LA VIRGEN DE LOS SICARIOS : UN MONOLOGO GRIEGO

Director : Barbert Schroeder Guionista : Fernando Vallejo
 
SINOPSIS

Fernando es un escritor que llega a Medellín para pasar los últimos días de su vida. En un prostíbulo conoce a Alexis, un joven que le enseñará cuál es la distancia entre la ciudad que él recordaba y la que existe.


    

    La historia de Barbert Schroeder se mueve entre el documental y un estilo más narrativo. Desde el principio se percibe que el director habla a través de ese escritor que llega a Medellín. Aunque se quiera presentar el formato de película, todo apunta a una declaración de principios camuflada. Es el director el que controla todo el movimiento del personaje para poder decir todo lo que necesita decir sobre ese Medellín dominado por el caos. Dicho con pocas palabras : que el director ya sabía lo que quería decir.

          ¿Y es tan raro objetarle a una película algo así? ¿No es una película precisamente eso? Sí y no. Se puede controlar a un personaje pero se debe manejar el punto de vista y el desarrollo de ese personaje. Y son estos dos aspectos que no existen en la historia de Schroeder. El director no deja que el escritor se mueva, que lo que ocurre le vaya modificando. Desde el principio, el tono de su discurso es el mismo y el tiempo sólo pasa para permitirle ampliar el radio de acción de ese discurso.

          Ese discurso, además, se queda en mero eco de la realidad. Tampoco aporta nada a lo que se ve : las imágenes se comen las palabras y parece que cuando el escritor abre la boca, lo que vamos a escuchar viene con segundos de retraso con lo que hemos visto. Como esas retransmisiones en las que la palabra se adelanta al movimiento.

          No ha habido ningún intento de crear otros personajes o puntos de vista. El director se mira el ombligo a través de este escritor y no permite que nadie le haga sombra. Lo que tiene que decir, considera, es suficientemente importante como para que el resto se mueva a su alrededor. Parece creer que la gravedad de su mensaje es suficiente como para que un espectador con un mínimo de sentido acepte sin rechistar lo que se le va a decir.

          Pero en el cine las cosa no funcionan así. Si se trata de mostrar el camino recorrido por el Medellín de la infancia y el actual, hubiera hecho falta, por ejemplo, un personaje que representara ese pasado, alguien con quien medir distancias. Algo que se vislumbra en la figura de ese cantante de tangos que se queda en mero acompañante.

          Schroeder no deja que el discurso muestre fisuras. El escritor parece tan seguro de lo que dice que sus palabras acaban haciéndole antipático. Su tono y sus quejas, en algunos casos, tienen un tono infantil.

        A estas alturas, por ejemplo,queda un poco ridículo plantearse el tema de Dios en una película y despacharlo con dos frases vistosas, de esas que huelen a queja vieja. Que si en un mundo malo no puede existir Dios, que si todo es mentira…el tema requiere otras preguntas y cualquier aficionado a la teodicea habría sabido plantear con más sutileza interrogantes más sugerentes. Pero Schroeder se ha montado su propio partido y no deja que nadie juegue contra él.

          ¿No es un poco absurda la elección de un Alexis como receptor de su mensaje? Una vez que se agota el simbolismo entre un escritor y un pistolero que no es capaz de leer tres frases seguidas, la historia pide algo más. Hay en esa imagen una referencia clara a la figura del filósofo griego y su discípulo y esa conexión consigue iluminar algunos momentos de la película, pero no los suficientes como para mantener un tono sólido e interesante. En cualquier otra situación el guionista se habría apoyado en una segunda voz, pero en éste caso sólo consigue que el personaje del escritor no encuentre resistencia en su monólogo.

          Alexis tampoco funciona como lazarillo porque su mundo es excesivamente limitado. Eso tampoco deja que Medellín hable, que respire un poco del agobiante mensaje del escritor. No todo pueden ser pistoleros sobre motos o atracos a los coches. La forma de reaccionar ante lo que pasa no puede ser sólo la de Alexis. ¿Por qué no se aprovecha al médico de la funeraria, por ejemplo?. Cargarlo todo en lo negativo del mensaje acaba volviéndose contra él. Acumular pesimismo logra lo contrario.

          Con eso, lo más interesante de la película tal vez sea lo que ocurre fuera de la pantalla : la reacción del público. Muchas veces la única respuesta a lo que se cuenta es la risa. La forma de cerrar un círculo que , en el absurdo de la violencia, deja atrás el espanto para alcanzar la respuesta del humor, la única posible cuando ya no quedan soluciones a lo que se ve.

          Igual que viendo U-571 uno se acuerda de El Submarino, así frente a La virgen de los sicarios, la referencia inevitable es La vendedora de rosas.

    


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