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Tu cuerpo es una vasija de éxtasis
en mis manos de orfebre
yo te recorro vacilante
con el temor a los caminos inciertos
saboreando tus gemidos,
en el silencio, dispersos
mientras tu piel se abre en delicias prohibidas
le doy forma final a tu figura
y en medio de la noche húmeda
te enciendes
te quiebras
y estallas
empapado de ternura
Grávida tu mirada
de ternura,
esconde mi respuesta
tan buscada
Grávida mi alma
de locura, te pregunta;
¿Tú me amas?
Donde tu nombre
encendió llama
y tu cuerpo,
poesía
tu silencio,
fue agonía
Mi amor tan sólo roza tus
raíces.
Dentro del bosque de los grandes árboles,
yo elegí amar aquel que estaba prohibido
y bajo tu sombra grandiosa
florezco indefinidamente
Hacia lo alto te observo,
hermoso, infinito y creciente
Y no te envuelvo con mis besos,
para no detenerte...
Cuando todo en mi
se quiebra al verte
Cuando mi cuerpo es esclavo
de tu memoria inerte
Cuando el suplicio de amarte
es igual a vida
poesía, mi amor
es igual a muerte
Hoy estoy tan triste como un suspiro de la noche
si las estrellas murmuraran dirían que me vieron irme lejos
el viento se lleva mis lamentos, quizás por eso nadie escucha
que hoy soy un suspiro como esos del final de la vida
o como la tristeza con la que vibró mi cuerpo al sentir tu deseo
sabiendo que jamás podría cubrirte de besos
Quizás estoy así porque te fuiste sin habernos mirado
por no quedar envueltos para siempre en el reflejo.
Ahora sé por qué estoy tan triste.
Estarás escuchando lo que que el viento dice?
Lo que callé alguna vez. Gracias por irte.
Porque quizás te amo.
Morir en primavera
o morir en invierno
sobre tus ojos negros
yo construí un infierno
Morir dentro del frío,
de tu ausencia, del sollozo
morir amando tus brazos
sabiendo que no habrá otros
Cruel y agónica cobardía!
Querer vivir todo en un día
para no morirme de a poco.
Sólo tú y yo
mientras la noche observa,
solo tus manos blancas
pequeñas e inquietas
Respira, mi vida,
mi sueño, mi anhelo,
yo beso tus pies
como dos caramelos
Si respiras, mi niña
yo respiro contigo.
Ahora somos dos
en este largo camino
Si respiras, mi niña
se estremece mi cuerpo.
Ahora esta lleno
con la miel de tus besos
Si respiras, mi niña
se cura mi herida
mientras susurro tu nombre
mi dulce Agustina
Oh Dios, si donde ella fuera...
.........tras esa línea, esa frontera
.........de la mano yo la llevara
.........para que el cruzar no le doliera
Oh Dios, si tu hicieras...
.........que donde vaya no exista pena
.........no más angustias no más tristezas
.........para que volver ya no quisiera
.........porque tras esa linea, esa frontera,
.........queda un corazón triste que la extraña
.........corazón que es tan suyo que aún la llama
.........y que sólo puede decirle adiós en un poema.
Cúbrele el cielo de gardenias.
No hay nada mas poderoso
que tu cuerpo desnudo
bajo su tremenda sombra
mi alma reposa.
Divides la luz
en cada suspiro
moldeas el aire
en cada gemido
exudas volcanes
y estando dormido
aun pareces dueño de todas las cosas.
Este sentimiento que llega
cierra la mente y posesiona
a mi duro cuerpo castigado
por un fuego incontrolable que desborda
Borbotan las palabras en la tinta
y llora el papel en la blancura
tiernos amantes condenados
por mi mano que tiembla en la penumbra
Nace, vive y perece
se deshace en el vacío
de mi alma que no ha aprendido
a vivir con lo vivido
Por esta locura del deseo
desvarío inútil que poseo
voy recorriendo espacios muertos
en busca del aroma de tu cuerpo
por esta locura de quererte
trepo la montaña nuevamente
de tu firme rechazo y humillada
vuelvo a suplicarte, derrotada
más locura!
más deseo!
más encendidos desvaríos!
mi corazón recobra bríos
en la fría huella de tu sendero
Tú sabes.
que estos espacios entre segundos
se llenan con tu nombre
que el desvaído de estas tardes
no hacen otra cosa que invocarte
y aunque las brisas de domingo
me distraen con suspiros,
trato aun de recordarte,
mientras de a poco te olvido,
para no pedirte que me dejes,
ahora que ya me he ido.
