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A modo de presentación | |||
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Poesía (Claroscuro) | |||
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| el autor |
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Cuando yo estuve aquí (poéma inédito del libro "Claroscuro") Yo estuve aquí: esta fué mi alma, mi altura, mi verdad, el vendaval, la tempestad en la que zozobraron mis ansias, ay! y el tumulto, las volcánicas lavas que arrasaron todo lo vivo: el oro que sepultó tras sí todo lo índigo, las ardorosas manos y los cielos caídos como píos de la rama más alta, yo Calibos, yo Ariel, yo el Mago, también estuve aquí, pero fué el otro, el otro, que despertaba minuto tras minuto tras de las marejadas que las auroras dejan tras de sí. Yo el otro de mismo, el que ahora se vuelve sobre sí, -paso de danza que no alcanza el presente, ni la sonrisa del querube-, pasado que retorna o círculo vicioso que la visión perturba y torna todo púrpura, la pasión ya agotada, pero viva en la muerte. Ah niño mío,señor de los vientos del espíritu y el aire que aún usurpas el no lugar -el no a lugar-, de un pasado sometido al olvido y sin embargo, pura visión angélica tras mis pasos que vuelven, como la aparición o el sueño de encarnados espéctros -y dibuja, en mis cansados labios, en el alma del alma, la sonrisa olvidada entre cipreses y aguas más cálidas y turbulentas que la muerte. Seré hoy un espectro? Será el adviento que un pasado sin torna, prometido en los sueños?. Di tú, pequeño astro que turbas el ansia que aún impulsan los signos que me traes y el idioma del muerto. COMO CONSTANTINO (poema inédito de "Claroscuro") Cuando los Dioses nos retiran el habla, soplo por el cual el alma canta y da calor y neuma -todo soplo de vida-, el ánima, empalidece y calla. Como podría ser en su mudez la roca, y peparar encuentros con la luz de nuevos Dioses? o la luz tocar a diana, para " repatriándonos", entrambos, despejar horizontes y abrirnos al pétalo cerrado que florece, como afirmaba Ekardth, sin por qué?... La misma habla, su naturaleza , muta y la cizaña sembrada en nuestros huertos, pone cerrojos a la espera. Empero, como Constantino frente a la adversidad, debo mirar caer los muros sin desertar las armas. LA IRA DE DIOS (poema inédito de "Claroscuro") Si el corazón como un durazno seco y sin vitales sabias, y el verano, como un buitre que sin cesar golpea las puertas del destino para recordarnos, que sólo sombras errantes somos, recuerdos de un pasado aferrado a la pequeña inmortalidad del deseo ( ser no es querer perseverar en su ser Spinoza, no ), sino desaparecer, trasponiendo umbrales, ir más allá, del otro lado, porque siempre existe lo abierto y el vuelo de lo abierto- lo sabe el pájaro, sí, lo sabe-, y el deseo jugando en ese espacio, también abierto de otra memoria más profunda que ésta. ¡Ay, Thanatos! Si Eros quiere profundidad aún en tus pasadizos y sombras, por los que preferimos pasar, y contemplar admirados a la doncella de rizos de oro, sonriendo bajo las aguas y los saucos, ofreciéndonos el cáliz del olvido, abriéndonos las puertas a los cielos más leves y a los aires más puros, mientras dos ángeles nos sostienen junto al abismo que ya no es abismo sino caer levísimos hacia arriba, mientras los dioses nos sonríen, a través de la pequeñísima "inmortalidad" del deseo donde se disgrega el ser y el tiempo deja caer sus dardos sobre nuestras almas. CANTO DE ORFEO (del libro inédito "Claroscuro") Y el canto, el canto, oh Dioses, que religaba al hombre con la tierra: la dulce y beatífica que penetrará en tus huesos y abrirá tu esqueleto a la luz de los cielos, al viento de las sierras, al mar, al mar, sus