| #74 Llevo en esta batalla desde el setenta y ocho sin banderas rojas ni pechos sangrantes apenas el mío salpicado por un cabeceo desnudo un molino desmenuzando el aire luces tras el vidrio empañado. Cada mañana amanece de golpe (siempre me sorprende despertar viva) es el ritual de escupir una pluma de mis labios comprender que he soñado ser un ave. El reloj marca las diez y aún no encuentro una lanza que haga reventar las entrañas del asfalto donde pisa el desahuciado y mendiga un pedazo más de vida. Todavía no encuentro el escudo ni el yelmo que me defiendan de la soledad el sudor, el vaho, las caras tristes del tren siempre a tiempo en la última estación. Voy armada apenas con mi torpeza y el hambre de un perro rabioso sin rezos a los santos ni placas de identificación. Esta noche me acostaré a dormir con los huesos rotos y los labios resecos sin saber otra cosa que el día de mañana terminará igual no sé por cuanto tiempo. # 80 Adiós a mi país, el de ciudadelas de tamaño y caos decreciente balcones floridos lluvias salvajes sobre cruces de palo en patios de viejitas mansas que encienden una vela en lunes por ser día de ánimas. Perros vagabundeando por las esquinas y caminos de tierra, niños anónimos, simplemente niños. Adiós a mi país, el de hombres caminando negligentes a ritmo descontento y mujeres desnudas acostadas boca abajo a medianoche luchando contra la última llamarada de vigilia. # 84 Para cavar un hueco en la memoria no bastan las manos ni la sangre ni la savia; para dejar un hueco limpio, sin llenarse de tierra, sin sudar bajo el sol y sentir los labios resquebrajarse con la sal es necesaria una dosis de locura, de vidrios rotos, aguas azules, putrefactas, teñidas del moho de las entrañas. Para no tener pico, pala ni uñas se necesitan otros fluidos, otras herramientas de aire nocturno, de pesadillas ignoradas, de cenas de exabrupto, de ajenidad descontexto y otros calificativos. Para cavar un hueco en la memoria haría falta más de una línea; se necesitaría tal vez un puñal, tal vez, al final, un desencuentro. # 86 desde este rincón presiento la rompiente nocturna el ulular de otras luces sombras que aúllan como si fueran una bestia desde aquí mis ojos escudriñan hasta herir el cielo ya negro ya roto ya salpicado por otro que llegó antes # 87 despierto sé que despierto entumecida de un sueño ajeno alguien me ha surcado me ha conversado ha delineado mis manos mi algo un poco mi risa se ha agotado de andar entre mis faldas ha indagado tal vez habrá abierto alguna herida que no sangró por indómita por efímera yo sólo entiendo que me siento cansada desnuda vacía de cicatrices pasó la lluvia durmieron aves murieron peces se derramó la noche # 88 la ciudad en su alboroto, duerme revolotean los papeles a ras de suelo arriba los pájaros las nubes los rascacielos irisados silenciosos vigías de nuestro desconcierto # 92 Ocurre que hay cosas absolutas irreprochables determinantes como las sombras como los caminos al monte. Es mentira callar encontrar que la medialuna sigue allí mutilada, un poco triste insomne, paciente. # 93 yo no sé qué significa tanto silencio he olvidado la mitad de mi voz mi casa también está callada inmensa guardada cerca de la costa para que no se enfríe sólo que la costa está lejos aquí el espacio es pequeño y las noches son largas conscientes una fiesta que se ha terminado caos post-guerra post-algo a veces el humo se cuela le da forma a la angustia cesa en el aire sin hacer ruido sin nostalgias como esta de luces apagadas a veces hace falta el delirio a veces hace falta el cansancio a veces hace falta un lomo tibio la caricia despierta de un animal # 95 no me hallo sino en la soledad hora imposible augusta de los silencios hay un algo transparente cercano despierto que me separa me instala en estas palabras hay un misterio largo casi domesticado en esto de la noche |
Tatiana Sledzinski
tatysle@hotmail.com
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