ANASTASIA : EL ATRACTIVO DE LA INERCIA



 

Director Don Bluth
Guionistas Eric Tuchman/ Susan Gauthier /Bruce Graham


Sinopsis Anastasia, hija de Nicolas II, escapa de la matanza de sus padres. Al salir del orfanato, incapaz de recordar su pasado,  decide ir a París para saber quién es. Dimitri, un joven pícaro, la acompañará para conseguir la recompensa que la madre del zar, exiliada en París, ofrece a quien le lleve a su nieta.


    Una historia falsa

     Hay críticos que lamentan que Anastasia se base en una historia falsa. Por ese razonamiento tendríamos bucear en la historia para saber dónde nació Caperucita o si Hansel y Gretel fueron realmente hermanos. Y echarlos abajo si no conseguimos suficientes pruebas.

     En un cuento el trasfondo histórico no importa. Lo fundamental son los personajes, sus metas y los problemas con los que se encuentran. Que Rasputín no fuera tan malvado, que Anastasia muriera con el resto de sus hermanos, que ningún Dimitri estuviera esperándola es irrelevante. No estamos ante una clase de historia, sino ante un cuento. Lo fundamental es que queden claros los objetivos de cada uno y las relaciones entre todos.

     Una película para niños

     Porque el objetivo de la película deberían ser los niños. Y estos, según analiza Bruno Bettelheim en su “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, deben tener la oportunidad de identificarse con los personajes. Y por identificación entiende la posibilidad de reconocer sus problemas en los problemas de los protagonistas. Su mundo está confuso y necesitan algo con lo que identificares, alguien que en el cuento esté pasando por lo mismo que ellos.

     Anastasia refleja un momento fundamental : ha perdido a sus padres, está sola, y necesita saber qué es lo que tiene que hacer en el mundo, cuál es su función. ¿Cuántos niños, de forma inconsciente, no se reconocerían en esa figura? ¿Les importaría mucho que Anastasia, la real, no existiese?. En esa historia pueden ser Anastasia, y eso es lo que importa.

     El centro de la crítica tiene que estar, pues, en Anastasia. Hay que analizar sus pasos con cuidado. Comienza sin memoria, con un único broche con la palabra “París”. A partir del momento en el que deja el orfanato comienza su aventura. Y ya en el principio pide, en la encrucijada de los caminos, una señal que le indique por dónde debe ir. La señal le llega en forma de perro, que recoge su bufanda y tira de ella hacia el camino que lleva a San Petersburgo. En Petersburgo una anciana le habla de Dimitri. Y al ir al Palacio abandonado en el que vive Dimitri, éste se dará cuenta de que el parecido de Anastasia bien puede engañar a su abuela, que ofrece una recompensa por ella en París.

     Aunque Anastasia se el centro de la aventura, ella hará muy poco por que la acción avance. Todo depende de Dimitri. Sin la figura de Dimitri, Anastasia no habría podido superar los problemas que Rasputín coloca en su camino. Esta es una crítica que se le puede hacer a la historia : en ningún momento se deja que la inteligencia de Anastasia la ayude a superar obstáculos. Todo le viene de fuera y a esa inercia ella se abandona. Dimitri es guardián, profesor, pícaro y, al final, amante.

     El problema no es que Rasputín sea tan desagradable o que la imagen de Rusia sea falsa. Si Anastasia no puede funcionar como una verdadera historia es porque no la dejan ni pensar, ni actuar, ni decidir. Ella representa un estado de duda y la solución de la historia a esta situación es que hay que esperar que venga alguien de fuera a ayudarnos, alguien en quien abandonarnos completamente. Su única elección es la final, en París, cuando tiene que elegir entre su abuela y Dimitri. Entre el dinero y el amor. Una elección bastante floja que recuerda la simple historia de Titanic.

     Si es útil que exista la figura del guardián, de la persona que puede ayudarnos en la búsqueda. Pero Dimitri la encierra y se come al personaje de Anastasia.

     Tantas posibilidades

     Y es que el problema de Anastasia no es sólo para esos espectadores a los que les cuelgan las piernas y no dejan de pedir la botella de agua. ¿No hablaban los griegos de “llegar a ser quien eres”? . Vivimos con la sospecha de que somos realmente algo y que todas nuestras acciones son una forma de descubrir el qué. Leemos, hablamos, miramos y escuchamos con la esperanza de que todo provoque algún eco que señale las dimensiones de lo que somos.

     Todos buscamos a alguien que nos vaya señalando el camino, que nos oriente. Hacemos más y más cosas, rápidamente, compulsivamente, como un medio de llegar a nuestra definición. ¿Soy como me defino?. Anastasia tiene la sospecha de que no es lo que en el orfanato le dicen ser. Y no basta con que se encuentre en su Palacio nuevamente. Sin la figura de Dimitri seguiría caminando por las calles de la ciudad, totalmente desorientada.

     La técnica

     En lo referente a la técnica, sorprende la simpleza de los números musicales. Parece que les hubiera costado dibujar más extras y bailes como el de Rasputín con las cucarachas obligan a añorar los despliegues de Disney. Lo mismo sucede con la tarde de compras en París.

     Y como era de esperar, la informática también aparece en varias secuencias. Si ésta se vuelve necesaria, lo mínimo que se les puede pedir a los creadores es que no sea tan evidente.

     Una buena forma de separarse de Disney sería la de eliminar, de una vez por todas, esos animalitos que acompañan a los protagonistas. Tiene que haber otros recursos para combinar distintos tonos dentro de la historia. Murciélagos, perritos, jabalíes o cangrejos cantarines tienen su sitio en los libros de Geral Durrell.
 


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