A la tarde, a la noche
entre el tiempo que transcurre
entre la prisa, entre la gente
entre el silencio y el sonido
de tu cuerpo y el mio
entre tu distancia y mi recelo
amor,
amor,
te espero...
Llueve y las gotas cantan,
cantan, en mi ventana
como un coro de infinitos besos
susurran, y se abrazan
como espúreos amores caen
y mueren, en la nada
o como el deseo y tu infinita ausencia
sobre mi cama, derramada.
Hoy has muerto.
Finalmente.
Agónico amor, muerto en porfía,
sobre esta tumba fría,
de tu ausencia
y del deseo.
Sobre el vacío de tu alma,
desaparecen mis últimos besos.
¡Inútil y estúpida agonía!
Si alguna vez hubo un día
en que te amé, enloquecida
...............hoy... ya no lo recuerdo.
Mi amor no sabe del alma mía
nada sabe, él, sobre mi vida
Nada sabe de las flores,
de soles encendidos, de viejos temores
Mi amor no sabe nada de amores
Sólo sabe que los días vienen con las noches
y que las noches son suaves si se comparten
El no conoce la vida en lo profundo de la vida.
No sabe de sentimientos hechos desalientos
ni del dolor profundo e inquieto.
Jamás deseó la muerte por despreciar la vida
¡Mi amor no entiende las poesías!
..............y jamás pregunta...
A lo lejos
A lo lejos mi angustia recorre tu figura.
A lo lejos,
como si este suspiro
aun pudiera acariciarte
Ahora que mis manos ya no te imaginan
solo se contentan con la tristeza.
Y dejan morir estos versos,
para que no puedan evocarte
Sentir la soledad
después de tanto tiempo.
Sentirla y odiarla
por estar tan dentro.
Sentir el vacío
de este amor perdido,
la confusión,
la ira y la pasión
muriendo lentamente
dentro del corazón.
Sólo querer hablarle
para volver a empezar
Sólo querer amarle
para sentir amar.
Sentir el cielo,
la tierra y el viento
para no sentir la soledad.
Y saber que él ya está muy lejos
y que no volverá a llamar.
En la noche
En la noche
Te buscan mis ojos con locura
entre sílabas y palabras ya olvidadas
entre la ausencia y el deseo que persisten.
Tan tristes.
Ahora que todo y nada nos separa
te imagino en la luna jugando con mis versos.
Y eras pequeño
pequeñas las manos
los pies y los dedos
pequeño tu cuerpo
diminutos tus besos
pequeño el eco
de mi voz
en tu alma;
de hielo.
Era verano.
De aquella primera vez
guardo la imagen virgen
de tu cuerpo
Tarde de sábado.
Y estaba yo ardida de esperarte.
De blanco, húmeda de tus manos.
Aun recuerdo cuando descubrí tu boca,
de miel y estaño.
Nuestro tiempo,
pasado y perdido
es ahora presente,
futuro y vacío
Infinitamente vasto,
e infinitamente mío
Ahora que ya sé
Ahora que ya sé,
que todo lo que tú eras,
fue tan sólo mi amor
esbozándote en la bruma
Cómo le digo a mi corazón
que deje de esperarte?
Cómo le digo a mis ojos
que dejen de buscarte?
Cómo le digo a mis manos
que mi piel y que tu cuerpo
fueron pálidos reflejos,
de un oasis; mi deseo,
nacido en el desierto
de tu alma y de mis besos?
De mi no se dirá
De mí no se dirá
que no presenté batalla.
Que ante paredes de acero.
no alcé ballestas
Que no fui al mar
de noche y a tientas.
Que en los restos no hallaron
mi alma enhiesta.
Que no encendí el fuego
que ahora se apaga...
Porque en la vida yo quise,
ser al muro, el viento
el sol, al agua
sombra y barricada.
De la lápida de mi tumba
ellos borrarán mi nombre.
De mí no se dirá
que no presenté batalla.
