Me cuentan que es aquél un lugar donde no llueve. Donde no hay noche o día. Donde no hay sol o nieve. Donde nada es y es todo, en la justa medida en que cada quien lo quiere. Me cuentan que no hay estrellas y, aún así, contarlas puedes ... - J.L. Dasilva -


Entre Irma y Joan (a través de la red)

Introducción:

Ella Llegó en forma de energía, de impulsos eléctricos; sin ambigüedades; sin tal vez, sin puede ser; sí o no; sin puntos intermedios; unos y ceros. Lógica binaria circulando con itinerario previo haciendo equilibrio sobre un hilo telefónico. Así llegó, para convertirse en letras e imágenes; para construir palabras y dar origen a sueños sobre esa ventana que nos acerca al mundo más allá de nuestros propios límites. Tímida. Temerosa, tal vez. Llena de frescura. Vestía traje de poesía que dejaba ver a traslúz toda su esencia. Ella vino a su encuentro como quien busca un nuevo amigo. El, extendiendo los brazos, abrió su alma sin reservas e hizo ella, allí, su nido. Se amaron en palabras. En versos se amaron. Compartieron ansiedades. Sus angustias se contaron y sobre lecho de poesía, en un jardín virtual, la orquídea y el colibrí sus sentimientos cruzaron.

Hasta aquí, lo que yo sé. Cualquier otra cosa, que la cuenten ellos.
J. L. Dasilva

Flor que a las flores canta
desde el amor que nace
cual nace el brote de olivo
entre el amor que vive
y el amor ya ido,
abrazando un sueño nuevo
desde el recuerdo sincero
por algún sueño perdido.
Así es que tu poesía
ha llegado hasta mis sueños
para quedarse conmigo.
(5/02/1998)

Bendita sea la frase
que puede darte alegría
cuando deseas llorar.
Bendita aquella palabra
que pueda ser compañía
en tiempos de soledad;
que pueda llenar un sueño
o al insomnio dar sentido;
y cuando la luz se ha ido
guiarte en la obscuridad.
Si son así mis palabras
rosa que canta entre rosas
te puedo yo asegurar:
viviré para escribir
y escribiré para amar.

Más cariño yo tuviera
ahora para entregarte!
rosa que canta entre rosas
iría entre linea y linea
navegando hasta encontrarte
en ese sueño perdido
sobre el que tu verso yace.

Ingrato aquel que te deja
gritando tu amor a solas-
las flores lloran tu llanto
en tanto que tú le lloras
sola entre cuatro paredes
implorante y malherida-
aún queda tiempo en el tiempo
sueños hay mientras hay vida.
(10/02/98)
Joan

Algunas cartas:

Irma:

Me siento culpable, muy culpable,
Como debe sentirse un asesino o un ladrón.
Me siento tan culpable, demasiado culpable
como al arrepentirse debe sentirse
el mentiroso y el estafador.
Me siento culpable porque soy culpable,
y vengo hoy, sé que sin derechos,
con mi arrepentido corazón,
con el alma hecha pedazos
y con tantas lágrimas en las manos
a suplicar tu perdón.
Soy culpable, reconozco mi culpa,
una culpa que será la huella viva
de un nuevo dolor.
Soy culpable.
Perdóname mi vida.
Perdóname, perdóname.
Fue inmadura e injusta
mi estúpida traición.
Hay una parte de mi amor
muy grande y muy sublime
que es sólo para tí,
es solo tuya, mi amor, tuya
y sólo tus besos la podrían redimir.
No tengo derechos ni condiciones
para optar a tu perdón
se han roto mis esquemas
sobre traiciones
y sin embargo sigue siendo
todo tuyo mi amor.
Te amo como a las rosas,
como a esos campos de que me hablas.
Te amo aunque sin remedio
debo comprender
si dices que ya no me amas.
Sigo suplicando
mientras te sigo en sueños
sin parar besando,
suplicando, suplicando...
No importa cuánto,
una y otra vez
siempre seguiré esperando
que tus ojos me vuelvan a mirar,
que tus manos me vuelvan a tocar,
que tus palabras me vuelvan a amar.


Joan:

Dile tú a quien de traiciones acusarte quiera
que abra al medio su alma y la ponga ante un espejo.
No hay mortal que al juzgar de tal modo su reflejo
pueda después enjuiciarte.

No entiendo bien lo que dices
mas, porque mencionas mis campos
y algún sueño en la distancia
yo presumo que diriges
a estos, mis ojos, tu carta.

No. No entiendo lo que dices
-más bien, no encuentro motivo-
¿algo habrá que desconozco
para que traición y culpa
en tu hablar tengan sentido?