infinitas olas y todas las estrellas que marca EL destino de dioses y mortales, el canto humano y celestial, demoníaco o santo, El que ha huido del mundo dejando tras de sí el desierto que crece, la gran voz de los muertos, las cenizas de la memoria que nada nombra sino el precipicio que se adelanta de la nada: Pronto Caronte, pon a tus remos alas y que mi sombra y yo fulminados seamos por el rayo que animó el canto y es hoy solo negra mortaja, solo hiedra ya seca sobre el muro que cierra el desierto que crece, aquí en mi corazón y en la voz de las zarzas hablaron a Moisés. CLAROSCURO El duro pan de soledad El zarpazo del tigre agazapado en la noche El invisible en el día, La sed del infinito que se agota En el infierno del desierto, La sangre coagulada vuelta A sus orígenes, el sudor y el miedo Y el cansancio que el trivial comercio Con la efímera eternidad del verbo Se hacen oscuras obsesiones, El yo condenado a sabiendas y el cobre de la Campana del crepúsculo Que llama a reunión de vivos y de muertos Y qué harás hoy sombra de sombras Que finges no conversar con las augustas Sombras de los muertos Tú que sigues el camino que termina En el corrupto círculo que se repite una y otra vez una y otra vez "vox clamantis in deserto" y la campana llamando al ángelus y la madre traslúcida mirando desde la luna la soledad donde se acunan las mortales caricias de los sueños sigue sin embargo sigue muriendo que en tu principio esta tu fin aunque aquí no existan ni principio ni fin sino la corrupción que los segundos preparan en silencio para que el círculo se cierre y nada como el alud de las montañas se cierne sobre ti. Difícil despertar, difícil entrar a la casa de Las sombras donde los ángeles Son los daimones que la obra puso Para verter en ella el veneno que El tímpano y los ojos la atávica memoria, el gusto de la luz y todo aquello Que extraviado está, hagan del duro pan errancia del nonato, los dientes del vampiro que lucen marfilíneos a la luz de las aguas. II Ahora que el camino es uno solo para muertos y vivos Ahora, ahora, el asalto fatal Pesa sobre las almas como el viento Y la peste, como el beso y la llaga, Que ignoran los que muriendo sueñan Con la vida, enamorados del crepúsculo, Enamorados de las hojas del verano. III Una rata en la nívea ingle de Jesús, Un linchamiento en la esquina de París Para Villón, un silencio cargado de presagios Para el frágil Lenau, el duelo interminable de la suerte Para quien lo ha perdido todo y ha muerto mil veces como Rembrandt van Jin, dos tiros súbitos para Kleist y su amante Retrato, la buhardilla y la vejez, el tartajeo de Holderlin, Rabia, solitud, rayos, centellas para el último Dios Que canta al universo y se llama Beethoven, El si roto por demasiada luz de Nietszche, Trino y uno demente Artaud y el tiro de Celan, Espejos para mis manos y mi boca y el duro pan De la agonía de ser el don, lo que se da, El pez y el tiempo, el tiempo, el duro pan Que los demonios han puesto en mi camino, El lecho, la guillotina, la sangre convertida En camino hacia un balbuceante abandonado Niño en mitad de un jardín que nos conduciría Al infierno de la vejez y el abandono. IV Cuando, cuando, madre, vendrás a mí En luminosas mañanas De praderas incediadas por gritos de monos y balidos de terneros tempranamente destetados como yo, tu Ángel deyecto aquí, en ésta tierra de nadie, baldía de deseos y de imágenes, cómo no ser aquellas, fuera del tiempo, murmurando, murmurios de suiriries en los esteros que se devoran las temblorosas ancas, los jadeantes belfos de los caballos Ensillados para partir hacia auroras de oro. Y las noches, a las noches madre, las abiertas Madres cubiertas por las ubres de luz Que titilan aquí en el alma, aún, fuera del