INSTALACIONES

Disciplina,
sin poder y sin memoria

 

Paseo por la instalación
Presentación
Dosier de prensa

 

Estos textos quieren situar al espectador en algunas de las reflexiones que guiaron la dirección y forma de los trabajos que se presentan en la exposición.

Textos:

1.- La Fragilidad de lo Bello.

2.- El monumento como memoria. La imagen como relato de la Historia

3.- Campos de exterminio y empresas

4. A partir de "Parálisis, sobre el estado de terror", un documental audio-visual.

 

1.- La Fragilidad de lo Bello.


El tema de los campos de concentración en la Alemania Nazi, sigue generando comentarios y análisis porque es un tema que nos aproxima a un concepto intangible: "el límite de lo humano".
Los límites de aquello que entendemos por humano. El límite o borde difuminado entre el hombre como producto de la historia y su cultura; y un no-hombre, es decir, un cuerpo sin atributos.

A medida que la barbarie y las masacres van adquiriendo mayor presencia en nuestras vidas, a partir de los bombardeos masivos y las atrocidades contra la población civil en todos los conflictos, un concepto antagónico se ha ido disparando en mi percepción: La fragilidad de lo bello.

No solo el "hilo que nos ata a la vida es tenue" tal como nos explican los salmos, sino que todo aquello que es "cultura", en el sentido de tradición, expresión y gozo, parece ocupar solo una pequeña superficie en el cerebro mamífero de la humanidad.

La fragilidad de nuestros cuerpos, de nuestra música y cantos frente a la maquinaria destructiva del poder es tal que parecería que solo por un acto de piedad, nos sea dado sobrevivir.

La capacidad de provocar dolor en otros cuerpos, es también cultura, y desde mucho antes de Sade, el retorcimiento de los miembros es parte del imaginario popular, y de los temas que crean Icono.

Los campos de exterminio ponen de relieve la escasa definición de lo humano, la liviandad de la moral y de la conciencia en la acción.

No sabemos qué cosa es un hombre, pero el grito y la acción frente a quello que no queremos que sea parecería una acción necesaria para salvaguardar algo que se nos va de las manos.

O mejor dicho, que se nos quita en nombre de un beneficio interesado, que se nos quita como parte de un programa de exterminio, de esclavización o de enajenación.

Frente a un poder tan amplio y destructivo, y a la incapacidad de generar una nueva imagen de revolución, tal vez solo nos quede el leit-motiv de "la revolución permamente", y en ese sentido, desarrollar lo bello en la fragilidad.

Jacobo Sucari.


2.- El monumento como memoria. La imagen como relato de la Historia

Si el monumento atina a la fijación de la historia , la imagen archivo, la imagen como fuente del relato de la historia, traiciona continuamente su supuesto "valor" como verificador de hechos pasados.

En primer lugar, a diferencia del objeto-monumento, la imagen ocupa un lugar virtual y sus dianas apuntan directamente al cuerpo, a la conformación de la memoria...., sistema endeble donde los haya.

"El objeto- materia ha sido creado para durar, para permanecer como presencia y memoria. Una obra concebida como la "permanencia de lo eterno"

Curiosamente esta definición de "Obra", entronca con una definicion clave del "Poder" :La permanencia eterna. Hitler precisamente prometía un nuevo imperio de 1000 años.

Y si bien por un lado, la monumentalidad del régimen nazi, de su arquitectura y puesta en escena matérica fue colosal, la importancia que otorgaron a la imagen-archivo ha sido un legado importante para la "permanencia eterna del poder".

Esta paradoja en la función y utilización de la imagen como verificador del tiempo histórico, y como portavoz del poder, aún juega en nuestra cotidianeidad con similar ambivalencia.

Los diferentes contextos en que puede ser usada una imagen y los diversos anclajes a que puede ser sometida: la locución, la música; el antes y el después (edición), el encuadre...., permite una re-actualización del valor y uso de cualquier imagen.

Esto crea una dinámica donde si bien la imagen archivo pretende erigirse como "resto arqueológico", su permanencia nunca sea fija en cuanto relato de la historia, sino que sea posible un uso arbitrario por parte del usuario-institución.

Es decir, la imagen-archivo, es ante todo re-actualización del relato histórico.

Sabemos que el relato a través de imágenes es manipulación, y sabemos que el relato de la historia no puede ser anclado en lo permanente, sino que es dinámico, cambiante.

