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EL FUTURO DE LAS MISIONES DIOCESANAS
ASÍ LO VEN
NUESTROS OBISPOS
Argiriak gure elizbarrutien alderdi
misiolaria, Afrikan eta Amerikan egun ditugun misio-konpromisoak eta
Euskal Elizbarrutietako Misioen elizbarrutiartekotasun ezaugarria
berresten ditu. Ia 60 urteko misiolari-historia baloratzen du.
Ebanlizatze-lanean laikoel duten zeregina azpimarratzen du. Eliza
berrien sortzea onartu eta sendotzen du eta bertako elizen protagonismoa
eta gure misioen aldetik haienganako zerbitzua berresten ditu. Elizaren
argiri nagusietatik abiatuz, oinarrizko misio-printzipioak biltzen ditu.
Elizbarrutietako misioekin zein beste mota batzutako misio-zerbitzuekin
lotuta dauden jardunbideak ere zehazten ditu.
El Documento reafirma la
dimensión misionera de nuestra diócesis y los actuales compromisos
misioneros de África y América y el carácter interdiocesano de las
misiones diocesanas. Valora la historia misionera de las diócesis de
casi 60 años. Destaca el papel de los laicos en la evangelización.
Reconoce y apoya el despertar de las nuevas iglesias y reafirma el
protagonismo de las iglesias locales y el servicio de nuestras misiones
a las mismas. Recoge los principios fundamentales misioneros, según los
principales documentos de la Iglesia. También concreta algunas líneas de
actuación, tanto en relación con misiones diocesanas como con otros
servicios misioneros.
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Presentación
El presente documento constituye el resultado final de un proceso de
consulta iniciado en su día a partir de la reflexión propuesta por los
obispos de las diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria.
Se trataba entonces de un texto abierto que incluía la invitación a
participar en su enriquecimiento. Así lo han hecho en las citadas
diócesis varios Consejos y organismos, las Procuras y Delegaciones de
Misiones, misioneras y misioneros, tanto a título individual como en
grupo. También los obispos de las diócesis con las que se mantienen
convenios de cooperación han sido invitados y han aportado sugerencias
que se recogen en la redacción final.
Introducción
Las diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria quieren actualizar su
compromiso misionero, su cooperación con otras Iglesias locales. Son
conscientes de que en ello está en juego su propia identidad, ya que la
Iglesia "es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su
origen en la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo según el
plan de Dios Padre"(AG 2).
Esta tarea se plantea en común, justamente porque nuestras diócesis
mantienen conjuntamente las Misiones Diocesanas nacidas en 1948.
Precisamente mediante esta reflexión se quiere desarrollar la propuesta
surgida durante la celebración del 50 aniversario de dichas Misiones, en
el que se pedía una actualización y revitalización del compromiso
misionero en las Iglesias locales de Bilbao, San Sebastián y Vitoria.
Este propósito exige renovar la actividad misionera de nuestras
iglesias, especialmente en lo tocante a Misiones Diocesanas. Pues aunque
no es el único cauce de la acción misionera de las diócesis, sí
constituye un modo singular de cooperación misionera con otras iglesias.
Durante estos casi 60 años no se han ahorrado esfuerzos y generosidad,
llegando en ocasiones hasta la entrega de la propia vida. Tanto las
misioneras y misioneros como el conjunto de las diócesis se han visto
enriquecidas. Se trata ahora de revitalizar el compromiso y la dimensión
misionera de nuestras iglesias locales con perspectiva de futuro pues la
experiencia muestra que la misión no se puede plantear ni desarrollar
como en tiempos pasados.
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Rasgos elementales de la situación
Actualmente nos encontramos ante nuevos retos evangelizadores en nuestra
sociedad como respuesta a un intenso proceso de secularización y de
cambio cultural.