tiempo, Fuera de la incuria y la penuria de lo Que nos devora penosamente como Cronos A sus hijos, madre terrena, madre que nos levantas Sobre la aurora y cuidas el torrente de la sangre Que aún fluye, lentamente, lentamente, Por las arterias donde el manantial ya seco Se abandona a la muerte de la vida, A la vida de la muerte que nos abría Túneles, pasadizos radiantes, puertas de centelleantes Cuerpos, manos, labios y grafías, cuando Comenzábamos a partir en búsqueda de un Absoluto que hoy, madre, es seca mar, Salina de los ojos, y espera, espera, espera, De un milagro, del prometido adviento, Ya cerrado, ya amurado, y nosotros los presos De aquellos luminosos jardines Que fueron nuestros y sobre los que ahora se cierne, sólo el desierto, sólo el desierto. V Y esperamos la muerte, ahora que dialogamos Asiduamente con la muerte Llevando la corona de los muertos En la cruz del calvario del deseo de la vida, -de Eterna vida y gozo eterno- nosotros, crucificados por la palabra y en la palabra amor secos como la mar de muertos dioses-, fieles al designio de aquellos que se mueven en nosotros, sigilosos, custodiando las horas y los días que asignados nos llegan a nosotros que seremos tasados como objetos de un mercado macabro; cuánto cuesta la Eternidad y la corona de aquel que agonizaba por el hombre? Cuánto la locura que Zaratustra vertió en sus salmos O las mudas cuerdas del piano de Holderlin, La cuerda de Villón, el tiro con que Van Gogh Saldó su deuda con el arte, el derrumbe de Poé, La soledad de un niño triste agonizante y solo en las perdidas "Iluminaciones" de un interminable viaje, cuánto, cuánto, mercaderes de llagas y luminosas mañanas, fariseos del templo que conduce deste mundo al quiebre de otros paralelos que nos conducen a ser más hombres, a ser intasables por los contadores de los frutos del espíritu donde la abeja, la reina del Estío, continúa libando más acá de la muerte, más allá de la vida. (Oscar Portela. 18 de junio de 2003) BODAS CON LA LUZ Un día temprano, súbitamente florecí con la luz ese día la luz nació y se hizo carne, se hizo voz, se hizo huella y amaneció noctámbula dormida entre mis brazos como abeja sin madre. Más tarde me desperté con ella y descubrí en mi abrazo sus terribles abismos: fui su esposo, su esclavo, su mutilado mártir, y en los naufragios reinaba como la voz del miedo y la sombra acudía a su encuentro, con la cruz invertida de los vastos naufragios y las esquirlas que la noche puso en su casto cuerpo de doncella indomable. Fue la luz primigenia del día primero de gracia donado al desterrado príncipe sin corona ni mirtos, -el rapsoda voraz que canta ahora los crepúsculos y el reino no conquistado de la luz vulnerada, - destrozado por los litigios del día y de la noche-, azotado por las llagas de la melancolía y de la cuadratura del sol del mediodía, que escande, llaga, y exilia a sal y amarga hiel de la melancolía, y el abismo de aquella luz tornándose toda ocre. Así, me perdí tristemente en el abismo de la razón, en las blancas salinas y los desiertos paramos del que no tiene patria, ni boca para nombrar cenizas de palabras, señales de muertes innombrables de aquella virgen del Estío primero, entre palmas y abras solitarias, donde se filtran los fragmentos, entre huellas de sangre y presagios- aún presagios-, de mensajes de abriles que recuerdan el día en que llamé a la luz, -encanallada ahora, harapienta, arrepentida de sus delirios y los míos-, buscando el nombre único, el exacto compás y la tibieza exacta de una larga promesa. Pobre niña, pobre patria expatriada, pobre deseo inerme entre cruces y llagas-, cuando ya nadie busca ser Dios, acariciado por el viento del Éter más azul y más claro: luego se aleja pensativa, dócil