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2008 | ||
La herencia que nos dejaron adecos y copeyanos es clara: la cultura del funcionario público que opta por rodear el problema en lugar de enfrentarlo, aún sabiendo que el problema no sólo es inevitable sino que, además lo tiene ya encima. Es por ello que una buena cantidad de venezolanos -a Dios gracias, no la mayoría- se oponen con todo lo que tienen a la posibilidad de reelección indefinida para el presidente de la república. Veamos el posible escenario, de aprobarse la enmienda constitucional: para el año 2012, Hugo Chávez se postularía nuevamente como candidato; pero también podría postularse como candidato Manuel Rosales, Ramos Allup, Antonio Ledezma y quien quiera que sea que cumpla con las condiciones necesarias para serlo según las leyes al efecto. ¿Quién ganará esas elecciones? Pues no será otro más que aquel que obtenga la mayor votación, es decir, aquel que logre convencer, con su proyecto, a la mayor cantidad de personas. Entonces, ¿Cuál es el verdadero problema con la posibilidad de reelección indefinida, establecida constitucionalmente? Que no hay nadie en Venezuela (ni en la oposición ni en las filas del llamado "chavismo" -seamos claros-) que se sienta con la capacidad necesaria para enfrentarse políticamente a Hugo Chávez. Ese es el problema. ¡No la posibilidad de reelección! Si en lugar de armar tanto alboroto, los interesados se dedicaran a desarrollar un proyecto político que puedan llevar como bandera y se dedicaran a trabajar construyendo en lugar de estorbar en todo cuanto se intenta llevar a cabo hoy día, la enmienda constitucional no sería problema porque habría todo un trabajo político y social de 4 años, respaldando a quien se presente, como candidato, a las elecciones de 2012. Todos los argumentos esgrimidos hasta ahora, en contra de la enmienda, no hacen sino poner en evidencia la ignorancia de quien los defiende. Caracas, 14/12/2008 | ||
..........En el autobús, regresando a Venezuela, a mitad de camino entre el aeropuerto internacional Simón Bolívar, en Maiquetía, y la ciudad de Caracas, una voz de mujer resaltaba entre los murmullos de la gente que conversaba: Febrero, 2008 | ||
2007 | ||
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Yon Goicoechea, es el típico "Bart Simpson" que sueña con tener, cuando sea grande, "un carro, una casa y un perro" que le acerque las pantuflas cuando se siente en su sofá preferido, a ver la televisión, mientras María, su latina indocumentada particular, le prepara un refrescante trago de wisky -18 años- "on the rocks". Uno se pregunta: ¿Qué hace el Señor Don Juan Carlos de Borbón, rey de España, en una cumbre de jefes de estado de Latinoamérica? ¿Supervisando sus colonias? ¿Será qué el Señor Don Juan Carlos de Borbón no ha superado todavía el siglo diez y seis? ¿Qué legitimidad tiene el señor Don Juan Carlos de Borbón como gobernante de España? ¿En qué elecciones populares fue elegido?
