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José Repiso Moyano
jrmjrmj@hotmail.com
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EN EL JUEGO SUCIO
En época de guerra se miente más que se dice -más por parte de los políticos-; en efecto, ¿quiénes somos nosotros para "decir" entre los que se matan y entre lo que se destruye si "decir" supone una justificación de la guerra? Así, el ser humano tiene tanta adicción ciega a la política - a la obediencia al líder, a la conciencia departido olvidando la propia- que puede llegar a convertirse en un verdadero monstruo contemplativo de la guerra -que la consiente- y a justificarla, porque su líder, su héroe, su país recompensador lo hace. Entonces, también los medios de comunicación -les gusta contar las guerras, pero prevenirlas con las presiones o las exigencias necesarias,esto, ya les pica -se apuntan a la campaña militar invitan- do a los guerreros psicológicos, porque les supone un negocio de audiencia o de lectores, porque maquivélicamente ven que al lado del vencedor más beneficios, más control, más aplausos sociales recibirán.
Cuando el manicomio de la guerra abre sus puertas ésos entran corriendo, porque el que defiende o utiliza la violencia pierde la razón, porque la justicia llega a ser simplemente papel mojado -cada uno aplica la suya-, porque los derechos humanos de las víctimas de la guerra son pisoteados -¿quién habla del sufrimento psicológico, de esa clase de tortura que sufren?- por hipócritas desvariados que nos dirigen, y salen en televisión para ser "santificados" encima.
No obstante, en objetividad, lo único cierto en una guerra es que alguien la decidió y que conlleva destrucción -la construcción ya se verá si es que se ve más adelante, pero nunca se reconstruye todo y se reconstruye lo que les conviene a ciertas políticas-. Y con la guerra en marcha las mentiras se suceden: "Iraq tiene armas químicas ahora", "La ONU ha dado el consentimiento de la guerra", "La guerra solucionará el terrorismo", "La guerra va a salvar a Iraq", "La guerra es benéfica", "La guerra es humanitaria", "La guerra no busca beneficios a los que la hacen" -cuando es prácticamente imposible que no los encuentren-, "España no interviene en la guerra" -cuando ya está allí protegiéndola o permitiéndola o suministrando los "otros" elementos esenciales de toda guerra-,"El no a la guerra es la opción más fácil" -cuando la guerra ha sido la opción más fácil en toda la Historia y no hay algo más difícil que enfrentarse sin armas al que utiliza las armas-, "Busco hacer el menor daño" -cuando les hace vivir el sentimiento de guerra a muchos y,sobre todo, a 300.000 soldados donde afortunadamente no está su hijo-, "La guerra cuenta con el apoyo de 40 países" -de los casi 200 que hay y cuando no ha sido lícito el procedimiento-, "La guerra busca a un dictador" - cuando la que debe buscar a un dictador es la Justicia, para eso se creó-. En fin, que entre tantas y tantas mentiras, el que esté de parte de la paz debe tener cuidado porque se hacen listas negras, persecuciones, apaleamientos de la polícía en las manifestaciones de inocentes porque éstas les molesta al poder responsable de la guerra y las perseguirá mientras se lava las manos de sangre, ¡y tan contento!; porque lo que le importa es que todo siga igual sin asumir alguna responsabilidad.
El pueblo debe hablar, por muchos obstáculos que haya, para que los políticos se enteren cuál es su voz: su libertad.
EL RESPETO EN LOS TIEMPOS DE LA CÓLERA
Empezando, todos tienen derechos humanos. También los cientos de miles de soldados iraquíes -no solamente los civiles- tienen derechos humanos; uno a uno y contados lentamente como personas. A de-cir verdad, no se puede decir: "Estoy respetando con la guerra", "Estoy decidiendo con la guerra el respeto" o "Respeto apoyando la guerra". Estas aseveraciones están fundadas en la falacia, pasando por alto el verdadero respeto que requiere la defensa del derecho a la vida -sin que haya nunca una justificación para negarlo-. Entonces, posturas de "Respéteme que yo apoye la guerra", "Respéteme que yo haga la guerra", "Respéteme que yo justifique la guerra", "Respéteme que yo defienda la pena de muerte", "Respéteme que yo me suicide", "Respéteme, en democracia, que yo piense que los negros son inferiores a los blancos", etc., no tienen autoridad moral y, más, atentan contra los derechos humanos. Así soy de claro, ahora y mañana, sea de derechas o de izquierdas, me guste publicar en EE.UU. o en Cuba, sea cristiano o musulmán, ¿estamos? Lo demás supone que toda valga y que cualquier sinvergüenza de la Historia pueda pedir respeto sin ninguna consideración a principios humanos. Hitler podría haber dicho "Respéteme que yo haga la guerra por salvar al mundo de los comunistas, están conmigo países democráticos"; y si se le hubiera hablado de los campos de concentración, él podría haber contestado: "¡Ah!, pues no ha llegado a mi conocimiento, ya se abrirá una investigación". Al respeto sí se tiene derecho, pero en virtud de "respéteme porque no utilizo o apoyo alguna vía violenta", con esta premisa siempre. No se puede pedir respeto disparando o aplaudiendo a las armas, ni con una ni con un millón de razones;ya que, aunque sea en defensa propia, sigue siendo el fracaso de un sistema social que no garantiza o evita que eso ocurra.
Por supuesto que hay que repudiar toda clase de dictadura incluida la de Cuba; pero lo que no se puede hacer es bombardear todo el país, o que quien juzgue al régimen cubano sea un país interesado que ha estado y está pisoteando los derechos humanos. El repeto lo manipula y lo corrompe quien lo pide defendiendo algún tipo de violencia. Respetar es tener en consideración, como si fuera la tuya, la vida de cualquier ser humano. Eso es. Respetar es no demonizar las otras culturas ajenas a la tuya, las otras religiones, las otras ideologías. El comunismo - como a un insen- sato le he escuchado - no es el mal de toda la Historia. Sólo existe después de Marx y es sólo una ídeología que tiene sus puntos negros como todas. Tengamos en cuenta que el capitalismo nacido de la burguesía, que enriqueció las ciudades y las hizo las autónomas de los otros poderes gracias a la industrialización y al hecho colonial, puso al mundo a sus antojos desencadenado bastantes injusticias. Ante esto, respondieron las clases más desfavorecidas -que nos han permitido la libertad- con reivindicaciones sociales e ideales con sus aciertos y con sus desaciertos. Pero, ahora, estamos vinculados a otros retos: a que no se cometan los mismo errores y a darle firmeza, ya por fin, a una escala de valores por encima de la cochina violencia.
Y siguen, desde el principio los belicistas quieren justificar esta guerra y todas sus matanzas recargando toda la responsabilidad "en el otro". Ellos, igual que Dios, no quieren tener responsabilidad -la niegan- ni con uno ni con un millón de muertos. Así son los que dictan el orden o su orden de controlar, de juzgar o de dirigir el mundo por la fuerza. Sí, la guerra con vencedor seguro que la pertrecha, elimina a cualquier régimen dictatorial, y es de una eficacia absoluta: bombardeando a Cuba se acaba con uno, bombardeando a Arabia Saudita con otro, etc. "Gracias a la guerra se acaba con el problema" -dijo alguno- y encima sin responsabilidad. ¿Cuánta sangre han derramado en nombre del bien?, ¿cómo pueden limpiarse las manos manchadas de tanta sangre?, ¿cómo lo hacen? Por el bien, se justifica la muerte; por la seguridad, también; por la paz y por la justicia, también. Si son capaces de justificar así, "no tienen corazón".
José Repiso Moyano
jrmjrmj@hotmail.com
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