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Lo que Basta Matemos el deseo de saber lo imposible. En la serena y honda omnisciencia divina radia la eterna cumbre,la cumbre inaccesible que todo lo domina. La inteligencia humana en vano se festina y lucha sin cesar ante lo inconocible, mas siempre, abstrusa y ciega,dando tumbos camina cada vez más oscura, cada vez más falible. Basta que el hombre tenga,latido tras latido, prelibación sutil de lo desconocido, y no que le consuma la indagación terrible... Basta que el hombre diga:-Yo quiero ser mas bueno, que mi alma sea la rosa que perfuma mi cieno... Matemos el deseo de saber lo imposible. A mis Amigos. Cuando esta crisálida que siento a miserable poste asegurada, estremeciendo las paredes, sea mariposa de luz que al cielo vaya, no vayáis al lugar de mis despojos a derramar entristecidas lágrimas; no me lloréis en brazos de la muerte: ¡cantad, mejor, la libertad de mi alma! Fueran Cristianas... Fueran cristianas todas las naciones: Así tendrían la religión más santa; Así avanzando al porvenir la planta, Florecieran de paz y bendiciones. Así mas firmes civilizaciones Vieran que el bien humano se agiganta; Que el cristianismo como el sol levanta El estandarte de las redenciones. Así daría la tierra de improviso, La esplendida visión de un paraiso En fruto del presente y del futuro. ¿Y ya saciado todo noble anhelo! ¿Fuera dichoso nuestro verde suelo! ¿Fuera el mundo moral de ambiente puro! Este Siglo Vigésimo. Este siglo mecánico, destructor y salvaje, Pone espanto en las almas que nutre el Critianismo: Ved el montón de escombros que su hórrido coraje Deja en sus irrupciones que son de cataclismo. Esta centuria es trágica, y su fatal cinismo, Rojos de sangre y llamas dibuja en su ropaje; Sus máquinas de guerra vuelan sobre el abismo Y hacen temblar la tierra, postrada ante el ultraje. Esta centuria es madre de las desolaciones, Es la moderna Equiona ¿Su prole? Es de Vestiglos De impías, amorales, torpes generaciones, Impías, crudas, cerreras, portadoras de males, Todos terribles, todos al humano fatales Así como lo fueron en los pasados siglos. La novia del alma El cristal de mi gloria ella sigila Con sus labios dulcísimos de fresa, Con su voz de calandria mañanera, Con su mirar que siempre me ilumina. Flor de fragancias deliciosas, Ella, Las alegrías de su vivir me inspira, Y en sus ojos, parece que se mira Hecha dos puntos, una mansa estrella. Ella en mi vida, es dulce luz, es aire, Es alba, es flor, es iris, es diamante, O es una virgen del celeste plano. Me la figuro a veces, intangible, Dicha que siendo humana es imposible, ¿Y creo que si la toco, la profano!. La Espiga Vana Pasa el corrompedor y corrompido Expresando en la faz y en el talante Que es un poseso, que es un arrogante; Y así, tal ente queda conocido. De su saber infuso poseído Como diciendo, en su interior, ¡avante! Cual una majestad, el ignorante Pasa inflado, en ademán erguido. Pasa el virtuoso: Apenas se percibe, Apenas se da cuenta de que vive, Y pasa el sabio, y de ignorar se espanta, Y humilde y manso por doquier camina.... La espiga vana no es la que se inclina, Es la que más soberbia se levanta. El Trabajo. El incesante trabajo sudoroso,atronador, es el gran palafranero del honor. Es el creador incesante en perenne devenir, el que glorioso conquista la dicha del porvenir... Su música es himno fuerte o es plegaria, ya labore en el cerebro, ya cruja en la maquinaria. A La Poesía. Desde la cumbre del pensamiento vas derramando ricas esencias, lluvias de flores,alborescencias de sentimientos del corazón. Y te circundan claros de luna, átomos de oro de la alborada, tules y gasas de luz rosada, nébulas tenues de la ilusión. Tu canto es beso para la vida, gorgogear ameno de blanca cuna, sonrisa dulce de la fortuna, tierno suspiro que exhala el bien. Y tu alma ungida de amor del cielo, de la hermosura