Introducción

Natividad

Los Reyes
Magos

La Estrella
de Belén

Nota Final

Somnium: Historia de la Astronomma

1:0 - Dibujo de Portada: M. Miani - TEXTO: FRB


 

0.- Introducción


    Es indiscutible que uno de los elementos que no pasa desapercibido en cualquier exornación navideña es la Estrella de Belén. A medida que se va acercando la Navidad nuestras calles se iluminan y no es rara aquella en la que aparezca una estrella. Belenes, villancicos, anuncios, películas,... en todos estas situaciones no falta la bíblica estrella de Belén. Con la ayuda de los ordenadores, los avances en traducciones de lenguas orientales y nuevos hallazgos arqueológicos, hoy día tenemos posibilidades de investigar, desde el punto de vista astronómico, que pudo ser realmente la estrella. Las conclusiones que se van obteniendo aún andan por el terreno de las hipótesis pero permiten obtener algunos datos interesantes y descartar algunos sucesos astronómicos que se relacionaban, (y aún se relacionan erróneamente) con la Estrella de Belén.

  Por último una advertencia: este escrito no tiene más intención que la de divulgar. Se tratará de mostrar las distintas explicaciones que se le dan a la existencia y aparición de la Estrella de Belén desde un punto de vista científico, más en concreto, astronómico, sin pretender mitificar ni desmitificar nada ni a nadie. No tienen lugar en éste texto teorías que se alejen de este punto de vista.
 
 

1.- Natividad


    Para poder investigar hechos astronómicos del pasado se requiere conocer la fecha en la que éstos pudieron darse con cierta exactitud. De modo que, como quiera que la Estrella de Belén apareció en tiempos de la Natividad, es necesario buscar informaciones y pruebas que puedan aclararnos cuando nació Jesús. Los escasos datos de los que disponemos son referencias bíblicas; a partir de ellas tendremos que acudir a la Historia para obtener datos concretos. Veamos pues de qué elementos disponemos.
 

1.1. Referencias Bíblicas

    Sólo hay dos referencias en la Biblia acerca de la Natividad: la primera (y la más completa) la encontramos en el evangelio de San Mateo; luego podemos leer algunos versículos relacionados con la Natividad en el Evangelio de San Lucas.

  Si comenzamos leyendo el Evangelio según San Mateo, podemos obtener las primeras notas que pueden servirnos para ir cercando la fecha del nacimiento de Jesús y de paso, encontramos la primera referencia a la Estrella de Belén:
 


Por otra parte el Evangelio según San Lucas nos dice:
 

No hay más que prestarle un poco de atención a estos textos para sacar algunos detalles. Según se indica, al nacer Jesús:

    1.- Reinaba Herodes.

    2.- Se estaba realizando un censo de población.

    3.- Cirinio era gobernador de Siria.
 

Detalles que la historia nos explica y desarrolla:
 

1.- Herodes el Grande reinaba en Judea, nació el 73 a.C. y según los historiadores modernos se sabe que murió después de un eclipse de Luna que pudo verse desde Jericó y antes de la Pascua Judía. Según sabemos, dicho eclipse puede corresponderse con el sucedido el l3 de marzo del año 4 a.C. Con lo cual Herodes el Grande pudo haber muerto a finales de marzo o principios de abril de dicho año. Por tanto podemos establecer una primera cota en las fechas: la Natividad debió acontecer antes del 4 a.C. Ahora bien, si volvemos al Evangelio de Mateo tenemos que:
 

  Si el hecho es así, Jesús tendría como mucho dos años al dictar Herodes la degollación de los santos inocentes. Por lo que, basándonos en el Evangelio de Mateo, podríamos hablar de una fecha para la Natividad entre el 7 a.C. y el 5 a.C.
 
 

2.- Realización de un censo. Se sabe que Augusto César mandó a realizar censos con carácter tributario en tres ocasiones durante sus cuarenta años de gobierno. Los censos fueron realizados en los años 28 a.C.; en el 8 a.C. y en el 14 d.C.
 

3.- Cirinio era gobernador de Siria. Hoy día conocemos que Cirinio o Quirinius fue gobernador de Siria no antes del 6 d.C. Aunque anteriormente desempeñó cargos gubernamentales desde los años 6 y 5 a. C. ¿Serían estos cargos a los que se referiría Lucas?
 

Así pues el margen de fechas que obtenemos del Evangelio de Lucas es más amplio: del 8 a.C. al 14 d.C.
 

1.2 Dionisio el Exiguo
 

    Dionisio el Exiguo fue un monje y astrónomo que vivió en el siglo VI d.C. y que después de declinar el imperio romano pensó sustituir el calendario romano (basado por entonces en los años transcurridos desde la fundación de Roma) por otro cristiano que tomara como origen el nacimiento de Jesús. Así, el inicio de contar los años, o lo que conocemos por Era Cristiana, fue propuesto por éste astrónomo al Obispo Petronio allá por el año 531 d.C. en un intento de realzar la figura de Jesucristo en perjuicio de la de Diocleciano, emperador romano que persiguió constantemente a los cristianos.

