Cuando me respondes sin memoria, esa que dibuja un corazón en tus labios, sepultan mis ojos los últimos versos. Tu mano no más grande que mi beso. Tus sueños que sueñas sin las palabras . . . Descansas, solo descansas para crecer entre tus mismas nubes. (en las nuestras, al crecer nos alguien de afuera se encargó de legarnos, tormentas que parecen inacabables) Recorro tratando de pensar en tu naciente despertar y mil palomas nos dejan un río. Taiel futuro, mi mano hermanará tu mano, de abuelo padre abuelo, de tantas marcas en mis manos. Te cedo un mapa de caminos, mi pluma, mis teclas, mi música, y mis penas para que no sean tus penas. Te marcaré en cada ladrillo en que habitas un cuento sin blancanieves, un país que puede, un río que asombra, un remo y su chapoteo, y una barranca donde la rosa dejó una espina a mi padre. Te llevaré al lado del caballo, sin domas ni rebenques, sin el castigo cruel de los que doman. Te contaré sobre la estrella que más ilumina, Frente al puerto en que descansa y canta el poema. Tu mano no más grande que mi beso, el que dejo ahora en tu cuna, unido al alma beso de tu madre y tu padre, los que en sus ojos nombran tu futuro. (marzo, 16, 2002) Llueve, y solo siento que alberga quietud. El silencio es quebrado por los gorriones y la lluvia que cae. Es entonces que me doy cuenta que el aire en este instante es triste. Mañana saldrán los colibríes y las cigarras a quebrar el aire y los gorriones a aparearse y el humo del pan en la tarde a beber el sonido que dejó la lluvia incasable y nostálgica. Mientras tanto vos con tus palabras, yo en mi sillón viejo y cansado reclino mi cuerpo para no pensar en nada. Noble virtud de algún momento, mientras la lluvia triste de este febrero cae abatida. Si no escribiera, estaría sentado esperando una nube franca que levante mis huesos entre un laberinto. (Saben mis lunas abanicar un abracadabra, y de golpe firme salir engominadas golondrinas a vagar el cielo que pronuncio, el que aspiro entre puntos y partidos verbos.) Es cierto también que los amigos no permitirían quedarme nublado, ni que el teléfono llame ausencias. Es maravilloso saberse dueño entre tanto abrazo, y más aún, tener el premio hermano del mate siempre cebado y cálido. Si no escribiera, no tendría una yunta de peces rondándome a la deriva, en mis huecos azules. O saldría a vagar por cornisa de vientos grises. Lo más probable es que si no escribiera, el río no me ría, y el canto de los pájaros sonarían a misterio. "Solo le pido a Dios" (título de una canción por León Gieco) Que no te evoquen para la guerra, que el hombre relea y revea todo su macabro arsenal de orgullo de juntar monedas para quedarse. Que el grano pertenezca para las manos de quienes siembran con sus manos. Que los misiles sean fundidos para el arado. Que los imbéciles fecunden en sus cerebros un campo de flores para sus propias tumbas. I only ask God ("Solo le pido a Dios", title of a song by Leon Gieco) Traducción al inglés: Silvia Brandon-Perez That they do not evoke you for war, that man re-reads and re-watches his macabre arsenal of pride of collecting coins to remain. That grain may belong to the hands of those plant it with their hands. That missiles may be fused into plows. That imbeciles may engender in their brains a field of flowers for their own graves. TRATAMIENTO El oftalmólogo me ha recetado estas gotas para mis ojos. Entre tanto malestar le he dicho que me arden, me pican, siento escozor, me duelen. Dos gotas en cada ojo, cuatro veces por día, dice la receta. El tratamiento concluirá, y es mi deseo el alivio, será placer mirar a diario el fin de la ironía humana, por cada guerra. |
ricardo d. mastrizzo
leoncaio@netcoop.com.ar
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