BREVES OBSERVACIONES SOBRE LA CONSTITUCION ESPAÑOLA PREAMBULO (último parrafo) "... En consecuencia, las Cortes aprueban y el pueblo español ratifica la siguiente Constitución." Preguntas para cualquier español de 48 o más años de edad (es decir: que en 1978 tuviera la edad suficiente y necesaria para votar por la ratificación del texto constitucional):
Después de responder mis cuestiones, ahora pregúntese usted mismo(a):
CONTRADICCIONES: (sólo por mencionar unos pequeños detalles) cito TÍTULO II Artículo 56 Artículo 64 fin de la cita ¿En qué quedamos? Es el "Jefe del Estado y la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales", con una amplísima lista de acciones que le competen como si, de verdad, lo fuera (cosa que se desprende de los artículos 62 y 63), pero no puede hacer nada a menos que se lo autorice el presidente del gobierno, quien, dicho sea de paso, es propuesto y nombrado por el mismísimo monarca, previa autorización del congreso? ABSURDOS: cito Artículo 56 Artículo 65 Si mal no entiendo el castellano, la constitución dice que no importa "por donde le dé al Rey" en un momento determinado: él no es ni será responsable de sus actos. Si sale una noche de parranda conduciendo su coche y por exceso de velocidad o de alcohol mata a un peatón, él no puede ser responsabilizado. Si en un momento de descontrol, toma una pistola y mata a alguien, el muerto al hoyo y el Rey a su vida normal. Si el acto está refrendado, el responsable por el muerto será quien lo haya refrendado y si no lo está entonces el acto carece de validez (cosa que, obviamente, de nada le servirá al difunto); de cualquier modo, el Rey no puede ser responsabilizado: por algo es el Rey, amo y soberano de todo lo animado e inanimado que exista sobre el territorio español (extensible a sus colonias). Puedo entender lo que el constitucionalista quiso decir en el artículo 56, pero una cosa es lo que se quiere decir y otra lo que se dice. Lo que se quiere decir es asunto de quien quiere decirlo; lo que se dice, es asunto de aquellos a quienes pudiera afectar. Ya para finalizar este pequeño texto que me dió por escribir este día en que no tego nada mejor que hacer, el Rey no tiene potestad para abrir la boca en una alta reunión internacional de jefes de estado (ni en cualquier otro lugar -salvo en su casa, si su mujer le deja, como sucede a la inmensa mayoría de los hombres casados-), a menos que pida autorización para ello al presidente del gobierno y este se la dé. Aquellos, entonces, que tanto le aplaudieron y aplauden el ya de todos conocido "¿Por qué no te callas?", deben saber que su Soberano actuó como un chiquillo malcriado y no esaba autorizado para abrir la boca en el momento en que lo hizo. Tendría que haber pedido permiso, previamente para hablar y, hubiera podido hacerlo, sólo de haberle sido concedido. L. Ditor Para el final de la contienda electoral del día 2 de diciembre de 2007, en Venezuela, la oposición se planteaba un escenario de confrontación. Unos hablaban de pequeños focos de violencia, tantos como fuera posible, de modo que las fuerzas del orden público no se dieran abasto para controlarlos; otros hablaban de grandes concentraciones. En todos los casos, la consigna era la misma: quedarse en la calle "para defender nuestro voto". Esto sólo puede tener una interpretación: no aceptarían ningún resultado que les fuera adverso. El único resultado posible para ellos era ganar, y, de no ser así, al grito de ¡fraude! buscarían la victoria a como diera lugar. ¿Qué hace, sin embargo, Hugo Chávez, el autócrata, el tirano, el dictador, el del verbo agresor y violento, ante un resultado adverso por la discutible diferencia de 124.962 votos? Y nadie venga a decirme que 124.962 votos, de un universo de 8.883.746, (para quienes gustan de verlo todo en función de porcentajes: el 0,71%) no es una diferencia discutible que incluso entra dentro de un márgen estadistico de error atribuible a cientos de circunstancias distintas, incluyendo fallas en la transmisión o en la electrónica de los equipos de conteo. ¿Qué hace, entonces? -sigo diciendo- ¿Pelea su diferencia? ¿Exige un reconteo voto