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Pili Abad y Ernesto Izaga
Fueron misioneros en Ecuador muchos años.
Ahora trabajan en Traperos de Emaús, en Vitoria. |
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1.-
Nos duele tanta pobreza.
Nos duele tanta gente, tantas familias que sufren a diario la falta de
trabajo y el subempleo, y no alcanzan a lo más necesario para vivir.
Nos duele tanto niño trabajador y niña trabajadora y sin escuela, tanto
joven sin futuro, tantas personas mayores desgastados por el sufrimiento
de la vida.
Nos duele tanto enfermo, tanta muerte temprana y tanta impotencia para
salir adelante.
Nos duelen tantos pueblos sometidos económicamente y políticamente,
empobrecidos y dependientes, sometidos a los intereses del imperio.
Nos duele la represión y la tortura, los presos y presas comunes y
políticos.
Nos duele tanta gente obligada a emigrar y tantas personas que nuestra
“sociedad del bienestar” margina y excluye. |
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2.- Nos indignan las causas que originan la pobreza |
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Nos duele y nos indigna que pensemos que la culpa es de ellos, porque
son vagos, o porque no hacen bien o porque no saben.
Nos indigna tanta prepotencia de los poderosos, tantas ganancias y
beneficios de los grandes bancos y de las multinacionales.
Nos indigna tanto consumo y tanto individualismo, tanto correr para
llegar el primero, tanto tener y tan poco ser, tanta ceguera.
Nos indigna tanto enriquecimiento y tanto desarrollo a costa del
empobrecimiento de muchos pueblos y de la sobre-explotación de nuestra
madre tierra.
Nos indignan las leyes injustas y excluyentes.
Nos indigna tanta incapacidad para escuchar, para sentir la situación
del otro, para dialogar, para respetarnos, para defender los derechos
básicos.
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3.-
Ante todo esto, ¿qué hacemos y que podemos hacer? |
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Queremos ayudar de alguna manera, echar una mano... y no sabemos muy
bien cómo hacerlo.
Nuestra
solidaridad, nuestros compromisos se manifiestan de muchas maneras:
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Damos dinero para alguna necesidad.
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Colaboramos en proyectos,
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Leemos y hablamos de esa realidad de
pobreza.
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Apoyamos a los misioneros y
misioneras.
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Propiciamos la participación de
jóvenes en campos de trabajo y en compromisos concretos.
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Participamos en redes contra la
exclusión.
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Nos comprometemos en la defensa de los
derechos que tenemos como personas y como pueblo...
Todas estas cosas que hacemos son importantes, muy importantes, pero es
necesario buscar algo más y profundizar nuestra solidaridad y nuestros
compromisos.
Es urgente vaciarnos un poco de tantas cosas que tenemos y dejar un
espacio para meternos en el mundo de los pobres, de los marginados y de
los excluidos.
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Meternos
con respeto, escuchar y aprender.
Aprender de su realidad de sufrimiento, para apreciar lo que es vital y
lo que es superfluo.
Aprender de sus luchas, de sus resistencias, de su constancia, de su
alegría, de su acogida al más pobre.
Aprender de su fe, para salir del letargo y del conformismo en que
vivimos.
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No sabemos hasta dónde tenemos que vaciarnos y renunciar a cosas que
tenemos y que las hemos hecho necesarias, casi imprescindibles.
No sabemos hasta qué punto tenemos que cambiar vida, actitudes,
maneras..., pero solamente ubicándonos en la perspectiva del pobre, del
excluido y participando con ellos podemos empujar un proceso de
liberación auténtico y sentar las bases de un mundo más justo y
solidario.
Necesitamos redescubrirnos en esta perspectiva para crecer con
autenticidad como personas, como pueblo y como pueblos, como sociedad y
como iglesia.
Nuestros hijos e hijas, los niños y niñas de nuestro mundo, se merecen
un futuro mejor.
¡Con los pobres, junto con ellos, codo con codo! |
“Entzuteko, aldamenekoaren egoera sentitzeko, elkarrizketarako, elkarren
errespeturako, oinarrizko eskubideen defentsarako dagoen ezintasun handiak sutu
egiten gaitu”.
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