Paulina VindermanDaniel SamoilovichOsvaldo BallinaSantiago Kovadloff Ir al índice

Paulina Vinderman

(Buenos Aires, 1944). Publicó: Los espejos y los puentes, 1978; La otra ciudad, 1980; La mirada de los héroes, 1982; La balada de Cordelia, 1984; Rojo junio, 1988 y Escalera de incendio.

EL LUGAR DEL DOLOR

Edifiqué mi castillo
en el lugar del dolor.
Donde el ángel
no me diera la estrella promisoria
y la mañana no alcanzara a matar
los vientos de la noche.
Con ellos inventé mi danza, mi foso,
mi camino esencial.
La búsqueda de la palabra
en un planeta de conspiraciones
y de lluvia.
He de morir
restaurando sus paredes.

(de La otra ciudad)


EL ENCUENTRO

Había una mujer vieja
a un lado del camino.
Su sonrisa se doblaba como el puente
en la curva
y el brillo de sus dientes enrojecía
por el cartel, entre las sombras.

Le pregunté por qué reía,
situados entre páramos su vestido
y su vida.
Los páramos no existen,
me dijo. Son sólo posibilidades
de los bosques.

(de Rojo junio)


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Daniel Samoilovich

(Buenos Aires, 1949). Publicó: Párpado, 1973; El mago y otros poemas, 1984 y La ansiedad perfecta, 1991.

LA SOMBRA DE MI MANO DERECHA ES UNA MANO IZQUIERDA

La sombra de mi mano derecha
es una mano izquierda - lo que escribo
alguien lo escribe desde adentro del papel,
la punta de su lápiz contra el mío.
Me gustaría saber si ése es feliz.
Me gustaría saber cómo suenan
esos versos que corren al revés
rumbo al Oeste de un mundo inclinado.

PARIS, INVIERNO DE 1990

Al extremo de la isla me pediste
que fuera, y fui. Era invierno.
Di dos pasos al oeste, dos al sur,
me senté bajo el sauce y esperé.
Vino la noche y sobre mi cabeza,
en hora y estación impropias, gorriones
cantaron y saltaron. No habías dicho
que tenía que esperar, supuse
que era eso.

(de 70 poetas argentinos 1970-1994)


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Osvaldo Ballina

(La Plata, 1942). Publicó. El día mayor, 1971 ; Esta única esperanza contra todo, 1973 ; Aún tengo la vida, 1975 ; En tierra de uno, 1977 ; Caminante en Italia, 1979 ; Diario veneciano, 1982 ; Ceremonia diurna, 1984 ; La poesía no es necesaria, 1986 ; La vida, la más bella, 1988 ; Sol que ocupa el corazón, 1991 ; Sondas, 1992 ; Estamos vivos y vamos a vivir, 1993 (poemas 1971-1992), Final del estante, 1994 y Confines, 1998.

ARTE POETICA

Si podemos tocar una sola nota
es suficiente.
El método : una penetración a oscuras
que fija una relación personal
con lo intangible.
El objetivo : llenar de vegetal
el desapego y eyacular
desnudo y erguido
dulce semen de mundo.

(de Final del estante)


DE LA MANO

De día o de noche, las ciudades no fueron extrañas. Ni críptico lo que ocultaba cada cara, ni ominosos los sonidos de un idioma incomprensible. La poesía me llevó de la mano por los infiernos contemporáneos. Leía por mí en voz alta y, lo más importante, supo cuándo callar. A veces me la puse sobre los hombros y no éramos maltrechos sobrevivientes de alguna guerra devastadora, que sería lo habitual. Veníamos del corazón, del propio y del ajeno, con la imperdonable ausencia de toda posible inocencia.

(de Confines)


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Santiago Kovadloff

(Buenos Aires, 1942). Publicó : Zonas e indagaciones, 1978 ; Canto abierto, 1979 ; Lugar común, 1981 ; Ben David, 1990. Es también ensayista y traductor.

Siento a veces que mis gestos,
la voz, el pensamiento y aun este cansancio,
son ya los de mi padre.
Que este cuerpo mío no lo perpetúa
sino que lo encarna;
que yo soy el hombre de más de setenta años
que agobiado y lejos de donde vivo,
avanza al alba, insomne, lento, solo
y jadea su fatiga en un sillón en sombra
bajo el peso de un dolor indeclinable,
de culpas que no han envejecido,
mientras siente con alivio que su hijo,
en otros sitios, lejos de él,
ha ido más allá de su tormento,
doblegó sus demonios,
no lo ha repetido.

*.*

Es curioso: oigo llover y a la vez cantan los pájaros.
Podría ser que ella agua recién comience a caer
y que los pájaros aun no lo han advertido.
O podría ser que los pájaros lo hayan advertido
y estén, en realidad, dejando de cantar.
Pero podría ser también que haya empezado a llover
y que los pájaros lo sepan
y aun así se nieguen a cantar,
y que por fin haya nacido el día inesperado.

(de Ben David)


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