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A modo de presentación Tango y otros poemas Antología (editado por Edicions da Eira) Poemas en el blog | |||||||||
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Poesía (Claroscuro) | |||||||||
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(Para los interesados, Leonor Calvera hace un interesante análisis de la obra de Oscar Portela en sus ensayos "El poder del nombre en la obra de Oscar Portela" y "Claroscuro, una biografía Poética") Oscar Portela, nacido en la provincia de Corrientes (República Argentina) el 5/13/50, es considerado hoy por los más importantes exponentes de la literatura de su país, como una de las más potentes voces de la poesía y el pensamiento latinoamericano. Administrador Cultural, ha ocupado importantes funciones en su provincia y ha integrado por dos periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina. Doce títulos de su obra poética editadas ( Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, etc, y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día) , le han valido la consideración de importantes pensadores de su país. Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los medios de prensa de la Argentina. Asimismo es especialista en crítica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas. | |||||||||
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OSCAR PORTELA: UNA ARDIENTE PACIENCIA (Alberto F. Robredo) Oscar Portela es decir muchas cosas. Es Corrientes, no la bravía, sino dulce. Es tradición, no la del atuendo, sino la de la esencia. Es Argentina, no la del mamarracho y el griterío cursi e ignorante, sino la del saber, que sólo en el infinito encuentra saciedad. Es amistad, no la superficial que se agota en el empalago de las formas, sino la profunda, que es sufrir en la exigencia y gozar en la entrega. Es política, no la que tiene al dirigente como principio y fin, sino la que es pura lucha, puro principio, puro sacrificio, en la que la provincia y la nación son el centro y el ser humano el principio y el fin. Es periodismo, no el que no es por perderse en la imbecilización y la mediocridad, sino el que es porque divulga para que la cultura nos esculpa en el camino a la perfección como meta. Oscar Portela es definición en muchos sentidos. Es un autodidacta multifacético, cuya cultura requiere de varias vidas mucho menos jóvenes que la de él. ¿Quién conoce de literatura con erudición?. Oscar Portela. ¿Quién bucea por los más intrincados vericuetos de la filosofía en búsqueda de respuestas a interrogantes siempre en aumentos?. Oscar Portela. ¿Quién puede escribir en un diario, dirigir una revista, o tener un espacio en radio o televisión, sin más norte que transmitir?. Oscar Portela. ¿Quién sobrelleva esa inmensa tarea que se impuso sobre sus hombros con una penuria económica constante por la indiferencia de quienes tienen poder?. Oscar Portela. ¿Quién es capaz de volcar su alma enriquecer de la poesía?. Oscar Portela. La síntesis de todo esto, que es Oscar Portela tiene un nombre: Amor. Y el amor es la más preciada representación de Dios. Alberto F. Robredo (escritor, jurista) Buenos Aires, Mayo de 1997. | |||||||||
MILONGA ENTRE BORGES Y YO a mi amigo Pedro | |||||||||
(A Martha Quiles, la poeta, la vidente) La vida une y separa. Pero la muerte sella un pacto perdurable, el de un duelo inacabable, en el que los vivos, pugnamos por interiorizar los recuerdos, los fantasmas y espectros, todo aquello que el viento del pasado pretende enterrar, bajo la lápida de lo que "puede ser revocado". Hace tiempo que tengo la convicción de moverme ya en el terreno donde trabajan los muertos, activamente, pero silenciosos, como afirmaba Raúl Gonzalez Tuñon. "Ningún juego de dados abolirá el azar". (Stephane Mallamé) Y ahora, vos, a las que lunas y soles amargos no consiguieron apagar el exultante amor de tu canto, también nos dejas. A nosotros, a los jóvenes-viejos, a los que allá, hace décadas, cuando la juventud nos sonreía, soñábamos, cada