Mientras tú, entre las piedras
tus palabras guardabas.
Infierno
Sobre la tierra, tus pasos
en la brisa, tu sonrisa
bajo el sol donde tú brillas
mi piel es una cáscara amarilla
y mi agonía, son recuerdos
amargos herrumbres de tu nombre.
y el futuro que merezco
por este anhelo, es el infierno
por no perdonar lo que debiera
por ser ahora lo que tú eras
Porque vivo del deseo
del cruel futuro inevitable,
cuando la tierra vengadora,
se apiade de mi alma y te reclame.
Qué será de mi?
Te amo como se aman
las cosas que ya no existen.
Empapada en las nostalgias
y en las viejas alegrías
Te amo con los recuerdos
en sueños de agonías
Arropada con mi pena,
tibia de melancolía.
Que será de mi cuando
me olvide de la tristeza.
Que será de mi cuando
esta costumbre tan mía
Aferrarme a tu esperanza
que me retiene en la vida.
Desaparezca.
Te dejo.
Del castigo ardiente de mi amor
te he liberado
Del cielo huracanado del deseo,
de la bruma cálida de mis besos...
Libero de mis manos
y de mis versos.
De mi amor; cruel flagelo
del que eras reo.
Mi corazón no tiene memoria
Hay algo mas fuerte que yo
que me impide volver
No me preguntes que es
ni porqué.
Tampoco me pidas que olvide
Cómo podría?
Mi corazón no tiene memoria...
Otra vez
Otra vez, amor,
será otra vez
Ahora sé que tu amor no pudo bastarme
como sé que mi voz no puede alcanzarte
donde quiera que estés.
En otra vida, en otro mundo
amor, el amor será otra vez.
Yo te estaré esperando
espérame tú también.
Tu corazón y el mío
por el mismo camino
Hacia donde van?
Inmóviles de frío,
cargados de hastío.
Morirán.
Nuestras dos soledades
envueltas por siempre,
No saben ser más.
Oasis
Refugio, mi alma
te busca antes del despunte
del alba.
Voy hacia ti en la noche
cuando el desierto irascible
se apaga.
Oasis, instante único
cuando tus ojos y el silencio,
me aman.
y me olvidan, y te olvido
para no recordar nunca
como volver mañana.
Para Vivir
Me aferro a lo pequeño
lo diminuto, lo significante
de las partículas del tiempo
que, como el aire
Son sin verse.
Del beso tomo el roce
de la caricia, el viento
me aferro a lo que sólo tengo
que decae.
Y sigo, y persisto
continuo en el frío
de la inmensidad
y el vacío;
mi amante.
A las dos ciudades de la Guerra
Duerme la niebla de azufre a la ciudad ensangrentada duerme en
húmedo silencio y lentamente se calma
Duerme la niebla profunda en la tibia noche azulada cae entre
los antiguos altos espacios y se desgaja
Caen las ciudades deshechas entre historias pasadas
Como duerme la memoria humana impasible y apagada
Y se muere la verdad eterna entre las conciencias apagadas
Nunca nada volverá a ser igual
Aunque lo pida, aunque lo ruegue
Estoy inmune a la realidad perenne
Estoy lejos más lejos que mi mente
No me preguntes qué es lo que tengo
No me preguntes si me voy o me quedo
El camino está hecho Y hoy tengo nostalgia del cielo.
Un sonido en la incesante pradera un aroma a frescura,
.........que brota de la tierra empaña la tristeza que
surge de las tierras en forma de bruma
Y el olvido, y el recuerdo y el paisaje que se mezclan, en confusa y dulce mixtura con un hondo sentimiento de ternura
por el amor que se me escapa más allá de las llanuras.
A ti, el de la palabra suave como el viento,
dime, por qué me haces esto?
tú que no sabes nada del dolor y las soledades largas
y dices ser todo de alegrías.. dime por qué me siento
vacía
aun si tú me acompañas...
Piecitos
Piecitos de hambre
piecitos de niño
Piecitos humanos
pequeños y ufanos
pidiendo mojados
tocando mi mano.
Descalzos de amor
y llenos de espanto,
De miedo
De asfalto.
De sangre
Y de llanto.