Me hablas de traición
y no sé de que traición me hablas.
Pides perdón
y, que deba perdonarte,
no encuentro yo falta alguna;
¿algo nuevo hay bajo el sol
que no conozca la luna?
Y si acaso hubiere ofensa
en pensamiento, acto o palabra
¿quién soy yo para juzgarte?.

¿Traiciona el rosal al viento
que en caricias se deshace
cuando en busca de sustento
su raíz hunde en la tierra?

¿Traiciona acaso la sombra
al cuerpo al que va prendida
cuando por la luz herida
se desvanece en la luz?

No conozco tu pecado
mas, quien nunca haya pecado
- como dijera El Maestro -
tire la primera piedra.


Irma:

Armada de café y cigarrillos
mi culpa sin ser culpa
vengo hoy a confesar
mas no sé si deba contar
que una carta sin nombre
a mis manos fue a parar.
Una carta sin un rostro
Que yo debí contestar.
El nombre lo supe luego.
Venía muy cargada
de pasión, de desenfreno
y mi mente traicionera
a otros campos sin flores
se dejó llevar.
Y al llegar la calma
una culpa llena de lágrimas
vino a desarmar mi alma.
¿Qué puedo hacer yo
si mi naturaleza
está cargada de pura
sinceridad?
Por eso te lo dije,
por eso te lo tuve
que contar.
No hubo roce de manos
no hubo piel que marcar
solo mi mente y mis pensamientos
dieron rienda suelta
y se fueron a volar
por un espacio cybernético
del que por muchos días
me tuve que desconectar.
Ahora que lo sabes,
¿me podrás perdonar?


Joan:

Como ya antes dijera
no hay perdón necesario
-menos aún penitencia-
puesto que ofensa no hay.
No comete traición alguna
quien no actúa con maldad
ni comete falta alguna
quien no falta a voluntad
Y aún así no hay afrenta,
ni culpa que no se lave
en el agua cristalina
que brota del corazón.
Cuando el amor es sincero
el propio amar es perdón.
Puesto que hablamos de amores
no encuentro yo una razón
para dejar de soñarte,
sentirte, amarte, besarte
en tanto así tú lo quieras
-¡y aunque tú me pidieras
que se acabara esta unión,
dejaría de escribirte
mas, de recordarte, no!-

Ahí estás. Tras esa ventana que te acerca al mundo más allá de cualquier frontera; más allá de las paredes de esa habitación en la que lloras, amas y sueñas. Ahí estás. ¿Estás desnuda? ¿Estás vestida? No puedo verte. Sólo sé que estás ahí, observando a través de tu pantalla estas imagenes que, a buscarte, van envueltas en palabras; y puedo sentirte ¡sí! respirando aquí, tan cerca... Tal vez si abriera mis ojos... pero temo que al hacerlo esta visión que imagino, de pronto, se desvanezca.
Tal vez si extiendo mi mano... Si un poco más la extendiera y permitiera el cristal que, a través de él, ésta mi mano fluyera...
Aún a través del cristal puedo sentir el calor que de tu piel se desprende ¡ah! es tu mano que acaricia mi rostro, esta silueta en blanco y negro que viaja hacia ti a galope cabalgando letras, buscando tal vez, el verde grama de tus ojos para llenarse de color.
Tal vez si extiendo mi mano, tu mano logre estrechar...
Un poco más... ya estoy cerca... al contacto con tus dedos tiembla el suelo sobre el que apoyo mis pies.

Aún con mis ojos cerrados,
los contornos de tu rostro
toman forma y puedo ver
cómo el color de tus ojos
va adentrándose en mi piel
con ese tono azulado
que turba mi pensamiento,
que mis sentidos altera
y me hace estremecer.

Verde grama y azul cielo van camino al infinito.

Me pregunto de repente, ¿llegar más cerca..., podré? Quizás con un nuevo intento... Ayúdame tú esta vez. Condúceme hasta tu cuerpo. Llévame a tu desnudez. Sostenme y guía mi paso que, al contacto de tu pecho, el cristal de esta ventana sólo será una cortina transparente de papel y a través de ella, sin ruido, mi cuerpo entero entraré.

Voy con mis ojos cerrados.
No quiero ver sin sentir.
¡Prefiero sentir sin ver!.

Conduce por tus jardines a este ciego caminante. Llévalo hasta los rincones más recónditos de tu paisaje. Tus ojos sean mis ojos, sean tus manos mis manos y así, en un sólo cuerpo unidos, que dos almas se confundan, dos espíritus se amen.

Y después, bella Amazona, sube al corcel que te aguarda, aférrate bien a sus crines y al infinito cabalga.

Hilos de seda al viento,
suaves como el rocío,
fuertes como lianas,
sobre tu cabeza nacen
y se lanzan al vacío.