cual, a su modo, -enfrentándonos inclusive-, pero con el mismo objetivo. Cambiar el mundo, cambiándonos a nosotros mismos. Qué riqueza interior, qué lujosa imaginería de la conciencia colectiva, qué emociones no fueron interiorizados por esa generación del 60 y la más cruel, del 70. Nadie jamás como vos, me miró a los ojos -tenía dieciocho años-, y me escribió y describió como vos en ese poema perdido como tantas cosas, que titulaste lorquianamente "Muerte y crucifixión de un filosofo de dieciocho años". Quintana 1350, Roque Palma, que ahora estará contigo, y otros jóvenes, cargados de sueños, que la vida, rimbaudiananamente se encargó de mutilar. Sabes Martha, este país vive bajo el signo de Saturno. Se devora a sus mejores hijos. Cuando la parca viene a buscarnos, con la última palada de tierra, terminan de enterrar los sueños que nos animaron a intentar todo tipo de aventuras. Sabes Martha que amabas a Lorca (tanto como al mártir Miguel Hernández), que en Granada, a pesar de las guerras y odios, existe un inmenso Estadio con el nombre de García Lorca. Es que de algún modo, ellos mantuvieron viva la sangre de la memoria de un pueblo, a través de la lengua, como lo hiciste vos con tus canciones y poemas, y el pueblo sabe agradecerlo. Sabes Martha, lo sabías, -a pesar de tu amor a tu pueblo y tu gente- , que a la crueldad de la desmemoria, de la traiciones y envidias, hay que sumarle la carga de la indiferencia pública. tal vez aún hoy no lo creas y aún albergues, pura y angélica, en poder hacer realidad la verdadera "parusía". El cielo y la tierra nueva, aquí, en tu patria, aquí en tu suelo, en el pueblo donde te exiliaste, el San Luis del Palmar que cantara tan bien Pinin Palma. La poesía es y será presagios de miserias, decía un skald celta: si lo huieramos sabido, lo mismo nos hubiésemos sacrificado por las poesía , porque este rayo que nos zahiere en vida y nos redime en muerte, es el único puente que existe entre eternidad y tiempo. No vengo a despedirme de tí. Estoy seguro que volveremos a encontrarnos y mientras aspire, el aire asfixiante de ésta tierra, te estaré aspirando a vos, aún cuando la memoria no me dé señales de ello. Oscar Portela. A Roque Florencio Palma In Memorian Adieu mon ami: que solos se quedan los vivos. Para ustedes en cambio, "una actividad silenciosa y secreta". Adieu mon ami, los restos del naufragio, el velamen enhiesto sobre la quilla y el timonel vencido en las borrascas y los vientos, atado a los restos de lo que fué aún se enfrentan al duelo. Adieu mon cheri, ¿recuerdas los vagos inviernos, las primaveras pálidas, los juncos y los álamos junto al río cuando la vida nos sonreía traidora tras de la luz del sol, nublándonos toda visión de lo fatal? ¡ Adieu mon ami,adieu,adieu ! ¿Quienes ahora amarán la desnudez de la locura como tú ? Adieu, adieu... Las puertas del patio se han abierto ya para tu alma: Qué solos se quedan los vivos; y aún debemos soportar los golpes de la ira de un Dios, las virtudes no queridas, las humillaciones no buscadas, hasta que todos digan basta y se haga el silencio, reine la luz espectral de la luna bajando hasta nosotros para reintegrarnos a la palabra única ¡Adieu mon ami!. Dime : ¿Existe aún la palabra nunca, la palabra única ?. Bailemos por ahora la danza, la cruel danza de Cronos, del mito que retorna en la muerte de la muerte. Oscar Portela. A mi tordillo blanco en sueños Levemente abría mis ojos a los vientos del mundo y ahí estabas, esperándome ya, sabiéndome como solo saben los corazones que saben, olfatendo al joven tembloroso, jadeante tú tambien como un espejo de cálidas y mansas dulces aguas, oh mi tordillo alado, con los hijares esperando la voz del movimiento, con las crines alborotadas , siempre pajareando tú, y yo sintiéndome uno solo contigo, dueño del universo entero, ocultándome en ti y develándome en la potencia de tus fuerzas que arremetían contra todo paisaje, oh mi dulce tordillo, tú esperándome todavía en mis dulces transueños y yo sabiéndote aún, cuando el crepúsculo cae sobre el poniente y el cansacio hace nido sobre mi alma. oscar portela
