A modo de presentación![]() Eres la costumbre del crepúsculo que cae sobre las tardes de otoño. La sombra del silencio manso que recorre las mañanas del parque. Ahora eres todo el espacio. Interno a las cosas que rodean mi mundo. Pequeño. Quien era yo, quien era. Antes de buscarte en cada momento. Antes de ti, antes de tu sombra. El eco triste de un amor abandonado. En la mitad de la noche mi alma pregunta si te amo. He de enamorate aún en la distancia La soledad se acongoja al sólo murmuro de tu nombre. No me posee ya, no pertenezco más que al deseo quimérico, radiante. Encendido. ¡Qué poderoso es el recuerdo de lo que no ha sido! "La Quimera" (febrero, 2005) Página anterior
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Lucía E. Muñiz: belleza y sentimiento, de la mano con una técnica intuida que se perfecciona palabra a palabra. En una pequeña hoja de papel blanco, un recorte cuadrado de esos que usamos para escribir notas y recordatorios en la oficina, copié uno de los poemas, el más corto, diría, de los escritos por Lucía. Se lo di a leer a la primera persona conocida con quien tuve la oportunidad de conversar mientras tomábamos un café. Vi que lo leyó con interés y, al terminar, pude notar algo parecido a una lágrima reprimida en su intento por conocer el mundo exterior. ¡Ah!, la voz universal de los poetas que cuando creen que cantan sus alegrías y tristezas no hacen sino repetir los gritos silenciosos del mundo entero. En otro papel de igual tamaño, había copiado un poema de un excelentísimo poeta tomado al azar de un libro de mi biblioteca. Se lo di a leer y al terminar me dijo "no lo entiendo" y agregó "mira, yo no soy buen juez en esto... no leo poesía porque no la entiendo". "Pero, este poema te emocionó -repliqué, señalando al primero- pude notarlo" y terminó diciendo: "Sí, pero eso no es poesía, es un fragmento de vida que puede ser la tuya, la mía o la de cualquiera". Hay, sin duda, una cierta diferencia entre la palabra estática, la que tiene igual significado para todo el que la lee y la palabra viva que se adueña del alma del lector reescribiéndose en cada uno cada vez. "Con buenos sentimientos se hace mala literatura" (¿Heidegger? ¿Gide? ¿Gide parafraseando a quién-sabe-quién? ¿Heidegger parafraseando a Gide?). No es mi intención "desmenuzar" la frase ni tampoco citar a nadie -sería reconocer que "nadie" tiene más razón o sabía algo que nosotros no sabemos-; sólo me referiré a ella para decir que sin sentimientos -buenos o malos- se hace demagogia, discurso, retórica, campaña publicitaria y si a ello añadimos técnica (siempre asumiendo la ausencia de sentimientos "buenos" o "malos"), lo que obtenemos es alimento para el oficio del crítico que es crítico porque de eso vive, pero ¿eso es poesía? ¿qué es literatura? ¿quién decide cuándo la literatura es "buena" o "mala"? ¿Bajo qué parámetros objetivos?. Discútalo quien quiera discutirlo. No entro en la discusión: sin sentimientos -buenos o malos- no hay poesía. El poema no lo hace quien lo escribe ni quien lo juzga, ya sea objetiva o subjetivamente, sino quien lo lee y, más que "quien lo lee", quien lo intrepreta y después de interpretarlo lo aprehende para sí mismo y lo conserva como parte de su memoria (lo cual nada tiene que ver con recordar cada uno de sus versos sino con conservar su esencia, el mensaje, la vida de cada imagen recibida cómo si más que un poema leído fuera parte de la historia personal). A veces sucede, incluso, que el lector convierte en una joya aquello que para el escritor no era más que un pedazo de carbón que se le cayó del saco en algún rincón del camino y ya no importa lo que quiso decir el poeta sino lo que el poema dijo al lector. Para presentar a Lucía -o más bien para que nos hable de Lucía-, me basta, pues, el más corto (que no el más pequeño) de todos sus poemas (aquel que todavía llevo escrito en uno pequeño papel cuadrado, doblado entre el teclado y la pantalla de mi vieja "Casio Digital Diary SF-4300R): Cuando todo en mi poesía, mi amor Ocho versos cortos: la cantidad estrictamente necesaria, sin más longitud que la estrictamente necesaria ni más adornos que los estrictamente necesarios, -en un lenguaje cuya comprensión no necesita alardes de erudición ni visitas al diccionario-, para formar un todo en que la Lucía-mujer se sintetiza como mujer y la Lucía-poetisa nos entrega su intimidad para que la guardemos junto a nuestra propia intimidad. Esa será, en todo su hacer poético, una constante: síntesis, claridad y libertad para entregarse en el decir, sin ningún tipo de reservas. Este es el prólogo más anticipado que se haya hecho a un libro (el que necesariamente habrá de imprimirse más tarde o más temprano, aunque, una vez impreso, no contenga este texto por ningún lado) y la más tardía de todas las presentaciones (cuando ya sus poemas, aún inéditos, han hablado tanto que cualquier presentación que yo pueda hacer es absolutamente innecesaria); en cualquier caso, aquí queda, para ti, Lucía, mi saludo y mi reconocimiento. José Luis Dasilva. Caracas, noviembre,2005 |
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Lucía E. Muñiz
lmuniz@redhv.com
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