- P o e S i t e -
M a r c e l o
M o s c a r i t o l o
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P o e S i t e - | | |
Doce poemas
Me hago un espacio en el tiempo, trato de insertar vida en mi vida,
busco ocupar espacios vacíos, que cada día tenga una estrofa,
cada semana se haga verso.
El día se apagó temprano, el aroma de un sahumerio
perfuma mis sentidos, una lampara de luz difusa parió sombras de
otro yo, siguen a compás cada uno de mis movimientos, al
observarlas me dan la espalda.
Me acompañan un par de fieles amigos, no dicen si ni no,
se confunden en el silencio, escuchan cada uno de mis pensamientos,
dan forma a varios de mis versos.
En un pocillo ámbar con cicatrices del tiempo yace un café,
gotas y cenizas mantienen relaciones indecentes, una brasa de mi ultimo
cigarrillo alcanzó para un orgasmo, hace unos minutos que ya son
pasado como ese café humeante, el sudor de mis anteojos te hacen
difusa y lejana.
A un lado el platillo de hojalata desbordado de cigarrillos, una
colilla se consume al unísono de mis suspiros, su tufillo dice que
ahí está, ya es otro habitante de mi propio cementerio,
consumámonos aclama con voz tenue consumámonos.
Sarcásticamente esbozo una sonrisa, el humo me recuerda algún
garito, allí el café solo era color de piel, de pieles
firmes, tensas y sudorosas, ya víctimas de algún otro verso.
Trato de plasmar con mi pluma mi sentir, quiero que conozcas
profundamente mi pesar, este antro que me rodea y me confiesa no me deja
mentir, me marca el tiempo para terminar y volver a empezar, pero si
es mi reloj avisando que debo partir.
Te dejo en cada rincón, en cada ambiente, en este papel
junto a aquel café, en libertad para que pienses, en libertad
para que te quedes.
También te llevo a todas partes, como a mi atado de
cigarrillos, como a mi corazón que dice que estoy vivo, que
estas viva, que le des vida.
Hoy te dejo y te llevo en una estrofa, para mañana volver a
encontrarte hecha verso, sentirte, hablarte y escribirte de otros tantos
temas, esperando así que arribe Diciembre, entonces mirarte y
regalarte doce poemas.
Decisión
Los días son oscuros, mis caminos regados de piedra, los
amaneceres son duros, en el campo ya no crece la hiedra.
Las noches negras y frías, ya no tienen brasas ni llamas,
las madrugadas sobrias, sueños poblados de pesadillas nonsanas.
Los almuerzos sin sobremesa, son moneda corriente, llevo a mi
boca una fresa, me pierdo entre la gente.
Atrás quedó la oficina, voy de regreso a casa, un
pensamiento me calcina, dios sabe que me pasa.
Los ángeles bailan todos, los niños en rueda saltan,
sobre un muro apoyo mis codos, mientras miles de grillos cantan.
La bruma humedece mi cabello, una lagrima surca mis ojeras, me
inspira el cielo azul y bello, al fin dije que te fueras.
Los días soleados amanecen, ve como canta esa alondra,
será por que crecen, campos y campos de hiedra.
Sumergido
Aislado, entre un polvo parecido a talco me muevo, como un escarabajo
paseando en el desierto, veo atrás y esta el camino, pero solo mis
huellas, porque es mi camino, todo para mi, todo mío.
Sin darme cuenta, que egoísta me estoy poniendo, hubo momentos
que supe compartir y disfrutar, también eran otros tiempos, sin
desenfreno, creo que con la mente mas clara, y mas limpia.
Extraño los años que se fueron con el tiempo, como la
luz de los ojos que guardaba en mis pupilas, como las hojas del otoño,
que navegan en aguas del invierno, pero el otoño volverá y
las hojas allí estarán.
Hago un alto en mi escritura para escuchar el silencio, en mi cabeza
las ideas triturándose, demoliéndose, con la sombra de mi
pluma dibujo sombras que se esfuman, con la vista las persigo, y las
pierdo, y las pierdo.
Inerte como un tronco petrificado estoy creciendo, solo distingo
fuertes sabores y el aire sin olores, en la pesadilla que vivo aspiro las
ultimas ilusiones, como el ave que perdió sus alas y encontró
una pluma.