A mi lado
Mi esencia es un eco plácido de tu sonrisa
Me despliego como un gran arcoiris bajo los colores de tus manos
Como un eterno sol olvidado que al fin brilla
Por qué mi cuerpo irradia y voy inventando la brisa?
No lo sé.
Habrán sido quizás tus ojos soberbios y claros.
O ese beso, descuidado.
Y tu voz, tan hermosa!
A mi lado.
Luna Nueva
Mi corazón te espera.
Cuento espacios
acaricio segundos
la piel tiembla
el alma contempla
la materia se detiene
el ritmo se apaga
el sonido es silencio
mientras todo te llama
Sin que nadie escuche.
Primavera y verano
otoño y espera
los meses son cuentas
de un rosario de ausencia.
Los centímetros de la tierra
de tus pasos me cuentan.
El cielo te vigila.
El viento me susurra,
habla de lo que murmuras.
La noche oscura
sabe del amor que me despierta
y le dice a la luna
que apiadándose de mi espera
cómplice, te busca
invisible sin que la veas
y sólo por encontrarte!
Se vuelve luna nueva.
Me tienes.
Me tienes.
No te hacen falta más palabras
Me tienes con la mirada.
En el valle, en la montaña.
Voy donde tu vayas.
Sólo existen tus pasos.
Tu sombra es mi trampa.
Me tienes.
Te adueñas.
Me silencias.
Acaso no te das cuenta?
Quiero ser el eco de tu existencia.
Ahora
Si he de olvidarte
será mejor que te olvide
ahora.
No hay tiempos adecuados
para esto de dejar de
quererte.
No hay excusas.
No hay retrasos.
No hay espacios ni
reemplazos.
Como nunca y como siempre.
Hoy tu muerte será corta.
Mañana sería batalla,
y otra eterna derrota.
Por qué?
Te creí valiente
y te creí osado
Creí que cruzabas
los mares a nado
De ti se decía,
con miedo y susurrando
Cuidado!
Es aquel que destruye
muros con sus manos
es dueño del miedo
y amo del pánico
y que todo sentimiento
lo habías llevado
como tu arma
a la batalla.
y que por haber perdido
y por haber ganado,
señoreabas la muerte
con tu espíritu bravo.
Ni cuando te amé te detuvo,
el querer ser amado.
Porque ahora me dicen
los que te han mirado
que yaces ante la vida
triste y derrotado?
Mendicante
Tu ahora me pides
cuando ya lo di todo
Desparrame flores
por los campos de lodo
Cruce mares y desiertos
con una carga de dones
y regalé oro.
Ahora que me pides
que puedo darte?
Tengo el alma descalza.
Cansada.
Y mendicante.
Despierta
En el concierto de la noche
solo suena un reloj antiguo
y persistente.
Su sonido, preludio del presente,
compone notas sincrónicas
del silencio que me aguarda.
Ahora despunta el alba.
Cierro los ojos y aun veo,
aquellos deseos que no fueron.
Promesas, palabras y recuerdos.
Partitura de un amargo derrotero.
Adagio de compases frustrados
incluidos en el armónico de mi vida.
Como los amantes. Habrán querido.
Vivir sólo una andante alegría.
Amanece y una cómplice estrella
tararea esta melodía siniestra
Dios mío, empieza un nuevo día
y yo, como siempre.
Despierta.
Cuando te miré
Cuando te miré
fue como
si no te hubiera mirado.
Y recordé.
Tus sonidos.
Tus espacios.
El sentido
mágico
de mi mundo
a tu lado.
El ritmo
frenético
de mi corazón
enamorado.
Pero fue tan sólo
un segundo;
un universo último
de nostalgia
y de llanto.
Un duelo silente.
Al fin.
Terminado.
La derrota
Heme aquí bajo
la mas cruel de
las derrotas.
Otrora hubiera
sido feliz.
Ahora.
Que no soy más
esclava de la verdad
o la mentira,
Y enarbolo la
realidad como
mi honra
Nadie podrá
otra vez
decirme
Que lo que quise
no debió
ser querido
Que lo que amé
no debió
ser amado
O que peleé
por lo que debió
ser perdido.
No hay testigos
del despertar
que me acongoja.
Otrora hubiera
sido feliz.
Ahora.