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| el autor | En Carne Viva |
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Memorias
Autobiografía Poética (A Víctor Zaza y Enrique Rebull) Punto Muerto (Dead End) Era temprano, demasiado temprano. La diana era blanca como la escarcha del invierno, y migraban los días como aves, llevadas por los vientos de los faustos veranos. Luego grité: "abandóname infancia o descíframe tus enigmas", pero todo fue en vano: aquí estoy poseído por un país de dulces aguas y garzas blancas o moras, ya abandonado para siempre, para siempre descarnado y sin sueños, quieto, inmóvil, sombra de mi mismo, "yo que estuve en toda la oscuridad, y parte de la luz, o he sido todo esto", Liza querida, ya para siempre, sólo y a la intemperie de las bárbaras imágenes que me poseen, en la vigilia y en los sueños: Erase un pueblo (¡ay! Loreto) llegado desde lejana Roma, y aupado por los ángeles, lejano, inmóvil fuera de todo todo tiempo, donde besé a mi madre, tierna, tierna Marina, y al callado , casi oscuro, casi silencio, Don Modesto Portela, padres que me trajeron a estas tribales tierras, donde pasé la infancia, adentrándome en la infinitud del dios de los esteros, y los libros que asolaron mi infancia como varas de fuego: la sangre de ibérico león corría por mis venas, toda ella poseída por la mágia, negra o azul, de las mezcladas razas de mi América: luego, Oscar Ignacio Portela Bofill, y Molina Gómez de Barreda. Los punzantes estiletes grabados en la carne del alma del asfalto, donde el amor, otras imágenes, hicieron nido en mí, "dolores" y fracasos, estigmas y entusiasmos, que poco a poco, hicieron de un niño enfermo y custodiado por las gracias, el luciferino adolescente de una edad de oro, en el cual venían hacia mí, nuevos padres, amigos que ya no están y sin embargo sobreviven, y el exilio y la cárcel, y los aplausos, y rebeldías o claudicaciones de un alma que había bebido néctares y frutos de un paraíso perdido -1950, y luego, y luego, las espectrales sombras, los insomnios eternos como el amor perdido, como la roja muerte que se llevó a mis padres, yo tigre, yo tauro, y ahora sólo "poeta en tiempos de penuria", re-escribiéndome a mi mismo, para borrar las huellas que delatan mi huida, hacia donde, cuando? Porque a pesar de todo aún respiro, aún mis manos transpiran, y aún se posa en mi pecho el candor Del jilguero que me acunó de niño. Oscar Portela (Nov.2004) Cuadros A Marina Bofill de Portela, mi madre Madre sentada en mecedora levitando sobre perfume de magnolias. Ni su densa presencia ni el rumor de las vagas estelas del alba deslizándose sobre rayos de urgencia en las cálidas noches donde sueñan las densas aguas del deseo y algo más hondo que el abismo u oscuro que la pasión de un muerto, danza en la noche la danza extática del mito. Allí el perfume de la memoria encendida en las brasas que alguien dejó a la vera de un sendero sencillo cuando aún las soledades desplegando raíces en el exilio del verbo buscaban decirse a sí mismo una historia, bastarse poseyéndote al poseerse en la misa de la pasión total, del absoluto, no, ni madre en mecedora sostenida por la blancura de jazmines en lo más entrañable del aura ensimismado, no, ni madre en mecedora lograron hacer de ti algo más que el destello de una vaga esperanza, una pasión de rayos y tormentas demoradas que caen para impetrar la suerte y sólo en sueños halla su vida y forma o una paz anterior a los duelos que ya entonces, en mitad de la noche del trópico, derramaban su luto sobre la soledad que se extasiaba en sombras y días de encantos o presagios sin memorias ni Ecos. No, ni madre en mecedora, allá solemnemente enlutándose en aromas que no penetraban en mí ni en los espejos de las aguas más dulces donde la voluntad se dicta un mundo y un mensaje de sueños, aquí, abandonado a la intemperie de lo que no puede decirse, el signo abriéndose como una herida, desamparándome de mí, extraviándome