quizá, entregada al escarnio de los días que pasan, y marchitadas flores por corona-, alrededor de túmulos se arrodilla ligera, para en silencio buscar al vástago del día en que llamé a su puerta y vino a mi sin preguntar por qué. (corrientes- argentina- 2003) El final Antaño sobre el azul, la deriva del sueño voluptuoso "el mundo interpretado es solo sueño", y no el tempestuoso mar que ahora lanzo contra mi para olvidarlo todo. El gran ojo del cíclope que me abandona a los designios del azar. Antaño, las cinturas desnudas, el agua pura que caía del cielo y no las pesadillas del circulo vicioso que a ningún lado va. Nada puede la soledad contra el azul que ayer me protegiera, y que desamparado deja mi cuerpo hoy, azotado por la imaginería de la infancia. Quién podría decirme continúa? No hay ya pasado ni futuro en el presente que se deshace tras las iras del viento. Oh, Calibos, rema en la noche de la Estigia y del pasado que aún me requiere hasta hacer del instante, el vacío, la opacidad, la dispersión, el Caos de antes del Caos: Qué hacer con los minutos y los días. Vuelta mi sombra contra mí, por qué no hacer de la nadeante nada, sólo la sal de un pasado que se repite infructuosamente, hasta perderse en la escritura de sí. (oscar portela - 10 de julio de 2003. Corrientes. Argentina) AGUAS CRISTALINAS (a Zoe Arroyo) Un murmullo de cristalinas aguas oigo bajo mi corazón: bajo mi corazón de niño y príncipe de las verdes praderas que recorría en mi caballo blanco, con el cual atravesaba los sueños de los cielos mas turbios o de los deseos más azules, allá, en la heredad perdida, la verdadera patria que a veces vuelve a gemir en mi, ya destronado, y muerto mi caballo, pero las aguas puras, cristalinas, suenan en mis oidos y mis cantos, arremetidos ahora por el ángel que lejano, me dicta, continúa la alabanza de vida, el puente que conduce de esta puerta estrecha, a las del amplio cielo que surcaba alguna vez y va conmigo aunque yo lo ignore. Eso me dice Zoe, y a pesar de las hojas del otoño, yo continuo. (oscar portela. 31 julio de 2003) LA PALMERA Muere súbitamente muerte. Yo soy esa palmera rodeada de montes, azotada por vientos y por inclementes soles, perseguida por las pacientes aguas subterraneas que pudren mis raices, poseído por el cierzo del invierno y por la soledad del pajaro que alimento de dátiles: por la vida que alimento y elevo claramente en el abra del denso monte, la vida se sostiene, se sostiene el deseo que alimenta la muerte, muere pues, subitamente y álzame, álzame hacia lo intocado, incorrupto que ignora el tiempo dentro del cual vida y muerte se procrean y laudan. Muere súbitamente muerte. En un claror de espasmos, el amor, muere súbitamente y se lleva conmigo los restos del naufragio: muere súbitamente y llévate la vida que me diste, los ojos que pusiste a mis manos, las manos que pusiste a mis ojos y que huecos están desde que tú, profecía, muerte, poesía que embriagaste con el ácido zumo de la vida ausente estás, ausente: aquí puso la boca todo abismo bajo las alas del verano que me esposó al recuerdo de la carne, cercanía desnuda, ensombrecida, bestia hambrienta de muerte. Muere pues, súbitamente, muerte: el aire es más azul, cuando convulso, el aire trasparente me suspende en sus aires y soy todo cenizas. EL TEMOR El temor de no poder morir, consumirme como el ansia de vaciarme en la nada y consumar las espectrales dichas, fantasmales memorias, sangrados, pero sin despertar, recuperar lo inmemorial, las huellas, las primeras visiones, el habla que llegaba entre las brumas y los amaneceres, que son ahora espejismos como el deseo de vaciarme en la nada,y sin embargo, deshabitándome, como un extraño huesped, pretende aún retener el sonido