MAS ACERCA DEL ALCOHOLISMO

La mayorma de nosotros rechazaba admitir que iramos verdaderos alcohslicos. En efecto, no es agradable para nadie pensar que mentalmente y fmsicamente se es diferente a los demas. No es entonces de extraqar que nuestras vidas de bebedores hayan estado marcadas por innumerables e inztiles tentativas para demostrar que podmamos beber como todo el mundo. Ista es la gran obsesisn de todo bebedor anormal : la idea de que algzn dma y il no sabe csmo llegara a beber razonablemente y a encontrar placer al hacerlo. Es asombroso constatar hasta qui punto puede persistir esta ilusisn. Son muchos los que se aferraron a ella hasta las puertas de la locura o de la muerte.

Aprendimos a aceptar, hasta lo mas profundo de nuestro ser, que iramos alcohslicos. Iste era el primer paso a tomar si quermamos liberarnos. La ilusisn de que somos como los demas o que alguna dma lo llegaremos a ser debe disiparse de inmediato.

Nosotros, hombres y mujeres alcohslicos, hemos perdido la facultad de controlarnos ante el alcohol. Sabemos que un alcohslico

verdadero jamas encuentra este control. Claro que sm, todos nosotros tuvimos, en un momento determinado, la impresisn de que nos reponmamos. Pero estos respiros, generalmente cortos, eran seguidos por una impotencia todavma mas grande que trama un abatimiento lastimoso e incomprensible. Estamos convencidos de que los alcohslicos de nuestra categorma somos presa de una enfermedad progresiva. A la larga, nuestro estado se agrava sin cesar, jamas se mejora.

El alcohslico es como el invalido que no tiene ya piernas: jamas las va a recuperar. No parece existir ningzn tratamiento capaz de transformar en seres normales a los alcohslicos como nosotros. Hemos probado todos los remedios posibles, y a veces algunos nos han dado un momento de respiro. Mas siempre les seguma la aparicisn de un estado aun mas grave que los anteriores. Los midicos que conocen el alcoholismo estan de acuerdo en que es imposible para un alcohslico convertirse en un bebedor normal. Quizas algzn dma la ciencia aporte tal remedio, pero hasta ahora esto no es posible.

A pesar de lo que podamos decir, numerosos son los verdaderos alcohslicos que no creen pertenecer a esta categorma. Ellos se dejan llevar por una esperanza engaqosa y tratan por todos los medios de demostrarse que son las excepciones a la regla y que son, por consiguiente, bebedores normales. Estamos dispuestos a quitarnos el sombrero ante la persona que, habiendo demostrado una sola vez que era incapaz de controlar el alcohol, pudiese posteriormente consumirlo de manera normal. Sslo Dios sabe los numerosos y pacientes esfuerzos que hemos hecho por intentar beber ! como todo el mundo !

He aqum algunos de los mitodos que intentamos: Beber solamente cerveza; limitar el numero de copas; nunca beber solos; nunca beber por las maqanas; beber solamente en nuestra casa; no tener alcohol en casa; no beber durante las horas de trabajo; beber solamente en compromisos sociales; cambiar de whisky a brandy; beber solamente vino; estar de acuerdo en presentar nuestra renuncia si llegabamos a emborracharnos en el trabajo; salir de viaje; dejar de salir de viaje; jurar o simplemente prometer que no volvermamos a beber; hacer mas ejercicio fmsico; leer obras literarias adecuadas para encontrar

motivacisn; pasar algzn tiempo en una finca de reposo en el campo o en alguna clmnica; estar de acuerdo en recibir tratamiento psiquiatrico. La lista podrma aumentarse hasta el infinito.

No nos gusta declarar que una persona es alcohslica; usted mismo puede elaborar su propio diagnsstico:

Entre al bar mas cercano y vea si puede beber razonablemente. Asimismo, ensaye beber y detenerse szbitamente. Repita el experimento varias veces. Pronto sabra a qui atenerse si es honesto consigo mismo. Quizas valga la pena arriesgarse a padecer un brutal acceso de temblores, con tal de saber con seguridad cual es nuestro estado.