Entre sus múltiples consecuencias, puede destacarse alguna que afecta
especialmente a la cooperación misionera de nuestras diócesis con otras
iglesias: la drástica disminución del número de vocaciones orientadas a
la labor pastoral y evangelizadora de la Iglesia (tanto de presbíteros,
religiosas y religiosos como de laicas y laicos) con las consiguientes
dificultades para el relevo generacional de misioneros. Simultáneamente
los laicos han evolucionado como agentes de pastoral para prestar una
ayuda más de acuerdo con su vocación peculiar tanto en la vida de las
comunidades como en su acción misionera . La misión refleja a su modo la
situación general de nuestras Iglesias.
Las Misiones Diocesanas están actualmente presentes mediante convenios
establecidos en una diócesis de Angola y en dos de Ecuador (Los Ríos y
El Oro) a través de equipos misioneros. Otras presencias como las que se
dan en Rwanda o en la República Democrática del Congo, pueden
considerarse herencias de anteriores compromisos más intensos, sin
pertenecer actualmente a Misiones Diocesanas en sentido estricto.
Las dificultades para cumplir los convenios de cooperación misionera
establecidos con diócesis de África y América han ido en aumento desde
hace ya bastantes años. Al mismo tiempo han ido en aumento los recursos
pastorales propios de aquellas Iglesias con las que cooperamos. A esta
situación se ha ido respondiendo mediante un proceso de adaptación, que
no por necesario está resultando menos doloroso.
En este tiempo, la conciencia misionera de la Iglesia ha ido
evolucionando, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II. El decreto
Ad gentes (AG), la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (EN) y la
encíclica Redemptoris missio (RM) señalan pasos importantes en esta
evolución. Esa Encíclica, entre otras afirmaciones, destaca
especialmente que:
La misión renueva a
la Iglesia y constituye el primer servicio que ella puede prestar al
mundo. La acción evangelizadora de la comunidad cristiana, primero en su
propio territorio y luego en otras partes, como participación en la
misión universal de la Iglesia, es el signo más claro de madurez en la
fe. La misión además de provenir del mandato del Señor, se deriva de la
exigencia profunda de la vida de Dios en nosotros. Su cometido
fundamental es "dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y
la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo"
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En la acción misionera es necesario unir el anuncio del reino de Dios
(el contenido del kerigma de Jesús) y la proclamación del evento de
Jesucristo (que es el kerigma de los apóstoles). Los dos anuncios se
completan y se iluminan mutuamente.
Asimismo, el anuncio del
Reino no puede ser separado de la implantación de la Iglesia. El Reino
exige la promoción de los valores y bienes humanos que no puede
separarse ni contraponerse al anuncio de Cristo y de su evangelio, a la
fundación y el desarrollo de las comunidades que actualizan entre los
hombres la imagen viva del Reino.
Afirmar hoy que toda la
Iglesia es misionera no excluye que haya una especifica misión ad
gentes. Entre las diferentes actividades de la misión de la Iglesia, la
misión ad gentes es propiamente aquella que se dirige a los pueblos,
grupos humanos o contextos socio-culturales donde Cristo y su evangelio
no son conocidos o donde faltan comunidades cristianas suficientemente
maduras como para poder encarnar la fe en el propio ambiente y
anunciarla a otros grupos. La misión ad gentes trata de establecer en
cada lugar comunidades cristianas que sean un "exponente de la presencia
de Dios en el mundo" y hacerlas crecer hacia su madurez hasta llegar a
ser Iglesia.
La responsabilidad de la
misión ad gentes recae sobre la Iglesia universal y sobre las Iglesias
particulares. Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las
necesidades de las demás e incluir la animación para la cooperación
misionera como elemento de su pastoral ordinaria. La colaboración entre
las Iglesias, por medio de una reciprocidad real, es fuente de
enriquecimiento para todas y abarca varios sectores de la vida eclesial,
pero se manifiesta especialmente en la promoción de las vocaciones
misioneras que son el corazón de la cooperación.
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Además, las asambleas del episcopado latinoamericano en Medellín, Puebla y
Santo Domingo, así como los Sínodos de los Obispos de África, América y
Europa han enriquecido notablemente los modos de entender la acción
misionera de la Iglesia. Todas estas aportaciones han ido modificando
tanto el pensamiento teológico como las realizaciones prácticas de la
misión. |
Opciones
básicas
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1. Confirmar el compromiso misionero.