De rodillas
sucumbo
herida
ante el
dolor moral
de la victoria.
Penitencia
En este encierro
no encuentro consuelo
En estas paredes
guardianes del alma
las vigas se acercan
semejando dagas
No existe una puerta
No existen ventanas
El resto de la casa
es fría y helada
en la noche al menos
la paz que anhelo
condensa el silencio
en rocío de sueños
Y en palabras.
Sueños de jardines
de tardes soleadas.
De risas, de besos
y lenguajes secretos
De ojos soberbios
de abrazos eternos
Una brizna de pasto
escondida en el pelo.
Un bebé en los brazos,
regalo del cielo
Un barrilete enredado
en un árbol cercano.
Un hombre amado.
Así será mi vida,
una casa vacía?
Deseos perdidos
en noches de frío?
El sol me huye.
Deberá tener miedo
de mi alma cansada.
De mi esencia alocada
de palabras frustradas.
Si Dios me observara
me vería callada,
en dura penitencia
olvidando y olvidada.
Tamara
Con la elegancia
de la armonía
Tamara, caminas.
Tu cuerpo es música
y salvaje melodía.
Solo un Dios podría
haber diseñado
misterio y ternura
en tan pequeña criatura.
Y esconder el secreto
de todo un universo
en tu mirada gatuna
Tamara, de noche
te pierdes bajo la luna.
Qué habrán visto
tus ojos amarillos
en mis manos humanas
que traicionas tu esencia
durmiendo en mi almohada?
No me distraigas
Ahora voy en busca de mi.
Desciendo profundo.
Bajo lo escindido de la mente,
derrotada y resiliente
vuelvo a lo que fue
y no debió haber sido;
desde el dolor de ser
hasta la traición de la muerte.
Vuelvo a mi.
A luchar con lo inerte
Buscando lo perdido
y erigiendo lo caído
Vuelvo a nombrarme.
Desgarrando la simple
sutileza de la carne,
reconstruyo la realidad
Por favor.
No me distraigas.
Antes
He de reflejarme en ti
amor, como la luz del
día en el nimbo plácido
de las tardes.
He de ser parte, y todo
de tu voz, de tu cuerpo
erguido frente al viento.
Ahora mi boca no se sabe
mas que tuya y mi piel no
tiene mas recuerdo que
aquella vez primera.
Porque antes de ti, amor
sabiéndolo y sin saberlo.
Yo no era.
Antaño
El aroma de la
flor que alguna
vez fue mía
perece.
Antaño,
el amor infatigable
persistía agazapado
ante mi puerta.
Esperando,
el roce
las manos
la piel, los ojos
o la boca.
Buscando arderme
y atraparme
para darme forma,
una y otra vez
en este juego nocturno
e incansable.
Otrora fue.
Antes,
que el tiempo envejeciera
en mi regazo
y mi corazón se hiciera rancio,
en algún estante.
Amor.
Yo sé por qué te niegas.
El vacío de estas manos
es reflejo del pecado
de ayer. Mis ojos,
no saben donde buscarte;
son cuencos que ahora drenan
la tuya, única esperanza.
Y muerta la metáfora
que entibió la tinta de mis dedos
en la rutina del calmo olvido
espero la última de mis tardes.
El silencio
Mi piel es el silencio.
No cualquiera, no aquel
que espacia las sonrisas
y los momentos.
O aquel que hermosea
los jardines.
Mi piel ya no es eterna.
Distante. Serena.
Espera.
No fue amada, mi piel.
No siente.
Y no sabe amar.
Y silente, es ajena.
A cualquier pertenencia.
No fue albergada en ningún regazo.
Es traslúcida al amor.
Al abrazo.
Y no merece ser amada.
La felicidad de los otros,
se vuelven dagas que atraviesan la herida.
Donde desangró mi ternura.
No hay significado para el consuelo.
Por el futuro,
negado.
Por quien debió haberme amado.
EL PECADO
El viento recorre el alma,
la noche devuelve el silencio.
El segundo decae. Cierro los ojos.
Es que corren los relojes del tiempo.
Recostada en mi parque dormido.
Sólo la tierra me habla.
Protestan los musgos,
Sisea el retoño.
Bosteza un árbol dormido
crujiendo un reproche.
Ubicua en el rocío.
