Cruz Salmerón Acosta

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AZUL

Azul de aquella cumbre tan lejana
hacia la cual mi pensamiento vuela,
bajo la paz azul de la mañana,
¡color que tantas cosas me revela!

Azul que del azul cielo emana,
y azul de este gran mar que me consuela,
mientras diviso en él la ilusión vana
de la visión del ala de una vela.

Azul de los paisajes abrileños,
triste azul de los líricos ensueños,
que no calman los intimos hastíos.

Sólo me angustias cuando sufro antojos
de besar el azul de aquellos ojos
que nunca más contemplarán los míos.


PIEDAD

No era ni amor lo que ella me tenía;
era tal vez piedad, lástima era,
porque mi oculta pena comprendía
y ella se compadece de cualquiera.

Hoy que voy recobrando mi alegría,
animado quizás de una quimera,
se va tornando mucho menos mía,
como si ella ya no me quisiera.

Yo sí he formado de mi amor un culto,
y en tanto aquí mi juventud sepulto
y la aureola del martirio ciño.

¡No me quites, Señor; mi sufrimiento,
si es que habré de perder con mi tormento
la conmiseración de su cariño!


MIRANDONOS

Entre tus ojos de esmeraldas vivas
te miro el alma, de ilusiones llena,
como entre dos cisternas pensativas
se ve del cielo la extensión serena.

El colibrí de tu mirada riela
sobre el agua enturbiada de mis ojos,
y de tus célicas mejillas vuela
un crepusculo rosa de sonrojos.

Hilo por hilo la ilusión devana
y urde sueños de fina filigrana
la araña de mi vaga fantasía.

Porque cuando me miras y te miro
sale volando tu alma en un suspiro
y embriagada de amor cae en la mía.


CIELO Y MAR

En este panorama que diseño,
para tormento de mis horas malas,
el cielo dice de ilusión y galas,
el mar discurre de esperanza y sueño.

La libélula errante de mi ensueño
abre la transparencia de sus alas,
con el beso de miel que me regalas
a la caricia de tu amor risueño.

Al extinguirse el último celaje,
copio en mi alma el alma del paisaje
azul de ensueño y verde de añoranza;

y pienso con oscuro pesimismo
que mi ilusión está sobre un abismo
y cerca de otro abismo mi esperanza.


Azul de aquella cumbre tan lejana ...

CRUZ SALMERON ACOSTA. (Cumaná, 1892-1929). LLamado "poeta del martirio". En colaboración con otro poeta cumanés, su gran amigo José Ramos Sucre, fundó la revista literaria "Broche de oro". Víctima del mal de Hansen, designación casi poética de la enfermedad conocida como lepra, se recluyó en Manicuare, un pueblo que creció a lo largo de la costa de la península de Araya y desde el cual se puede ver Cumaná. Allí, postrado en la cama, tuvo que dictar muchos de sus poemas cuando la enfermedad le impidió escribir. Su obra refleja la adversidad, la angustia y la restricción que le acompañaron durante su vida. Hoy en día, la casa de Cruz Salmerón Acosta, lugar de destierro físico y espitirual del poeta, aún convida al reposo para contemplar, desde la pequeña colina en que se encuentra, aquella costa que tanto amó y el ancho azul que insuflara a sus poemas toda esa carga de melancolía y desconsuelo. La casa es conservada por los jóvenes del Centro Cultural Cruz Salmerón Acosta con esmero y dedicación, un grupo de muchachos manicuareros dedicados a conservar viva la memoria del poeta y que celebran de manera especial el natalicio (3 de enero) y muerte del poeta. Además, han construido el Museo Cruz Salmerón Acosta en el lugar donde vivieron los padres del mismo.


Alfredo Arvelo Larriva Andrés Eloy Blanco Filiberto Rodriguez Manuel Osorio Calatrava

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