Hilos de seda al viento, los hilos de tu cabello.
Mis labios sobre tu cuello te van contando mis ansias.
Mis manos intranquilas remontan el promontorio
que surge en el mismo punto donde termina tu espalda.
La suavidad de tus muslos
la redondez de tus nalgas.
¡Cuánto camino hay que andar
cuánto hay por descubrir entre tus pies y tu frente,
de tu rodilla a tu cara!.
¡Y tus suspiros emergen de algún lugar en el alma
mientras mis labios sembrando van de besos tus praderas!.
Y se hacen más intensos mientras mis dedos avanzan descubriendo los secretos que, en sus hendiduras, tu cuerpo tan celosamente guarda.
El calor de tu piel quema mi piel como hierro al rojo vivo.
Ya siento correr el río
y remojo mis labios en sus aguas.
Con un ligero temblor tu mundo se abre a mis deseos para mostrarme el camino de la gruta en que el placer su máximo punto alcanza.
Guiado por mis instintos, me dejo, a ciegas, llevar.
Y penetro en su interior.
¡Ah dulce Amazona que sobre este corcel cabalgas!
Sin silla de montar, sin bridas, con la mirada fija en algún lugar perdido en la distancia.
¡Cabalga dulce Amazona! No te detengas.
¡cabalga!.
Un premio hay, para ambos, al superar la distancia.


Irma:

Para el protagonista de mis versos

Por eso, sí, por eso...
por eso es que te amo
como te amo,
por ser tan sincero
y comprensivo,
no dejes nunca de pensarme
de escribirme, de soñarme
así lo hago siempre
yo contigo.
También siento ese miedo
ese miedo de no estar en tus brazos
cada vez que caminas
entre mis flores
en tu campo,
el amor es así
y no puedo ni quiero
dejar de pensar en tí.
Hay cosas que no logro
aún en mí unir,
a fuerza de tantas traiciones
y mil desengaños
no sé cómo fue que
mi cerebro
logró romper con los lazos
que unían aquel bello sentimiento
de amor desenfrenado
a una pasión física,
aquel sexo de antaño.
Ahora es tuyo el sentimento,
ayúdame tú a unir
esos elementos de nuevo...
¿Qué dije?
no, no lo hagas,
no quiero volver a sufrir...
¡Ay! ¡al diablo el sufrimiento!
quédate en mi pensamiento
y en esta forma loca mía
que tengo de vivir.


Del diario de Joan (nota de quien publica)

Cuentan las buenas lenguas -no hago caso de las malas- que Irma y Joan cruzaron sus pasos en la distancia e intercambiaron sus sueños con algo más que palabras. Joan, jardinero errante, en un jardín tropical encontró a su rosa amada; Irma, pétalos al sol, con ansiedad le esperaba. Cuentan, también, que este encuentro en nada calmó sus ansias. "No les fue el tiempo propicio -dicen- tampoco las circunstancias".

«(...) No es que me conforme -escribiría él en su diario- con lo poco que puedo obtener de la vida en un momento dado. ¿Qué menos puedo tener de lo poco que tenía?. Con un abrazo me basta. No. No es cuestión de conformismo sino de estar dispuesto a hacer el sacrificio de pagar por adelantado el servicio que espero me preste el futuro a corto plazo; y es que, el futuro, no trabaja si no es así: después de haber cobrado. Es cuestión de aceptar lo inmediatamente posible, lo natural, lo espontáneo, sin intentar obligar al destino a darnos bajo presión aquello que, de cualquier modo, ya nos tiene reservado. Aunque pueda parecer muy poco, me conformo con el placer de encontrarme con sus ojos sin más distancia entre ellos que el espesor de mi mano; de apretar sus manos entre las mías y enredarme en sus cabellos; de conocer el sabor de sus labios y estrecharla entre mis brazos. Me conformo porque al contacto de su piel, por los poros de mi piel se me adentró hasta los huesos y hoy puedo decir que tengo más que imagenes dibujadas desde lejos con acuarela de estrellas sobre el papel de algún sueño. Aunque no lo lleve todo, llevo más de lo que traje y es mucho lo que aquí dejo. (...)»

«(...) Cuando quise ir más allá -de cierto era mi deseo- entre mi deseo y el suyo vino a interponerse el miedo o la prudencia, más bien, que para el caso es lo mismo. Miedo a desatar lo incontrolable en un lugar no apropiado. Miedo de exponerla a miradas inoportunas en un pueblo tan pequeño donde nada pasa desapercibido ni pasa nadie sin ser visto. Miedo por ella que no por mi: ella se quedaba allí y yo me iba muy lejos. Y ese miedo -o alarma de prudencia- que no me impidió explorar su piel cintura arriba, fue capaz de contener mi instinto y puso freno a mis manos cuando intentaron seguir camino cruzando, cuesta abajo, la linea fronteriza señalada por su ombligo. No era aquel el momento. No era aquel el lugar. Improvisamos como pudimos hasta donde se nos permitió.(...)»