una y otra vez en mí, condenándome a esta vasta aventura de los nombres y de la soledad que ni madre espectral sobre memorias, solísima sobre hondos perfumes, exorcizar podría y ahora podéis verme deshabitándome de mí, de nombres y de amparos, de historias que el viento olvida, aquí, desexhumándome, en mitad de jardines soñados, endemoniándome ya sin nombre o guarida, enloqueciendo y sólo atento a los olores del sexo del viento extraviado en mis manos o de un cuerpo pequeño, piel ignorada, purísima, como de madre en la noche de los designios, desposeyéndome de todo, aniquilándome convulso O enloquecido de pavor y exequias, sin comprender, salvo a mi madre en mecedora, aún envenenada por los dulces olores que no expulsaron la soledad de mí, hundido en noche errática y sin penas, caminando hacia el fatal olvido, el pliegue incompasible donde nacen los límites ambiguos, y el no saber, que entramados proyectan los haces de la suerte y de la muerte. A MI PADRE MODESTO IGNACIO PORTELA EN UN CEMENTERIO PUEBLERINO Para entrar a mi mismo debo cancelarme a mi mismo, aceptar lo que fué cancelado por la memoria de lo que fui una y otra vez, huella borrada por el viento de la soledad, latido que se detine a si mismo una y otra vez, y luego continuar despidiendome a mi mismo, ...................................... ahora a ti porción de mi enterrada vida, en las ariscas tierras de un pobre cementerio, levemente posado, al borde de lagunas y de esteros donde alguna vez canté la iridicencia de la espuma, el alma que adentrada en si misma se despide de si, ahora, ahora, oh padre mío, sin amargos regustos ni omnipotentes cánticos, sola, cancelándose a sí, en la mudez del verbo y aceptando que borrar y escribir son uno y sólo ejercicios de amargo duelo y sol amargo! Así nos despedimos padre, tú adentrandote en otra luz y atravesando el Orco, lentamente como entraste sin prisas a la sombras, silencioso, entregando a lo que es de tinieblas lo fugado y dejando a la luz el triste vértigo de lo que nace para ......................................morir. Pocas lagrimas después de tanto tiempo, pocas palabras para continuar llevándote conmigo sin apenas saberlo, es todo el secreto de lo que carece de nombres, cuando más profundamente olvidado estás en la presencia de lo ausente, vacía ya el esplendor del anfora de la palabra. Ahora tal vez, tú y mi ......................................madre, tú y un poco de mi mismo se irá de manos al Erebo : así creí que nunca volvería los ojos hacia atrás, ni preguntaría nada ya, y sin embargo, las plegarias que toman
las cautivantes gemas de lo que fué, ardor y pánico, reclaman para ti, las calmas aguas y el nombre de Marina. Ya los natales paisajes han desaparecido con tu nombre y en tu nombre, mas el aliento de lo indecible, continúan tras los cansados pasos de esta sombra que soy, y se consumará en tu nombre. El túnel Las lívidas arenas, el oro del más preciado de todos los metales, allí donde el frío de la noche cósmica nos muestra la finitud del hombre, que supo allí morar y construir, mientras otro desierto, el que linda con la no espera de la nada crece en el corazón del hombre, y las estrellas caen como hojas de invierno, allí, donde sólo quedan ruinas de lo que fue y la oscura noche se extiende como una mancha sobre la historia que ha dejado de ser la fábula de lo que vendrá: un túnel se extiende allí donde el frágil mortal, soporta el cierzo de la soledad, y los Dioses de las tenebrosas alas del vampiro, allí donde el túnel se desborda en el infinito de una noche anterior a todas las noches, allí donde marcha el mortal, muerto de frío, sin plegarias en los labios, con memoria de escombros, sí, y un corazón endurecido por las arenas del desierto de la razón, que nos ha traído al principio de la noche, noche primera, la soledad primera, la finitud en la que nos perdimos, nosotros, antaño Dioses, hoy solo mendigos al oro de un abismo sin fundamento, donde el hombre puede caer bajo del hombre. El Gólgota El azul que ayer poblaba mis ojos