El método que usó Dionisio se basó en confeccionar una tabla en la que aparecerían los emperadores romanos desde adelante hacia atrás, contando los años que habían gobernado cada uno de ellos. El método funciona pero Dionisio se equivocó. En primer lugar marcó el año del nacimiento de Jesucristo como el año 1 (origen, por cierto, de la polémica de finalización del siglo) y por tanto no se tuvo en cuenta al número cero y no contó tampoco que Augusto César gobernó con su verdadero nombre, Octavio, durante cuatro años. Así pues se deduce una diferencia de cinco años. Por lo cual, según el sistema de Dionisio, la fecha de la Natividad sería el 5 a.C.

Algunos investigadores, entre los que se encuentra Mark Kidger del Instituto de Astrofísica de Canarias, creen posible la determinación del 5 a.C. como el año en que nació Jesús. Es evidente que esta hipótesis conlleva cierta dosis de imprecisión y por eso se representa como tal. No obstante, la vamos a tener como fecha base en todo el trabajo.

Es más, algunos estudiosos del tema incluso arguyen que Jesús pudo nacer entre marzo y abril (inicios de la primavera al fin y al cabo) de ese año. Estos argumentos se basan en la referencia bíblica de Lucas de la falta de sitio en la posada y en la presencia de pastores vigilantes de sus manadas (Lucas, 2, 8; ver más arriba). Lo primero puede comprenderse si observamos que fue una fecha muy próxima a la Pascua Judía y el pueblo se dirigía a las ciudades para celebrarla. La explicación buscada para el último versículo citado, el de los pastores, no es más que una cuestión meteorológica y ganadera. Es evidente que es costosísimo dormir al raso en invierno y por otra parte solo se sacaban los rebaños en los meses primaverales, en los cuales, además, parían los rebaños. En invierno siembre estarían protegidos. A lo largo de la historia se han dado multitud de fechas por parte de teólogos y religiosos pero sin una base fija sobre la que argumentar.

Por último tampoco está de más hacer constar la polémica existente sobre el lugar del nacimiento de Jesús. No obstante para fines astronómicos y dada la extensión reducida de Israel podemos pasar por alto que Jesús naciera en Belén, Nazaret o, como argumentan algunos historiadores, Cafarnaún.
 

1.3 La Celebración de la Navidad
 

    Desde un punto de vista anecdótico, si Jesús nació en primavera, ¿por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre?

  Curiosamente éste día no tiene ninguna relación con Jesús ni con otro motivo religioso: era la fecha en la que se hacía una celebración pagana en conmemoración del solsticio del invierno. Ya sabemos que después del solsticio de invierno los días más oscuros han pasado, se empiezan a notar los días más largos, la temperatura dejará de ser tan fría en pocas semanas y el campo comenzará a prepararse para dar sus frutos. Este renacimiento del Sol siempre fue celebrado por distintas culturas desde tiempos inmemoriales y estaba asociado al nacimiento de dioses como Horus (Egipto)., Dionisio (Grecia), Baco (Roma), Mitra (India) o Buda (Oriente).

  Hacia los años 352-366 parece que se comenzó a imponerse la celebración de la Natividad la noche del día veinticuatro al veinticinco de diciembre. Anteriormente algunas culturas la celebraban entre el seis (armenios) y el ocho de enero (egipcios y griegos fundamentalmente). La Iglesia en lugar de reprimir las fiestas paganas decidió absorberlas y reconvertirlas. De ésta forma, en la mitad del siglo IV los monjes griegos San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno fueron los influyentes personajes que hicieron posible que la Navidad la celebremos hoy el día veinticinco. En España venimos celebrando la Navidad en ésta fecha desde el año 380 después de ser aprobado en el concilio de Zaragoza. Hoy día la celebración de la Navidad se hace simultáneamente en casi todo el mundo cristiano a excepción de los armenios que siguen celebrándola el seis de enero.

  Luego vinieron los belenes y los villancicos, (originarios de la Edad Media); el árbol de Navidad (de procedencia germana y del siglo XVIII); y las tarjetas navideñas (último tercio del siglo XIX). Invariable a los tiempos, todo acompañado de exquisitas comidas, regado por dulces licores y con un punto y final basado en el intercambio de regalos...
 
 

2.- Los Reyes Magos de Oriente



 

    Pero los regalos tampoco es una costumbre cristiana. Era una costumbre pagana que fue absorbida por la Iglesia. Por otra parte, pese a que hoy día todos lo celebramos, tampoco tiene sentido atribuir esta costumbre al hecho bíblico de la entrega de regalos que hicieron los Reyes Magos al niño Jesús. Qué curiosos personajes debieron ser estos Reyes Magos que observaron la Estrella de Belén: ¿Quienes fueron? ¿De dónde procedían? ¿Qué vieron?

  Si pocas pruebas teníamos en el caso de la Natividad pocas vamos a ir teniendo en lo que se refiere a los Reyes Magos. No existe en la Biblia ninguna referencia que nos permita contestar, aunque sea de manera concisa, a las preguntas planteadas al principio.
 

2.1 ¿Quienes fueron?