Sólo la atmósfera me contempla.
Y no me juzga.
Todos aquí escuchan.
Olvidan.
Perdonan.
He pecado. No he sido.
He apostado mi vida a la soberbia.
Y he perdido.
El miedo
Ayer estabas,
dulce como la noche,
verde del parque.
Ayer estabas
y te tuve un segundo.
¡Amor, amor, que tu sino
me proteja y me ampare
de su boca,
de sus labios
cuando al fin
dejen de ser lejanos!
Ha de morir una parte
mía, esa que dice
que no existes.
Quedaré desnuda
ante sus manos.
¡qué desazón!
¡qué agonía!
¡esa de quererle
y no quererle!
¡de temerle más
que a la misma muerte,
porque más que la muerte
me atrae!
Despiertame.
Llévame al parque.
Déjame brotar entre tus raíces
para que se me contagie la vida.
Háblame hasta que sepa.
Cómo escucharte.
Búscame incansable.
Mas allá de mi alma
Quiero encontrarte.
Mi niña
Tus ojos transparentes me reflejan,
el no ser de tu cuerpo es ahora mío.
La blancura de tu rostro me vuelve un fantasma
que quiere velar por siempre tu cuna.
Entre dos segundos te rozó la vida
ahora te elevas mas allá de mis manos
y te vuelves tenue como la brisa del parque
donde te dejé dormida la última tarde.
Ya no puedo abrazarte, amor, ya no puedo.
El dolor de tu nombre es un horizonte infinito
hacia donde debe partir el resto de mi vida.
Fantasma de amor Fué tu amor,
un instante.
Imaginario e imaginado.
Sombra de estrella. Suspiro del suelo.
El más silente del parque.
Te amé porque necesitaba amarte.
Y ahora irme es mas que olvidarte.
Es deshacerme y recrearme.
Porque mi alma sólo ama vacíos e ilusiones.
Sombras de estrellas. Espíritus de fantasmas.
Esculpirán en mi lápida "ella, que no vivía".
Cuando sucumba, algún día de otra mortal fantasía.
Mis vidas
El filo de la noche despunta un recuerdo.
Oscuro de frío, intenso como la luna del parque.
Una rima de colores verdes descansa silente.
Acarician mis manos.
He perdido tu nombre y la sabia de tu cuerpo.
Eres como el crepúsculo. Desvaneces con el tiempo.
Y lejano,
te pierdes en una sinfonía de matices extraños.
Hube de amarte alguna vez.
Dice mi cuerpo que te ansió con locura, que te buscó
como el sol a esta luna.
Que hizo de tu aroma una piel que envolvía
la mia como bruma.
Y que hizo de mi cielo un infierno.
¿Cuántas vidas he vivido desde entonces?
Tantas como he muerto.
Déjame que muera en tu noche
Deja descansar la noche.
Se arremolina a mis pies
el viento que lleva las hojas
y dispersa el tiempo.
Deja descansar la noche.
Resuena tu voz,
en la noche del parque
bajo el ombu encantado.
Deja que muera tu noche.
En la cual duermo.
Cuan hermoso tu sueño.
Tan sereno
Y ahora el silencio.
Olvídame, mi amor.
Olvídame.
Déjame que muera en tu noche.
Es hora de otro despertar.
Ribadavia
I
Rivadavia. Le diste
una vez a mis noches
el verde azulado,
y la luz mortecina.
Donde estaban entonces
Tus amaneceres musicales de pájaros.
Sólo la luz cansina
Que se desgaja entre las copas.
II
Rivadavia,
tardes llenas de lonas, sillas
personas y más personas
en voz alta.
El canil de los perros
que juegan al amor descubierto.
Mi ombu encantado,
una vez alimentado
de historias de la casa vieja,
ahora enredado con niños.
El patio de juegos y sus madres
Los titiriteros que saben a arte.
El ruido de la vida
Vibrando en risas pequeñas
III
Rivadavia, mi parque.
Eres el placer de mis tardes.
Tenue respiro
Cae una gota de agua
furtiva. Estas sola.
La noche no tiene sonidos.
El aroma de la tarde aun perdura.
El frío. La altura.
Los árboles se mecen como
Silentes barcos dormidos.