a voto hasta estar totalmente seguro, aunque sólo sea para producir malestar en la oposición que ya celebraba su triunfo? ¿Espera a que lleguen los documentos con los votos manuales emitidos en el extranjero y en las zonas más alejadas del pais, donde, mucho o poco también tiene un apoyo importante? ¡No! Aparece ante las cámaras de televisión, inmediatamente después de que el Consejo Nacional Electoral emite los resultados, para reconocer su derrota, felicita a los ganadores, les invita a quedarse en la calle celebrando con prudencia y, agradeciendo el apoyo de quienes votaron a favor de su propuesta, les pide que se vayan a descansar, en calma y pacificamente. Hubiera bastado una palabra; un llamado a desconocer la decisión, como tenían planeado hacer los opositores -como ya hicieran los opositores en otras oportunidades- para encender la mecha de la dinamita social, justificar un estado de excepción y darse, si fuera el caso, el tan mentado "auto-golpe de estado" que, supuestamente, a decir de algunos, estaba planeando. Habrá que hacer un paréntesis aquí para acotar que en otros lugares del mundo, donde creen estar mil pasos por delante de nosotros en cuanto a cultura y civilización se refiere, por diferencias numéricamente mayores, ha habido enfrentamientos civiles, llegando a las armas, incluso, con pérdidas lamentables de vidas humanas; y, también, para recordar la forma en que el "PP" español, por ejemplo, cuyos partidarios y líderes, especialmente, tanto critican el proceso de cambio que Hugo Chávez lidera en Venezuela, peleó la diferencia de votos (ampliamente mayor, numéricamente, que esta de la que aquí hablamos) conque perdió las elecciones autonómicas en Galicia y cómo llegaron al insulto y al desprecio hacia el colectivo de gallegos que viven fuera de España porque al voto de éstos se debió tal diferencia. Vistos los hechos, no pareciera Hugo Chávez tan dictador, ni tan autócrata, ni tan tirano, ni tampoco tan violento como lo han venido pintando los medios internacionales de desinfomación, con la anuencia y la amplísima ayuda de los medios de desinformación nacionales y los líderes venezolanos de oposición. Tampoco pareciera tener bajo su dominio a todos los demás poderes nacionales -como tantas veces se dijo- cuando no ha podido hacer que el Poder Electoral manipulara los votos para obtener resultados a su favor, y pareciera que el grito de "¡libertad!" -tan esgrimido durante los últimos ocho años por la "sociedad civil" de opositores- no tiene, ni tuvo nunca, razón de ser, demostrado como queda que, por medio de las elecciones -y ante la absoluta independencia del poder electoral- es posible, de forma transparente y legal, obtener resultados políticos sin fraude ni manipulación. ¿Estrategia de Hugo Chávez, este feliz y oportuno reconocimiento de su derrota que, bien visto, convierte la derrota en una victoria? Tal vez sí, tal vez no. Los hechos están ahí; las imágenes también. Quien tenga ojos, que vea; y, sobre todo, quien sea capaz de discernir, ¡que entienda!. Este humilde escribidor, por si no lo había hecho antes (o por si a alguien le quedaba alguna duda), hoy fija posición, y lamenta que, por un lado, el odio personal de un grupo de personas hacia Hugo Chávez, y, por el otro, la falta de analisis y comprensión sobre el texto planteado, o la excesiva alienación hacia lo transmitido por los medios masivos de comunicación, impidan aprobar un instrumento legal que significaría avances importantes para el pais. No todo está perdido, sin embargo. Es cuestión de ir con calma -"sin prisa pero sin pausa"- buscando la manera de hacerle comprender a la gente el alcance y la necesidad de ciertos cambios que ahora podrían no estar muy claros, para volver a hacer la consulta respectiva llegado el momento oportuno. (L. Ditor, Dic. 3 de 2007) Contradicción: Manuel Rosales acepta que en Venezuela existen dos puntos de vista diametralmente opuestos y, mientras enarbola la bandera de la libertad de pensamiento y el respeto a la opinión ajena (Caracas, 27/06/2007), afirma que el único punto de vista correcto es el que él defiende. Democracia Acto I Algunos meses