de los vientos, los colores, y los olores el jardín de la madre: ¡ah, extraño pasajero!, adiós, adiós: deja que permanezca el duelo interminable, las interpelaciones, las respuestas, y la imposibilidad de matar al minotauro: El temor de no poder morir. Cesarían los días abruptamente, y las sombras caerían sobre mí: he aquí mi féretro, aquí mi responsorio, el nombre soplado por las cañas de las llanuras que me llaman. Maldición es la vida. vasto, vasto desierto, totems que desaparecerán también, sin temor de no poder morir: y ahora, es mi nombre de muerto quien dice, soy yo quien habla, quen dice y quien recuerda fragmentos de lo que fué, instantes, sólo repetidos por el temor de no poder morir y la criptografía de los sueños, los fantasmas y el sonido del viento por el cual se entra a la nada de la nada que yo espero. oscar portela agosto.2003. Corrientes. argentina LA DISTANCIA La distancia entre tú y yo -la soledad- el trabajo del duelo en donde todos los rostros se confunden y la memoria se hace añicos en los espejos: los años y el compromiso de la fidelidad a lo sagrado, corazón ultrajado, débil urna, ya seco como los granos de la mazorca mancillada por siglos: el Dios que no aprendí a cantar aún, la danza de la gran ausencia de la aurora, las visiones del gran desierto donde los ángeles mueren de sed en medio del desierto y las visiones que morirán contigo, allí, al borde de la nada del cual tejes los sueños del sueño inteligible que inundaba la vida - el sol, el sol- la espada de Gabriel y la belleza de Satán, antes de la caída, y la serpiente de la soledad que inyecta su veneno en las almas, y el gran oceano donde se dispersan los fragmentos de las visiones de David y sus fantasmas, tú y los tuyos, en el estuario de los muertos,apenas el gusano, la distancia entre tú y yo - la soledad y el duelo donde todos los rostros se confuden en la memoria donde se hacen añicos los espejos, los años y el fiel compromiso con la fidelidad de lo sagrado. oscar portela- Corrientes- Argentina septiembre 2003 CORAZÓN Humo, cenizas,imagenes transoñadas, oh corazón, cansado, corazón al cual la cizaña, la soledad, la luz vitriólica del poder, la hipocresía, lo han marcado para siempre, para siempre marcado, ya no iluminado corazón por abras donde la dulce luz permitía emitir silenciosas plegarias, al principe de los manzanos, al apasionado amante que ceñía con sus brazos el mundo de tu cuerpo, ah corazón encenizado, gris, girando alrededor de las traiciones, olas de un mar que se repite, oh corazón al que puede llegarle la hora, la hora que caerá como una hoja, silenciosamente, alumbrada por la luz de la luna que nos vistiera y desvistiera a orillas de una niñez marcada por el oro hoy transfundido en gris, en humo, y en cenizas, oh desolado corazón. oscar portela- Corrientes- Argentina octubre 3, 2003 CIRCULO VICIOSO Y bueno, aquí estamos. En un no"estar". Y bueno, aquí y hacia adonde si desconocemos el rumbo? Soles de amaneceres ácidos, crespúsculos vacíos, noches repetidas como las olas de la mar y la misma búsqueda por estrechas veredas- las mismas cinturas deshaladas asfixiadas por la pasión del absoluto-, el mismo estéril eratico goce y el espasmo que comunica con los latidos vitales al despertar de un sueño circular como el de un ave depredadora, sobre su presa y pasa el tiempo y pasamos nosotros, el mismo instante y bueno, aquí estamos, a ningún lugar hemos ido, -la esquina muda y "muda" tiembla bajo la mano de los hombros, pero tus piernas, tus ansias .........................de volar, tu espantosa sed, que es la sed del vampiro que aspira a ser el Otro, alcanzarse a si mismo y ser cenizas llevadas por el viento- el mismo ser que de la nada hace, espacio cósmico y