  Las únicas citas que podemos sacar de la Biblia son las reflejadas en el Evangelio de San Mateo. Se inician con los tres primeros versículos ya transcritos al inicio de éste trabajo pero que, por homogeneizar, se vuelven a reproducir, ampliándose con el resto de versículos que mencionan a los Reyes Magos:
 

  No hay nada más. La tradición y la secuela que han dejado los Reyes Magos no debe tener otro lugar de partida más que el que hemos expuesto. Con esto en mente, la primera y evidente conclusión que sacamos es el hecho de que no se menciona cuantos fueron y mucho menos que fueran Reyes. Solamente se habla de magos.

  El término mago procede del griego, magoi. Un magoi significa matemático, astrónomo y astrólogo. Por entonces la Astrología y la Astronomía no estaban separadas, como hoy felizmente lo están, de manera que los designios humanos podían saberse si se estudiaban cuidadosamente las estrellas. Si tomamos en cuenta esta traducción y las citas de Mateo podemos considerar a los Reyes Magos como hábiles observadores del cielo.

  El título de monarcas no tiene base sostenible y procede de una cita del teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (ca.160-220) basándose en el siguiente texto del Salmo Proverbio para Salomón:

  Tertuliano afirmó que los magos debían ser Reyes que procederían de Oriente y en los siglos siguiente la visión monárquica de estos magos se fue imponiendo permaneciendo hasta nuestros días.

  Por otra parte el número de Reyes Magos tampoco se cita con exactitud. En distintas representaciones iconográficas realizadas en templos durante los siglos III y IV aparecen dos, tres y hasta cuatro magos. Otras fuentes cristianas (sirias y armenias) pensaron en doce Reyes al relacionarlos con las doce tribus de Israel o con los doce apóstoles. Los cristianos egipcios creían que eran sesenta. En el siglo tercero, el teólogo Orígenes (185-253) indicó que los Reyes Magos eran tres. Al fin y al cabo son tres los regalos que se nombran en el Evangelio de San Mateo: oro, incienso y mirra. En el sirio y apócrifo Evangelio de la Infancia se dice que eran tres hijos de Reyes y además adoradores del fuego y de las estrellas lo cual al menos nos deja con cierta confianza al entender que algo sabrían de Astronomía.
 

2.2 ¿De dónde procedían?

    Como veremos en éste apartado, el lugar desde donde iniciaron su viaje a Belén no deja de ser importante para poder extraer información acerca de lo que vieron.

  Tradicionalmente se considera que eran babilonios, entre otras cosas por algunos puntos en común con el pueblo judío y porque el resto de Israel estaba rodeado por el Imperio Romano. Pero, como en cualquier punto que se quiere abordar de estos temas, surgen contradicciones. Muchos investigadores los consideran originarios de Persia (la actual Irán) partiendo de la base de que muchas leyendas que contiene hoy día la Navidad proceden de costumbres anteriores al cristianismo. Por ejemplo los sacerdotes persas del siglo V y VI a.C. también le ofrecían a su dios (Ahura-Mazda) oro, incienso y mirra. Un escritor español Clemente Aurelio Prudencio los situó en Persia; al igual que se cita en el Protoevangelio de Santiago (Evangelio Apócrifo). Tampoco ha de considerarse Persia una idea alocada pues también está al este de Israel, a unos 1800 kilómetros, el doble de la distancia que separa Jerusalén de Babilonia.

  Algunas pinturas afianzan también esta posición. Una de las más famosas es la existente en un mosaico situado en la iglesia de San Apolinar el Nuevo, en Rávena (Italia) que aquí reproducimos. En ella pueden encontrarse a los tres reyes (obsérvese que no hay ningún rey negro) con una indumentaria persa compuesta por capa y gorros frigios característicos por su punta inclinada hacia delante. Por cierto que también aquí aparecen por primera vez sus nombres, pero esto es otra historia...
 
 

Mosaico de Ravena
Mosaico de la Iglesia de San Apolinar el Nuevo en Rávena, Italia (s. VI)

  Por último otras leyendas con cierto contenido histórico dicen que los persas, al invadir Jerusalén a principios del siglo séptimo, no cometieron ningún sacrilegio en la iglesia de la Natividad porque allí vieron una inscripción con la Adoración de los Reyes Magos y al ver a estos con un vestido similar al suyo declinaron atacar el templo. Marco Polo, por su parte, también escribió cuando visitó la ciudad iraní de Saveh, que sus habitantes le aseguraron que era el lugar originario de los Reyes Magos e incluso que aún se hallaban allí sus cuerpos incorruptos. Se dice que estos restos están repartidos hoy día entre dos ciudades europeas, pero esto, también es otra historia...

Aquí, en cambio podríamos pensar en un detalle. Apenas existe una cultura astronómica persa mientras que la tradición astronómica en Babilonia tuvo sus orígenes en el tercer milenio antes de Cristo. Los babilonios fueron casi los primeros en realizar observaciones astronómicas precisas destacando entre sus logros, la división del día en 24 horas (hacia el tercer milenio a.C.); el cálculo de la duración media entre dos fases lunares (siglo III a.C.); periodicidad de los eclipses solares: El Ciclo de Saros (s. III a.C.); etc. Además dieron nombres a muchas constelaciones, algunos de los cuales (los que corresponden a las constelaciones zodiacales) seguimos usando hoy día con las lógicas modificaciones lingüísticas.