atrás, un vecino de mi comunidad tuvo la idea de revestir con piedra la fachada del edificio. Yo me oponía a tal propuesta por dos motivos. El primero es una cuestión de criterio: me parece un trabajo absolutamente innecesario; y, el segundo, es una cuestión económica: teniendo que dedicar mensualmente una alta suma de dinero para fines de salud, sabía que me iba a ser muy difícil honrar el compromiso derivado de tal proyecto. Como quiera que vivimos en una democracia y convivimos según normas democráticas, se hizo la correspondiente reunión, se planteó lo que había que plantear, se sometió a votación y, por votación, la mayoría decidió que se revestiría la fachada. Cualquier persona razonable que me esté leyendo en este momento, concordará conmigo y con mis vecinos en que la decisión fue aprobada, de forma democrática, por la mayoría, con lo cual yo -y cualquiera que como yo hubiese votado en contra- tengo sólo dos opciones: tragarme mi criterio -utilizarlo, tal vez para endulzar el café de cada mañana-, apoyar la opinión -que no me agrada- de la mayoría y cumplir de la mejor manera posible con las obligaciones derivadas de una decisión con la cual, repito, no estoy de acuerdo... o vender mi propiedad e irme del edificio. Acto II El 3 de diciembre de 2006, el pueblo venezolano se reunió en la calle para elegir uno de entre los proyectos políticos que para el país estaban ofreciendo los diferentes líderes políticos. (aquí es donde parte del público, adivinando por dónde van los disparos, comienza a abandonar la sala). La votación fue masiva. Por votación, la mayoría eligió a Hugo Rafael Chávez Frías para presidir el gobierno del país y llevar a la práctica el proyecto socialista que él venía proponiendo y que, nadie puede sentirse engañado, había sido ampliamente difundido con anterioridad. Aplicando la misma regla de tres, en relación al párrafo (acto) anterior, ¿qué deberían hacer quienes no estén de acuerdo, ya sea con el personaje o con el proyecto elegidos de forma democrática por una amplia mayoría? Conclusión No soy quien para decirle a nadie lo que debe hacer, pero (aunque ya nadie quede en la sala para escucharlo), creo que estoy en todo mi derecho de decir lo que no deben hacer: ¡Estorbar!. L. Ditor Revolución: "Giro o vuelta que da una cosa sobre su eje..." Sí; así se explica que quienes en otro tiempo denunciaban la corrupción y a los corruptos en las instituciones del estado, y gritaban a todos los vientos acerca de la necesidad de castigar a los corruptos para acabar con la corrupción, sean los corruptos de hoy. La diferencia es que de la corrupción "manual", hemos pasado a la corrupción "tecnificada". Para muestra un simple ejemplo: una persona puede pasar meses intentando, a través de internet -única manera de hacerlo- de obtener la cita para gestionar un pasaporte, y alguien, por una "módica" suma te entrega la planilla de solicitud, con la cita en un par de días. Antes de la "revolución", si no queríamos caer en las manos de los parásitos de turno: ("yo te lo saco rapidito, pero cuesta tanto"), podíamos acudir a las oficinas de indentificación, a conciencia de que perderíamos toda la mañana y, en el peor de los casos nos faltaría algún documento y tendríamos que perder también la mañana del día siguiente; pero saldríamos con el pasaporte en las manos... Ahora no hay manera... o tienes suerte de ser el primer usuario en pisar "enter" un lúnes a las 9 de la mañana o caes en las manos del parásito de turno, pagando por lo que es un derecho, o -siempre hay una última opción- te quedas sin pasaporte. Eso es lo que Revolución significa: no es que cambien las cosas; lo que cambia, es quien las hace; o, cómo se dice en mi pueblo: "cambiarás de molinero mas no de ladrón". L. Ditor | ||
2006 | ||