morada se pregunta: y bueno, aquí estoy, inmóvil frente a la eternidad y el vacío del tiempo que no redime ni al amor, ni al espanto, ni al vacío mas hondo que el vacío. hsta aquí hemos llegado y de aquí hemos partido. Sólo los mafilineos dientes son fulgentes reflejos de iridicentes lunas que hoy sangran preguntas como aquella que dicta: y bueno, que hacemos hoy hermanos? hasta aquí hemos llegado. (Oscar Portela, Corrientes, Argentina 20 octubre del 2003) LA QUERELLA Silencio y soledad pez untado en mi boca, proferido destino que no abandona el habla. Habla por mi desierto donde ninguna huella existe: dí el vacio del mundo, del alma su querella. Contra todas las cruces aún se alza el velamen que levanté en las horas de un claro mediodía. Si la noche se cierne sobre mi cuerpo expuesto al vértigo del tiempo, si el pesar se desploma sobre mis tristes ojos y las cenizas vuelan un postrer salmo abierto a las luces del mundo cantaré en alabanza de una patria olvidada: origen del origen que siempre ha estado ausente, sueño por el que todo fué anunciado sin serlo. Así surgen las notas de mi rota garganta, con la sangre vertida y el sacrificio a cuestas: A pesar de lo que Habla sin callar ni el silencio, seguiré hablando en sueños cuando trigo y guadaña profieran en mis sueños el decir del olvido. (Oscar Portela, Corrientes,Argentina Noviembre de 2003) El lamento de Ulises en Argentina ¿No era éste mi laar? No miraban mis Ojos a través de sus días y la naturaleza animada de Dioses no cantaba en las entrañas y las concavidades de los espejos de mi sangre, animando el ritmo de los días, floreciendo en los maravillosos ciclos de la vida? El viento, y el olor de las aguas, el indigente invierno y el verano rapáz, bajaban serenamente durante las noches desde los cielos hasta mis asombrados ojos el entero universo: ¿No era pues este mi lar?. Los rostros tatuados en los sueños y los fantas y espectros que aún latían bajo la tierra virgen como ua abeja de estío, una y otra vez fecundaban el nacimiento de los Dioses y los tinaes aún me hablaban en sueños: ¿No era éste mi laar? Los ecos del horror, la lascivia y el luto que ensombrecen la tierra, y los voraces llantos no moraban aquí, mientras los principes lucieron las principescas galas y las rizas santificaban los sacrificios y sahumaban templos hollados luego de desconocidos iconos. ¿No era éste el lugar al que Ulises partió y ahora nadie recuerda? ¿Y donde se hallan las nobles danzas del deseo? ¿No era este mi lar? ¿Que ha pasado en mi tierra que oscuros soles se han apoderado de todo?. Ahora sólo me queda la vagabunda eranica del conterrado, y las cenizas que borrarán mis huellas sobre la tierra, muerto el jardín donde mi alma jugaba cuando niño. Sé que Penelope teje la iridicente llama que alumbra aún el dintel de mi casa, la eterna vuelta y el círculo del laberinto que no conduce a ninguna parte, salvo al cautiverio del desconocido en su propia patria, llena hoy sólo de coronas y espinas. (Oscar Portela. Corrientes - Argentina- diciembre 2003) Argentina Despierta "Me duele España" (Miguel de Unamuno) "El desierto en el que se ha adentrado la Argentina no tiene retorno" (poéma inedito de Oscar Portela) (Subtitulo: Pavana para una infanta difunta (A Julieta Jantus Portela, Abril Diaz Portela y Delfina Diaz Portela) Ay patria mía, matria andrajosa y vejada, no abandones ahora el alma de tus hijos: los preclaros varones que mecieron tu cuna reclaman desde lejos tus cantares de gesta: ahora que aquel niño en su portal se adormece velemos en silencio tu entresueño profundo: como en un buque en tinieblas que avanza entre las brumas, con espectros que fueron tripulación y maestre patria mía extinguida entre "cardo y ceniza", "despertaremos