EL ULTIMO PATRIOTA : EL SABOR DE UNA TAZA DE TE
| Director | Dean Semler |
| Guionistas | David Ayer & M. Sussman / William Heine |
Sinopsis En un pueblo americano, un grupo de patriotas suelta un virus mortal. El antídoto con el que llega el equipo de expertos del Gobierno, el mismo utilizado por los terroristas, no es valido. Un antiguo investigador de armas bactereológicas será en el encargado de descubrir la solución.
En sus clases de relato corto, Juan José Millás aconseja que, después de leer un cuento, nos preguntemos si nos ha gustado o no. De esa valoración no se tiene por qué derivar un elogio para los que nos gustan y una crítica para los que no. En otras palabras, un cuento puede ser malo y gustar.
De "El último patriota" pueden seguirse una serie de puntos básicos para todo el que quiera aprender a contar una historia que resulte efectiva. Efectiva, claro, en los términos en los que se mueve esta película. Una propuesta que sólo pretende dejar el agradable sabor de una taza de te.
Y la elaboración de esa taza es bastante simple. Basta con saber qué elementos hay que mezclar y a qué temperatura servirlos. En la presentación de esta trama aparece una familia sin madre, un amigo íntimo, un pueblo olvidado donde todos parecen llevarse bien y , para hacer oposición, un grupo de patriotas que deciden infectar a todo el pueblo con un virus mortal.
El protagonista es un médico que en el pasado trabajó con el gobierno en el desarrollo de armas bacteriológicas. En un momento decide abandonar el proyecto para perderse en este pueblo y cuidar ganado con la misma facilidad con la que sana el riñón de los viejos del lugar. Cuando el virus comience a expandirse, el será el encargado de descubrir cómo hacerle frente.
Así que los elementos están claros : el malo, el bueno, la niña y el fin que todos persiguen. El malo se define como patriota, el bueno como un defensor del cuidado por las personas, y la niña será la clave de todo el proceso.
Y es que en la historia aparece la regla básica de todo guión : dejar para recoger. En este caso, una taza de te que padre e hija toman nada más empezar la película. Una pista que alerta al espectador antes de que los demás reaccionen.
Todo lo que se sale del esquema básico queda olvidado. Poco importa que el protagonista trate con los enfermos como quien cuida de una gripe o que todo un ejército no sea capaz de terminar con el patriota y su equipo. Son los flecos que acaban definiendo la calidad de una película. La batalla de una buena historia se gana en los detalles y este cine, del que "El último patriota" es ejemplo, descuida demasiado esos detalles.
Y cuando no se cuidan los detalles, lo que se acaba ofreciendo en una serie de elementos que reflejan lo que todos ya sabemos. Aparece un indio sabio, una hija culta y guapa y un investigador que acaba volviéndose bueno. Todas estas historias tienen su llamada al sentido común, al pasado, a la mezcla de éste con el futuro y al personaje ambiguo que acaba decidiéndose al final por el bien.
Son, pues, los condimentos básicos de una comida rápida. Estos condimentos parecen garantizar un guión que se lleve al cine. Y, como las cadenas de comida rápida, también tienen su público. Escribir, dirigir, producir es una cuestión de elección. Se puede uno quedar en el nivel básico o seguir ascendiendo. Didácticamente, esta es una película del nivel básico, a la que se le ven las costuras fácilmente. Nadie se ha parado en taparlas porque quizás todos estaban pensando en la próxima historia que tienen ya lista.
Toda historia, por complicada que sea, se puede reducir a unos elementos simples. El trabajo viene después, en la creación de entramados, profundidades, contrastes y huecos que el espectador tiene que llenar. Aquí no hay ningún hueco, nada por donde entrar.
Así que Millás recomendaba analizar las historias y después, independientemente del análisis, afirmar si nos habían gustado o no. El análisis de ésta no es muy favorable pero consigue dejar el sabor de esa taza de te en el paladar. Quizás porque permita una lectura más detenida el hecho de que sea una flor que crece en todas partes la que acabe con la doble amenaza que propone la película : la bacteriológica y la fanática. A ambos estamos cada vez más expuestos.
A esta película la salva la imagen de los soldados vestidos con trajes de protección recogiendo flores por el campo. Si le hubieran quitado la música y hubieran dejado el ruido de sus máscaras al dejar pasar el aire habrían logrado una de esas referencias que recuperan a una película del olvido.
Con sólo esa imagen. Los cambios se suceden y el suelo comienza a perder firmeza. Que en la carrera en la que andamos metidos exista todavía la posibilidad de mirar a las flores para salvarnos es algo a lo que agarrarse. Quizás sea falso, una ilusión. Pero seguimos yendo al cine para atrapar las ilusiones que nos faltan fuera. Y esa secuencia puede salvar a esta película tan elemental.
Necesitaría esa secuencia de otro equipo de guionistas para explicarla. Igual que el que llega vestido de blanco al pueblo Deberían acordonar el guión y comenzar por el principio. Acabar con los restos del nivel básicos, ocultar las costuras y tratar de sugerir son los pasos del siguiente nivel. Un escalón que le queda muy lejano al guionista de esta película.