y el infinito del azul del mar y el viento la arena mezclada al roza del deseo las lágrimas y los secretos demonios que mantenían mi corazón en vilo y la danza coral en la estación del aura primigenia,la inocente infancia que se negaba a abandonarme y los dioses con sus huellas dibujadas en mi sudorosa piel todo ahora sucumbido y mirado con los ojos del ciclope el desfiladero de la locura la pesadilla del vampiro, el pavor de las sombras el insomnio que acecha como un tigre agazapado tras las leyes inexorables de la fragilidad humana el tiempo irredento las fuerzas de los Daimones de la poesía que me mantenían despierto u la sueñera de mi alma el golgota amaneciendo frente a mi, la cruz negada y afirmada cien veces cien antes del canto del gallo y la gota de sangre cayendo sobre mi frente cayendo sobre mi frente... Escombros El mas inhóspito de los huespedes habita ahora mi corazón; escombros y más escombros sobre el norte de la soledad donde se incuba el huevo de la serpiente que engendró fuera de tiempo mi alma. ¿ Mas que hacer? Horror es todo que llenó de infantil alegría el podre que ven ahora mis ojos. Vacuí el amor que llenaba las horas que se hicieron presas del vampiro de los sueños. Ay! Vivir eternamente para ver la esteril repetición de las horas y la degradación inutil de las formas. Dormir, dormir bajo el peso de la soledad y los escombros del tiempo, el veneno que la vil espada pone en el corazón ya sin asombro de traiciones y humillaciones maldecidas. Demasiada soledad sobre mi soledad, demasiados espectros sobre los espectros, demasiados duelos sobre los duelos, demasiada intemperie, sobre la intemperie, que allá en Elzingor fué un tiempo el azur y la alucema. Sobre el horror lo informe. Dormir, dormir, rodeado de serpientes cuando el mundo no es ya mundo sino silueta fulminada de quien no ha salido todavía de la caverna. No me digais más adios. Demasiada soledad sobre mi soledad, demasiados espectros sobre mis espectros, demasiados escombros sobre los escombros que no hacen sino derrumbar escombros. Espera Toda la música que afluía a mi boca el lago de mi boca los peces de mi boca la gran mar estrellada de mi boca el infinito azul perfumado de mi boca perdidos ya ya perdidos el mismo ceto, la misma esquina, la misma desazón la misma culebra sibilante de la noche, la misma noche perdida, con notas disonantes y el recuerdo como el piano de Holderlin con las cuerdas cortadas. Eso es todo. Cuerpos asesinados por la pasión, manos entregadas al vacío de la caricia, piel exaltada por el azufre, todo aquí, todo enterrado en un ahora eterno, y yo esperando la muerte y yo esperando. Misterios Misteriosos son los caminos de la vida. Tortuosas derivas, violentas cascadas, vientos huracanados,crepúsculos que reflejan el vertido el mundo y la otredad del projimo. Y todo está enlas manos, ojos labios y música que pone melodía al corazón y a los misterios. en las manos los daimones y angeles que presiden los sueños de los que estamos hechos, de las sombras de las que estamos hechos, auras que no disipara el azar, ni demonios ni angeles, aunque el Dios que preside nuestra mesa quiera bajar de los espejos, los espectros que viven en las aguas. El Día Llegó un día a mi puerta con un claro silencio sobre la frente. Era solo respuesta tras el dintel vacío, pura interrogación su boca sin ninguna pregunta, que guiara sus pasos. Serené entonces mi corazón agobiado por el recuerdo innúmero de lo que fué combate provocación, y éxtasis. Ay, lucha y cortejo, agua y ceniza derramadas sobre el cruel arabesco de lo que hizo destino. Yo fuí de nuevo el ánfora donde mezclar las horas, melodías y acentos. Fingí ignorarlo todo pues de ignorancia vive, la llama que ilumina y dá forma a las sombras. Y tú eras la sombra. Al mar dejó mis pasos y quede en el escrito de la nada y la boda, nombres que alumbran huellas cuando pena la noche. Mi corazón gentil diciendo el naufragio primero sucumbendo a la estela del número y la estrofa: para dejar estar, el vivo sol que entonces tu mano