Y a continuación de una nota que dice: "A Irma... flor que entre flores sueña, rosa que canta a las rosas..."

"... que no hay distancia ni tiempo
cuando el amor es sincero."

Alí Primera

se dejan leer estos versos:

Ayer me encontré
con la sonrisa de un pequeño.
Le pregunté
¿Cuál es la causa de la lluvia?
Y el mocoso contestó
que cuando lo tapa una nube
se pone a llorar el sol...

Yo iba caminando a solas
conversando con mi sombra.

Vacías están mis manos.

Estas son las mismas manos
que en aquella despedida
conversaron con tus manos
abrigando algún regreso.

Yo cada día te canto
y despeino tus cabellos.

No es mi culpa la distancia
y que pienses que es la brisa
quien ha besado tus sueños.

Hoy hace un año
de no vernos,
de no hablarnos
y sin embargo te quiero
y sigo pensando en sueños
que aún me sigues queriendo
que no hay distancia ni tiempo
cuando el amor es sincero

Yo te dejé mi guitarra
y me traje tu sonrisa
para aliviarme este frío
del tiempo que nos separa.

Me sigue cantando el alma
porque se quedó en mis ojos
tu figurita morena
y navegando en mis labios
el sabor de esa tu boca
que no lo borra otra boca
que no lo borran mil bocas.

No me digas que estoy loco
si mis labios entreabiertos
siguen nombrando tu nombre
si tengo pequeño el pecho
de tanto amor que te tengo.

Yo aún te sigo queriendo
aunque llore con el sol
si en tu ausencia está lloviendo.

Ayer soñé en el regreso.
Es más corta la distancia.
Yo ya te veo descalza
caminando hasta la cama
y te hago un vestido de besos.

Vida mía
¡cuánto te sigo queriendo!
que no hay distancia ni tiempo
cuando el amor es sincero.

Vestida vas con la brisa
que llega de la sabana
eres mujer de mi tierra
y mi canción clandestina.
Madera de mi guitarra
que sin tu voz se me calla.

Agua fresca de tinaja
tus labios siempre me dieron
y cuando tenía sed
te besaba desde lejos
que no hay distancia ni tiempo
cuando el amor es sincero.

Alí Primera

Tu mano fue el eslabón
que faltaba a mi cadena.
Con su mirada serena
tus ojos, continuación
le dieron a mi nostalgia,
(aquella nostalgia eterna
de incansable soñador.)

(...)

Donde quiera que yo vaya
irá conmigo el recuerdo
de aquellos labios tejiendo
un guante para mis dedos...

(...)

... y el delicado pezón
que se hizo miel en mis labios
y lecho fue de mi beso
cuando, mi beso, buscaba
un rincón para dormir.

(...)

Van tus ojos viajando
cruzando el mar en mis ojos
van tus manos en mis manos
y en mi cabello a dos tonos
va viajando clandestina
alguna hebra dorada
de aquellas que un día el sol
sembró sobre tu cabello.

(...)

En la quietud de mis versos más tranquilos
encontrarás siempre un pensamiento para ti.

Joan


NOTA: Seguramente el lector juzgará innecesaria y una total indiscreción esta intromisión por mi parte que, a simple vista, va más allá de mis atribuciones. Debo aclarar que fue el propio Joan quien me envió por e-mail estos fragmentos de su diario (¿cómo de otro modo podría yo conocerlos?) con la petición de que fueran publicados en esta página «... por si no pudiese yo hacerlos llegar directamente a ella». Y agregaba en su mensaje:

«... he vuelto a leer su página <Recordando a Alí Primera> y hay algo que allí ahora echo en falta. Me explico: coincidirá usted conmigo en que una de las letras más hermosas del poeta y cantor venezolano es aquella con cuya introducción se da inicio al homenaje. No recuerdo exactamente el título pero me baila en el recuerdo la frase "Aún te sigo queriendo". Un canto al amor desde la lejanía que tiene su segunda parte -a mi modo de ver- en otra pieza no menos hermosa, escrita años después y que lleva por título "Quisiera besar tu cuerpo". Aunque no dudo que conoce usted bien la letra de la canción a la cual me refiero, me tomo la libertad de enviarsela... y, si no es mucho pedir, ¿podría usted publicarla?.

Con mis mejores deseos para usted y su familia, reciba un fraternal abrazo de este su amigo, Joan»

Debo reconocer que si no había publicado antes la letra de esta canción (una de mis preferidas, por demás), es porque había algunas lineas que no podía recordar con exactitud. Ahora que la tengo completa, la publico aquí, en su página, para Irma y Joan.

J. L. Dasilva


Lo más reciente en PoeSite

Regresar al índice de PoeSite