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FREROS

Con el nombre de freros o santeros se conocía a los ermitaños que tenían a su cargo la capilla de un santo. Iban por los pueblos promoviendo el culto del santo que tenían a su cargo y recogiendo limosnas, con las cuales tenían que costear la fiesta anual que se celebraba en honor del santo.

El freru era depositario de todas las tradiciones religiosas y leyendas fantásticas del país; él relataba los sucesos más extraños e inverosímiles. Refería que había visto al Ñuberu conjurando la tormenta desde el alto monte, cómo se le interponía en su camino un alma en pena solicitándole misas en su sufragio, como había encontrado la güestia al pasar próximo a un cementerio; hablaba de los amaños de las brujas y las travesuras de los trasgos. Realizaba también milagros sobre todo en favor de aquellas personas que habían contribuido a sostener con sus limosnas los gastos de su ermita.

HIERBAS MÁGICAS

Lo primero que hay que conocer acerca de las hierbas mágicas, son las siete plantas sagradas de la mágica Noche de San Juan: salvia, aquilea milenrama, crisantemo de los prados, hiedra terrestre, rusco, artemisa e hipérico. El siete es un número muy importante para el Ocultismo de varias culturas antiguas, especialmente en la Mesopotámica, en la Egipcia, en la Judía y en la Musulmana. Para la Cristiana, tampoco carece de importancia, y tenemos el ejemplo de los siete Patronos: Santiago en España, San Dionisio en Francia, San Jorge en Inglaterra, San Andrés en Escocia, San David en Gales, San Patricio en Irlanda y San Antonio en Italia.
La salvia procede del latín salvare (salvar), por sus virtudes curativas, pues es la planta de la longevidad por antonomasia. Se cuenta que existen ejemplares de esta planta que se vinculan a una determinada persona, floreciendo o marchitándose según la suerte de ésta.
La milenrama, también llamada aquilea por el héroe griego Aquiles, que curó con ella las heridas de Télefo, rey de Misias, es cicatrizante y comestible en ensaladas cuando está tierna. Es usada por las brujas asturianas, las cuales se preparan infusiones de esta planta para potenciar sus poderes adivinatorios.
El crisantemo de los prados tiene las raíces comestibles, y sus hojas picadas sirven para aromatizar dulces. Da una flor blanca grande y solitaria, apreciada para adornar las coronas. Simboliza el Sol, la perfección, la inmortalidad.
La hiedra terrestre es medicinal y comestible. Se usa triturada para invocar a determinados espíritus de la naturaleza. Crece en bosques frondosos caducifolios, y se desparrama por los suelos, dando flores con forma de embudo y color violeta pálido. No se debe confundir con la hiedra trepadora, cuyas flores son de color verde amarillento, y sus bayas negro azuladas son venenosas.
El rusco, derivado del latín bruscus y del celta beuskelen, forma unas extrañas matas de color verde lustroso, con unas bayas encarnadas comestibles pegadas al tallo. La rareza es que sus hojas elípticas y puntiagudas, son en realidad tallos ensanchados y aplastados. Los brotes jóvenes del rusco, forman unos vástagos con un penachito de hojas en su punta de sabor algo amargo, pero más nutritivos que los espárragos. Con las semillas de las bayas, molidas previamente, se puede preparar una infusión diurética.
La artemisa, dedicada a la diosa griega Artemisa, hermana de Apolo, llamada por los romanos Diana Cazadora, es una planta medicinal especialmente indicada para las molestias de la mujer. Se usan sus tallos como infusiones. Con ella se trenzaban figuras antropomorfas como protección mágica en las puertas de las casas, y se fabricaban flechas para lanzarlas a los cuatro puntos cardinales, a modo de conjuro contra los malos espíritus. Las curanderas usan sus hojas contra las picaduras.
El hipérico (de Hiperión, nombre griego del dios Sol) o herba de San Xuan es una planta de flores amarillentas que crece en las laderas de los montes asturianos. Es precisamente su color dorado el que la vincula especialmente con el Sol, y por ello, la noche ideal para su recolección es la de San Xuan, pues es en ella cuando la fuerza solar está en su apogeo. Cuenta la leyenda que tras ser decapitado San Juan Bautista, varias gotas de su sangre cayeron al suelo e hicieron germinar esta planta: Por ello, cada vez que estrujamos los pétalos de esta flor, surge un líquido rojo que es la sangre misma de San Juan, que posee grandes poderes mágicos y curativos. Con ella se curan las depresiones y se ahuyentan los malos espíritus, puesto que San Juan es, al igual que San Jorge, la representación de la luz divina que baja a la tierra a derrotar a las fuerzas de las tinieblas.
Todas estas plantas han de ser recogidas en la noche de San Xuan, disecadas y guardadas en frascos herméticamente cerrados para su uso durante el resto del año.

