LAS RAZONES DE MIS AMIGOS : METAPERSONAJES

Directora : Gerardo Herrero Guionista : Angeles Glez-Sinde
 
SINOPSIS

Carlos, ante los problemas que atraviesa su empresa, les pide cuatro millones a Marta y Santiago, dos amigos de la universidad. El plazo de tres meses para la devolución se va ampliando y esa situación provoca tensiones en el grupo.


        En el prólogo de su libro, Belén Gopegui señala que su interés al escribir no es el de salir con la solución en la cabeza, sino utilizar la propia escritura como una forma de buscar respuestas. Con todas las matizaciones necesarias y simplificando mucho, escribir sería algo parecido a despejar ecuaciones una vez que se han planteado bien todos los supuestos.

          Belén pretende lidiar con tres temas : la amistad, la relación entre lo público y lo privado y la evolución de la izquierda en este inicio de siglo.

          Ese proceso de investigación funciona en el libro gracias al estilo que Belén le impone y que logra , entre otras cosas, que los vacíos queden camuflados. Eso, al fin y al cabo, es el estilo. En la película los problemas de la historia, derivados de sus grandes pretensiones, quedan al descubierto por culpa de un tratamiento menos sugestivo que el de la novela.

          No es el momento de señalar las diferencias entre la novela y la adaptación. Se supone que un director de cine debe saber cómo utilizar sus recursos para competir con una mirada, la de Belén, dura, precisa y , en ocasiones, excesivamente acertada (cuando parece que los personajes saben que, hagan lo que hagan, van a quedar atrapados). Ese tono, aire o impulso que se percibe en el estilo de Belén no encuentra apenas réplica en una película que parece conformarse con lo evidente.

          No se da el mismo cuidado en colocar una mesa frente a la cámara que el que se toma Belén en describirla. El lenguaje de Belén tiene mucho de visual y parece que Gerardo Herrero se hubiera dejado llevar por la contundencia de los temas y hubiera dejado a la imagen en un segundo plano. Un tratamiento, en fin, tan lineal y plano como el que utiliza para mostrar la situación de Jard S.L.

          Abandonada la baza de la imagen, es la palabra la que adquiere peso y aquí se encuentra esta película con uno de sus grandes problemas. Angel Fernández Santos, en una reciente crítica sobre “Plenilunio”, afirmaba que el peor error en que podía caer una adaptación era el de trasladar el mismo lenguaje de la novela al cine. Y si evidente era ese fallo en Plenilunio, aún más claro parece en esta película. Por esas reglas no escritas del cine, parece que un personaje no puede saltar de la página a la pantalla con las mismas frases en la cabeza.

          El resultado es que, más que personajes, nos encontramos con meta-personajes que, en medio de una cena, se preguntan si se puede ser feliz sin ser justo. Una duda propia de un personaje de Camus que queda fuera de sitio en la habitación. En un libro, el estilo permite que un personaje pueda decir eso sin que se note un cambio brusco : el escenario, las dudas del narrador o el estilo indirecto pueden acotar una escena hasta que una frase como la de la justicia sea la única salida. Sabemos, en fin, de forma directa o indirecta cuál es el mundo que el personaje está creando y cuál es la reacción que puede aceptarse como lógica. Todo eso lo consigue Belén con un estilo admirable y seco, en el que no hay concesiones al humor.

          Con cierta ingenuidad, se lleva esta historia a la pantalla y, como se ha dicho, se dejan a un lado todos los elementos que podrían ayudar a envolver unas frases que son como piedras en un saco de harina. Se percibe cierta fe en la tocudez, en la creencia de que si se rebaña todo lo que hay en el libro de principio a fin, se conseguirá atrapar lo que de vivo hay en “la conquista del aire”. Un empeño que recuerda al alumno que se aprende todo el libro de memoria sin entender muy bien qué es lo que quiere decir.

          Como se ha dicho, hay tres temas tratados y cada uno queda resuelto de forma más o menos acertada. El básico, el núcleo de la historia, es la amistad. Y en este capítulo, la historia queda cerrada porque, entre otras cosas, los personajes dejar de decir para comenzar a hacer. No hay retórica, no hay meta-amistad. Se extienden dos cheques, se va actuando y se presenta un final. No hay nada más que contar. Cuatro millones parece ser la cantidad justa si uno quiere dejar de tener amigos, el contrapeso en la balanza para saber el peso real de la amistad, que siempre es más bajo que el que pensamos.

          En los otros dos temas (sector público vs. privado y la evolución de la izquierda) la película apenas avanza porque se deja que los personajes hablen y hablen en un discurso de lamentos que no lleva a ninguna parte. Son personas que quieren ser de izquierdas hagan lo que hagan y que tienen la curiosa imagen de una empresa como “tinglado para generar plusvalías”. Ni siquiera la realidad de Carlos logra cambiarle el punto de vista y sus conversaciones en la empresa parecen salidas de algún capítulo de Marx. La pregunta no es si se puede ser feliz sin ser justo, sino si se puede llevar una empresa, tener que echar gente, y seguir siendo honrado. Los personajes parecen perderse en sus preguntas abstractas y sus soluciones aún más lejanas para no ver las preguntas que les olfatean los zapatos como perros hambrientos. Quizás de ahí el título de la conquista del aire.

          Y esos conquistadores de nubes siguen en sus posiciones universitarias sin que nada les haya hecho cambiar. Carlos, la punta de lanza, el único que cruza el puente entre los público y lo privado, entre el mundo de la izquierda y la derecha-empresarial, es el más flojo de los personajes, el que apenas tiene nada que decir cuando su aportación debería ser la más contundente de todas las que aparecen. Parece el novato que se presenta para entrenar en el vestuario del Barça con la camiseta del Madrid.

          Es esa falta de auténtica dialéctica (al contrario se le menciona como si de una conspiración se tratase) lo que impide que el libro sea un ejercicio redondo y que en la película los dos temas mencionados se queden meramente enunciados. Al no encontrar oponentes, toda la lucha se deja en manos del propio lenguaje : todo discurso lleva dentro sus propias contradicciones, por lo que no hace falta mirar a la realidad.

      Que Gerardo Herrero haya cambiado el título de Belén ya sugiere que su lectura del libro no fue todo lo acertada que debiera.

            


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