![]() |
|||||||||||||||
|
El Enigma Español Que Aún Sigue Pendiente Las últimas palabras de María Gómez Cámara a un periodista
Dias anteriores habia impreso todas las fotografias que saqué de las nuevas caras con la intención de enseñarselas. Entramos en la habitación. La compartia con una señora anciana que habia entrado ese dia. La familia de esa anciana se encontraba allí. Por parte de Maria no habia nadie. Su nuera, Maria Jesús, habia bajado a comer. Nuevamente el impacto fue terrible. El aspecto de Maria era casi moribundo. Seguia enganchada al oxígeno y al suero. Su rostro reflejaba dolor y sufrimiento. Me vió y dijo en voz alta: “!!Luis Mariano!!”. Me acerqué a ella y como de un ritual se tratara me agarró fuertemente la mano. Nuevo beso en la frente. Nueva mirada profunda, triste, cómplice, y apagada. Muy apagada. Estaba sin fuerzas. Posteriormente, Maria Jesús me confirmó que no comia apenas nada. Muestra de ello era la sopa y medio yogurt que seguian aguardando en la mesilla desde la mañana. Saqué las fotos de mi bolsa, y se las enseñé una a una. No mostraba asombro. Todo lo contrario. Como si ella supiera que eso estaba ocurriendo. “!Son mis caras Luis Mariano!”, me decia la amiga anciana. Le gustaba mi anillo. Siempre que lo veia me lo pedia para ponerselo. Me decia que así me traspasaria los “poderes” y que las caras saldrian en mi casa. Bromas que la divertian. Una vez más se puso el anillo en el dedo. Ese anillo que un buen dia me regaló mi amigo y maestro Juanjo Benítez. “Luis Mariano, cuando me muera mi cara aparecerá en mi tumba”. Un escalofrio me recorrió el espinazo. No daba crédito a lo que acababa de oir. Le dije: “?De verdad Maria?”. Afirmó con la mirada. Probablemente aquella frase nació del posible delirio por el que estaba pasando. ¿O tal vez no?. Saqué mi cámara digital. Lo hice despacio. Para que ella lo viera. Puse el objetivo frente a ella. Parte de mi no se sentia bien con lo que estaba haciendo. Ella miró la cámara y asintió con la cabeza. Entendí aquello como un “sí”, como un “puedes hacerme la foto”. Y la inmortalicé para siempre. Obviamente, y por razones que podrá comprender el lector, no incluimos dicha fotografia en este artículo por razones familiares. Quizá algún dia...
Solo le dió tiempo a decirme una última cosa antes de dormirse profundamente debido a su extremo cansancio. “Luis Mariano, prométeme que cuidarás de la casa. Prométemelo...”. Se lo prometí, aunque yo poco podia hacer. En aquel momento intuí que seria la última vez que la veria. Minutos después llegaba Maria Jesús. Nos contó que estando Maria en esta habitación ya habian estado dos personas mayores y que habian muerto recientemente. De ahí que se temiera lo peor. Nos despedimos de ella y nos marchamos a Bélmez. Se unen a la visita de las caras Isabel Chamorro y Felipa Gómez, ambas sobrinas de Maria. Miguel nos aguarda en la puerta de la casa. ¿Qué habria pasado con las caras nuevas? ¿Habrian desaparecido? ¿Habrian aparecido más? Deseando dar respuesta a estas preguntas nos adentramos en su interior. La sorpresa no se hizo esperar. Algunas de las fotografiadas la semana anterior se habian esfumado como por arte de magia. Sin embargo, otras nuevas afloraron en el suelo. En total, más de 18 caras nuevas. Estamos como al principio, en la década de los 70, cuando salian a mansalva y sin control alguno. Miguel me decia que unos dias atrás una señora conocida del pueblo entró en la casa con él y vió en la nueva cocina como apareciá un rostro de mujer y como desaparecia en pocos segundos. ¿Qué estaba pasando?. ¿Tal vez las caras presienten algo terrible?. ¿Quizá la muerte de Maria?.
Nuevamente, con el permiso y beneplácito de Miguel, pude fotografiarlas todas. Caras de todo tipo. Quizá no tan nítidas ni tan claras como las que salian hace años. Estas nuevas formaciones han surgido en el pasillo, en el salón (antigua cocina), y en la nueva cocina. Felipa, Isabel y Diana, contemplan el espectáculo de rostros en el suelo. Una decoración insólita. Cada una de ellas buscaba una nueva cara. Estábamos como locos. En definitiva, siendo testigos del milagro y de lo imposible. Y esa noche, evidentemente, tampoco pude dormir...