goza las galas, y ávida siempre mueve las alas hacia una nueva Jerulalén. Tu le señalas a la inocencia el borde negro del negro abismo, llenas la historia de iluminismo y así el presente y el porvenir. Tabor parece donde la idea en luz de lirio se transfigura, y, como ansiando región más pura, sube hasta cielo de oro zafir. Flores que un rico polen fecunda, fresco rocío, girar del astro, éter, atmosfera,luciente rastro que al cielo imprime la exhalación, íntimos goces, todo lo brindas, todo lo abarcas, todo, en la esfera del alma, en donde la primavera es una eterna resurrección. Bendita seas tú la que sube hasta el empireo y entre alboradas de luces puras aurirrosadas, mueves las alas y das tu voz. Benditas seas, hija del cielo, tú,la que arrullas como paloma mientras modulas el puro idioma conque los angeles hablan a Dios. CANTO A BOLÍVAR Unido por los mismos ideales de gloria que refleja en sus cristales más nítidos, la diosa libertad! Confederado para la defensa en una sola patria, patria inmensa, y así, también, de inmensa potestad! Por trillas de zigzag y por rodeos, a un palmo de vertientes y de abismo, irán otros bizarros prometeos con la fe de su causa y de sí mismos, turbarán sus continuos fantaseos los más anonadantes visualismos, Tal vez no cristalicen sus deseos de triunfos y de locos heroísmos! Tal vez poniendo la mirada en alto, verán gigantes moles de basalto amenazar sus cráneos de valientes Tal vez, tras la pisada no medida, habrán de ir los héroes con su vida al abismo en que mujen los torrentes! Tal vez con hambre, los desfiladeros sus fauces abrirán desmesuradas por devorar los bravos caballeros del porvenir, que ceñirán espadas para que tengan libertad y fueros de naciones, las tierras postergadas que no miran radiante de luceros la esfera de sus noches enlutadas! Tal vez pesados bloques de pedruscos las mandarán fieros picachos bruscos y pedazos de selva atronadores! Tal vez los volarán los huracanes! Tal vez lluvia de lava, los volcanes darán para los bravos redentores! Mas, no! lejos fantasmas! duros ceños del hado, suspended tanta fiereza! Serán los paladines muy pequeños ante la colosal naturaleza!... Mas, por el alma en floración de sueños, es mayor que los andes su grandeza! No esgrimirán sus armas poderosas las viejas cordilleras portentosas sobre aquellos indómitos varones! Ellas están los héroes aguardando! Ellas, a voces, los están llamando! Ellas, del triunfo, les darán lecciones! Verdes gramíneas de la pampa, un día seréis un rojo mar de llamaradas! Recios picachos, brava serranía, soberbios Andes, sentiréis pisadas de titanidas, todos energía! A Bolívar veréis con sus brigadas! Brazos de mar en donde el cielo fía el rastro de sus luces bienamadas, veréis aquel arranque soberano del pelotón que nada, la una mano por remo bajo el agua bullidora, y, por el aire, la potente diestra, y en ella dando irradiación siniestra, el arma liberal y vengadora!... Ah, los ríos! Amenos, cristalinos, brillan, rumoran, siguen sus caminos. No se cansan los viejos peregrinos de escuchar a los pájaros cantores, de robar a las albas sus colores, ni de robar los rojos vespertinos! Ah, los ríos agrandan su volumen, salen de madre, inundan en resumen dejan todo el trayecto destrozado! Pero dan limo, dan fecundo lodo para otra siembra! Asimismo es todo pueblo que un ideal ha desbordado! Oh, valles! Oh, montañas! Aguardad arrojos de Bolívar batallones de la tierra de heráldicos leones, ¡siempre alerta! ¡Las armas preparad! No confiéis en los días de tempestad, de lluvias y de negros nubarrones! Desconfiad de los sórdidos crespones de la noche, ¡la negra majestad! Desconfiad de la valla de los ríos! Bolívar, siempre llevará sus bríos y su espada maestra siempre en alto! Irá Bolívar bajo la tormenta, o esbozado en la noche soñolienta, a sembrar los terrones del asalto! Desarraigando montes y heredades darán los