Aunque no estemos en condiciones de comprobarlo, creemos que la mayorma de nosotros habrmamos podido poner fin a nuestro mal habito desde el principio. Sin embargo, pocos alcohslicos desean verdaderamente dejar de beber cuando azn es tiempo. Hemos tomado algunos casos de individuos que, a pesar de la manifestacisn indudable de todos los signos de alcoholismo, tuvieron ixito al no beber durante mucho tiempo gracias a un poderoso deseo de dejar de hacerlo. Les damos aqum un ejemplo:

Un hombre de treinta aqos se emborrachaba mucho y muy seguido. Por las maqanas se sentma excesivamente nervioso e intentaba calmarse bebiendo otra vez alcohol. Ademas deseaba ardientemente triunfar en los negocios, pero se daba cuenta de que no lograrma nada bueno mientras hiciera contacto con el alcohol, pues, una vez que empezaba a beber, ya no podma detenerse. Toms entonces la decisisn de no tomar ni una sola gota de alcohol hasta que hubiese triunfado en la vida y viviera retirado de los negocios. Con una fuerza excepcional, este hombre permanecis perfectamente abstemio durante veinticinco aqos y, despuis de haber triunfado en el mundo de los negocios, se retirs a los cincuenta y cinco. Como casi todos los alcohslicos, cometis el error de creer que, en razsn de su larga abstinencia y de su disciplina personal, podrma beber como los demas. Se puso sus pantuflas y abris una botella. Dos meses mas tarde llegs a un hospital confundido y humillado. Durante algzn tiempo hizo esfuerzos para regular su modo de beber, al tiempo que se internaba varias veces en el hospital. Poco despuis, reuniendo todo el coraje

de que era capaz, intents cesar de beber completamente, sslo para descubrir que no podma. Sin fijarse en gastos, consiguis todos los medios posibles para combatir su habito; pero todas sus tentativas fracasaron. De complexisn robusta en su retiro, su fmsico decays gravemente y muris cuatro aqos mas tarde.

Hay en esta historia una leccisn importante. La mayorma de nosotros cremmos que, no bebiendo durante un buen tiempo, podrmamos enseguida beber normalmente. Pero aqum esta un hombre que, a los cincuenta y cinco aqos, se encontraba en el punto exacto en que estaba a los treinta. Vimos demostrada una vez mas esta verdad : Una vez alcohslico, alcohslico para siempre." Cuando, despuis de un permodo de abstinencia, regresamos al alcohol, estamos en el mismo estado grave que antes. Si queremos renunciar a beber, debemos hacerlo sin ninguna reserva, sin acariciar la sutil esperanza de estar algzn dma inmunizados contra el alcohol.

Quienes son jsvenes pueden llegar a creer, a partir de la experiencia de este hombre, que pueden detenerse, como il lo hizo, por medio de la sola voluntad. Dudamos mucho que puedan tener ixito, ya que no lo desean firmemente. A causa de la particular deformacisn mental del alcohslico, ninguno tendra ixito. Un gran nzmero de miembros de nuestra agrupacisn, personas de treinta aqos o menos, habman bebido sslo durante unos pocos aqos; sin embargo, se encontraron tan desprotegidos como aquillos que habman bebido durante veinte aqos.

No es necesario haber bebido mucho tiempo ni haber ingerido las mismas cantidades de alcohol que nosotros para estar gravemente afectado. Esto es particularmente cierto para las mujeres. Las mujeres del tipo alcohslico son a menudo atacadas por la enfermedad de manera szbita y llegan al punto de no retorno en pocos aqos. Ciertos bebedores, que se sentirman insultados por ser considerados como alcohslicos, se asombran de su incapacidad para cesar su consumo de alcohol. Nosotros, que estamos familiarizados con los smntomas de esta enfermedad, encontramos que entre los jsvenes hay un gran nzmero de alcohslicos potenciales, por donde quiera que los observemos. Pero... !trate usted de que ellos se den cuenta!