Eran las diez y media de la mañana. Apenas casi llevaba tres horas durmiendo. Habia regresado la noche anterior de Sevilla. Ciudad donde presenté el libro “Tumbas Sin Nombre” en compañía de mis buenos amigos e investigadores José Manuel Garcia Bautista, Rafael Cabello y Jesús Conejero. En dicha presentación conté con la presencia de Ana Castillo, la médium que estuvo en la casa de las caras y que destapó una nueva via de investigación. Justo la que ofrecemos en dicho libro. La noche anterior estaba hablando de Maria y de sus caras. Y ofrecia al público asistente algunas de las últimas novedades acontecidas en Bélmez vividas por un servidor. Fue un acto muy emotivo y hermoso. Podriamos catalogarlo casi de homenaje a Maria. Quien me diria que horas más tarde falleceria. En el hotel de la capital hispalense no pude dormir. Estaba inquieto y nervioso. No sabia por qué. A las cinco de la mañana cogí carretera en mi todoterreno y llegué a mi domicilio a las siete y media. A las diez y media, al otro lado del teléfono, la voz de un buen amigo, gran investigador y pionero en la investigación de Bélmez, D. José Martínez Romero, me sacaba de mis pesadillas. “Maria se ha muerto hace unos instantes”, me espetó el bueno de Romero.
A su vez, la doctora Celia Iñiguez me envia, con detalle, desde Bélmez, su opinión como médico de la muerte de Maria: “Insuficiencia cardiaca descompesada en el contexto de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica con edema agudo de pulmón y anasarca. El óbito ha sido desencadenado al añadirse al cuadro dos episodios de hemorragia digestiva baja en la noche del Lunes 2 de Febrero que originaron un choque hipovulémico, fallo multiorgánico y muerte”.
Durante ese dia y al siguiente casi todos los medios de comunicación de este país daban la triste noticia. Al mismo tiempo, se personaron cámaras y periodistas en el pueblo de Bélmez queriendo entrar en la casa. Pero la casa estaba cerrada. Todos se hacian la misma pregunta. ¿Qué pasará con las caras? En el pueblo ya existian rumores de que han salido nuevos rostros en la casa. Pero nadie podia comprobar nada. La alcaldesa, Maria Rodríguez, hizo el intento por entrar. Pero nada, misión imposible. A su vez, en un pleno extraordinario celebrado en el Ayuntamiento, nombran a Maria Gómez Cámara Hija predilecta del pueblo, y anuncian la intención de comprar la casa para convertirla en un museo. Ojalá esto último sea así.
Por un viaje profesional inamovible, con rabia e impotencia, me fue imposible estar en el velatorio y en el entierro. Nada me hubiera gustado más que estar allí con la familia y dar un último adiós a mi amiga Maria Gómez Cámara. Una mujer que nunca vió la mar, que nunca vió el tren y que nunca bailó. Una mujer que en su juventud se definia como triste y muy seria. Una mujer extraña, afable, con carácter, que siempre tenia las puertas de su casa abiertas para todos. Una mujer que escondia, probablemente, muchos secretos que nunca contó. Una mujer que siempre estaba sola. Una mujer que siempre dibujaba en su expresión los trazos de un drama del pasado. Siempre enlutada, cabellos blancos hacia atrás y facciones tan duras y angulosas como las sierras que rodean al pueblo. Una anciana que nunca llegó a tener nada. Tan solo a sus caras. Y ellas, las caras de Bélmez, se han quedado huerfanas. ¿Qué pasará ahora? ¿Qué ocurrirá con estos nuevos rostros que han salido tan solo hace unos dias? El enigma sigue más vivo que nunca y la noticia sigue estando ahí.
En Tenerife, en pleno Llanos de Ucanca, en el interior de un vehículo extraño para mi, iluminado tan solo por la luz que desprende la pantalla de este ordenador, y completamente solo, he decidido escribir estas últimas líneas. Desde este hermoso y extraordinario lugar veo lejos y a la vez cerca el pueblo de Bélmez y la figura de Maria. Alzo la mirada y veo miles de estrellas parpadear. Quizá, una de ellas, sea Maria Gómez Cámara. Descanse en paz.....
|
|||||||||||||||
|
Página 3 de 3 |
|||||||||||||||