terremotos su fragor! Infundirán lecciones de pavor monumentos que alzaron las edades azotando con palma de crueldades a los humildes hijos del dolor. Rugirán las andinas tempestades con prepotente impulso destructor! Rodarán los enormes ventisqueros de la cumbre que besan los luceros con persistente y muda claridad! Derramarán su copa los volcanes, y avanzarán así, los Capitanes en nombre de la magna libertad. A veces la vetusta Cordillera con sus lamentos roncos y profundos hará temblar la diamantina esfera donde gravitan luminosos mundos. Será que el Héroe contará segundos largos cual siglos de dolientes espera! O sentirá deseos sitibundos de ver con él la humanidad entera! Será que herido por dragones rojos, el genio irá por selvas y matojos refugiando su vida y sus pendones! mas, volverá la frente en su trayecto, y mostrará un magnífico proyecto: el de crear y refundir naciones! Estremeceos, enérgicos centauros, del recio Páez bizarros compañeros! soñad con dianas épicas y lauros y banderas, indómitos llaneros! Soñad con los ataques, oh lanceros, para rendir a duros Minotauros! Soñad en vuestras manos los aceros por titanes blandidos, no por lauros! Soñad, soñad vuestra jornada homérica suelo fecundo y pródigo de América, dale tus primaveras milagrosas al genio de Bolívar! Claro cielo, para Bolívar, pon sobre tu velo Azul, tus alboradas, como rosas! Volad, volad con alegría suprema! id, águilas y cóndores, al cielo lleno de azul, en majestuoso vuelo, y seréis las estrofas de un poema para Bolívar! A la vista gema del sol, interrogad con noble anhelo para que rasgue el misterioso velo encubridor de la futura yema! Más allá de las nubes de alabastro, id, águilas y cóndores al astro, al sol, interrogadle: qué varones, por sus grandes proezas y su fama, remontarán al núcleo de tu llama, como Bolívar, Padre de Naciones? Sacudid vuestras orinas galopando, ¡oh, potros de las pampas! Regios Andes, ¡estremeceos! os vendrá escalando el más sublime de los genios grandes! Oh, Chimborazo, que la vista expandes paisajes y horizontes contemplando! Mientras que gozos de lo azul demandes, sigue a tu genio tutelar llamando! Campos de Carabobo y de Junín, soñad, soñad con dianas de clarín al loco frenesí de la victoria; Oh, Nuevo Mundo, guarda bendiciones y el saludo filial de tus pendones para el más alto genio de tu gloria! Oh, Magdalena, que de asombro pasmas cuando se mira en ti la Primavera, cuando palmas, y bosques, y pradera, y luz del sol, y azul de cielo plasmas! Cómo rumora, cómo te entusiasmas cuando copias la flor de una bandera! La misma que la grande Cordillera viera erguida por brazos de fantasmas! Sí, de fantasmas! de varones de esos que llevan lava entre los duros huesos y el radio inextinguible del afán! De los que voz de "Excelsior" en las bocas, ya fundan rayos, a sus pies, las rocas, ya desgaje la selva el huracán!... Veréis, oh, regias cumbres, oh castillo, oh, selva, oh, mar, oh, verdecido alcor, en los dos contendientes gran valor, y, en sus grandes poemas, grande brillo! En un momento asaz conmovedor, en noble acto por demás sencillo, se abrazarán Bolívar y Morillo. Oh, abrazo de la Gloria y del Honor! sentirán cerca, en ti, sus corazones Bolívar y Morillo! Cada entraña, al tiempo y al espacio indefinidos, hablará con proféticos latidos de un abrazo de América y de España!... Bolívar, soñador! Oh, visionario! oh, gran Libertador y liberal! Sobre la comba azul de tu sagrario, tu genio es una aurora tropical! Y atalaya, glorioso, el escenario de toda una extensión continental! Y en un interrogante cuestionario dialoga con el sol del ideal! Surge tu genio, y callan los asombros creyendo ver que cuelga de tus hombros un iris sus diamantes, bajo el sol. O se imaginan la más alta cumbre que levanta la andina reciedumbre bajo el manto real de un arrebol Con un arrebatado paroxismo, atronador, y regio al Tequendama