huerta, penetrarte o andar como jornalero de amor por tus hectáreas. Haciendo volar despacio mis alas de pájaro por las ramas rosadas de tu boca. Nada violento explorara mi ímpetu el sabor de tu caverna, de tu sal, de tus aguas... Y tú menuda indemne como un milagro saldrás colectiva, isla de pan de besos en la pradera de mi dorso, desnuda de inocencia, flor con pétalos de gozos y la ternura de mi péndulo coronando tu garganta. Ay, mujer de fuego, rompe el cielo oscuro de mi cabecera y no permitas que sucumba en la ingravidez de las desesperanzas. Dos voces en una sola piedra. Sonó la sangre municipal... Piedras y sed amarraron sus gargantas y creció una fuerza inédita como maratón de acentos conjuntos en una palabra dinámica. Un reloj sajón y varios poemas desnudos se hablaron: -¿Walt whitman?- preguntó uno, -Metal, rudeza y voz- gritó el otro. Y hubo un pájaro de huesos sobre la mesa amarilla. Cantó en ingles, yo en español; pude entenderlo a pesar de ser dos América, distintas... Los pergaminos de salitre. (A Luis Prieto) Una noche, se alzó por encima de la monotonía, sus manos viejas resonaron como jóvenes pergaminos de salitre. Sin renegar, su rostro montó un caballo desolado con cascos de fecha y viento. El dolor estaba en apogeo, o hacía, con cada lágrima, a lo lejos, canciones invernales: hojas prendidas de su cuerpo. Se alzó ciego de angustia, llenó con garabatos su alforja negra, y en medio de los senos de la sombra, pintó un aviso con letras color a miércoles borrosos para los hijos rotos de cada hombre que le siguiera... Nunca vimos apagarse su colilla, mientras, se fumaba el cielo con ambos dedos. |
Daniel J. Montoly
daniel22442000@yahoo.com
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