"Y otro angel, el tercero, lo siguio diciendo con grán voz: ‘Si alguno adora la Bestia o su Imagen y recibe su marca en la frente o en la mano, bebera él tambien del vino del furor de Dios, vino puro, concentrado, en la copa de su ira. Y sera atormentado con fuego y azufre en presencia de los angeles santos y en presencia del Cordero. El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos; y no tienen reposo ni de dia ni de noche los que adoran la Bestia y su Imagen y los que reciben la marca de su nombre'"

Apocalipsis, 14, 9-11

Los lectores habituales de Bronze estarán acostumbrados a oírme lanzar consignas apocalípticas sobre el actual estatus degenerado de los comics de superhéroes (¡no de todos!). Así que al empezar a hablaros de Kingdom Come, los cuatro prestigios de Mark Waid y Alex Ross para DC que se han convertido en el proyecto estelar del 96, no puedo evitar comparar mis "sermones" con los que el Reverendo McKay utiliza para atemorizar a sus feligreses.

Al igual que nosotros, el Reverendo vive en un mundo (25 años en el futuro del universo DC) lleno de superseres que han perdido por completo sus ideales, y que viven enzarzados en batallas sin fin que ponen en serio peligro a las personas que deberían proteger y al propio mundo en que viven. Los antiguos superhéroes se retiraron hastiados y de ellos solo queda el recuerdo que el merchandising explota sin piedad, como en el caso del restaurante temático "Planet Kripton". Mark Waid lo resume diciendo "Es como ¿qué ocurriría si el universo Image invadiera el universo DC?"

Los superhéroes DC siempre se han caracterizado por estar firmemente enraizados en la mitología clásica, llegando a convertirse en símbolos contemporáneos de los valores que representan. Esta vez se enfrentan (de nuevo) a la mayor batalla de todas: El Fin del Mundo. Y, como no, Ross (autor de la idea original) y Waid (que la desarrolló y la convirtió en toda una celebración del espíritu del Universo DC -una amalgama de Tierra-1, Tierra-2 y Tierra-DC post-Crisis-, lleno de héroes "más-grandes-que-la-vida") recurren al mito de la "Segunda Venida": Cuando Inglaterra se halle en su momento de mayor necesidad, el Rey Arturo (que duerme en Avalon) regresará capitaneando un ejército de brillantes caballeros. Algo tan propio a los héroes del universo DC ("donde las leyendas viven") que ya Miller lo explotara con éxito en Dark Knight.

Y así, mientras McKay (el "Phil Sheldon" de KC) observa como aumenta la conflagración y se aproxima la batalla de Armaggedon, recibida en visiones por el poder del Espectro, representante de la Justicia Divina; Diana acude en busca del retirado Kal-El manteniendo con él una dramática conversación para convencerlo de que el mundo lo necesita.

Esa escena (que a mí llegó a emocionarme) es un magnífico exponente de unas de las principales virtudes de la serie (de cualquier buen comic en realidad): la perfecta caracterización (sólo Mark Waid parece saber actualmente como actúan, como deben actuar los superhéroes DC) y la fluida narración: la acción se desarrolla como un ballet al ritmo de la música de los textos. Una lectura que te hace exclamar: "¡Esto son comics y lo demás (salvo Astro City) son cuentos!". Ross trasmite a la perfección con el movimiento y los gestos de los personajes las motivaciones, sentimientos y traumas que les impulsan a actuar como lo hacen, y Waid sentencia con unos diálogos monolíticos: " Los terrestres mueren. Ya lo sabes", sentencia el hosco Kal-El. "Eran tus padres, Cla-- Kal. Y ella era tu esposa. No los llames "terrestres"…". Unos diálogos que explotan lo que en el universo DC ya ha tomado carices legendarios: "He aquí dos palabras. A ver si te parecen familiares. Verdad Y Justicia."

También son de antología las conversaciones entre Superman y Bruce, quien ha heredado toda la ironía del difunto Alfred ("Yo no tengo ese lado oscuro" "Díselo a tu sastre. El negro es un nuevo color en ti…") Y genial (por inesperado, en el momento más dramático) es el chiste sobre las "sutiles desapariciones" de Superman, horma del zapato de Batman.

La serie se centra en las distintas posiciones de Superman, Batman y Wonder Woman (más un selecto grupo de villanos dirigido por Lex Luthor) ante el problema de los hostiles "superhéroes". Y la maestría de Waid consiste en mostrarnos que a pesar de que cada uno mantiene una postura razonable, los tres superhéroes más emblemáticos son incapaces de ponerse de acuerdo. Justo como en el mundo real.

En cuanto al trabajo de Alex Ross, a la vista está. Sobre los diseños de personajes, todo se resume en algo que yo cría ya imposible: ¡Ross ha mejorado la "S" de Superman! Si en Marvels nos acercaba al lado humano de los personajes Marvel y a como eran estos percibidos por la gente de a pie, en KC nos muestra como nos ven los superhéroes cuando sobrevuelan las ciudades como una legión de ángeles. Todos exudan nobleza y majestad, dioses que descienden en ocasiones al mundo de los mortales para impartir justicia.

Ross prepara ya un próximo proyecto sobre su interpretación del simbólico Tío Sam, y ha expresado su deseo de crear algún proyecto especial para el 98, en el 60º aniversario de Superman. No se vosotros, pero yo no puedo esperar a ver a Jor-El y Lara abrazados mientras despiden a su retoño y lo salvan del fin de Kripton.

"Es una celebración del ideal heroico" ha dicho Waid. "Buenos hombres y mujeres que luchan por imponer orden en el caos". Amen a eso.

Leed Kingdom Come, hermanos. El Fin está más cerca que nunca. Podéis ir en paz.

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