Al lanzar una mirada al pasado, nos parece que seguimos bebiendo

mucho tiempo despuis de que pasamos el punto donde pudimos parar sslo con nuestra voluntad. A aquil que se pregunte si ya franques ese lmmite, nosotros le sugerimos que ensaye abstenerse de alcohol durante un aqo. Si es un alcohslico verdadero y su alcoholismo esta muy avanzado, tiene pocas probabilidades de tener ixito. En los primeros tiempos en que empezamos a beber, todas las veces tenmamos ixito en no beber alcohol por un aqo o mas; despuis nos convertimos en bebedores crsnicos. Aunque, si una persona puede dejar de beber por un corto tiempo, puede ser ya un alcohslico potencial. Estamos convencidos de que sera poco probable que aquillos a quienes les interese este libro puedan dejar de beber durante un aqo. Algunos de ellos estaran ebrios al dma siguiente de que tomen esa resolucisn; la mayorma bebera en las siguientes semanas.

Aquillos que son incapaces de beber moderadamente, se preguntaran csmo podrman de dejar de hacerlo completamente. Damos por descontado, desde luego, que el lector desea dejar de beber. Para saber si alguien puede hacerlo sin una ayuda espiritual, es necesario saber hasta qui punto ha perdido la capacidad de elegir si va a continuar o no bebiendo. Fuimos muchos los que pensabamos que tenmamos la fuerza de caracter necesaria para poder hacerlo. Sentmamos la necesidad absoluta de renunciar al alcohol para siempre. Y, sin embargo, nos fue imposible hacerlo. El alcoholismo, ahora lo sabemos, posee esta caractermstica desconcertante, tal como la conocemos nosotros: no se le puede dejar, no importa lo grande de la necesidad o el deseo.

Entonces, ?qui debemos hacer para ayudar a nuestros lectores a determinar por sm solos, y por su propio interis, si son de los nuestros? El tratar de renunciar al alcohol durante un cierto tiempo es ztil; sin embargo, creemos tener un medio mejor para ayudar a aquillos que sufren de alcoholismo y, quiza tambiin, a los midicos. Por esto vamos a describir algunos de los estados mentales que preceden a una recamda, pues es evidente que es ahm donde esta el fondo del problema.

?Qui pasa en la cabeza de un alcohslico que repite y repite la experiencia fatal de la primera copa? Sus amigos que intentaron hacerlo razonar despuis de una borrachera que lo ha llevado casi al borde del divorcio o de la quiebra, se quedan siempre desconcertados

al verlo tomar de nuevo el camino al bar. ?Qui hace? ?En qui piensa?

Nuestro primer ejemplo es el de un hombre al que llamaremos Jim. Ademas de tener una esposa y unos hijos encantadores, Jim hereds una exitosa concesionaria de automsviles y su pasado como soldado de la Primera Guerra Mundial es de lo mejor. Tiene ixito en las ventas. Goza de la estima de todos. Hasta donde se le puede juzgar, es un hombre inteligente, pero de caracter nervioso. Estuvo abstemio hasta la edad de treinta y cinco aqos. Al paso de pocos aqos, sus excesos de alcohol lo hicieron violento hasta el punto que se le tuvo que internar. A su salida del psiquiatrico, se puso en contacto con nosotros.

Le participamos lo que sabmamos del alcoholismo y de la solucisn que habmamos encontrado. Il decidis intentar. Se volvis a unir a su familia y obtuvo un puesto de vendedor en la empresa que il habma perdido a causa del alcohol. Todo marchs bien por un cierto tiempo; sin embargo, il no hizo nada por enriquecer su vida espiritual. Con todo su asombro, se emborrachs seis veces en poco tiempo. Despuis de cada una de estas recamdas, nosotros trabajabamos con il, tratando de investigar qui habma ocurrido. Reconocis que realmente era alcohslico y que su estado era grave. Sabma que lo esperaba otra curacisn en el hospital psiquiatrico, si hubiese continuado. Ademas, perderma a su familia, por la que sentma tanto afecto.

