Uno de los sitios más prominentes de este lugar es el
Otero de Glastonbury, una pequeña colina desde la cual
se puede divisar toda la comarca. En sus laderas existe
una entrada secreta al Annwn, el inframundo donde moran
las hadas galesas (tylwyth teg), pero muy pocos han
intentado atravesarla, dados los peligros que comporta
la estancia en aquél lugar: Debemos tener cuidado, no
sólo con el desfase temporal existente entre nuestro
mundo y el de las hadas (del cual ya hemos hablado),
sino también con la comida y la bebida que estas
criaturas nos ofrecen, pues si la probamos ya nunca
podremos regresar del Annwn.
En el interior del Otero tiene su trono Gwyn ap Nudd,
rey de las hadas galesas, que hace de mediador entre su
pueblo y los mortales. Se dice que de no ser por este
rey, hace ya tiempo que las hadas del Otero habrían
destruido a los campesinos de los alrededores. Cada año
Gwyn ap Nudd secuestra a la princesa de la primavera
Creiddyladd arrebatándosela al rey Gwythr ap Greidawl,
y ambos contendientes seguidamente se la disputan en
una batalla que tiene lugar el 1 de Mayo en la cima del
Otero.
En este lugar tuvo lugar un encuentro en el siglo VI
entre este rey y San Collen, un devoto monje cristiano
que, tras oír las historias que sobre esas hadas paganas
se contaban decidió actuar. Se dirigió al Otero,
concretamente, al lugar donde se sitúa la entrada al
Annwn y allí pidió tener un encuentro con Gwyn ap Nudd.
Éste le respondió personalmente y lo condujo a su
trono. Allí las hadas le ofrecieron comida y bebida,
pero él la rechazó. De repente San Collen roció el
lugar con agua bendita y el Rey, las hadas y toda su
Corte desaparecieron, quedando el buen hombre sólo en
la ladera de la colina.
El Otero fue durante la época del Rey Arturo, una
fortaleza perteneciente a Melwas, rey de Somerset, el
cual en determinada ocasión raptó a la reina Ginebra y
la mantuvo prisionera en este lugar. Arturo fue con su
ejército y sitió la fortaleza, pero ésta estaba muy
bien fortificada. Al final tuvo que intervenir el abad
San Gildas, que consiguió que Melwas devolviera a Arturo
su esposa sin lucha alguna.
A los pies del Otero se sitúan dos fuentes que se
denominan Fuente Blanca, de la cual mana agua de color
lechoso, y Fuente Roja o de la Sangre, de la que sale
agua de color rojizo. Para los druidas el agua blanca
y el agua roja representan respectivamente la leche y
la sangre de la Madre Tierra, así como los elementos
masculino y femenino de nuestro mundo, pues como hemos
visto blanco es el color del muérdago, planta masculina
que los sacerdotes celtas recogen con sus hoces de oro,
y rojo el de las bayas de acebo, asociadas con las
mujeres. Para
los cristianos, por el contrario, los dos líquidos que
fluyen a través de esos manantiales representan el
sudor y la sangre de Jesús, y la Fuente de la Sangre,
también llamada Pozo del Cáliz, es el sitio donde aún
hoy yace el Santo Grial.
La presencia en este lugar de este objeto sagrado se
remonta a dos mil años atrás: Tras la muerte de Cristo
en la cruz, un buen hombre llamado José de Arimatea se
encargó de comprar un sepulcro que albergase su cadáver,
y tras la Resurrección del Señor, marchó a Britania con
el Grial, la copa de la Última Cena, en sus manos.
Llegó a Glastonbury, que en aquella época era una isla,
y tras desembarcar clavó en el suelo su bastón, que se
convirtió instantáneamente en el Espino Blanco que aún
hoy sorprendentemente florece por Navidad. José de
Arimatea se
estableció en este lugar y enterró el Grial a los pies
del Otero: Tras hacerlo, comenzó a brotar agua del
suelo, formándose el actual Pozo del Cáliz.
Y el Grial no saldrá de aquél lugar hasta que no llegue
la hora del regreso del Rey Arturo.
En medio de Glastonbury se sitúa la famosa Abadía, en un lugar en el que antiguamente existía un santuario pagano, y en el cual José de Arimatea, tras su llegada a la villa, edificó la primera comunidad cristiana de la Britania céltica. El templo fue destruido varias veces, y la Abadía actual, que está en ruinas, está construida según los principios de la geometría sagrada.
No muy lejos de allí se alzan Gog y Magog, dos árboles antiquísimos que llevan el nombre de dos gigantes que vivían en Britania durante la época de Bruto el Troyano, y en cuyas ramas se representan las más variadas figuras de la naturaleza. Los dos árboles son el resto de una antigua arboleda en la cual los druidas llevaban a cabo sus ceremonias, así como de una gran avenida que unía Glastonbury con Camelot, el castillo del Rey Arturo.