  Si los Reyes Magos hubieran sido persas, una estrella más o menos no sería motivo para alarmarles, pero siendo babilonios (o procedentes de Babilonia) no sólo se alarmarían si vieran un acontecimiento astronómico importante sino que también contaríamos con la baza de que sabrían discernir entre algo común y cotidiano y algo verdaderamente destacable.

  Existen algunas opiniones que sitúan a Persia como país de origen de los Reyes Magos pero sin ocultar su procedencia babilónica. Como quiera que Babilonia invadió vorazmente Jerusalén seis siglos antes de Cristo y se llevó muchísimos judíos como prisioneros, (hasta tal punto que siglos después los judíos formaron una buena parte de la población babilónica), el origen babilónico de los magos no sería más que el reducto de su verdadera ascendencia judía y de ahí su interés por la aparición de un Mesías que reinaría en su pueblo. ¿Rebuscada hipótesis en un mar de hipótesis? Es posible pero no nos queda otro remedio que navegar en el mar de la incertidumbre. Ojalá algún día el tiempo nos arroje resultados válidos.
 

2.3 ¿Qué vieron?

  Partiendo de las referencias bíblicas de las que disponemos lo único que podemos saber acerca de lo que vieron los Reyes Magos es lo contenido en el Evangelio de San Mateo 2, 1-9, en ningún otros se hace referencia a la Estrella de Belén. En concreto:

  La única cita en los evangelios contenidos en la Biblia es ésta. Pero en el Protoevangelio de Santiago se indica algo curioso. Herodes pregunta a los Reyes Magos sobre la estrella, los monarcas contestan:

  Es ineludible que con tan pocas y escuetas referencias bíblicas no tenemos más remedio que empezar buscando más información, citas, comentarios o gráficos en un tiempo relativamente próximo al nacimiento de Jesús. Por ejemplo pasemos a una referencia de uno de los discípulos de los apóstoles: San Ignacio de Antioquía. En una de sus epístolas San Ignacio hizo en el siglo I una referencia a la estrella de Belén en los siguientes términos:

  Verdaderamente lo que quiera que fuese debió ser realmente espectacular. El teólogo Orígenes comentó en el siglo III:

"...yo creo que la estrella que apareció en Oriente era de una especie nueva y que no tenía nada en común con las estrellas que vemos en el firmamento o en las órbitas inferiores, sino que, más bien, estaba próxima a la naturaleza de los cometas... He aquí pruebas de mi opinión: se ha podido observar que en los grandes acontecimientos y en los grandes cambios que han ocurrido sobre la Tierra han aparecido astros de este tipo que presagiaban: revoluciones en el Imperio, guerras u otros accidentes capaces de trastornar el mundo... Así pues, si es cierto que se vieron aparecer cometas o algún otro astro de esta misma naturaleza con ocasión del establecimiento de alguna nueva monarquía, o en el transcurso de algún cambio importante en los asuntos humanos, no debemos extrañarnos de que haya aparecido una nueva estrella con ocasión del nacimiento de una persona que iba a originar un cambio tan radical entre los hombres."

Quizás esto no sea una información de utilidad pero es indudable que Orígenes, como respondiendo a su nombre, es de los primeros en preguntarse por el "origen" de la estrella de Belén.

Pero es muy poco. Se vio en oriente, se movió, era la más brillante de todas las estrellas, pudo tratarse de un cometa... Poca información tenemos pero ¿falta alguna estrella de Belén en algún Nacimiento? ¿Fue una invención? ¿Existió en realidad? ¿Cuánto tiene de leyenda? ¿Qué pudo ser lo que se observó en Belén? Es preciso explorar más para ahondar en lo que pudo o no pudo ser la Estrella de Belén. Pasemos pues a la acción.
 

3.- La Estrella de Belén


3.1 Estrellas Anunciadoras

    Desde el principio de los tiempos los hombres de todas las culturas han visto en el cielo su ayuda para poder saber cuando plantar o recoger ganado y también ha interpretado distintos acontecimientos astronómicos (cometas, novas, eclipses...) como símbolos de acontecimientos desastrosos, malos tiempos por llegar o como presagio de algo grande que estuviese a punto de suceder.

  Por otra parte también las religiones han relacionado sus divinidades con estrellas o planetas. En el antiguo Egipto las crecidas del Nilo y el renacimiento anual de Osiris venían anunciadas por el orto helíaco de la estrella Sirio (primera aparición anual de la estrella en el cielo). Las culturas centroamericanas consideraban al planeta Venus como la metamorfosis del dios Quetzalcóalt, de éste modo cada vez que reaparecía el planeta se celebraban grandes ceremonias en el famoso templo azteca de Tenochtitlán. El mismo Buda nació también bajo la luz fulgurante de alguna estrella, al igual que Krisna. Incluso existen leyendas romanas que hablan de la aparición de una estrella al nacer el emperador romano Julio César y la de un cometa al morir éste.