Del polvo vengo, en el polvo vivo y en polvo me convertiré, nómade
como arenas que dan mil formas al desierto, donde los caminos viven en el
viento, donde los puentes llevan calor al invierno.
Y transito callejones húmedos sin sombras, y cruzo barreras
sin vías ni trenes, y nado por el presente a una costa inexistente,
y lentamente me canso, y me hundo, y me hundo.
Se que se acorta el tiempo a cada momento, y de mi dulce posesión
no me desprendo, y me aferro, a ver si otro idiota cae en el polvo, en el mío,
y me sumerjo solo y sigo siendo egoísta.
Una tarde de Mayo
Aquí estoy escribiendo estos versos sin tiempo, con un clima
que hostiga de la noche a la mañana, con un cielo blanquecino
inmerso en una nube, la tierra arcillosa seca sus lagrimas sin compromiso.
La temperatura cae en picada, sin frenos, se siente en mis nudillos,
en mis cartílagos, mi nariz se adormece y se hace obstáculo
de lagrimas, y huelo los húmedos arbustos y la lluvia y la tierra.
El horizonte esta al alcance de mi brazo, nunca te tuve tan cerca,
casi en mis manos, el andar apresurado de un carro me viste de lodo, y
en la lluvia me lavo, y me peino y la bebo.
Y camino con mis pies helados, como las altas cumbres de Alaska,
como aquella base en la Antártida, como el nido de un cóndor
y la cuna de tantos niños.
El tiempo apremia como la sociedad excitada, y el frío y la
lluvia y ahora el viento, y resisto y regreso y te quiero, contra el
frío, contra la lluvia y contra el viento;
porque estoy en la tierra y aun esta fresca.
Campanas
Estudio tus pasos como dibujan trenzas en el suelo, la sutileza de
tus piernas y la belleza del flamenco, dibujas aureolas de presumidas
curvas, como olas que rompen en espuma.
Amor que caminas en el campo sin pisar la espiga, abonas la tierra
con la esencia de tu pasar, aclaras el agua de los canales con el riego de
tus lagrimas, y cosechas el trigo con la palma de tus manos.
Un as de luz de tus ojos se refracta en el río, surca la
superficie cristalina del agua dulce, dulce como el destello de tu mirada
en el lecho de piedras.
Imagino un cumulo de hermosas excitaciones, en un cofre de placeres
exóticos lo archivo, pero espontáneamente son expulsados al
exterior
erguidos sin uniforme, se posan alrededor, como guardias de una
alcoba real, en su interior suenan las campanas de tu corazón.
Todo Momento
Paloma que recorres el aire que me da vida, como el polvo navegas en
el viento, con tus alas adornas las mañanas, para que mis
despertares sean placenteros.
Haces brisa de la brisa, te mueves como un sueño en la noche,
le murmuras al silencio placentero, y desde mi hombro le susurras
indecencias a mi oído.
Perfumas nuestra morada con jazmín, que abanicas suavemente
con tu color blanco tiza, impregnando las agujas del reloj, saborisas el
tiempo.
Conoces de mi trabajo y de mi descanso, extirpas mi tristeza y
apaciguas mi euforia, como el aire que me da vida, estas allí en
todo momento.
Medanos
Admiro tus formas redondeadas e infinitas,
como un laberinto de millones de curvas que te llevan al cielo,
y a la vuelta de cada una encuentro otra,
como todas esas ilusiones que acarreo de pequeño.
Entre millones de diminuta piedra te haces inmenso,
te calmas con la lluvia,
te enfureces con el viento,
ciudad nómade sin gobierno.
Por donde te toque dejo mis huellas,
como la mirada se pierden en un pestañeo,
en el día tu piel tibia, sedosa y tierna,
en la noche fresca, vestidura de otro cuerpo.
Al observarte mi vista viaja hasta el horizonte,
al acariciarte mis dedos dejan un surco en todo tu cuerpo,
aunque quiera besarte te camino y no te encuentro,
como en todos mis abrazos te esfumas al suelo.
Y allí estas sonriente nuevamente,
con otra forma y en el mismo cuerpo,
sin que se note la edad a pesar del tiempo,
vendiéndole sonidos al silencio.
Te miro y te admiro, y te pienso,
y no te veo, y no te encuentro, y te siento,
y contigo me acuesto, y contigo me duermo,
e inconscientemente con mi cuerpo te penetro.
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