A pesar de todo, volvis a beber. Le pedimos que nos relatara exactamente como habman ocurrido las cosas. He aqum su relato: Me presenti a trabajar el martes por la maqana. Recuerdo que estaba en un estado de irritacisn debido a la idea de que no era mas que un vendedor del negocio que antes me habma pertenecido. Tuve una diferencia con el dueqo, pero nada serio. Enseguida decidm visitar a uno de mis clientes que vivma en el campo y que quizas se interesarma en comprar un coche nuevo. Durante el trayecto, y debido a que sentma hambre, me detuve en un restaurante donde tambiin habma un bar. No tenma ninguna intencisn de beber. Querma comer sslo un emparedado. Mediti en que quizas podrma encontrar ahm a algzn otro cliente conocido, pues frecuentaba esta clase de lugares desde hacma varios aqos. Habma ido a ese lugar por varios meses, desde que deji de beber. Me senti en una mesa y pedm un emparedado y un vaso de

leche. Hasta ese momento no llegs a mi mente la idea de beber. Pedm otro emparedado y decidm tomar otro vaso de leche.

Repentinamente me pass por la cabeza la idea de que si le pusiera un dedal de whisky a mi leche, no me harma daqo, ya que tenma el estsmago lleno. Ordeni el whisky y se lo aqadm a la leche. Tuve la vaga idea de que no estaba siendo prudente, pero me tranquilizs el estar tomando el whisky con el estsmago lleno. La cosa iba tan bien que ordeni otro whisky, que naturalmente vacii en otro vaso de leche. Como me parecma que no me hacma mal, pedm otro.

Fue asm como Jim tuvo que irse de nuevo al hospital. Aqum estaba la amenaza de internarlo, de perder su trabajo, su familia; y ya no digamos los sufrimientos morales y fmsicos que el alcohol siempre le causaba. Que estaba bien informado sobre su condicisn de alcohslico, lo estaba. No obstante, todas las razones que tenma para no beber fueron facilmente descartadas con la idea insensata de que podrma tomar whisky sin peligro, !nada mas si lo mezclaba con leche!

Como quiera que se le llame, no importa. Para nosotros, isa es locura, simple y llanamente. ?Csmo podrmamos llamar de otra manera a una falta de juicio tal, a una falta de pensamiento tal?

Quizas crea usted que se trata de un caso extremo. Para nosotros es algo comzn, ya que esta manera de pensar ha sido caractermstica en cada uno de nosotros. Hemos reflexionado acerca de estos hechos mas de lo que Jim lo hizo. Pero nosotros iramos siempre las vmctimas de un curioso fensmeno mental: paralelamente a nuestros argumentos sensatos, algunos pretextos tan aberrantes como ridmculos se nos ponman enfrente para justificarnos al tomar la primera copa. Todos nuestros demas razonamientos no bastaban para parar de beber. Estas ideas insanas siempre triunfaban. Al dma siguiente nos preguntabamos, con toda sinceridad y honestidad, csmo habma podido suceder todo eso.

En otras circunstancias, deliberadamente nos emborrachamos, creyendo estar justificados por los nervios, la cslera, la inquietud, la depresisn, los celos o algzn otro sentimiento de este ginero. Pero, aun en esta clase de inicio, debemos aceptar que a esta justificacisn le faltaba cualquier base razonable, desde el momento en que todo

terminaba de ese modo. Nos dabamos cuenta ahora de que, aun cuando comenzabamos a beber deliberadamente, y no en forma fortuita, no habmamos reflexionado seriamente en las enormes consecuencias que iban a resultar.