  No es de extrañar, por ésta parte, que la Estrella de Belén tenga una buena dosis de verdad al relacionarla con tan histórico acontecimiento. Pero no hay que pasar por alto que existe también la posibilidad de que sea un mito. Un hecho para dar mayor grandiosidad al nacimiento de Jesús. Incluso si queremos ser consistentes con nosotros mismos, no tenemos más remedio que indicar una segunda opción: un suceso fruto de un milagro divino. De cualquier forma si la estrella de Belén es un mito o un suceso sobrenatural no podemos darle ninguna explicación científica y, por consiguiente, el suceso quedaría zanjado de inmediato. Pero ¿y si existió? ¿qué pudo ser? Dediquémosnos a ver a continuación las distintas hipótesis existentes acerca de la naturaleza de la estrella de Belén.
 

3.2 ¿Un cometa?
 

    Si miramos cualquier Belén o Nacimiento no faltará nunca la estrella de Belén. Seguro que si le pidiéramos a un grupo de personas que nos hiciera una estrella para colocarla en el Belén, una mayoría (sino la mayoría) la dibujaría con la misma forma. Un cuerpo con cinco, seis o muchas puntas acompañado de una cola acabada en dos, tres o varias terminaciones filamentosas. No hay duda: están pintando un cometa. ¿Por qué?
 
 

La Adoracisn de los Reyes Magos - Giotto La aparición de cometas como símbolo de la estrella de Belén es un hecho procedente de la Edad Media y claramente representado en el cuadro La Adoración de los Reyes Magos pintado por el italiano Giotto di Bondone sobre el año 1304. Giotto pintó su "estrella de Belén" en el cuadro, probablemente por la sorpresa que le habría supuesto la aparición en 1301 del cometa que hoy conocemos con el nombre de Halley. La iconografía fue adaptando poco a poco esta figura en todas las escenas que hacían referencia a la Natividad y, de alguna u otra forma, nos ha llegado a nuestros días.

  No obstante, independientemente de lo que pintara Giotto, es indudable que un cometa puede considerarse como un candidato firme para aspirar a ser estrella de Belén. Existían algunas teorías que señalaban al cometa Halley como el cuerpo que fue visible en aquellos tiempos de la Natividad, pero hoy día sabemos que el cometa fue visible, efectivamente, pero allá por el año 12 a.C. Además, su fulgor -pese a ser brillante- no habría sido especialmente sobrecogedor ni habría superado en brillo al resto de estrellas. Si tomamos al 5 a.C. como la fecha de la Natividad ésta hipótesis no es coherente y la descartamos.

  ¿Y otros cometas distintos al Halley? Es posible. Los astrónomos chinos y, en menor medida, los coreanos tienen reconocida fama por apuntar todo aquello que veían en el cielo. Sus crónicas son de gran ayuda para los historiadores de la Astronomía y en los últimos tiempos se han dedicado muchas horas de trabajo para comprender mejor estos textos orientales con la ayuda de expertos filólogos. Existe un texto chino en el que se da una cita bastante curiosa:

  El segundo reinado de Chhien-ping se corresponde con los meses de marzo y abril del año 5 a.C.; un hui-hsing es una manera de destacar una estrella con cola, un cometa; y Chien-niu es un nombre dado por los chinos a un grupo de estrellas que comprendía la zona del norte de las estrellas Alpha y Beta de la actual constelación de Capricornio.

  Hasta aquí todo parece coincidir pero hay ciertas dudas. Primeramente los chinos no hacen ninguna declaración en la que figure un movimiento en el cielo del astro, (recordemos que las citas bíblicas aluden a tal movimiento). Si efectivamente se trata de un cometa, en 70 días ha tenido tiempo más que suficiente para desplazarse, de manera considerable, por toda la bóveda celeste. En segundo lugar hay que tener en cuenta que cuando en 1572 explotó la supernova que hoy conocemos como de Tycho, los chinos también la observaron y en sus crónicas la citan como un hui-hsing. Lo que quiere decir que cabe la duda de que los chinos llamaran a un hui-hsing tanto a un cometa como a una estrella bastante brillante.

  Por lo demás existen ciertos indicios de la aparición de dos cometas entre los años 6 y 4 a.C. que pudieron ser visibles desde Oriente, pero no existe una evidencia lo suficientemente clara que señale que dichos cometas fueran muy brillantes. De hecho las crónicas chinas han anotado observaciones de cometas poco brillantes y que, pese a poder ser vistos sin dificultad por el ojo humano, no destacaron demasiado.
 

3.3 ¿Una Supernova?

    Otra posibilidad planteada es la aparición de una supernova en los cielos. Una supernova es una estrella muy masiva que aumenta bruscamente su luminosidad, de tal forma que no es posible que pase inadvertida en el cielo.