arrojase, magnífico, al abismo y en diamantinas curvas se derrama. Entre la orilla y el abismo, es fama que alza un peñón informe su mutismo, esa mole parece que te llama por sentir, otra vez, tu dinamismo. Desde ella el abismo contemplaste, y, mirando el abismo, no temblaste y no tuviste un vértigo fatal! Saltando así el abismo de la muerte, el nombre tuyo, cada vez más fuerte, huella moles de gloria perennal! Rige, Bolívar, rige los destinos y el alma rige de los continentes! ¡Oye! Te nombran siempre los torrentes y te nombran los cóndores andinos! Te dan los puros cielos diamantinos del Nuevo Mundo, auroras sorprendentes, y arrebatados, ciegos y trementes, los aludes te dan sus torbellinos horrísonos. ¡Bolívar! Los aludes fueron sólo mutismos y quietudes, y un sueño de tremenda potestad fueron los moles de sus nieves puras! Tú, como ellos, bajaste desde alturas donde sueña su bien la humanidad! Dilo con tus clamores, Océano! tú lo dirás, andino vendabal! "Benefactor, Bolívar soberano, Alma de luz de bendición astral! Ni caraqueño, ni venezolano, ni de un continente: ¡Eres mundial Revelación del ideal humano! ¡Estás en la conciencia universal! Y dilo tú, Bolívar, "¡Pueblos míos, solidaridad, unión y bríos son el tesoro de los pueblos grandes!" ¡Mirad! desde sus moles de granito, las águilas volando al infinito, parecen las ideas de los Andes! Torrentes, cataratas, ventisqueros, truenos profundos, recios vendavales! Habláis de libertades y de fueros con persistentes voces eternales! Habláis de recios bloques altaneros suspensos, en las cumbres, días enteros y noches de negruras abismales, como las armas de la democracia sobre la frente de la plutocracia! Armas que atisban en constante espera! aludes, cataratas, rayos, vientos! Sois los Pegasos de los pensamientos, Sois las palabras de la Cordillera! Libertador, varón iluminado! El Ande tiene un punto culminante, deslumbrador, y tú lo más remontado. El horizonte, allí, siempre es radiante, y el panorama está magnificado por todo el gran conjunto circundante donde la Providencia ha derramado lo más bello, sublime y arrogante. Y hay en la historia una serena cumbre que el sol de la verdad llena de lumbre, adonde sólo alcanza tu renombre. ¡Libertador, vidente sin segundo: tal vez un día se pregunte el mundo si fuiste un semidios, o fuiste un hombre! El Alma el alma jamás teme que la encierre un ataud, jamás teme a los martirios, jamás teme a la cruz. el alma ante la muerte ve alboradas en lo azul, y es cual gota de rocío al beso de la luz. BOLÍVAR: ¡Eras Tú el Esperado! (1885) Para tronchar a filo de Segur En nombre del derecho sacrosanto, ¡América del Sur! Tenía, era de sombras en que agonizabas, ¡Tenía que venir el que esperabas: El Redentor, el Héroe!... Mientras tanto: La diestra de virreyes refractarios Fustigaba, iracundo, día tras día, En nombre de lejana monarquía... Pero, en tus pobres hijos tributarios Incubaba sangrienta rebeldía El sol de redentores idearios.... ¡Ellos veían, gloriosas, por la altura, Las águilas volar, y en la llanura, Los potros en frenéticos galopes Dejando atrás el soplo de los vientos! ¡Y abrigaron, entonces, pensamientos, Como banderas sobre firmes topes! ¡Los potros, con las crines volanderas, Y con, súbitos ritmos, siempre iguales, Seguían devorando las praderas! ¡Ganaban siempre azul las águilas reales, Con sed de auroras y de primaveras! ¿Símbolos eran, libres y triunfales, Sobre las pampas y las cordilleras? ¡Al fin, los que cadenas arrastraron, Un día, se preguntaron, Y en el trágico ambiente De una región valiente, En las preguntas, la respuesta hallaron! ¿Qué pasa que sus médulas de rocas Tienen hoy los volcanes más ardientes, Y el Orinoco lleva sus corrientes En su ramal de cristalinas bocas, Con una risa de sirenas locas? ¿Qué pasa, que rompiendo las vertientes, Avanzan con más furias los torrentes, Más, con penachos con blancor de