SER INDULGENTE CON UNO MISMO

 

Cuando  una persona amada o apreciada por nosotros se esta recuperando de una seria enfermedad, tratamos generalmente de propiciarle lo que las enfermeras llaman C.T.A. (Cuidado, ternura y amor). Nosotros mimamos al niqo enfermo, dandole sus comidas favoritas y tratando de divertirlo para ayudarle en su recuperacisn.

 

La convalecencia de la enfermedad del alcoholismo activo requiere algzn tiempo, y cualquier persona que se encuentre en esa situacisn merece consideracisn y una buena dosis de C.T.A.

 

Antiguamente, la gente tenma la creencia de que los convalecientes de algunas enfermedades merecman el sufrimiento, puesto que se crea que habman adquirido esa enfermedad en forma deliberada y egomsta.

 

A causa del estigma y el rechazo que todavma tiene el alcoholismo en medio de gentes ignorantes de la naturaleza de la enfermedad 8entre las cuales nos inclumamos antes de aprender la verdad), muchos de nosotros no iramos lo suficientemente amables con nosotros mismos cuando tenmamos las angustias de la resaca. Sufrmamos y pensabamos que estabamos "pagando los platos rotos" como condena necesaria por nuestras acciones.

 

Ahora que sabemos que el alcoholismo no es una conducta inmoral, hemos encontrado que es necesario reajustar nuestras actitudes. Hemos aprendido que una de las personas con menor disposicisn para tratar al alcohslico como enfermo es, aunque nos parezca sorprendente, el propio alcohslico. Nuevamente, nuestros antiguos habitos de pensamiento salen en nuestro perjuicio.

 

Se dice frecuentemente que los bebedores problema somos perfeccionistas, impacientes con toda clase de defectos, especialmente los propios. Al mismo tiempo que forjamos metas imposibles de alcanzar, luchamos fieramente para alcanzar esos ideales inalcanzables.

 

Entonces, puesto que ningzn ser humano puede posiblemente mantener los parametros tan sumamente altos que nosotros nos fijamos, nos vemos a nosotros mismos inferiores a nuestro destino, tal como debe sentirse cualquier persona cuyos ideales estin por fuera de la realidad. Por eso se nos presenta el desanimo y la depresisn. Airadamente nos castigamos a nosotros mismos por ser menos  que szper perfectos.

 

Aqum es precisamente donde podemos empezar a ser buenos, o por lo menos justos, con nosotros mismos. Nunca pedirmamos a un niqo o a una persona invalida mas de lo razonable. Nos parece que no tenemos derecho a esperar tales milagros de nosotros mismos como alcohslicos en recuperacisn.

 

Impacientes por aliviarnos completamente el martes, si todavma nos encontramos convalecientes el miircoles, empezamos a echarnos la culpa. Es ista una buena ocasisn para volver atras mentalmente, y mirarnos en forma objetiva y explmcita, hasta donde nos sea posible. ?Qui harmamos nosotros si una persona amada o amiga se desanimara por sus escasos progresos en la recuperacisn, y empezara a rehusar la medicina?

 

Es conveniente recordar que el exceso de bebida es altamente perjudicial para el cuerpo y produce deterioros que pueden necesitar varios meses para mejorar. Nadie se convierte en alcohslico en unas pocas semanas (o por menos, casi nadie). Tampoco podemos esperar recuperarnos en un instante magico.

 

Cuando se nos presentan los sentimientos de desanimo, es cuando mas necesitamos entusiasmarnos. Mas de uno de nosotros ha encontrado un buen remedio en que nos tratemos de complacer evocando los progresos alcanzados, naturalmente sin exagerar o ser demasiado egomstas.

 

Hagamos un inventario. ?Nos hemos abstenido de tomar un trago estas 24 horas? Eso ya merece que nos alegremos. ?Hemos tratado de comer adecuadamente el dma de hoy? ?Hemos hecho lo mejor que podmamos y todo lo podmamos, el dma de hoy? Si es asm, es apenas justo lo que necesitamos.

 

Es probable que no podamos responder afirmativamente a todas estas preguntas. Tal vez nos hayamos quedado cortos en algo o resbalado un poco en nuestros pensamientos o acciones, a pesar de nuestra buena voluntad. ?Y qui? No somos criaturas perfectas. Debermamos buscar pequeqos progresos en vez de lamentarnos por cualquier falta de perfeccisn.

 

?Qui podemos hacer ahora para levantarnos el animo? Podemos hacer algo distinto a tomar un trago. Todas las secciones de este libro hacer sugerencias en ese sentido.

 

Pero hay algo mas, tal vez. ?Hemos estado gozando de la vida zltimamente? ?O por el contrario, nos hemos mantenido tan preocupados por nuestro mejoramiento, manteniendo nuestra nariz tan sumamente pegada a la ternilla de nuestra recuperacisn, que hemos dejado de contemplar un atardecer? ?O la luna nueva? ?O deleitarnos con una buena comida? ?O descanso? ?O apreciar un buen chiste? ?O gozar de algzn afecto?

 

Puesto que el cuerpo busca normalizarse a sm mismo, tal vez el suyo agradezca las oportunidades de un necesario descanso. Goce deliciosamente de las siestas perezosas, y aprecie el sueqo tranquilo de una noche apacible. O tal vez usted haya desperdiciado la energma  que podma haber utilizado con propssitos de diversisn y esparcimiento. Tanto como los otros aspectos de la vida, istos parecen necesarios para la realizacisn completa de nuestro potencial humano.

 

Ahora es la ocasisn, es el znico tiempo de que disponemos. Y si no somos indulgentes con nosotros mismos en ese instante, ciertamente no podemos esperar razonablemente el respeto o la consideracisn de otras personas.

 

Hemos comprobado que hoy podemos disfrutar, muchmsimo mas que antes, de cualquier buena ocasisn que se nos presenta. Es verdad que hace falta un poco de practica, pero las recompensas bien merecen la pena el esfuerzo. Esta no es una actitud egomsta, sino auto protectora. A menos que apreciemos nuestra propia recuperacisn, no podemos sobrevivir para convertirnos en gente altruista, itica y socialmente responsable.

 

 ATRAS