|
El flujo de la corriente I Un puño cerrado entre el ombligo y la pared, dentro soplando luz muere un insecto iluminando la duda. II Aparejos trae con peces, espinosos los ojitos de la hambruna, quebrarán los codos hasta mañana. III El borde astillado del vaso cortó las ansias, un adiós, evitó dos besos inútiles IV Posiblemente alguien se preocupe por mi tiempo, si yo solo quiero esperar. V Traigan sábanas para salir por las ventanas, por la puerta ingresó una certeza. VI Hay torrentes de electrones, torrentes de dedos. ¿Por qué tiemblo cuando me tocas? Una monedita para salvar al mundo Un crepúsculo de tizne baldea el horizonte, esta por llover, chipas, yuyos sanadores y canastos bailan con sus gordas coloridas de falditas largas, un olor en el ambiente, una revolución por venir, el taxista miente, el taxista siempre miente a los foráneos invasores, y que le puedo decir antes robaban menos, uffff la libertad esta enferma de entendimiento conceptual, todo es culpa del marketing chifla un travesti al oído de la moral en la plaza frente a la catedral, el calor transpira por los ribetes de las vísceras y hablar del calor da mas calor, morenas y gringas compiten en la pista la inocente aceptación de un extranjero jugoso, la corbata es una estaca a 41 a la sombra; mientras la lapicera gotea en una servilleta sucia mentiras piadosas niñas y niños corren entre bolsillos incautos, deme señor una monedita para salvar al mundo. El diamante dobló la sombra para no engordar el espacio, acarició su fina mano, en algún lugar nació un diamante, arrinconó al movimiento con un beso, absorbió su aroma y la guardó en una hoja de eucalipto, sacó un pecho de su escote como si fuese un racimo de uvas, conoció la suavidad en ese triste baño de tren Infancia Junto una hoja caída, pequeña, amarilla, paso mis dedos por sus nervaduras, es de noche ya, el chirrido de un vaivén, una hamaca oxidada, aire sin desaire, una infancia. durante su vigilia por momentos alucinaba que su cuerpo Creía ver una plaza donde los sabios de oriente afirmaban que todo viene del infinito y confluye en el Uno, argumento que sus pares occidentales refutaban alegando que el Uno culmina sus días buscando el infinito. Una noche mientras despierto soñaba un ladrón ingresó por la ventana, nuestro personaje al verlo le rogó que lo matase para terminar con la maldición que lo aquejaba. El ladrón respondiendo al pedido solo sentenció: he venido a llevarme tus alucinaciones. |
Guillermo Coulter
gcoult@ciudad.com.ar
| Lo más reciente en PoeSite | Página principal de PoeSite |