Otras plantas mágicas dignas de señalar son las siguientes: El laurel, metamorfosis de la ninfa Dafne, deseada por Apolo, representa las manifestaciones públicas de ceremonias gloriosas, y con sus hojas siempre verdes se hacían coronas. Por contra, el laurel cerezo representa las manifestaciones ocultas de ritos secretos, que pasan desapercibidos al pueblo pero no a los magos, brujos y hechiceros. En cuanto comienza a tronar, los campesinos astures lo queman delante de su hogar, y su eficacia es mucho mayor si ha sido bendecido el Domingo de Ramos. En este sentido, en San Esteban de Sama hay una yerba amarilla y larga -la yerba de la centella-, que preserva del rayo a quien la tiene. Tanto el laurel como la herba empreñadeira (borraja) acaban con la infertilidad si son colgadas de la cama. Se cuenta sobre esta última planta que aquélla muchacha que la pisa queda embarazada, y son muchas las jóvenes que conciben un hijo por oler el aroma de una flor o comer una fruta.
La cicuta guarda de los maleficios, y la ruda, echada en agua, asegura el amor de una persona, y colgada en un lugar preserva de las hechicerías; y es que ya lo dice el refrán asturiano: "Si la gente supiera lo que es la ruda, nunca saldrían sin ella".
El helecho, que nunca florece, puede crear de un modo milagroso una mágica flor, entre la sexta y la séptima campanada de las doce de la Noche de San Juan, y este hechizo proporciona la invisibilidad para quien lo presencie y tenga la suerte de coger dicha flor con sus manos.
La margarita rechaza los maleficios brujeriles, pues dice una leyenda cristiana que las lágrimas de arrepentimiento de Santa María Magdalena, se convirtieron en bellas margaritas al caer al suelo.
El perejil, que si se siembra el día de Jueves Santo, protege contra los maleficios brujeriles, y si se pone a San Pancracio, atrae la fortuna. Sin embargo, sus semillas tardan tanto en germinar, que existe un dicho sobre las brujas:

Van siete veces
con el diablo,
y vuelven otras siete
sin haber germinado.

El romero (romeru) se llama hierba de los trovadores y de la esencia que se obtiene de sus hojas, sale un remedio contra las llagas. Con sus flores maceradas en alcohol, puede fabricarse un medicamento antirreumático. Cuando se cambia de casa, es conveniente quemar algo de romeru en cada nueva habitación, para purificar el hogar. Una ramita favorece las relaciones amorosas, si se lleva prendida a la ropa.
El narciso debe su nombre al hijo de Cefiso y Liríope, un hermosísimo galán llamado Narciso, que rechazó el amor de la ninfa Eco y se burló de ella, siendo entonces castigado por Afrodita a enamorarse de su propio reflejo en el agua, pereciendo ahogado, y creando la flor que lleva su nombre. En magia se utiliza para preparar bebedizos amorosos. Su planta opuesta, el nenúfar, es sin embargo un antiafrodisíaco.
En las campánulas tejen les xanes sus embrujos. Si alguien oye el sonido de una campánula es avisado de su próxima muerte.
La rosa de Jericó, bajo la almohada de la parturienta, le asegura un feliz alumbramiento. Del chavirón (hierba cabrera), se dice que rompe el hierro y en ocasiones ha sido utilizada por los presos para romper las rejas de sus celdas.

Junto a las plantas mencionadas anteriormente existen otros vegetales denominados enteógenos que son utilizados por las bruxas para sus fines y recogidos por ellas al anochecer. Son los siguientes:
El estramonio, una planta de grandes flores blancas y acampanadas y de frutos verdes llenos de espinos, es el ingrediente principal de los ungüentos mágicos que las bruxas emplean para volar por los aires encima de su escoba. Gracias a esto pueden conocer lo que sucede en ese momento en otros lugares.
El beleño, que recibe su nombre del dios celta Belenos, fue el enteógeno más conocido durante toda la Edad Media europea. Sus frutos eran, al igual que los del estramonio, imprescindibles en la elaboración de cualquier poción mágica digna de tal nombre. El humo producido por el beleño provoca sueño y alucinaciones, por lo que fue utilizado por profetisas de todas las épocas...y también por ladrones que querían dormir a sus clientes y robarles la cartera. Es, además, un afrodisíaco.
Los tomatillos del diablo, también llamados hierba mora, producen visiones y en mayores dosis alucinaciones. Sin embargo, por su identificación con el mal también sirven para ahuyentar a las enfermedades.
La adormidera alarga la vida, y la resina que sale tras cortar su cápsula, el opio, es utilizada en muchas aplicaciones, y tiene también efectos embriagadores y narcóticos. Muy utilizada en filtros de amor.
La belladona es la planta mágica más conocida y es muy abundante en los húmedos bosques asturianos. Tras el consumo de sus raíces y sus frutos aparecen imágenes que están a caballo entre sueños y experiencias reales y surgen seres imaginarios con los que se puede conversar.
La mandrágora tiene múltiples usos. Es una planta muy misteriosa, pues tiene figura humana y gime cuando se le arranca del suelo...se le menciona incluso en la Biblia.
Por último, la savia de tejo era usada por los astures para sus danzas rituales.

MOROS, MOUROS

Raza de seres mágicos con apariencia humana que viven en los montes asturianos y que nada tienen que ver, como mucha gente piensa, con los musulmanes que invadieron Asturias en el siglo VIII: Los moros fueron los constructores de los castros, de los dólmenes y de los monumentos antiguos y son muy hábiles como mineros, orfebres y metalúrgicos, y disponen de poderes que les permiten encontrar las vetas más ricas de metales preciosos y elaborar con ellos cualquier tipo de utensilios, como cadexos o tarreños.

Pero un día fueron expulsados de sus moradas y tuvieron que refugiarse bajo tierra. Desde entonces salen de sus guaridas únicamente al atardecer, o por la noche, o en ocasiones especiales como la noche de San Xuan para coger comida con la que alimentars, para realizar labores de minería o simplemente para divertirse jugando a los bolos, tal y como nos relatan los vecinos de Salime. No se sabe a ciencia cierta quién los empujó a vivir bajo tierra y los campesinos hablan de su derrota por un rey o por los cristianos.

Debido a su oficio de metalúrgicos los moros son poseedores de innumerables ayalgues que esconden en los bosques o en los castros y son muy celosos de ellas, utilizando trampas de azufre, cuélebres o fechizos paralizantes para protegerlas. A veces, sin embargo, son generosos y las entregan a los campesinos, como así sucedió en el caso de una moza de Eiboyu (Allande) que lloraba desconsolada por no tener dote para casarse, en esto se le acercó un mouru que le entregó polvo de oro.

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