LA CAJA CHINA : LO GRANDE DESBORDADO POR LO PEQUEÑO



 

Director Wayne Wang
Guionistas Jean Claude Carrière / Larry Gross


Sinopsis John (Jeremy Irons) es un periodista especializado en finanzas que vive en Hong Kong desde hace 15 años. Está enamorado de Vivian (Gong Li), una antigua prostituta que vive con Chang (Michael Hui), un hombre de negocios que no se casa con ella por su pasado. John recibe la noticia de su leucemia y del plazo que le queda de vida : entre tres y seis meses, el período en el que Kong Kong pasará a ser soberanía de China.


  Dice Javier Marías de Carver, el maestro del minimalismo, que los cuentos que escribió no pueden contarse. O se narran palabra por palabra o siempre se quedará fuera algo importante para la historia. Es, dice, la señal de que Carver creó un estilo.

 Algo similar ocurre con La Caja China. Resulta imposible encerrarla en una sinopsis. En esencia, ésa es la historia, pero quedan fuera muchas escenas, muchos momentos que también son importantes. De eso debía ser consciente Wayne Wang y por eso eligió ese título. De hecho, las primeras imágenes de la película son cajas que se van cerrando dentro de cajas más grandes. Lo que en ellas se ven son pequeños objetos, aparentemente insignificantes, pero con algún valor desconocido que los hizo relevantes.

 ¿Es la historia de Hong-Kong? ¿La conciencia del límite? ¿La imposibilidad de amar? ¿La dificultad de conocer algo sobre lo que se lleva escribiendo quince años?. Es difícil saber cuál es el tema que predomina sobre los demás. Cada espectador elegirá su enfoque de la historia. Tendrá que ser consciente de que desde el punto en el que se introduzca en lo que Wayne Wang cuenta habrá de saltar a una caja mayor o a otra menor.

 Tal vez se pueda criticar a la película por el exceso de simbolismo o por la elección de momentos demasiado cargados. Un periodista con leucemia, enamorado de una antigua prostituta. Una antigua prostituta que vive con un rico chino que no quiere casarse con ella. Una joven con el rostro deformado que sigue enamorada de un novio inglés que la abandonó. Son personajes que corren el riesgo de caerse por el exceso de rasgos. El acierto de la película es que todo, dentro del límite, se sostenga con fuerza.

 Hay rasgos fascinantes. La imagen de John grabándolo todo, intentando saber cómo es Hong Kong después de vivir quince años en la ciudad, por ejemplo. Y el hecho de que al final tenga que renunciar y decida que sea Jean la que se lleve la cámara para filmar retazos de su vida. Recuerda al protagonista de Lisboa Story, recorriendo Lisboa con su micrófono, tratando de entrar en la ciudad a través de sus sonidos. ¿No saltará en la memoria esa escena cuando volvamos a una ciudad como turistas y vayamos a fotografiarla?.

 Otra escena preciosa. Jim, al lado de John, decide animarle con su guitarra. Piensa que su depresión se debe a los problemas que tiene con Vivian y le da un rápido curso sobre los tipos de canciones de amor. Las que se escriben cuando empieza, las que nacen mientras dura y las que inspira la pérdida de ese amor. Va improvisando las letras y al final consigue que John le mire y sonría.

 De la película no quedará la historia. Serán algunas imágenes las que salten en el futuro. Esas referencias rápidas que convierten a una película en algo bueno. Como las últimas palabras del Nexus o la cara asombrada de Leolo al cruzar la luz y aparecer en Italia. La Caja China está llena de ellas y el espectador se quedará con algunas. Sabrá que no serán todas, que serán como los cromos de una colección incompleta que se lleva en el bolsillo. No estarán ni ordenadas ni pegadas al álbum. Pero bastará volver a recordarlas para que se ponga en marcha todo el juego de las cajas chinas.

 John sabe que le queda poco tiempo de vida, está enamorado de quien no debe, vive lejos de casa, casi sin amigos, con un trabajo que no le gusta y la necesidad de atrapar una realidad que se le escapa por más que haga por acercarse a ella. Es fácil que uno se vea pegado a este personaje por alguna de estas definiciones. Y desde ese punto de unión, la historia de la Caja China ya no le pasa a alguien que vive en Hong Kong, sino a cualquiera. Y sus evoluciones se siguen con la curiosidad de quien busca opciones. Con esa curiosidad que es capaz de despertar el buen cine.


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