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abril 2012



Diana Azcona Trejo 1
-Mariana-

Nunca imaginó que viviría algo así. No podía creer que estuviera en esa cama de hospital, en ese cuarto descolorido. Con una ventana que no dejaba ver más que las pocas ramas de un árbol pelón y un pedazo de cielo nublado. Pero lo que más increíble le parecía era verse en tal estado. Le punzaban el pecho, los ojos, el cabello. Le dolían la silla junto a su cama y el árbol sin hojas, las paredes le dolían. Pensó que nada le sentaba mejor que estar sola.

-Señorita, no deje pasar a nadie.
-Pero señora Mariana, su esposo espera desde hace horas y usted no se puede quedar sola.
-¡Dije que no deje entrar a nadie! ¡No quiero ver a nadie! ¡Mucho menos a él!

La enfermera salió, no sin antes advertirle que hablaría con la trabajadora social y que alguien de psiquiatría la visitaría. Mariana no la escuchó. Sus pensamientos estaban sólo en su vientre vacío. No sabía si sentir alivio o tristeza o, si sentía tristeza por sentir alivio. No sabía bien de dónde venía su desconsuelo. ¿Por qué la lastimaba tanto la muerte de su hijo nonato? al fin, fue sólo el resultado de dos botellas de merlot y un condón caducado. Un error.

     Era cierto que por momentos estuvo ilusionada, pero la mayor parte del tiempo creyó que nada bueno resultaría de ese embarazo. A sus cuarenta años no deseaba ser madre otra vez. Entonces ¿Por qué le hacía falta ese hijo que nunca quiso tener? ¿Cómo iba a seguir viviendo así? Despertándose todos los días sabiendo que tenía un hijo muerto, sentándose a comer en familia, mirando los ojos de su hijo vivo, respirando sin su hijo muerto ¿cómo se hacía eso?

     Llegó por la tarde una señora de psiquiatría y le habló de la resignación, el perdón, el futuro. Mariana no la escuchó, le daba náuseas que esa mujer estuviera allí diciéndole qué hacer. La mayor parte del tiempo la pasó mirándose en el espejo que le habían dejado sobre el buró. Miró su cabello perfectamente teñido. Siempre pensó que eso de que las embarazadas no deben pintarse el cabello es una estupidez. Se detuvo un largo rato contemplando sus ojos; oscuros, de pestañas larguísimas. Le encantaban. Su boca, en cambio, le desagradaba; era pequeña y de ella salían casi siempre palabras tontas o hirientes. Pero su nariz sí que le parecía bonita, pequeña, linda. Le gustaba tanto como su apiñonada piel. ¡Cómo le dolían la piel y las piernas!

     ¿Por qué la obligaron parir a un niño sin vida? ¿No era más fácil una cirugía? Salvajes, en el hospital eran todos unos salvajes. ¿Por qué obligaron a sostener el cuerpecito que no vería crecer? Los odiaba desde que, cuando llegó, le dijeron sin más, que su vientre no se movía porque su hijo estaba muerto. Y después, con esas caras de idiotas hablándole de toda esa basura psicológica del duelo, de las despedidas: sensiblería barata. Todo lo que le hicieron pasar sólo exacerbaba su sufrimiento.

     Mariana le dijo a la trabajadora social que aceptaría recibir visitas en la mañana pero que por el momento la dejaran tranquila. Quería pensar, tratar de desenredar todo aquello. No estaba lista para recibir a Víctor, no podía ver a su esposo a la cara. él sí estaba contento por el bebé. Además olía mal, necesitaba un baño. Debía inventarse una manera de sobrevivir. Mientras más lo pensaba, más imposible le parecía. Decidió meditar, mejor, en una manera de morir. ¡Sí, eso sí era posible!


Gerardo Cárdenas 2

¿De qué sirve discutir en muros
cuyas paredes se lavan cada pocos segundos?