tocas? ¿Qué pasa? ¿Flota el verbo de la vida? ¿Qué pasa? ¿Está el sol más encendido? ¿Es que América, toda estremecida, El flámeo de la guerra se ha ceñido, La libertad por celestial égida? ¿Es que el héroe de América ha surgido? Todos ciñeron vengadora espada, Todos en tal homérica jornada, Con Bolívar gritaron: ¡Fuera, fuera virreyes! Esta región ubérrima y sagrada, ¡Ha de regirse por sus propias leyes! SONETO A Simón Bolívar (1887) Amante de sublimes panoramas, Contemplador sereno del abismo, Paladín que sorprende en ti mismo La visión de radiantes oriflamas. Bizarro capitán a quien ni llamas Ni torrentes causan terrorismo, Rival perenne del absolutismo, Genio que santa libertad proclamas. Domador del fracaso prominente Sin conocer en Dios un adversario, Libertador y liberal vidente: Sueñas con el poder eleccionario, Sueñas confederar un continente: ¿Quién puede ser más grande visionario? ELOGIO AL VERSO (1885) Señor: en eso de subir escalas Aspiras a una altura cenital, Para ver tus Brasiles y Bengalas Resplandecientes de blancura astral. Lleva raros perfumes en las alas El ave de la selva tropical; Así, tú llevas milagrosas galas De artes y ciencias en tu manto real. Adonde llegas abren los palacios Sus puertas de zafiros y topacios Con tintas y con visos de arrebol; Y se abren las cabañas jubilosas Como al beso de un hálito de rosas Con las caricias del naciente sol. "FLORES DE CACTO" (1960) En mi jardín hay flores todavía... Verdad: han muerto mis claveles rojos, Incendio de las almas y los ojos, Y mis rosas de fresca lozanía. He derrochado por la senda mía, Mis nardos sobre lívidos enojos, Mis lirios sobre pérfidos abrojos, Y mis violetas a la felonía. Pero después de mi fatal derroche, Tengo flores del reino de la noche Que dan perfume a la sombra fría. ¡Son flores a la luz de las estrellas, Flores de Cacto!; si te gustan ellas, En mi jardín hay flores todavía. HAZME UNA CUNA CARPINTERO (1885) Carpintero: Hazme una cuna Toda de fragante cedro. ¡Hazla, primorosamente Carpintero! ¡Hazla, que parezca un nido! ¡Píntala de azul de cielo Y de margaritas de oro, Carpintero! ¡Como un caracol marino Ha de tener pulimento! ¡Ha de ser como una perla, Carpintero! ¡Hazla, pensando en la gloria! ¡Hazla, pensando en el cielo! Oye: si tienes un hijo Ya sabes como has de hacerla, Carpintero. VERDAD. (1885) Verdad: No sube a la estrella El lirio que al campo ríe, Pero sube su fragancia Que en el aire se deslíe. Corazón, lirio sagrado: ¡Hasta el rey de la creación Puedes ir, si te levantan Auras de veneración! PRIMAVERAL. (1915) Cambió el otero el traje gris ceniza Por otro de color de la esmeralda; Doquier hay flores. La canción del nido Ondula dulce en las fragantes auras. El corazón ansioso, estremecido, Oye doquiera voces, que le llaman; Las tardes ciñen púrpuras gloriosas Y tules de oro y rosa las mañanas. ¡Es que otra primavera ya insinúa Sus efluvios de amor y de esperanza, Y besa y acaricia en nuestro pecho Como la estrella en el cristal del agua. SIGNOS. (1905) En la tierra, en la mar, en lo infinito Doquiera veo unos signos Serenos, eternales, mudos y retadores Que no puedo leer. Las músicas sutiles que brinda el universo Encuentran imperfectos y sordos mis oídos. En vano, pretenciosa cual icaro, se lanza A Dios la inteligencia: ¡La grandeza no mira! No sabe sus designios, no sabe sus arcanos. Siempre veo jeroglíficos Retando en las edades del intelecto humano Siempre veo jeroglíficos, que, Impenetrables, fríos, Y serenos y mudos, Rebotan los millares de ideas pretenciosas De los días sin historia Cuando empezó la ruta La humanidad, en frente, De tantos enemigos que tenía que vencer, Cuando empezó la ruta hacia el futuro, Quizás con una piedra, o con un palo, Como armas defensoras o de ataque HORA DE INDECISIÓN. (1901) ¡Perdóname, Dios mío! A veces yo no quiero obedecer La ley universal del movimiento; A veces me sustraigo de