De aquí el valor de confección, uso y posesión del archivo por parte de la institución-poder: en él se sostiene la construcción de aquello que entendemos como el acontecer pasado, o la Historia.

Si tomamos como datos- índice los adaptables para la construcción de Historia, sean estos relatos orales, objetos-obra, textos escritos e imágenes, está claro que la incidencia de los medios de comunicación audio-visuales sobre nuestras nociones de identidad histórica son abrumadores.

No sólo en cuanto a su validez como dato-índice, sino por su misma presencia machacona y abrumadora en los medios escritos y audiovisuales de la comunicación de masas.

El archivo, desde hace unos años, ya no está más guardado, archivado, sino que resuma en la superficie de los medios de comunicación. Se airea lo que se quiere y lo que se necesita. Se con-valida lo que haga falta.
Se hace un uso reiterado y abusivo del archivo por parte del poder como manera de convalidar sus actos presentes frente a "la Historia".

En el caso de la creación por parte de los nazis, de extensos archivos de las víctimas condenadas a la esclavitud laboral y el exterminio, una primera lectura de esta obsesión por el registro nos llena de perplejidad.

Esta aparente perversión del registro en la Alemania nazi, -que se simplifica con la definición del " espíritu burocrático del régimen"-, y que llevaron a los nazis a este registro de la desaparición, adquieren hoy unos matices que quizá nos permita empezar a entrever las motivaciones profundas del archivo de exterminio, del acto de archivación por parte del poder.

Se crea archivo del horror, para mantener la idea perentoria del horror. Y la catalogación de "todo lo catalogable" confirma una idea de poder omnipotente que linda con el horror, y que es precisamente el sueño último de la omipotencia: el control total.

El horror no solo pues, como instrumento directo y presente del poder, sino también como amenaza al porvenir.
En el acto de archivar el horror presente, existe una amenaza futura de los que nos deparará la Historia, sinó actuamos correctamente.
La memoria cumple en este caso un doble papel, la de la experiencia colectiva del horror posible, y la memoria individual del castigo.
Después de todo, la memoria nos sitúa en el marco, en los límites a donde puede conducir toda respuesta individual.

Recordamos la barbarie de los genocidios, no solo como la acción del poder, sino como los límites que nuestra acción individual debe considerar.
Desde entonces, y a partir de las imágenes del horror, vivimos el castigo como una posiblidad en carne propia.
La amenaza del castigo y de formar parte del catálogo del horror, acojona más aún que la amenaza de muerte.


Jacobo Sucari.

3.- Campos de exterminio y empresas

Una de las aproximaciones más interesantes a la historia contemporánia de Alemania, analiza cómo y porqué no se hizo efectiva durante la pasada revolución industrial, una revolución burguesa, en la medida que sí lo hicieron Francia e Inglaterra.

La revolución industrial alemana fue impuesta y comandada por las "grandes" familias aristocráticas e impuesta desde el poder. Esto tuvo serias consecuencias. Una de ellas fue la mancomunión entre la nueva industria y el nazismo.

Asistimos hoy, a mi entender a un proceso de cierto parecido. Esta nueva revolución técnico-industrial que vivimos está queriendo ser guiada y comandada por los estratos de poder que forman unos reducidos grupos internos y el capital financiero globalizado, y lo están consiguiendo.

El precio de esta imposición es la desdicha de millones de seres humanos, y un mundo donde la miseria y la explotación es para ellos sólo un índice de variables económicas.
El precio por este modelo de imposición técnico-consumista es demasiado alto, e incluso cualitativamente despreciable.
El derroche de energías y la destrucción ambiental no se puede sostener desde ningún parámetro de análisis económico a largo plazo , ni por supuesto, como fórmula de "progreso".
Es simplemente aniquilamiento a corto plazo.

Los mecanismos en que se sustenta este Nuevo Régimen aprovecha la experiencia del terror de estado.
La Propaganda, el Slogan, la Información manipulada, la Estadistica sociológica, la investigación técnica al servicio de intereses opacos y mafiosos, el espectáculo de masas como disciplina del espíritu.

Todo esto no es una novedad. Formó parte de la génesis del poder opresivo y vertical en el nazismo, y obviamente se perfecciona y transmuta con los años y la experiencia.