escrito una idea, un mero atisbo,
y antes de un minuto es letra muerta;
se ha ahogado en un torrente de despropósitos.
La he visto partir,
perderse al lado de un discurso de campaña,
de los sugerentes senos de una top model
captados al momento de saltar atónitos
..........................de su vestido;
ahora su lugar lo ocupa una encuesta,
o tal vez la lista del supermercado
de un hombre gordo y solitario
que sueña con los senos de la top model
que ignora los discursos de campaña
que se toca y se frota en silencio
al fondo del pasillo de las vitaminas
fingiendo que duda entre comprar
..........una gaseosa de sabor cranberry
.................o un suplemento vitamínico
......................que restablezca el equilibrio
.............................de sus ácidos omega grasos.
Todo esto no ha durado más de veinte segundos
y ya los discursos fueron otros
y las top model se extraviaron
entre cupones de descuento y resúmenes
de las noticias
que no sacudieron al mundo
porque nadie las vio
.....porque muchos se distrajeron con el link a un vídeo
de un hombre gordo triste solitario
que en una mano lleva una gaseosa
y en la otra su sexo que ya no se enerva
atosigado por la insuficiencia de beta carotenos y omega grasos
pero que dos millones han visto en youtube,
medio millón más
que los senos de la top model infortunada y torpe
que sin querer todavía quiso retuitear mi idea,
..........................................o darle “like”
pero que se olvidó de hacerlo
asqueada asustada indignada por el vídeo de un gordo
que masturba una botella de gaseosa
que hace las veces de su sexo olvidado en el pasillo de las vitaminas
y que escapó avergonzado sin pagar
ni entender que la ley no lo persigue
y que su delito ha prescrito de forma inmediata
porque no cumple la normativa de 140 caracteres
ni lleva hashtag, ni follow friday ni un tag a la foto
de su propia tristeza de eunuco suburbano.
Es sólo una idea pasajera
ignorada por mis doce seguidores
.....................que ayer eran quince
pero uno se ofendió por lo que dije del papa
y otro se quedó traspuesto embelesado con los senos de la top model
y si descuento a mis padres mis primos mis hermanos dos vecinos
quedamos yo y un gordo de mirada triste
que vuelve cabizbajo a la tienda a comprar sus píldoras
.............................................de beta caroteno.

Chicago, marzo del 2012


Marcela Patricia Quiñones 3

Miseria

Yo soy de la orilla de la ciudad, donde alrededor de las casas crecen las nopaleras y el aire llega revuelto con el olor del basurero. Mi casa está en la esquina, chiquitita. Empecé a pintarla una vez, pero nomás llegué a la mitad; se me acabaron la pintura y las ganas y se quedó como una mujer que se va haciendo vieja y lo quiere esconder con maquillaje barato.

En las mañanas, casi de madrugada, me voy a la obra., Mi mamá prepara unas gordas de frijol y yo me compro allá un refresco; mis hermanitos van a la escuela para leer y escribir y contar algo y luego a buscar una chamba. Mi hermana cuida al bebé y hace los mandados, cuando hay con qué hacerlos. La he visto en las tardes que llego besándose desesperada con el de la tienda, que le regala esmalte de uñas y dulces, los guarda en una cajita al rincón de la cama para que mi mamá no los vea.

¿Mi papá? Se fue hace poco. Cruzó el río, o no sabemos, no nos ha mandado recado. De todas formas mejor que no esté, lo único que hacía era mentarnos la madre y pegarnos a todos hasta que nos veía tirados… yo no les pego así, si acaso una cachetada suavecita para que me respeten, pero a mis hermanos, a mi mamá nunca.

Llegué temprano, se nos acabó el trabajo. Mañana a cargar cajas al mercado, a pelear con los que ya tienen su lugar fijo.

Mi mamá se agacha y no dice nada, un latigazo más en su espalda cansada. Esta tarde agarro algo de lo que me dieron este último día y me voy a tomar con los amigos… a empezar a hablar mucho y reírnos de todo, mientras siento cómo mis problemas se van diluyendo con los tragos de alcohol.


"CABAN, EL RECLAMO DE LOS DIOSES"
Una novela por Sonia Silva Rosas
A la venta desde el 30 de abril.
(Próximamente, reseña y comentarios)

Wilma Citlalli Espinoz 4

Dios cuidará de ti

Las rémoras de tus pies no nadarán más en mis sueños.
La rémora de tu amor no aturdirá más mis sentidos.

Todo esto será nada,
el instante después de que mueran los pájaros.
Todo será polvo, lluvia y aliento mutilado.
Dios será quien cargue tu conciencia
y su boca brotará de tu tristeza.

él cuidará de ti,
yo no puedo hacerlo.
Mi camino tuerce sus tallos hacia otro horizonte.
La bóveda celeste no contiene ya tu rostro.

La magia de tus dedos se esfumó en el destierro
y mi unción en ti no cumple ni honra tus deseos.
Sólo vives de nubes y olvidados principios.
Dios está contigo y me hizo a un lado,
yo no soy tu princesa,
ni la virgen de tus sueños.
él y yo competimos por tu afecto.
Yo oro por ti a mil kilómetros,
él se acuesta contigo todas las noches.
No puedo ganarle a la Verdad Suprema,
prefieres abrazar al viento
que a mis brazos de lámina.
él arrulla mejor que mis besos.

Me retiro conforme
porque modela el barro
que desmoronaron mis manos.
Estarás bien sobre su torno.

Y yo modelaré un nuevo universo.

Hugo Salvatierra 5

Estruendo en el follaje

Uno a uno cae.