librerara a la entrega primera de lo que fue llamado, sin endecha ni queja y en silencio cantado sobre la carne muda y el perfume de un huerto. Carne de las palabras entregadas al deseo primero, así fueste volcado - pués en la muerte sola y los días que hasta el poeta llegan claramente retorna furtivo como toda pregunta que repite insaciada el origen del verbo, la memoria encendida y el aura de tu pelo. Niño Solar Que burla señor, que has puesto en mi boca preces y bendiciones, y en mi cintura el fuego de los dioses que dominó la muerte, ahora que solo clamo por ti, noche, por tu desacimiento, yo , como exiliado, condenado, solo en la noche libre, odiando toda luz, odiando toda belleza, señor que burla, que burla , el largo camino que conduce del sueño del niño solar, a éste que ahora su cuerpo baña con las cenizas del recuerdo, - porque nadie puede saltar sobre su sobre su sombra, ni coincidir con ella, cuando el mediodía se retrasa-, - Oh señor- , y en mi solo crece el desierto, el olvido que no puede olvidar el olvido que lo revela todo-, las pequeñas muertes, los pequeños duelos, abiertos en las confeciones de las encenizadas lagrimas, - las que lloro por mi -, y por aquella belleza que no engendró mi corazón aquí, en ésta soledad a la que me condenaste, al igual que Timón, Calibos, Catilina. Ahora que solo complo la palidez creciente del crepúsculo-, el egoísmo de los corazones, la fatal llaga de lo trivial que se expande sobre todo-, como un viento demente, yo sin el sueño que da reparo y da la muerte soñada muerte, cuando él me llamaba, - sígueme, entra al oscuro bosque- , y lo veía disolverse, del mismo modo en que ahora mi vacía mirada, solo ve muros y la sal del desierto que crece, Oh señor, que me niegas el rayo de la locura, la mirifica muerte, y solo cenizas dejas en mi boca, harapos en el cuerpo del niño que desafiaba al sol en su carrera, hasta perderse con el én su viaje hacia la noche yo que ahora soy noche, yo señor, que al viento y al sol me había prometido, yo, un corazón con demasiadas preguntas, abandonado como Abraham en el desierto, como Job, rascándose sus pústulas, en soledad señor, tu y yo, acaso solo melodías de una partitura que jamás será escrita sobre ninguna lápida. RÉQUIEM Como Tiberio frente al mar azul, como Tiberio al infinito tiempo de la espuma sin memorias ninguna, como Tiberio el Dios atisbando sin ver, más que el abismo del pasado y sentir vagamente las incendiadas gemas arder en su corazón de niño, así, como Tiberio, como Tiberio el Dios, frente al inabarcable órgano del océano siento subir en mí, contemplando como Tiberio el elíptico vuelo de las aves, el horror del pasado, el pánico quebrándose sobre mi corazón, el quiasmo de lo no sucedido, hundido como Tiberio, el Dios, entre tinieblas, con las ardidas naves del verbo proferido por el deseo del otro que fui, o de los Otros que hablaban en nosotros, el infinito misterio del pasado. Larga ha sido nuestra búsqueda, finitos pero intrincados los pasadizos en los que buscábamos el orden perdido, el vuelo de los Ángeles, las voces que dictaban y exultantes ardían en nuestros corazones enjaezados de lunas y de estrellas, de promesas burladas por la voluntad de alzarce con el todo del mundo. Pero heme aquí sin palabras, como Tiberio, el Dios, pálido en la certidumbre de ser solo un espectro, una pálida huella en las danzas de la memoria del devenir del mundo, por los Dioses burlado, mirando ahora, sin ver más que el Ocaso de los soles que amara, como Tiberio, como Tiberio el Dios, yo Dios, ahora deseando la desmemoria sin sexo de los cerrados ojos de una magnolia, sobre un cuerpo ya anciano que no pronunciará jamás las ordenes de vida o muerte. Como Tiberio,como Tiberio el Dios, desterrado en si mismo frente al mar, bordando el réquiem de lo no sucedido, pidiendo al Ángel de la gracia de los piadosos espíritus, que aparten del insomnio toda muerta memoria. Como yo, como Tiberio el Dios, así, en mitad del leteo, ahora me preparo para llevar conmigo la vacilante nada de