todos para cantar con júbilo?" Venid nuevas estrellas, nuevas costelaciones, lo natal os espera en pesebre de heroes, Argentina Despierta, tus raices aún viven, no las disperse el viento, ni disporas de frio: Un pueblo redimido por titanes y Dioses, no hollará así el desierto de los tiempos oscuros: el adviento esperado soplará todo espanto y en alabanza extática himnos entonaremos: Bienvenido nuevo año en cuna que gestará otros nietos, digamos sí a la nada, cuando el poniente anuncie nuevas constelaciones y otos soles nuevos advengan para el mundo: Para todo vinimos a fundar tierra nueva a bajar hasta el huerto, agua, mar, tierra y "cielos", la dina cacería aún no ha terminado. la jabalina espera antes que caiga Troya. Oscar Portela - Corrientes- Argentina 12 de diciembre del 2003 No Ni el árbol alumbrado en mitad del abra, ni el empinado pino en la densa colina, ni el banco oscuro en su espesura donde un hombre piensa en solitario sobre el destino del alma errante sobre la tierra, oculto a las miradas indigentes, en el sendero oblicuo que conduce a una umbría cabaña, ni madre sentada en el"claroscuro" de un patio en sombras, sitiado por jazmines que deslumbran las miradas del alma, podrían ya redimirnos de la deriva y el exilio de la intemperie y el lamento de Hecuba conterrada en su patria, de la tempestad del insomnio sin amor y el desasosiego de ser y hacer hacia lo ilimitado sin nombre, aúnn sin nombre: no hay moradas, solo espejismos de la escritura, cruz invertida y la memoria de los muertos que alimentan la mano en voladura: atrás el blanco plumaje de una garza y su gracia en volandas, deseos engendrados en el espacio aereo de una vasta llanura y de cálidas aguas, atrás, atrás, Sólo nos queda la improba tarea de limpiar nuestras huellas y desecar el mar -el mar, el mar-, con la espera sin duelo de un adviento de mundo. (Oscar Portela- 2004. Corrientes. Argentina) RESPONSORIO (a Estela Guedes, con afecto y admiración) Alma olvidada, pliegue donde se oculta el sangriento rastro de Minos, ay de ti, frente al fulmíneo rayo del espíritu que sólo lava deja tras de sí, tú, ánima sin morada, extraviada y errante, sola en la espera de la tríada del imposible origen, sólo esperar puedes. Aguardar como se espera con los oídos puestos sobre la mansa tierra, con el corazón hundido en las tinieblas de un aura donde juegan las luces y las sombras, sola con los ojos puestos en los lejanos astros y en perdidos senderos. Ay de ti, alma, aliento vivo de la sangre de la memoria, y eso es todo para ti, vestal pequeña como los mortales pasos del mortal en el infinito circulo del Universo. mas el guardian vela tras la cerrada puerta entreabierta, pero velada para ti, hoy, alma mía viajera. Así la dolorosa mano en voladura, que inerte yace ahora sobre el sepulcro pálido de una aurora perdida, y de los Dioses áureos que nos dieron el habla. (Oscar Portela enero 2004- Loreto - Corrientes) EL ADVIENTO (A Javier,Marina, Corina, y Humberto G. Portela que seguirán abriendo inextricables senderos de la sangre.) Finalmente transfigurar la muerte ( ay de vosotros , pálidos astros que iluminan mi noche ): para mudar el alma, las miradas del alma y el cuerpo de la vida: Y ello es todo, recuperar moradas donde se ocultan dioses a miradas mortales, enceguecidos nosotros, por el invierno del creciente desierto, venido para quedarse-, llagados, por el silicio y los hielos confundidos en un inmenso abrazo. Extranjeros en la tierra de nadie, vagabundos, andrajosos, desnudos, con una muerta antorcha entre las manos,pues sin el dolor que salva somos invocado por el Aguila aquel, envio de los Dioses, oh advertencia divina!, hijos de una profunda noche, perdidos en cavernas y reflejados en los