A Julia BurgosJulia,
Tu silencio... Vengo a rezar tu nombre.
Julia,
Vengo a rezarte versos,
Vengo a ocultar tu muerte,
Sigues en el silencio de los que te sabemos
El filoso estilete del desamor hincado
Tu ruta, aurora trágica que tu alma apetecía
Vengo a rezarte versos porque la noche es larga
Que mucho importa al mundo tu nombre, Julia eterna
Vengo, Julia del Mundo, a revivirte,
Y al evocarte, ese recuerdo, aún húmedo,
Vengo a rezarte versos porque la noche es larga
Julia Burgos nació en el barrio Santa Cruz de Carolina (Puerto Rico) el 17 de julio de 1914. Falleció en Nueva York el 6 de julio de 1953. Sus restos están en Puerto Rico. Publicó su primer libro en 1936, POEMA EN VEINTE SURCOS y al año siguiente CANCION DE LA VERDAD SENCILLA. En 1954, después de su muerte, se publicó EL MAR Y TU. Se crió en la pobreza. Obtuvo, con muchas dificultades, el Grado de Maestra Normalista, fué maestra en el campo y, cuando la gran depresión, trabajó en programas Federales. Llega a cuba detrás de un amor y allí estuvo varios años. Luego se radica en Nueva York. Allí vivió muchos años de amargura y bohemia hasta su trágico fallecimiento. En un hospital del Estado, en sus horas de soledad y destierro escribe: "It has to be from here, forgotten but unshaken, among comrades of silence, deep into Welfate Island, my farewell to the world". Presencia de Julia de Burgos en Internet:
Poesía puertorriqueña |
Yo no conocía la poesía de Julia Burgos. Me llega a través de Jorge Luis Suarez. A él agradezco, también, la breve biografía que aparece al final de la página. Nada me parece más oportuno, a modo de homenaje, que publicar aquí el poema que él le dedica.
Yo fuí estallido fuerte de la selva y el río,
y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas.
De un lado me estiraban las manos de las aguas,
y del otro, prendíanme sus raíces las sierras.
Cuando mi río subía su caricia silvestre
en aventuras locas con el rocío y la niebla,
con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño,
lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras.
Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos,
me repetía en sus aguas hasta dar en la arena,
y era mi grito nuevo como un tajo en el monte
que anegaba las calles y golpeaba las puertas.
A veces la montaña se me vestía de flores
e iniciaba en mi talle curvas de primavera.
Quién sabe en qué mañana se apretaron mis años
sobre senos y muslos y caderas de piedra!
Se treparon mis ojos al rostro de los árboles
y fueron mariposas sus vivas compañeras:
así es como en los prados voy buscando las flores,
y alas pido en las almas que a mi vida se acercan.
Mis dedos arañaron la fuerza de los riscos,
y juraron ser índices de mis futuras vueltas;
por eso entre los cuerpos doblados de los hombres,
como puntales puros de orientación se elevan.
Yo fuí estallido fuerte de la sierra y el río,
y crecí amando el río e imitando la sierra...
Una mañana el aire me sorprendió en el llano:
ya mi raíz salvaje se soltaba las riendas!
Pálidas ceremonias saludaron mi vida,
y una fila de voces reclamaron la prenda...
Mis labios continuaron el rumor de las fuentes
donde entrañé mis años y abastecí las venas.
De ahí mi voz de ahora, blanca sobre el lenguaje,
se tiende por el mundo como la dió la tierra!
Rio Grande de Loiza, alárgate en mi espíritu
y deja que mi alma se pierda en tus riachuelos,
para buscar la fuente que te robó de niño
y en un ímpetu loco te devolvió al sendero.
Enróscate en mis labios y deja que te beba,
para sentirte mío por un breve momento,
y esconderte del mundo y en ti mismo esconderte,
y oir voces de asombreo en la boca del viento.
Apéate un instante del lomo de la tierra,
y busca de mis ansias el íntimo secreto;
confúndete en el vuelo de mi ave fantasía
y déjame un rosa de agua en mis ensueños.
Rio Grande de Loiza! Mi manantial, mi río,
desde que alzome al mundo el pétalo materno;
contigo se bajaron desde las rudas cuestas,
a buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos;
y mi niñez fue toda un poema en el río,
y un río en el poema de mis primeros sueños.
Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida
prendida en lo más ancho de tu viajar eterno;
y fui tuya mil veces, y en un bello romance
me despertaste el alma y me besaste el cuerpo.
¿Adónde te llevaste las aguas que bañaron
mis formas, en espiga de sol recién abierto?
Quién sabe en qué remoto país Mediterráneo
algún fauno en la playa me estará poseyendo!
Quién sabe en que aguacero de que tierra lejana
me estaré derramando para abrir surcos nuevos;
o si acoso, cansada de morder corazones,
me estaré congelando en cristales de hielo!
Rio Grande de Loiza! Azul. Moreno. Rojo.
Espejo azul, caido pedazo azul de cielo;
desnuda carne blanca que se te vuelve negra
cada vez que la noche se te mete en el lecho;
roja franja de sangre; cuando bajo la lluvia
a torrente su barro te vomitan los cerros.
Rio hombre, pero hombre con pureza de río,
porque das tu azul alma cuando das tu azul beso.
Muy señor río mío. Rio hombre. Unico hombre
que ha besado mi alma al besar en mi cuerpo.
Rio Grande de Loiza! Rio Grande. Llanto grande.
El más grande de todos nuestros llantos isleños,
si no fuera más grande el que de mí se sale
por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.