Nuestra forma de comportarnos ante la primera copa es tan absurda e incomprensible como la de aquil que acostumbra atravesar la calle cuando hay un trafico incesante. Buscando emociones fuertes, le encanta esquivar a los coches. Y a pesar de las advertencias de sus amigos bien intencionados, se divierte con este jueguito durante aqos. Hasta este punto, il pasa como un individuo loco con ideas muy extraqas sobre csmo divertirse. Pero un dma la suerte lo abandona y se lastima ligeramente varias veces consecutivas. Una persona normal dejarma a un lado esta peligrosa manma. Pero ahm lo tenemos, atropellado nuevamente por un vehmculo, mas esta vez le fracturaron el craneo. En el curso de la siguiente semana, al salir del hospital, un tranvma le rompe un brazo. Il le dice a usted que ha resuelto no volver a lanzarse jamas al arroyo de la calle, pero, al cabo de unas semanas, lo encontramos con las dos piernas fracturadas.

Y por aqos y aqos continza comportandose asm prometiendo continuamente que sera prudente y que ya no volvera a atravesar la calle. Finalmente, ya no puede volver a trabajar. Su esposa se divorcia de il y nuestro amigo se convierte en el hazmerremr de todos. Intenta todas las soluciones para quitar de su mente esta manma. Se hace internar en un hospital psiquiatrico, con la esperanza de salir curado. Pero el dma en que deja el hospital, se precipita contra un camisn de bomberos que le rompe la columna. Es necesario estar loco para actuar de este modo, ?no cree usted ?

?Considera usted que este ejemplo es demasiado exagerado o casi ridmculo? ?Le parece asm? Nosotros, que hemos pasado por duras pruebas, estamos obligados a admitir que se podrma contar la misma historia, sustituyendo esta pasisn por el peligro con el habito de beber. La narracisn nos describirma exactamente. A pesar de todo lo expertos e inteligentes que podamos ser en otros campos, por lo que respecta al alcohol somos personas que nos comportamos verdaderamente como seres afectados por locura. Es muy crudo hablar asm, pero ?no es cierto?

Algunos de ustedes pensaran: Sm, eso que nos dice es verdad, pero no se aplica enteramente a nuestro caso. Estamos de acuerdo en que presentamos algunos de esos smntomas, mas no hemos llegado a los extremos de ustedes y hay pocas probabilidades de que nos ocurra igual, pues luego de omr lo que se nos ha contado, hemos entendido muy bien el peligro de nuestra situacisn y no vamos a exponernos a que esas cosas nos ocurran. El alcohol no nos ha hecho perder todo en la vida y, ademas, no tenemos la intencisn de llegar hasta ese punto. !Gracias por la informacisn!"

Este razonamiento es valido para ciertas personas que no sean alcohslicas y que, aunque beban desordenadamente, pueden parar de beber o disminuir la cantidad de alcohol, debido a que sus mentes y su fmsico no se han daqado tanto como ha ocurrido con nosotros. Pero el verdadero alcohslico, o aquil que esta por serlo, sin excepcisn sera absolutamente incapaz de cesar de beber por el simple hecho de que tenga un cierto conocimiento de sm mismo. Queremos insistir en este punto una y otra vez para que pueda entrar en la cabeza de nuestros lectores alcohslicos, ya que esta verdad la hemos aprendido pagando al precio de crueles experiencias. Pasemos ahora a otro caso.

Fred es socio de una importante firma de contadores pzblicos. Sus ingresos son muy altos, posee una bella casa. Es feliz en su matrimonio y sus hijos estudian una carrera prometedora en la universidad. Es una persona tan agradable que tiene amistades por doquier. Fred es el perfecto ejemplo del hombre de negocios que ha triunfado. Da la impresisn de ser estable, bien equilibrado. Sin embargo, es alcohslico. Conocimos a Fred hace uno aqo en el hospital donde se recuperaba de una crisis de convulsisn alcohslica. Era la primera vez que le ocurrma y se sentma muy avergonzado. Lejos, muy lejos de admitir que era un alcohslico, decma que habma llegado al hospital para atenderse de agotamiento. El midico le hizo comprender en tono enirgico que su enfermedad era mas grave de lo que il pensaba. Durante algunos dmas, esta noticia lo deprimis. Decidis renunciar completamente al alcohol. Jamas le llegs a su mente que, a pesar de su fuerza de caracter y su posicisn social, no lo podrma lograr. Fred no sslo se rehuss a reconocer que era alcohslico, y hubiese estado aun menos dispuesto a aceptar una solucisn espiritual a su

