En ocasiones sentimos que hemos visto a un individuo en
un determinado lugar y luego comprobamos posteriormente
que tal individuo no ha estado efectivamente allí:
Era su güercu, es decir, su apariencia, la
cual le estaba anunciando su muerte. Cuando una persona
va a morir, su apariencia se echa por los caminos
anunciando su muerte por doquier y por eso podemos ver
la apariencia no sólo de personas ajenas, sino
también la nuestra propia y se oyen muchas
historias de personas que incluso se han encontrado una
comitiva fantasmagórica que reproducía su
propio entierro. En Villamor de Somiedu se cuenta el
caso de un hombre que vio a una vecina ir a por agua y
después fue a su casa y le preguntó si
había ido a la fuente, a lo que ella
respondió que no...y entonces le dijo su vecino
"pues prepárate que vas a morir". Y
murió a los tres días.
Pero no sólo el güercu anuncia la muerte,
pues las aves agoreras se encargan también
de realizar esta misión. La coruxa
(lechuza), la cual ronda las casas de los enfermos
trayendo la muerte con su ulular y va posteriormente al
cementerio: Su canto se interpreta por el pueblo como
¡Cavar! ¡Cavar! o ¡Ven! ¡Ven!.
También la corneya (corneja) anuncia la
muerte, así como el cuervo negro, el cual es
fatal cuando ronda la casa de un enfermo. Dicen los
vaqueiros que cuando dos cuervos se besan es que muere
un matrimonio y que cuando una bandada de cuervos
revolotea a últimas horas de la tarde
también anuncian la muerte.
Los perros son también mensajeros de la muerte. Son frecuentes las historias existentes en Asturias acerca del despertar de un labriego por la noche debido a la aparición de una asombrosa claridad que le hace pensar que es de día. Este campesino llama entonces a su compañero y ambos se ponen a segar la hierba. Posteriormente ven que llega un perro blanco, el cual los mira a ambos con ternura e interés...pero de pronto se hace de día y se dan cuenta que la claridad que vieron anteriormente era la producida por la luz de la luna. Y han desaparecido tanto la hierba que habían cortado como el perro blanco que los miraba...los labriegos ya saben entonces que su fin está cercano.
Por otra parte, se cuenta en algunas aldeas asturianas la llegada de un perro negro solitario, venido de no se sabe dónde, el cual anunciaba la muerte a los vecinos moribundos, aullando en las proximidades de sus casas la noche de su agonía y yendo posteriormente a su entierro. Si se daba el caso de que varias fueran las personas que agonizaban esa noche, iba sucesivamente a la casa de cada una de ellas.
En otras ocasiones la muerte se anuncia mediante la
llamada de un espíritu de un muerto, el aviso de
un anciano desconocido o una luz cegadora. Con respecto
a esto último, es necesario señalar que
es temible el ver una estrella fugaz o encontrarse con
fuegos fatuos.
Mas, ¿Cuál es la naturaleza de todas estas señales de la muerte? ¿Quién y por qué está detrás de ellas? Se trata de espíritus solitarios de difuntos, que se asoman desde el inframundo al mundo de los vivos para reclamar más muertos que les hagan compañía.