Quizá nuestra inocencia como parte de la sociedad civil, como alumnos esmerados en nuestras escuelas, haya sido creer que un régimen de poder solo crea una estructura de dominio, y no un entramado de códigos en las relaciones entre los grupos sociales y las maneras de la producción.

Las estructuras de dominio pueden ser "vencidas", caen, se desarman.
Los modos técnicos y las fórmulas de aprovechamiento del esclavo, junto con los discursos orientados a la experimentación en el control de las masas se re-articulan.
Nada muere, todo se transforma.

Jacobo Sucari.


4. A partir de "Parálisis, sobre el estado de terror", un documental audio-visual.

Documentar la imagen de archivo:

El documento, el archivo de imagen, está ahí para su utilización.
No habla sólo de lo que fue, sino, desde donde somos capaces de mirar y re-interpretar el presente.
Es tiempo registrado, un documento verificador para historiadores, la instantánea de un rostro que habitó un tiempo y que fue cazado por el objetivo de la cámara.


El trabajo de investigación que propuse para la realización del documental que terminó llamándose "Parálisis, sobre el estado de terror", partió de una doble propuesta: comenzar con un personaje que había sobre-vivido (es decir que había sido partido por una vivencia) y relacionarlo con mi tiempo. Indagar por otra parte en los archivos de imágenes del relato histórico, y actualizarlos desde una mirada presente.
Tenemos pues, en esta convergencia de relatos, el archivo de imágenes, el archivo inerme de las bibliotecas; y el testimonio en los labios de la gente, en este caso, el testigo.

La iconografía de los campos de trabajo y exterminio es dura. Las imágenes del archivo, son documentos de gente bordeando la muerte.
Opté por parar la acción, no mirarlo todo, sino ralentizar el tiempo…

Congelo el fotograma de un rostro. Y sé cuando le miro, cosas de su futuro que él ignora, aunque quizá presiente, porque tiene miedo… se le ve en su rostro, en su manera de apoyar el cuerpo al caminar.
Aunque yo le vea congelado, detenido, el tiempo avanza en la noción de lo que se de él, aunque sin lugar a dudas él debe conocer otros tiempo de la historia, de su historia, que yo ignoro.

Quizá esta mezcla de tiempos es lo que llamamos identificación.
Miramos un personaje de la historia y hacemos presente su alegría, o su desamparo.
En las fotos de los campos de trabajo y exterminio, se ve reflejado el pánico.
Puedo sentir su miedo, entender su pánico. Ergo, no está tan lejos de mi.
A él le sucedió ayer, aquí sucede ya. ¿Donde está pues el tiempo?

La arqueología nos sitúa en la dimensión de las capas de espacio.
Debajo de nuestra cultura están los restos de otras culturas. Superpuestas, como una enorme tarta en honor de vaya a saber quién.
La imagen nos habla mejor, y de forma más clara, de las capas del tiempo.
La digitalización y compresión de la imagen nos permite tener a disposición un enorme material histórico.
Capas de tiempo en las que es posible interferir, crear un collage de aquíes y despuéses… y de un momento antes que ni siquiera fue, o no sabemos con seguridad si fue o no, o si será pero no fuimos capaces de intuirlo. En fin, un collage que es siempre presente.


La emoción del relato del testigo es otra cosa. La fuerza de la expresión verbal, da a entender que las fotografías son sólo papel y una gama de puntos.
Que el archivo es también el arma del opresor para perpetuar el castigo y con ello su poder.
El opresor grita siempre: "Recuerda, yo fui"…y quedará para siempre.
El eterno castigo del oprimido, la profesía que retorna una y otra vez.

¿Dónde está el tiempo, que seguimos jugando con lo mismo?
La asociación de materiales, de ideas y de tiempos nos regala conocimientos…, crea nuevos mapas.
La superposición de las imágenes del tiempo permite restablecer una nueva dimensión crítica.
Sin embargo todo parece volver, congelarse, archivarse para perpetuarse: quién podía pensar después de las fimaciones del discurso de Goebells sobre "La guerra total", que alguien podría hablar frente a un Congreso en similares términos y parecida pasión.


En fin…el archivo es deprimente. La historia del hombre parece un camino cubierto de cuerpos destrozados, mujeres con la mirada perdida de dolor y niños famélicos.
Nadie se merece esta historia, nadie.
Pero está ahí me dices…Sí, está aquí.

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