La tormenta transforma su piel en corteza
en trozos de felicidad trunca.

El sol pulveriza las ramas,
caen como lluvia
como fragmentos de aserrín imposibles de agrupar.

El viento oxida el cuerpo de mis árboles,
penetra hasta en sus dedos artríticos que por debajo se aferran a la tierra.
La marcha ligera de la hormiga agranda sus llagas.

Pero resisten durante las horas claras,
dicen no temer al último miedo.

árboles devastados por los días,
gimen en silencio mientras la mariposa duerme.

Cerca de ahí yo miro,
triste por sus andanza a un lugar incierto.

Enumero mis árboles ya sin vida:
aquél partido por un rayo
al que sólo conocí en relatos de mi abuela
a ése al que trituró la plaga
al que era viejo desde el principio.

Los veo y me convierto en niño,
ignoro la muerte temprana, las arrugas del rostro y la fragilidad del cuerpo.
Trepo en ellos, los imagino nave espacial o fortaleza impenetrable.

Entonces zurzo los zarpazos de las horas,
escarbo en la tierra, saco los féretros, rehago las cenizas.

Pero la aspereza de mis manos recuerda que no soy niño.
Luego contemplo los árboles que quedan,
cierro los ojos,
y con miedo
espero el estruendo siguiente en el follaje.

Julieta Libera Blas 6

El árbol

Supe que era noche porque la casa estaba en penumbras. Mi habitación es tétrica. Hay un ventanal y éste hace que se refleje un inmenso árbol que parece que tiene vida, porque de él se emergen varias formas grotescas. Todas las noches me cubro la cabeza con las sábanas para no mirar fuera de ellas.

Una noche, cuando me fui a acostar temprano, reacomodé - como todas las noches - mi cama de tal forma que diera la espalda al ventanal, para no ver aquel árbol horrible. Me quedé dormido al poco tiempo. De pronto desperté, no en mi cama sino en el suelo frío, casi helado. Rápidamente me incorporé y me asomé por la ventana, y descubrí con terror que yo estaba justamente debajo del árbol. Intenté gritar pero fue inútil, mi voz se asfixiaba en un llanto de miedo y de terror. Mi cuerpo estaba totalmente paralizado. Lo único que quería hacer en aquellos momentos era correr hacia mi cuarto, ir por un hacha y cortar aquel árbol. Pero todo fue en vano. No podía levantarme de ahí.

Decidí tomarlo con calma. Pensar en lo que tenía qué hacer de acuerdo a mis sensaciones que estaban reducidas al pánico. Entonces escuché que del árbol salían pequeñas voces. Confundido, me levanté precipitadamente y pensé que mi hermana me había llevado hasta ese lugar - ¡No! ¡No es posible! Mi hermana es muy pequeña y soy demasiado pesado para ella. Así que descarté esa idea. Tomé aire y di algunos pasos pequeños, de pronto, sin esperarlo, advertí que de entre la corteza salía un pequeño duendecillo color rojo que me sonreía burlonamente tapándose la boca con sus manos.

Poco a poco y con angustiosos pasos fui acercándome a él, éste ni siquiera hizo algo por alejarse, así que fue mi oportunidad para tomarlo por sorpresa. Astutamente lo tome del hombro, se sentía suave, semejante a un niño que necesita amor.

No dijo nada después de que lo toqué. Sin quitarme la vista hizo una mueca de descontento. Estiró su mano para que yo le diera la mía, dudé en hacerlo puesto que no entendía qué hacía un duende rojo dentro de un árbol.

Pensé: ¿vivirá aquí? ¿Será parte del engaño? Tal vez me estén jugando una broma y yo inocentemente sigo la corriente. No, no le haré caso. Pero… ¿y si de verdad ellos te ayudan a crear fortuna, tener suerte y todo lo que tú quieras? No. No voy a perder esta oportunidad, le daré la mano, tal vez mañana tenga todo lo que yo he querido. Sin pensarlo más le di las manos. él las tenía suaves pero frías, y continuaba con esa sonrisa un tanto estúpida y sin gracia. Lo rete mirándolo también de manera grotesca, pero fue en vano, su sonrisa era la misma. Suspiré y tomé aliento para entrar a ese árbol, el mismo que por años, durante todas las noches de mi vida, me había causado miedo. ¡Por fin sabría lo que era estar dentro de él!

El duende haló mi mano y como si fuera un bulto me hice sumamente pesado. Comenzó a faltarme la respiración y, conforme avanzábamos, mi cuerpo terminó por debilitarse. Me desmayé cuando estuvimos totalmente adentro de él. Escuché a lo lejos la risa burlona de aquel duende rojo que nunca me habló y que me miraba de manera tétrica.