  Ciertamente es difícil que la estrella de Belén pudiera interpretarse como una supernova. La explicación es clara. Cuando una estrella se convierte en una supernova, su estadio final es una envoltura gaseosa que va expandiendo con el tiempo. Con los telescopios y radiotelescopios que existen hoy día, es fácil observar donde se encuentra éste remanente de supernova. Por ejemplo, en el año 1054 astrónomos chinos observaron una estrella tan brillante que incluso fue visible durante el día. Tycho Brahe también observó otra supernova en 1572 de éstas características. El resultado de la explosión de ambas estrellas (llamado remanente) pueden observarse hoy día. En el caso de la estrella de los chinos lo que hoy se observa es la Nebulosa del Cangrejo o M1 situada en la constelación de Tauro y visible con pequeños telescopios. La estrella de Tycho es la radiofuente B Cas situada en la constelación de Casiopea, aunque ésta última requiere instrumentos de gran envergadura para ser localizada.

Nebulosa del Cangrejo (Observatorio Lick)

Con esto en mente, la posibilidad de que la estrella de Belén fuera una supernova podemos descartarla definitivamente.
 

3.3 ¿Un planeta?
 

    Si alguna vez miramos al cielo en una noche más o menos clara podremos ver una gran cantidad de estrellas. Si nos fijamos con atención existirán algunas que no tienen el titilear propio de las estrellas: y es que no lo son, se trata de planetas. No nos debe sorprender su gran brillo pues los planetas visibles a simple vista reflejan la luz que reciben del Sol desde una distancia relativamente corta a escala astronómica. Dos planetas son especialmente brillantes: Júpiter y Venus.

  Júpiter es visible durante éste invierno de 1999 algo alto durante las primeras horas de la noche, además el objeto brillante que no titilea- que tiene muy cerca es Saturno, aunque como podremos comprobar, brilla con menor intensidad que Júpiter. Por otra parte, si nos levantamos muy temprano y aún es de noche, podremos ver al planeta Venus con un brillo cegador hacia el este. Debemos recordar que Venus es el objeto celeste más brillante que puede verse en el cielo una vez que descartemos a la Luna.

  Es posible de esta forma que pudiera confundirse la estrella de Belén con algunos de estos planetas y algunos investigadores así lo creen. Pero debemos tener en cuenta que estos objetos han sido observados con cierta exhaustividad desde tiempos inmemoriales (dos milenios antes de Cristo como mínimo) y eran sobradamente conocidos. De modo que resulta un poco extraño que el objeto que le llamara la atención a los Reyes Magos fuera un planeta. Si de verdad eran sabios y conocían el cielo, los planetas lo considerarían como un objeto celeste rutinario.

  No obstante algunas veces debido al movimiento aparente en el cielo de los planetas puede darse que dos planetas se encuentren tan juntos en el cielo que incluso en ocasiones (las menos), ambos cuerpos sean indistinguibles a simple vista. Este tipo de situaciones reciben el nombre de conjunciones planetarias. Aunque la posibilidad de que se den es más pequeña, puede suceder que en lugar de dos sean tres los planetas que estén muy cerca en el cielo. Dichas conjunciones planetarias han sido consideradas a lo largo de la historia como el acontecimiento astronómico que inició la marcha de los Reyes Magos a Belén. Veámoslo a continuación.
 

3.4 ¿Una conjunción de planetas?
 

    El primero en proponer una conjunción planetaria como estrella de Belén fue el astrónomo alemán Johannes Kepler. En 1604, Kepler observó una supernova en la constelación de Ofíuco que le dejó perplejo. Sugirió que una estrella similar a la que él habría observado podría haber sido lo que anunciara el nacimiento de Jesús. Además, meses atrás había observado una conjunción planetaria entre Júpiter y Saturno visible en la constelación de Piscis. Al ver meses después la nova, pensó que ambos acontecimientos debían estar relacionados. Como buen matemático que era, se dispuso a calcular las conjunciones planetarias que habían podido observarse en los tiempos próximos a la Natividad encontrando una particularmente interesante: En el año 7 a.C. Júpiter y Saturno tuvieron un acercamiento aparente en el cielo muy destacado y también lo hicieron en la constelación de Piscis. En esa ocasión Saturno y Júpiter se acercaron y alejaron mutuamente hasta tres veces (conjunción triple) durante un período de seis meses. Debió ser magnífico ver ese espectáculo.

  Kepler, dentro de la aureola de misticismo que le rodeó durante toda su vida, creía en la Astrología (algo que en su edad madura le causó bastantes problemas) por lo que no le resultó difícil creer que los Reyes Magos pudieron interpretar el hecho como: Un nuevo gran Rey (encarnado en la figura del planeta Júpiter) que traerá justicia (simbolizada por Saturno) está a punto de nacer entre los judíos (la constelación de Piscis está relacionada con los acontecimientos bíblicos de la separación de las aguas del Mar Rojo que hizo Moisés así como de su rescate de las aguas; de ahí procede su relación con su pueblo natal).

  Evidentemente es una interpretación realizada con argumentos astrológicos, o sea, sin base científica sostenible, pero no debemos olvidar que tanto en tiempos de Kepler como en los de la Natividad, lamentablemente la creencia en la Astrología era mayoritaria y la observación de una conjunción como la del año 7 a.C. indudablemente daría que pensar a los vigilantes del cielo. De hecho también les tuvo que causar quebraderos de cabeza a los babilonios pues se han encontrados en Sippar, Irak, unos textos babilonios escritos sobre unas tablas de arcilla (ver la reproducción de la imagen) en las que se ha podido leer la especial atención que le dedicaron los babilonios a ésta característica conjunción planetaria. Con estos datos en la mano, otros investigadores del hecho como Stauffe y David Hughes reincidieron a partir de mediados de éste siglo en ésta misma hipótesis.