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Alguien, por ahí, te está diciendo ATREVETE. Yo te digo, piénsalo bien... en ocasiones, "atreverse", más que una muestra de valentía es una muestra de estupidez Los amigos del SENIAT (Servicio Nacional Integrado de Administración Tributaria), ahora han decidido honrar el idioma castellano y enseñarnos a todos los que vivimos en Venezuela, a hablar con propiedad... eso sí, sin antes aprender ellos. En un país en donde siempre se ha utilizado el verbo "cancelar" como sinónimo de "pagar", ahora, de la noche a la mañana, pretenden que, para referirnos a las transacciones "de contado" en las tiendas, en las cuales alguien entrega dinero por el artículo que otro alguien le vende, en lugar de "CANCELADO", digamos "PAGADO". Argumentan, para ello que "en castellano, cancelar y pagar son dos cosas totalmente diferentes y que, en castellano, no se dice cancelado sino pagado". Las lecciones, cuando pretenden enseñarnos algo, siempre son de agradecer. Lo que no es de agradecer, es que sea causal de multa y de cierre por tres días, el hecho de que en una factura diga "cancelado" en lugar de "pagado" porque, ante todo, la lección quienes deben recibirla son ellos. Basta que se remitan a cualquier diccionario de los tantos que hay en las librerías sobre la lengua española, para darse cuenta de que "cancelar", según la Real Academia de la Lengua, entre dos o tres significados más (todos relacionados), tiene la acepción siguiente: "Saldar o extinguir una deuda". Si acaso no entendieran lo que significa "extinguir", en el mismo diccionario encontraríamos "dar por terminada una obligación" y en caso de que no entendieran lo que significa "saldar", en el mismo diccionario podríamos encontrar algo como: "Dar por terminado un asunto, situacion, enfrentamiento, etc.; liquidar enteramente [una cuenta] satisfaciendo el alcance o recibiendo el sobrante que resulte de ella". ¿Queda claro que "cancelar una factura", significa exactamente lo mismo que "pagar una factura" y que, semánticamente hablando, es un término aún más exacto que este? ¿Por qué más exacto? Porque cuando hablamos de "cancelar una factura", hablamos de dar por terminada la obligación que la factura (como resultado de una transacción comercial) genera, mientras que cuando hablamos de "pagar una factura", podría interpretarse como que entregamos dinero por el pedazo de papel en el cual alguien describe una operación mercantil y no por la operación mercantil descripta. De cualquier modo, si los amigos del SENIAT se empeñan en utilizar el castellano como nuevo método de terrorismo tributario, tal vez tengamos que comenzar a pensar en términos como "albarán" en lugar de la acostumbrada "nota de entrega", para referirnos a la relación de mercancías que se emite para hacer efectiva su entrega al cliente; "coste" o "costa", en lugar de "costo" o "presupuesto", para referirnos a lo que debemos pagar para adquirir un bien; "tarta" y no "torta" cuando vayamos a comprar un pastel para celebrar un cumpleaños y en fin, tendríamos que "echar al cuerno" todos los venezolanismos que, incluso la propia Academia de la Lengua Española, ha reconocido e insertado en el diccionario. Es más, en el ámbito comercial, tal vez tendríamos que cambiar la palabra "factura" en sí misma porque, "factura" es sinónimo, en primer lugar, de "hechura" y "fabricación" cosas ambas que ninguna guarda relación con el acto mercantil de compra venta que, al fin y al cabo, es lo que le interesa al SENIAT. Vuelvo a decir lo que vengo diciendo desde hace ocho años: esta revolución, como todas las revoluciones adolece de un grave defecto: son más, muchísimos más, los capitalistas convertidos que los socialistas convencidos. La diferencia está en que el convencido trabaja por aquello en lo que cree, mientras que el convertido sólo trabaja por y para si mismo, y transforma las intenciones del convencido en algo totalmente diferente, para su propio beneficio. L. Ditor ¿Qué interés puede tener María Conchita Alonso, conocidísima "cortesana latina de Hollywood", por lo que suceda en un país que está a unos cuantos kilómetros de distancia de su lugar de residencia? Ella, no tiene que convivir a diario con la inseguridad de las calles venezolanas, ni padecer el tráfico en esas mismas calles harto deterioradas; tampoco tiene que convivir con la pobreza de sus gentes, con la falta de empleo, con sus niños limpiando parabrisas en los semáforos o los vagabundos buscando comida en recipientes