todo cuanto existe, Y hundido en el quietismo, No actúo, ni quiero nada! ¡Perdóname Dios mío! ¡Tengo miedo De mirar en el tiempo y el espacio La multiparidad inmensa De cada idea que surge como flor invisible Del árbol de la vida Dejando las cenizas de un incendio de células. ¡Perdóname Dios mío! ¡Tengo miedo Señor de la fecunda Vivisección de cada acción humana! El acto, que fue idea antes de ser acto, ¡Que inmensa prole formará en su marcha De concatenaciones por el tiempo! ¿Lleva a la dicha o lleva a la desgracia? ¿Lleva hacia el bien, o nos sumerge en males? ¡Perdóname, Dios mío! ¡Mi corazón es santo! ¡Mi voluntad es santa! Siento el bien, quiero el bien, Y yo no sé que fuerza me impulsa, y arrebata Y se me impone, y me arrastra y me eleva en la fila Con los viciosos y los malos, y soy uno de ellos. Pero con todo esto - En el fatídico antro Donde se enroscan frías deploraciones, ¡Desde mi alma remontan hacia Dios mis plegarias, O lampos diamantes, bajan y la iluminan. PAISAJE BUCÓLICO (1920) De la vida noroestana al medio día El sol, radiante cíclope del cielo, Manda los besos de su amor lejano A la tierra, la esposa que en desvelo Siente en la entraña el fuego del verano. En cielo azul, con sostenido vuelo, La penetrante vista sobre el llano, Un silencioso gerifalte insano Atisba presas con voraz anhelo. Hacia las frondas ya, por vías diversas, En fuga van torcaces y palomas Como flechas veloces y dispersas, Pero, un zunzún de tornasol brillante, Va hacia él rapaz, lo arremete, y al instante, Lo pone en fuga hacia intrincadas lomas. EL ARROZAL (1916) El arrozal, bajo la paz del cielo, Con uniforme placidez se pierde Pidiendo a la memoria que recuerde Las voces del trabajo y del anhelo. La vista da, por la extensión, un vuelo, Y con nada tropieza que discuerde, Y lo contempla, como a un lago verde Que remontara de la faz del suelo. Sobre ese lago de verdores francos Las garzas vuelan con sutil blancura; Y, atrás tendidos los morenos zancos, Se van por los cristales de la altura, Como si fueran pensamientos blancos De la tierra bañada de hermosura. LA ESPADA DE LOS CÉSARES (Dedicado a todos los Nerones del mundo) La espada de los Césares No corta en dos el agua; La espada de los Césares, señor, no puede tanto. ¡Puede teñirse en sangre de mártires, y puede Mientras se halla ante el pecho, Doblegar voluntades, Imponer los mandatos del autócrata César, Y dar la paz siniestra de las tumbas. Empero, Esa mísera espada no resiste El soplo de las grandes ideas que se agitan En torno; y esa espada No mata las costumbres, ni la fe de los pueblos, Ni vale lo que valen las instituciones... ¡La espada de los Césares no corta en dos el agua! ¡Jamás divide aquello que para siempre aduna Alguna ley universal! ¡La espada de los Césares No da su brillo trágico donde no hay servilismo! ¡Donde los pechos nobles Arden en santa ira, Si profanados miran derecho y libertades, La espada de los Césares no da su brillo trágico! Este poema es parte de un conjunto de poesías, escritas por el poeta, durante los ocho años de ocupación norteamericana a República Dominicana (1916-1924) VOZ DE LOS PUEBLOS LIBRES DE AMÉRICA Bolívar: ¡Aquí estamos! Bolívar: aquí estamos. Somos los pueblos libres de América, Bolívar. Apreciamos tu nombre y te pedimos llenos de altruismo y ardentía, que por tiempos y tiempos, en tus doctrinas, vibres para que entre nosotros, los derechos del hombre espiguen en los predios que abrió su autonomía. Bolívar: aquí estamos alzando tus banderas, somos nietos de aquellos que se fueron contigo, con el sol de los libres por tórrido testigo sobre las pampas y las cordilleras. Bolívar: aquí estamos, donde la democracia defiende tus doctrinas y a Cristo alza los ojos y así, no está soñando con sangrientos despojos Ni en levantar sus glorias sobre ajena desgracia. |
Juan de Jesús Reyes
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