El mar a mis pies, verde
resplandece ante las luces
mortecinas del parque
Otra noche. Un suspiro.
Canta un pájaro dormido.
Dios también esta solo, dijo el poeta.
Y derramo una lágrima en forma de libro.
Quisiera llorar ese llanto divino.
Pero no puedo. No estoy sola.
Me acompaña el olvido.
A mi hermana
Eres yo y te había olvidado
No te vi. No miré
mi piel tuya más blanca,
mis ojos más pequeños.
Las manos largas de la abuela.
Las fórmulas matemáticas
de algún pariente lejano.
y ese hábito tuyo de acomodar las cosas
ordenadas por colores y por formas.
Eres parte de mí.
Parte de lo que soy
Y de lo que no seré nunca.
Parte de lo que fui.
Arcón de mis memorias
Te tuve entre mis brazos
cuando eras una brizna de ternura
En algún momento decidí olvidarme
de aquellos juegos que nos unieron.
De las mu&netilde;ecas rotas,
De los fantasmas de la noche
llenos de miedo a la sombra de la muerte
que te amenazaban desde la altura.
los sonidos tristes de la pieza húmeda
de la casa vieja de Pompeya.
Tú dormías y yo despierta.
Contando los segundos de la negrura.
Cultivé la tristeza sin saberlo
Heredé el hábito del silencio.
Y el amor empobrecido por la locura.
Ahora que conquisté la fuerza de la memoria
Y sé cómo renacer cada mañana.
Quiero irme contigo donde quiera que vayas.
A jugar el juego de la otra mitad de la vida.
Y aprender a ordenar mis cosas.
Por formas y colores.
Av La Plata
A solas en el comedor
desgastado de la casa
vieja,
cubierta de arrugas,
arrullada por recuerdos
años y años cubiertos de polvo
y libros cansados
apenas me atrevo a mirarte.
Este es mi lugar,
en donde transcurrí sin saberlo
donde heredé más de una historia
los patios cansados del sol de Buenos Aires
angustiados de humedad y lluvia,
envueltos en plantas
grillos y gatos perdidos.
Desde mi habitación, la pequeña
me llama un recuerdo.
¡Ah, el miedo!
Volver todos estos años
y no encontrar otra ternura
más que la imaginaria.
Marea
No ceso de contemplarte.
Me recuerdas al mar nocturno.
Pletórico de estrellas
escondidas en lo profundo.
Es mío tu resplandor
y el suspiro de las olas,
que decaen en mi orilla.
Una caracola dice tu nombre.
Dulce como una noche de río,
acariciada por el viento
teñida de espuma y silencio.
¿Como será amarte?
Envolverme en la marea
poderosa de tu cuerpo.
Zozobrar en la pleamar
De este deseo prohibido.
Y ahogarme una y otra vez
en el horizonte de tus ojos.
(A Gustavo M Sosa)
I
No quiero dejarte,
no quiero perderte en la memoria
dejar que te desmembres entre la rutina
de las fijas tardes de mi vida,
quiero ser parte de las calles acaloradas
custodiadas por el río; manso, dulce,
este río que se me mete en la piel a cada momento,
que me hace llorar en secreto
que me hace extrañar el amor nocturno,
ese amor de hombre que resuena
en cada una de tus riberas.
Como mirarte y no desear ser amada de esa manera profunda
distinta,
.........imponente,
..................segura.
como no desear que me lleves bajo el cielo o la lluvia
perder toda voluntad bajo el color gris de tu superficie
para no ser más
que parte de tí, y así saberte
hasta lo más profundo del limo.
II
El Paraná es un hombre hecho de miles de amantes.
Como no querer ser amada en una noche ardiente,
sumida en la oscuridad y la confidencia,
cuando no existe más que el río,
la noche, y tu palabra
y la vida que se me agolpa de repente ante tus ojos.
El diálogo perfecto
Se deslizan las palabras,
una tras otra,
cadenas de recuerdos
pedazos de vida
El diálogo se establece poco a poco.
Los aromas intercambian sílabas silentes,
en una canción suave que no sabe detenerse.
Mi piel no conoce otro lenguaje más que el aroma.
No digas nada. Escucha,
deslízate hacia mí,
Junto al silencio.
Donde significan todas las cosas.
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