Tablilla Babilsnica

    Con los sistemas informáticos actuales es posible calcular en poco tiempo qué conjunciones planetarias especialmente llamativas pudieron ser visibles desde Babilonia en una fecha dada. Si marcamos un margen de años próximos a la Natividad el resultado que nos dan los ordenadores es de dos conjunciones planetarias además de la propuesta por Kepler. La primera se dio en agosto del año 3 a.C. entre Júpiter y Venus y la segunda en junio del 2 a.C. entre los mismos planetas.

  Roger Sinnot, uno de los articulistas más destacados de la revista astronómica americana Sky & Telescope, propuso en 1968 que la conjunción dada en el año 2 a.C. fue la estrella de Belén basándose en el hecho de un acercamiento de ambos planetas tan próximo, que resultaría imposible distinguir los dos planetas a simple vista, con lo cual lo que se observaba en el cielo sería un punto de luz brillantísimo. Además, Sinnot se basa en que ésta conjunción pudo verse durante buena parte de la noche y que fue visible en la constelación de Leo y cerca de su estrella más brillante Régulo, lo que se relacionaba con los comentarios proféticos de la venida del Mesías.

  Es obvio que estas conjunciones se dieron, pero la idea más extendida es aquella que sustenta el que, o bien, se dieron antes del nacimiento de Jesús, o bien, después. Sin embargo, aunque sean descartables pudo ser que tuvieran cierta influencia en acontecimientos astronómicos posteriores, en especial la conjunción del 7 a.C.
 

3.5 ¿Una lluvia de estrellas fugaces?
 

    Existen otras curiosas hipótesis que incluyen meteoros, bólidos y lluvias de estrellas fugaces. El divulgador astronómico británico Patrick Moore ha propuesto que la estrella de Belén bien podría tratarse de un bólido especialmente luminoso, el cual diera la señal a los magos para iniciar su viaje. Un bólido es un meteoro muy brillante que se hace visible en el cielo durante pocos segundos y que destaca muchísimo por su alto brillo. Moore introdujo posteriormente otro bólido que habría aparecido en Belén a la llegada de los magos explicándose de ésta forma el texto bíblico. El primer bólido iniciaba el viaje, el segundo anunciaba el destino final. No es difícil que esto pudiera darse realmente pero los bólidos, a pesar de su espectacularidad, son fenómenos astronómicos relativamente comunes y los magos deberían conocer estos fenómenos sobradamente.

  Patrick Moore anotó otra hipótesis alternativa. En la primera década de éste siglo se pudo observar desde Inglaterra una lluvia de estrellas fugaces bastante particular. Se inició con un meteoro brillante, después un segundo meteoro siguió el mismo sentido que el primero, luego un tercero hizo lo mismo y así sucesivamente. Nunca se ha vuelto a ver una lluvia con éstas características.

  La nueva hipótesis apunta a que una lluvia como ésta, (hoy la llamamos Cirílidas) hubiera sido el punto culminante para la partida de los magos hasta Belén. ¿Y en Belén? ¿Se daría otra similar? Esta hipótesis no es demasiado plausible astronómicamente... Particularmente considero que si se hubiera dado un fenómeno así de particular, las narraciones de Mateo habrían tomado otro cariz y la descripción de la estrella de Belén habría sido bien distinta.
 

3.6 ¿Una nova?

    Antes sugerimos una supernova como un candidato ideal para ser la estrella de Belén. Hubiera sido, cuanto menos, curioso. Pero ¿y si en lugar de ser un objeto tan espectacular como una supernova fuera una nova?

  Una nova es una estrella que, como consecuencia de las reacciones nucleares explosivas que se dan en las capas más superficiales de la estrella, sufre un aumento de brillo considerable aunque no se acerca al excepcional aumento que sufren las supernovas.

  Las crónicas coreanas nos cuentan algo interesante que sucedió en el año 4 a. de C.:

Nova Cygni     Si el término Chi-yu es considerado como una mala interpretación de I-yu como sugieren el grupo de investigadores ingleses compuestos por David Clarke, Parkinson y Richard Stephenson, la fecha en la que nos encontramos es a finales de marzo del año 4 a.C. Un po-hsing es un cometa sin cola o una estrella brillante. (Recordemos que los hui-hsing chinos era cometas con cola) Por último Ho-Ku es un asterismo de estrellas que los coreanos nombraban y que hoy sabemos ocupaba una parte de la constelación del Águila.

  Este testimonio hace que volvamos la vista atrás y recordemos el testimonio chino de la observación de un hui-hsing. Según los investigadores ingleses citados anteriormente, el po-hsing coreano aparecido a finales de marzo del 4 a.C. y el hui-hsing chino aparecido a finales de marzo/principios de abril del 5 a.C. son: o el mismo objeto u objetos bien distintos aparecidos en la misma época con una diferencia de un año entre uno y otra aparición.