los Dias, los espejismos de las Islas Perdidas, -todo lo que un nombre firmara -, en nombre de unos ojos, unas trémulas manos de amante y de asesino, unos labios sedientos de venenos, que ahora cantan la canción del vacío, las lagrimas de Eros desterrado -el baño de Diana- y Acteón destrozado, como Tiberio, ya invisible a la jauría de perros, solo azotado por el lamento del viento arremejido contra los acantilados de Capri, allí donde Tiberio, el niño Dios, el anciano demente, espera la última traición, que un inmortal soporta. El brillo que la noche vanamente quiere ocultar al mar, ( - el único vigía, el último testigo del infierno que despectivamente baja hasta los féretros...). LA GACELA Que la muerte a la mano esté solícita y dispuesta a guiar ésta sombra que persigue el amor negado y prometido sea promesa de la muerte. Ay rememoración de un imposible origen, más allá, lo que rompe el espejo del corazón que alumbra el claro de la razón y nos refleja en los ojos luminosos del felino. No es posible saber si dormidos estamos o soñamos el sueño de la vida que ancla en la muerte sus pasajeros pétalos. Bello sería que nuestro propio espectro asistiera a la imposible boda del cuerpo del cielo, con el agua y el sol que penetra pantanos. Mientras tanto rememorar lo que se aleja más de la memoria, lo que nunca a sido o estado presente, la no presencia de ojos y bocas donde duermen todos los presentes, y se suspenden todas las vigilias, la ingle donde el más cálido aliento se congela y que la muerte guarda para sí. Mientras reposo mis ojos en el imaginario lecho de turba y de silicio, sin esperar ya el sueño de asistir a mi muerte, recuerdo el rubor de tus mejillas pasmasmandose en mis cantos. CONTINUAD BARBAROS Bárbaros mercanchiles de la cultura angélica que supo convivir años y siglos bañados por las aguas y el sol del mar donde los dioses convivían puros y castos. Allí distintos pueblos estuvieron y rescataron para nosotros el alma de la paloma y la flor de los mirtos. Alli, renació de manos de los arabes la antigua helade, en frias noches, o calientes veranos. Alli Avicena y Averroes salvaron y tradujeron manuscritos perdidos para siempre, para siempre perdidos en la memoria de los pueblos y los titiriteros que hicieron de la guerra un mercadeo más, y del mortal la maquina perversa, al servicio de inteligentes maquinas, que jamás serán más que infernales elementos surgidos del lobo que aulla en las estepas. Continuad barbaros. Eternamente no durará ese olvido. Su sombra oculta la risa del demonio. Cuando cabras y pastores de Europa hilaban los destinos del mundo, desde aquellos desiertos eran miradas las estrellas, y los sufies cantaban al vino y a la paz de los desiertos. Desde allí hasta América conquistaron los mares y desde Babilonia la cultura traslucida de piramides y gemas. Continuad barbaros destruyendo el "se dá" del tiempo, pues graciosamente florece la roza porque sí, mientras el pavor del mortal, la inquisición del otro, aniquila lo que existe, y cae al abismo sin fundamento, al caos y las sombras, aquel que pudo ser, y la furia del viento y el cuento del idiota, reinen para que que nunca ya el corazón mortal pueda parir estrellas. Silencio: a M. Sólo el silencio, el silencio que guarda y como "guarda" de los misterios y secretas imágenes que duermen en lo profundo del lago transparente de los sueños, saben lo que somos, hijos de las primeras hojas del otoño, de los largos inviernos y los veranos asperos como frutos de nisperos, cuando nuestras bocas eran fanales abiertas a la lascivia de la infinita luz, del infinito sueño de la plenitud, en la cual no estamos dormidos ni despiertos. Después el bronco viento que despierta, -la ácida nieve que gotea sobre el corazón, el tiempo devorándolo todo-, el escarnio de la carne crucificada del Titán, la soledad del amante que bebe en el profundo grial de la traición-, todo, todo, y sin embargo, algo, un misterioso duende nos lleva de las manos, empujándonos al camino sin término, donde quizá, en la mezquita