Desperté y mi cama estaba en su lugar. Todo estaba en su lugar. Lo único que parecía impar era tanta soledad y silencio. Yo no estaba dentro de ese árbol. Salí corriendo hacia el patio, el sol quemaba. Era tarde. Me asusté y empecé a llorar como un pequeño que se descubre perdido. Rodeé el árbol para mirar si tenía alguna entrada como la que vi en mi sueño, pero no encontré ninguna. Lo que era extraño es que el árbol tenía otra vez vida, seguía siendo fuerte como el roble que era, pero ya no estaba seco. Suspiré aliviado, sabía que todo había sido una pesadilla.

Regresé a mi cuarto y tomé una ducha. El vapor hizo que el espejo del baño se opacara. Tomé una toalla y lo limpié. Cuando me miré al espejo me llené de terror y un escalofrío rodeó todo mi cuerpo. Me miré detenidamente y toqué mi imagen.

Esa tarde supe que aquel duendecillo rojo era el alma del viejo roble y que yo le había regalado mi juventud.


Federico Reyes Rodríguez 7
El amanecer

La oscuridad de la noche como sustancia que todo lo cubre. Llena absolutamente todos los huecos del espacio, disminuida luz que cambia formas e imágenes. Se transforma en otro mundo, difícil avanzar en cualquier sentido. Moverse en esa oscura densidad es imposible ya que hay fantasmas muy reales que impiden el tránsito de personas e ideas. En el mundo de la oscuridad, pocos se atreven a ir donde la ausencia de abundante luz lo impide. Desde adentro, las ideas y los sentimientos se mueven. Es la tiniebla quien empuja?a? sacar la locura, a sentir y expresar. Es la otra oscuridad, más intensa, la de las emociones. El manto que cubre esa oscuridad es letal. Expresar se prohíbe, recibir se cancela y las emociones quedan anudadas en los entresijos.

Antes de amanecer es más oscuro que nunca. Es dolor intenso cuando no se puede ya, porque está el gran nudo lleno de emociones, todas sin saber cuál es cual; porque la oscuridad es total, es el espacio en tinieblas, caminar al vacío por una cuerda invisible en la que no existe inicio ni final.

Cuando la oscuridad es total y se niega la luz, se percibe de pronto un llanto silencioso que poco a poco aumenta como la vertiente de agua desbordada. Entonces la oscuridad cede cuando el llanto es a gritos, imparable. Viene después el remanso,todo se ve más claro. Es el amanecer.


1.Diana Azcona Trejo es poeta mexiquense nacida el 7 de junio de 1982. Cursó un diplomado en creación literaria en la escuela de escritores de Metepec, Estado de México. Actualmente participa en el taller literario “Entre muros” y prepara Silencios, su primer poemario.

2.Gerardo Cárdenas es escritor, periodista y promotor cultural. Originario de la Ciudad de México (1962), salió de su país ejerciendo diversos cargos como corresponsal extranjeros en Miami, Washington, Bruselas, Madrid y Chicago, donde vive desde 1998. En esta última ciudad dirige desde 2007 la revista cultural contratiempo. Ha publicado el libro de relatos “A veces llovía en Chicago” (Libros Magenta/Ediciones Vocesueltas, 2011), y actualmente trabaja en una novela y un poemario. Es también autor del blog semanal “En la Ciudad de los Vientos”.

3.Marcela Patricia Quiñones es poeta, cuentista y artista plástica. Radica en el estado de Durango, México.

4.Wilma Citlalli Espino es poeta. Radica en el estado de Durango.

5.Hugo Salvatierra A. Nació el 23 de mayo de 1979, en la Ciudad de México. Como periodista ha cubierto eventos como la Copa Libertadores, la eliminatoria rumbo a la Copa Mundial de Futbol Corea-Japón 2002, las elecciones presidenciales de 2000- 2006 y 2006-2012 y congresos de infraestructura, área en la que se especializa. También participó en la redacción del libro “Complejo Cultural Puebla Siglo XXI, un legado para México”.

6.Julieta Libera Blas es cuentista originaria de la ciudad de México. Desde pequeña sus padres le mostraron el mundo fantástico de los libros, de ahí su inquietud por escribir. Estudió Ciencias de la Comunicación en el Estado de México. Se inclina hacia el terror, la locura y fantasía. Actualmente conforma una colección de cuentos con la ayuda de su mentora Sonia Silva Rosas.

7.Federico Reyes Rodríguez es originario de China Nuevo León y radica en Monterrey, N.L. Ha participado en grupos de teatro y en grupos de estudio sobre autores. La experiencia en la escritura ha sido más en el ensayo académico y artículos con temas relacionados con el desempeño de la profesión.

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De los Cuadernos de un Soñador
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