 La primera alternativa puede basarse en un error de fecha y en la consideración de que los chinos usaran su vocablo hui-hsing para designar también estrellas o cometas sin cola, algo que, como vimos en el apartado de los cometas, no es tan difícil.

  Si fueran objetos distintos es difícil creer que los chinos no anotaran la observación de un fenómeno tan espectacular dada su continuidad más que probada en éste sentido. A menos que el objeto no fuera tan espectacular...con lo cual no debería entrar como candidato a ser estrella de Belén.

  Stephenson cree que definitivamente ambos objetos son el mismo y que apareció en el año 5 a.C. Esta es una hipótesis que cuenta con cierta validez creyéndose que el objeto no fue un cometa sino una nova de un brillo destacado para ser advertida con sorpresa por los Reyes Magos pero no tan diferenciador para la gente sin conocimientos astronómicos. Además, el hecho de que se mantuviese visible en el cielo, sin moverse aparentemente de la constelación, excluye la posibilidad de que se trate de un cometa.

  Por las anotaciones chinas y coreanas dicha nova pudo aparecer en una zona delimitada por las constelaciones del Águila y Capricornio, en concreto en una región de unos cinco o seis grados centrada en la estrella Theta de dicha constelación. El objeto sería visible al amanecer en el Este. A medida que pasaba el tiempo estas constelaciones se harían visibles más tiempo antes de que saliera el Sol hasta que, en unos tres meses, el objeto podría ser visible hacia la medianoche en el Sur en lugar del Este. Con lo cual el objeto sería visto por los Reyes Magos en el este (como dice el evangelio de San Mateo), y luego señalaría la posición de Belén desde Jerusalén. Por otra parte, David Hughes piensa que la traducción desde el griego original del evangelio de San Mateo tiene un error debido a una diferencia muy sutil de las palabras y por tanto, en lugar de leerse en el este ha de leerse en la primera luz del alba. Dato que refuerza ésta hipótesis. Así pues según estos investigadores la estrella de Belén debía ser una nova que aconteció en el año 5 a.C. y que fue visible entre las constelaciones del Aguila y Capricornio.

  En cuanto al tiempo de visibilidad de la estrella, recordemos que los chinos anotaron que fue visible durante más de 70 días. Si los Reyes Magos vinieron de Babilonia (unos 900 km.) les daría tiempo suficiente para llegar a Belén, pero ¿y si vinieran de Persia? El investigador Kukarkin mantiene que la nova no pudo verse durante más tiempo en China porque el monzón chino habría impuesto unas duras condiciones meteorológicas durante varias semanas. Fuera de la zona china la estrella podría haber sido visible durante más días de manera que si los magos hubieran iniciado el viaje en Persia también les habría dado tiempo a llegar.
 
 

?Zona de la Nova?

Zona del cielo en la que se supone pudo aparecer la nova registrada por los chinos hacia el año 5 a.C
3.7 Otras hipótesis

    Algunos astrónomos como Mark Kidger (investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias) o Humphreys (de la Royal Astronomical Society) disponen de una hipótesis no centrada en un objeto u acontecimiento en concreto, sino en varios.

  Su hipótesis se basa en centrarnos primeramente en la conjunción planetaria del año 7 a.C.; Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis le habría llamado poderosamente la atención a los Reyes Magos como ya hemos explicado. Posteriormente en el año 6 a.C. Marte, Júpiter y Saturno se agruparon muy cerca entre ellos en una zona del cielo reducida (no se trata de ninguna conjunción) de nuevo en la constelación de Piscis. Si bien el suceso no tuvo nada en especial los Reyes Magos estaban ya sobreavisados, así que a la menor señal de alarma, iniciarían la partida. Algo que llegaría con la nova del año 5 a.C la cual se mantendría visible durante más de 70 días, tiempo suficiente para que los Reyes Magos llegaran a ver a Jesús. De ésta forma Kidger y Humphreys sitúan a la Estrella de Belén como una sucesión de acontecimientos astronómicos sucedidos durante dos años.
 

4.- Nota final


    Es indudable que aún no hay nada claro acerca de la naturaleza de la estrella de Belén. Distintos investigadores poseen distintas hipótesis acerca de ella pero no hay aún unanimidad sobre el fenómeno que guió a los Reyes Magos a Belén. Algunas hipótesis son descartables casi de inmediato y otras tienen buen aspecto. Cada persona podemos tomar la que queramos pero con cierto escepticismo porque, como he querido dejar claro desde un principio, no debemos olvidar que son hipótesis.

  He dejado muchas ideas y comentarios en el tintero pero en líneas fundamentales lo aquí expuesto es un amplio resumen del estado actual de pensamiento acerca de la Estrella Belén.

  Por último una nota: el pasado día 2 de diciembre de 1999 estalló una nova en la constelación de Aguila. En su momento de máximo brillo no ha adquirido mucha intensidad y ha pasado completamente desapercibida pero me ha recordado a algo...
 


(c) Francisco Rodríguez Bergali - Diciembre de 1999