oscura donde moran los dioses, encontremos la comprensión y el "duende" revelado en la sangre que nos trajo a este mundo. Prevalecerán las aguas A Ricardo Mosquera Eastman Las aves van a migrar en qué corazón y de que flores libarán las aves que ahora me abandonan en el desierto de los años muerto de sed, y de visiones o espejismos acerca de aquello que se fue y de lo que no vendrá, ahora que desando el camino de los muertos que hicieron de mi alma un nido, y sus plumajes se muestran mientras los años pasan y nada adviene, como no ser la barca de caronte, arrastrándome hacia el mito del ave que yo temo en mis sueños, y que golpea a mi puerta por qué señor? cuando congelado está todo, cuando el cierzo va a caer sobre mi, y las llamas van a consumir mi cuerpo, solitario, por qué señor; negras las alas y el blanco plulmaje que cubre su graciosa silueta de garza que espera el alba de los cielos, los huracanes y las lluvias, los colores que no diría nadie, todo-todo, letal como el volcán que en mis sueños me insta a jamás despertar. Quedate entre los muertos alma, que muerta estás, muertas las alas que levantó el deseo y entregó por instantes al veneno de Apolo-, quedate entre los muertos, me dices, y en la ventana, negra-blanca, como otro vampiro, el ave fabulosa que ha resistido los tiempos, ella, esperando lo que quizá jamás sea sino el teatro de sombras del cual estamos hechos, nosotros, marionetas, que con la pasión del absoluto jugamos a desecar el mar, cuándo prevalecerán las aguas. SOL AMARGO (a José Luis Dasilva Navia por su poesía y por la poesía) Tú, sol que has crucificado mis sueños, incandescente que has cegado mis ojos con el ansia temprana de la muerte, aquí, en esta tierra de terror y de espanto que me empuja al gran vacío de la nada. No hay moradas aquí, sino el desguarecimiento al que me has condenado, yo que vi con el ojo del cíclope el mar azul girar en las cinturas de los elfos, y que encantado presenté alabanzas al origen de la desnudez y la osadía, ay, blancas cenizas hablan hoy por mí, me llaman pronunciando mi nombre, en tu nombre, oh sol que no puedes morir, porque eres la muerte con que pagué los dones que la gracia infinita quiso poner sobre mis hombros, y sin embargo el vértigo, aún sacude en mí, las albas del deseo, los frutos del azar que por la noche caen sin esperar ya nada, yo escuchándolos, rígido, sin ver, con los ojos velados, y con las frías manos, esclavas de una aurora anterior a mi y a ti, oh sol, feroz coreuta de un verano sin pausas, que enloquece al mortal, con el rigor amargo de la heredad perdida. oscar portela poema inedito. 2003 SÓLO OSTRAS ME QUEDAN (a Graciela Sacalotto) olor de garzas pudriéndose ahora en la memoria de la infancia de la escritura: por fin he descifrado en tu ausencia -en tu eterno presente- las llagas del deseo del leproso, el nombre que hace florecer la luz, la presencia de lo presente, el vacío lleno de tu aroma que amanecía azul entre mis dedos. no hay misterios ya, infancias o advenimientos tempestuosos, de una adolescencia tempestuosa, colmada por imágenes donde estallan los seres colmados por las preguntas y la nada. yo remaba hacia ti, hacia tu nombre. en tu aroma de almendros mi lengua se llagaba, en mis caricias, que aún te sostienen lívido y conterrado junto a mi, se hallaban los misterios de lo arcano. ah, verano, que has mutilado con la desmesura del deseo de dioses, la gestación de esta historia. sol que has venido hacia mi sostenido por vendabales, para abandonarme luego ausente de mi mismo en la fatal ausencia del deseo, crucificado por un vacío sin nombre, por el no ser del verano, que ha cegado mis ojos, transfigurando lo que se calcina y llaga con el esplendor y el fasto de todo lo olvidado, y sin embargo, presente. Vulnerado hoy, sin palmas ni palomas, sólo me quedan las vacías ostras, donde oculto tu nombre, oh mío, oh deseado, oh incandescente... oscar portela poema inedito. 2003 |
Oscar Portela
portelao@hotmail.com
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