Nuestras diócesis quieren seguir siendo
misioneras y, para ello, cooperar con otras Iglesias locales. Ello implica
mantener los actuales convenios de cooperación, renovándolos y
actualizándolos en la medida de nuestras posibilidades.
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2. Mantener la coordinación interdiocesana de las Misiones Diocesanas a
través de los obispos y de sus delegados. hemos mantenido el compromiso
unidos desde el inicio en un proyecto común y así queremos seguir.
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3. Atender a comunidades de especial pobreza y debilidad. Nuestra
cooperación misionera se realiza casi exclusivamente en relación con
Iglesias de países empobrecidos y quiere guiarse primeramente por el
criterio del grado de necesidad de recursos pastorales y materiales.
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4. Fortalecer las relaciones entre los obispos de las Iglesias que envían y
de las que acogen. A ellos corresponde fomentar y guiar la cooperación entre
las Iglesias, personalmente y por medio de sus delegados, manteniendo
contacto con las misioneras y misioneros. Son ellos quienes aprueban los
convenios de colaboración, envían, acogen y determinan el destino pastoral
de los misioneros.
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5.
Ponerse a disposición de las Iglesias locales. Nuestra ayuda ha de servir
para que ellas puedan responder por sí mismas a los retos de la
evangelización. Son Iglesias locales a todos sus efectos, plenamente
responsables de su vida y de los objetivos de su acción pastoral. Son ellas
las que marcan las prioridades y el ritmo de su acción evangelizadora. Las
misioneras y misioneros se integran en los planes y proyectos pastorales de
la Iglesia local a la que son enviados, para promover el fortalecimiento de
clero y laicado propios.
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6. Abrirse a otras formas de cooperación.
Conviene contemplar además otras
iniciativas como por ejemplo, la acogida de personas para su formación, la
asunción de proyectos pastorales en nuevos lugares para un tiempo definido,
o la prestación de otros servicios, siempre con la aprobación del obispo
diocesano.
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Lineas de actuación |
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a) En relación con Misiones Diocesanas:
1. Actualizar los compromisos de cooperación vigentes.
2. Facultar al Delegado de Misiones para acompañar a las misioneras y
misioneros, atender a sus necesidades humanas y espirituales, favorecer la
relación entre los obispos y realizar un seguimiento de los proyectos de
cooperación aprobados. En los equipos misioneros habrá un moderador
encargado de animar su vida interna y de conducir las relaciones inmediatas
con el obispo del lugar.
3. Favorecer el envío de laicas y laicos adecuadamente preparados al
servicio de proyectos pastorales definidos en cuanto a personas y plazos,
determinando sus funciones y tareas en virtud de su vocación laical.
4. Situar la economía de Misiones Diocesanas, peculiar por el origen y la
finalidad de sus recursos, en el conjunto de la administración diocesana.
5. Fomentar la difusión de la revista "Los Ríos", insertándola en el
conjunto de la pastoral de las diócesis, como factor de intercambio y
animación misionera.
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b) En relación con otros servicios misioneros:
6. Articular la Procura de la Delegación Diocesana de Misiones, buscando la
justa proporción entre el personal destinado a la organización y el enviado
al servicio de otras Iglesias.
7. Posibilitar otro tipo de ayudas como becas para la formación de clero y
agentes de pastoral, acogida de presbíteros, financiación de materiales y
proyectos pastorales, apoyo a la infraestructura.
8. Coordinar en nuestras iglesias diocesanas las iniciativas de cooperación
misionera promovidas de modo particular por parroquias o zonas.
9. Fortalecer la relación de la Delegación diocesana de misiones con las
comunidades de vida consagrada, especialmente con aquellas que se
caracterizan por su carisma misionero.
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Bilbao, San Sebastián y Vitoria, 24 de Enero de 2007
Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao
Juan María Uriarte, Obispo de S.Sebastián
Miguel Asurmendi, Obispo de Vitoria
Carmelo Echenagusía, Obispo Auxiliar de Bilbao |
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