problema. Le expusimos lo que sabmamos sobre alcoholismo. Interesandose, reconocis que presentaba algunos de los smntomas; pero estaba lejos de admitir que no iba a poder salir por sm solo. Estaba seguro de que despuis de aquella experiencia humillante y despuis de las nociones aprendidas al respecto, istas bastarman para mantenerlo a salvo por el resto de sus dmas. El conocimiento de sm mismo resolverma su problema.

Por un cierto tiempo no tuvimos mas noticias de Fred. Un dma nos enteramos de que habma sido de nuevo hospitalizado. Esta vez padecma severas convulsiones y prontamente dio instrucciones de que necesitaba vernos. La historia que nos conts es una de las mas instructivas, porque habla de un hombre convencido de que debma dejar el alcohol, que habma dado pruebas de poseer un ingenio y una determinacisn extraordinarios en todos sus actos y que no obstante estaba ahm, en una cama, postrado.

Escuchemos su historia: Me quedi muy impresionado por lo que ustedes me habman dicho del alcoholismo y crema sinceramente que era imposible que yo volviera a beber. Habma tomado debida nota de sus advertencias en cuanto se refiere a la locura szbita que se apodera de la mente ante la primera copa; mas tenma la certeza, con todos los conocimientos adquiridos, que eso no me podrma ocurrir. Me decma que mi caso era menos grave que el de ustedes; que tal como resolvma mis problemas personales, yo triunfarma ahm donde ustedes habman fracasado. Me parecma que tenma toda la razsn en tener confianza y que bastaba tener voluntad y mantenerme alerta.

Volvm a mis negocios con aquel estado de animo y por un cierto tiempo todo funcions bien. No tenma ningzn problema para rechazar el alcohol, pero empeci a pensar que si no habma exagerado la gravedad de mi caso. Un dma tuve que ir a Washington para presentar una informacisn contable a una oficina del gobierno. Tenma la oportunidad de viajar desde que habma cesado de beber: entonces no habma nada de nuevo para mm en ese viaje. Me sentma bien fmsicamente y no habma tenido problemas urgentes ni preocupaciones. Mi cita de negocios habma sido todo un ixito. Estaba contento y pensaba que mis socios tambiin lo estarman. Un dma perfecto llegaba a su fin, no habma nubes en el horizonte.

Fui a mi hotel y tranquilamente me cambii de ropa para la cena. Cuando pasi el umbral del comedor me vino la idea de que podrma acompaqar mis alimentos con unos cuantos cocteles. Esto fue todo y nada mas. Ordeni entonces una bebida y mi cena. Despuis pedm que me trajeran otra copa. Despuis de la cena decidm ir a pasear. A mi regreso al hotel pensi que beber algo me harma bien antes de irme a la cama. Me dirigm al bar y tomi una copa. Recuerdo haber bebido varias mas esa noche y muchas mas la maqana siguiente. Tengo un recuerdo vago de haber estado a bordo de un avisn con destino a Nueva York y de haber encontrado en el aeropuerto, ahm donde yo esperaba a mi esposa, a un chofer de taxi simpatico. El chofer me acompaqs en mis idas y venidas durante varios dmas. Me acuerdo muy poco de lo que dije o hice, o de esos lugares a los que fui. Despuis llegui a esta estancia en el hospital con sus terribles sufrimientos fmsicos y morales.