ríos donde cantan santos tritones, melodías lejanas al oido de nadie: tú , nada flamigera que iluminas y matas. Y eso es todo, para mañana todo. Sobre las tumbas de los heridos sueños y las sombras del triste caminante, hacer brillar estrellas que no marcan senderos y esperar -esperar-, la abierta mano en que dejar la lágrima de quienes huyen entre pliegues de pasadizos y de trampas: transfigurar, sólo eso, transfigurarnos, y las resurrecciones, el infinito duelo de una escucha perpetua, en sigilosa espera del adviento. (enero 2004- Loreto - Corrientes) NOSFERATUS (a C. Theodor Dreyer, Whilelm Murnau y Wernerg Herzog, que tan bien supieron unir las pesadillas con la intensa vigilìa de lo diurno y a mi buen amigo Luis Polo) Antes de toda huella, del primigenio Caos y la Noche, antes del Verbo y antes de la Nada, antes de las Tinieblas más profundas o del Alba Primera, antes de la Escritura y de la Voz, antes del Grito, antes que Cronos desobara sus crímenes, antes de todo quiasmo y todo abismo, antes de todo pneuma y todo antes, antes del antes y el después yo viajaba sin movimiento alguno - señor del circulo vicioso- y la tierra Profana que se repite en sumulacros y en espejos, donde nada refeleja nada, ni el primigenio flujo de la bestia, yo viajaba, muerto sin muerte alguna, viajaba, vacía Eternidad sin forma, viajaba, increado, lacerado y sin sombras, viajaba, antes de todo viaje y movimiento, viajaba, sin el beso que salva y sólo absuelto, por las ratas inmundas, viajaba: soledad del nonato que espera de la muerte el don precioso que redime con el cauterio del amor el sueño, que despertar a vida no podría, salvo que alba venga en pos del gallo, a deslumbrar los ojos y veletas que chirrian en tierra devastada: a pestilencia torpe del origen, donde todo se pierde sin condenas, porque no estaba El cuando yo estaba con el absurdo anhelo de extinguirme más allá del Vacío y de la Noche! Carcoma de Carcoma, sepultado insepulto tras la tortola, crucificado sin advenimientos, sin aguas ni duermientes ni asfodelos, yo el hereje supremo sin condenas, porque soy la condena de lo humano, de lo mortal que a la afligencia torna, yo antes de la nada de la nada o de las Formas, persisto aún en la latencia oscura. APORIAS "Después que me hubiereis descubierto, imposible sería ya el perderme" (Cartas de la locura: de Friedrich Nietzsche a George Brandes.) Y ahora qué hacer con los llamados que las hadas pusieran sobre mis hombros como lápidas? Desnudo y sin mañana, mudo como la roca que ignora las súplicas y bendice el negro del abismo del buitre, el tiempo como la roca, nos ignora también, aunque las diademas nos coronen de luces, pues somos la catástrofe antes de la catástrofe, qué hacer, qué hacer aquí, cómo hallarme a mi mismo despues de la batalla y de la sangre, en tanta oscura soledad de camelia, en medio de tanta indiferencia de mutilados miembros y sordera infinita, oh patria amada, tálamo, lecho de infinitas promesas que proveyó a mi lengua de las mismas estrellas que hoy sangran sobre el tímpano de los que aun esperan? Dónde estoy pues, donde han sepultado a mi hermano, la juventud perdida, las medidas perdidas, mírame ahora, mírame, desorientado tras el huracán del extraviado origen, y los talentos como lápidas que gimen sobre mis hombros, los espectros que alumbran el pasado perdido, el hoy perdido y el mañana fantasmal del invierno, aquí, aquí, donde se pudre el cadaver del fantasmal hermano y mi voz se apaga lentamente, cuando el mañana habla por boca de los fantasmas y el invierno - tal vez-, venga para quedase ................................................definitivamente. |
Oscar Portela
portelao@hotmail.com
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