de basura (cosas, que, en el país de las maravillas en que ella vive, se ven en películas, es cierto, pero no son realidades sino que existen sólo en la imaginación de libretistas, productores y directores). Ella no. Ella vive lejos de todo eso en el "país de las libertades". Entonces, ¿a qué viene ahora tanto lamento televisivo? Podríase decir que "le duele su país" pero, si tanto le duele su país, ¿por qué vive, trabaja y paga impuestos en los Estados Unidos, en lugar de vivir, trabajar y luchar día a día, en (y por) este "su" país que, repentinamente, tanto le interesa? Este "su" país, que fue "su" país mientras era una total desconocida y que desconoció en la primera oportunidad que tuvo, cuando en su primera entrevista en Miami, ya como "Ambar", dijo a quien la entrevistaba, sin ningún tipo de reparos "yo soy cubana". Entonces, ¿de dónde, María Conchita, te salió ahora lo venezolano? Claro, si pensamos que el tiempo no pasa en vano y que para una cortesana no hay peor enemigo que el tiempo... se entiende que hayan mermado los ingresos en el norte y necesite retornar a su "venezolanidad"... hay quien dice por ahí: "agarrando aunque sea fallo" o "a falta de pan..." En algún tiempo comenté -voy a recordarlo ahora- que el excremento gringo debe ser más perfumado que el venezolano. Es la única explicación que puedo darle al hecho de que algunos profesionales que conocí, hayan emigrado argumentando la falta de empleo en Venezuela "... como entenderás, no me voy a rebajar a hacer un trabajo de menor categoría que aquello para lo que estudié", y hoy trabajan ilegalmente en Estados Unidos, limpiando letrinas (entre otras cosas). Viene a cuento el comentario, para referirme a otro "limpia letrinas en busca de oro": Alan García... En tiempos de campaña presidencial en Perú, y aún después, se ha llenado la boca diciendo que nunca se vendería "a la chequera gorda de Hugo Chávez"; sin embargo, vemos que no tiene el menor escrúpulo para venderse ante la chequera más gorda aún de George W. Bush... Alan García se cree el cuento aquel de que, como su mercado está en las más altas esferas de la clase social y no debe "patear" la calle en busca de clientes, la cortesana no es prostituta (con el respeto que me merecen, más las últimas que las primeras). L. Ditor Durante las dos últimas décadas del siglo XX, los políticos venezolanos (y otros que no eran políticos) tenían dos destinos para sus necesidades en medicina: análisis médicos, tratamientos, operaciones, etc., etc. Los más adinerados iban a Houston, Texas; los restantes a CUBA (porque, según ellos, la medicina cubana era una de las mejores del mundo). Entonces... como si de una maldición se tratara, Hugo Chávez se hizo amigo de Fidel Castro... Ahora, para aquella misma gente, la medicina cubana es la peor medicina del mundo. Al fin y al cabo... son políticos... ¿quien los entiende? Escuché decir a un médico en Caracas: "No me quemé las pestañas estudiando, para terminar en un barrio marginal haciendo medicina social...". Otro lo dijo de forma más clara: "Si hago parte de Su trabajo, ¿por qué no habría de pretender vivir como Dios?". Ambos estaban visiblemente molestos porque Hugo Chávez utilizaba médicos cubanos en su programa de salud orientado a las gentes de más bajos recursos, en lugar de utilizar médicos venezolanos. SIN COMENTARIOS... En una oportunidad escuché a Javier Vidal, en su programa de radio, los sábados por la tarde, refiriéndose a "los miserables", la novela de Víctor Hugo, como "una novelita rosa de un escritorucho francés muy poco conocido y de inclinaciones napoleónicas". ¿Es posible tal opinión en boca de un periodista, dramaturgo, director de teatro, actor de cine, teatro y televisión, de amplia y reconocida trayectoria, o tal opinión se debió a que, por aquel entonces, era la novela que estaba leyendo Hugo Chávez y, éste, no perdía oportunidad para hacer referencia a ciertos pasajes, en sus apariciones públicas? En cualquier caso... José L. Dasilva Dos caras de un misma moneda... ACTO I - anverso - ACTO II - reverso - Epílogo José Luis Dasilva Navia |
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