Una vez que estuve en condiciones de pensar, repasi cuidadosamente esa noche en Washington. No sslo no me habma cuidado, sino que no resistm en absoluto beber esa primera copa. Esa vez no pensi en absoluto en las consecuencias. Bebm esa primera copa con desenvoltura, como si se tratase de un refresco de cola. Me acordi de inmediato de lo que mis amigos de A. A. me habman dicho. Me habman prevenido que si tenma el retorcimiento mental de un alcohslico, llegarma el dma en que volverma a beber. Me habman dicho tambiin que si estaba a la defensiva, algzn dma, bajo un banal pretexto, mis defensas iban a ceder. Y asm fue. Eso fue exactamente lo que ocurrma, una y otra vez, pues todo lo que yo habma aprendido sobre el alcoholismo, no acudis a mi mente en esta ocasisn. A partir de ese momento lo supe: mi mente es alcohslica. Me di cuenta de que la voluntad y el conocimiento de mm mismo no pueden prestarme ningzn auxilio en esos momentos extraqos de la vida mental. Nunca antes habma podido comprender a las personas que decman que algzn problema las habma doblegado. Entonces sm que los comprendm. Fue un duro golpe.

Recibm la visita de dos miembros de Alcohslicos Ansnimos. Sonriendo algo que me molests un poco me preguntaron si me reconocma como alcohslico y si en verdad esta vez me daba por

vencido. Respondm que sm a ambas cosas. Me presentaron montaqas de evidencias que demostraban que el comportamiento alcohslico que habma tenido en Washington, era practicamente incurable. Me citaron, por docenas, casos similares al mmo. Esta prueba acabs de extinguir la zltima chispa de esperanza que me quedaba de salvarme por mm mismo.

Despuis me expusieron la solucisn espiritual y el programa de accisn que habma tenido ixito con una docena de ellos. Aunque yo no practicaba mi religisn, encontri sus principios intelectualmente faciles de asimilar. Pero el programa de vida, asm como era de razonable, lo encontraba muy drastico. Vema, por ejemplo, que deberma lanzar por la ventana tantas de mis creencias fundamentales de toda la vida. No fue facil. Sin embargo, a partir del momento en que tomi la decisisn de proseguir en este programa, tuve la extraqa sensacisn de haberme liberado de la condicisn de alcohslico en la que antes me habma encontrado. Los hechos lo iban a demostrar.

Igual de importante fue el descubrimiento de que los principios espirituales iban a solucionar todos mis problemas. Desde entonces se me ha enseqado a vivir segzn un modo de vida infinitamente mas satisfactorio y, asm lo espero, mas ztil que aquil de antaqo. Mi vieja manera de vivir no era ciertamente mala en sm, pero yo no cambiarma ciertamente los mejores instantes del ayer por los peores de mi vida de hoy. No regresarma jamas; aunque pudiese hacerlo. "

El testimonio de Fred es abundante en comentarios. Esperamos que su ejemplo servira a miles de personas como il. Fred no habma sufrido mas que los primeros embates de la enfermedad. La mayorma de los alcohslicos esperan a estar agonizantes antes de hacer algo para solucionar su problema.

Numerosos son los midicos y psiqumatras que comparten nuestras ideas sobre el alcoholismo. Uno que esta asociado a un hospital conocido mundialmente, le dijo recientemente a algunos de nosotros: En mi opinisn, tienen ustedes razsn cuando dicen que el alcohslico medio esta enfermo de un mal generalmente incurable. En cuanto a ustedes dos, de quienes he escuchado su historia, no me queda ninguna duda de que, de no ser por una ayuda divina, ustedes no tenman la mas leve esperanza. Si me hubiesen pedido tratarlos en mi hospital,

no los habrma admitido, si me hubiese sido posible hacer eso. Los enfermos como ustedes son personas verdaderamente tragicas. Yo no soy muy religioso, pero tengo un profundo respeto por su mitodo, el cual busca curar el espmritu en casos similares al suyo. En la mayorma de los casos no existe otra solucisn."

Lo repetimos una vez mas: El alcohslico, en ciertos periodos de su existencia, no posee ninguna defensa mental contra la primera copa. Salvo casos excepcionales, ni il ni ningzn otro ser humano puede proporcionarle los medios para defenderse. El auxilio debe venir de un Poder Superior.

 

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