Orar para vivir Enero, 1998
 

¿Quieres aprender a orar?

Da la impresión de que hablar de oración en estos tiempos que corren, no está de moda. Vivimos tiempos en que la eficacia y el consumo, la publicidad y la televisión nos absorben por completo, hemos olvidado otros valores, los valores espirituales, valores que no "rinden", que no dan beneficios que se puedan acumular. Valores cuyo cultivo exige esfuerzo.

El amor, la gratuidad, la solidaridad, el compromiso desinteresado, la sinceridad, el compartir, la oración... ¿para qué? No producen...

La sociedad, los que la gobiernan no consienten que haya gente "diferente", que no se amolda a esquemas fijos, difíciles de domesticar para que sean obedientes consumidores y ciudadanos sin espíritu crítico. 

Contenido
1.- ¿Qué es orar?
2.- ¿Cómo orar?
3.- Seis formas de orar.
3.a.- Lectura de un libro religioso.
3.b.- Examen de conciencia como oración.
3.c.- Meditación.
3.d.- Oración vocal.
3.e.- Escuchar a Dios.
3.f.- Orando con el gesto.
4.- Diez reglas para orar con sencillez.
5.- Pequeños secretos de una oración que va madurando.
6.- Epílogo.

¿Qué es orar?

Orar es relacionarse...

El hombre es un ser en relación, necesitamos comunicarnos con el otro, no podemos vivir sin los demás. Cuando dejamos de comunicarnos, de relacionarnos, empieza una gran sequía interior, la sequía de la soledad interior.

Cuando el ser humano descubre el mensaje del Evangelio, Dios se convierte en el eje de su vida, por ello siente un empuje especial a relacionarse con Él. Un cristiano sin oración está herido de muerte porque una amistad no cuidada y fomentada cae en el olvido.

La oración es la fe que habla...

La oración es la fe que habla, es el hombre creyente que se expresa, es la expresión natural del hombre creyente que ha descubierto en Dios al Padre buscado y a Jesús en mensajero de liberación. Es la súplica gozosa del hombre que se siente libre en Cristo, es la alegría desbordantes hecha palabra, gesto, silencio; es, en definitiva, la convicción del hombre de que Cristo es el sentido de su vida y existencia.

La oración no es un deber, sino una actitud del hombre creyente. Cuando la oración desaparece, cuando no hay nada que decir a Dios, la fe muere. Volver arriba.

La oración es silencio gozoso con Dios que me envía...

La oración es desnudarse del propio yo para que Dios me vista de sí mismo, es dejarse transformar por los criterios de Dios.

Cuando un hombre se encuentra con Dios en verdadera oración, siente la actuación de Dios en él. La oración es cuna de rebeldes:

Una oración de sacristía, sin compromiso real con el hombre, es una falsa oración, es desahogo psicológico, entretenimiento, mecanismo de defensa, todo menos oración. Volver arriba.

La oración es el descanso merecido para el hombre que lucha...

El creyente en el silencio de la oración individual o compartida, recobra sus fuerzas desgastadas, reanima su esperanza. La oración es la vuelta a la casa paterna donde uno recobra sus ilusiones, descansa del trabajo, celebra las victorias y comparte decepciones.

Es el encuentro del Padre que nos acoge, perdona y nos abre una nueva posibilidad de empezar de nuevo, que nos felicita y anima a seguir en el trabajo.

La oración es movilizarse...

Orar es guardar silencio para dejar que Dios nos hable al corazón. Incluso un día de ruidos y de voces puede ser un día silencioso si los ruidos se transforman en eco de la presencia de Dios y si las voces se transforman en mensaje y llamada de Dios.

¿Cómo orar?

En el silencio de tu habitación, en el monte o en la ciudad, solo o en grupo.

"Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea la gente; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu habitación y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará". (Mt. 5, 5-6) Volver arriba.

Escúchale, no hables demasiado. En la actual coyuntura socio-religiosa, te sale muy conveniente invertir en peticiones como la mía, y bla, bla, bla...

"Y cuando oréis, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados.

No seáis, pues, como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo". (Mt. 6, 7-8)

¡Y si no me das lo que te he pedido, me hago ateo! ¡Palabra!Dios tiene para cada uno de nosotros una palabra original, no destinada a nadie, sino a ti. Es una palabra destinada a caer en el vacío si tu no la oyes, dicha de mil modos, en hechos, en encuentros, en llamadas, en inspiraciones, a través de toda tu vida.
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Disponte a lo que Él quiera de ti.

"Padre, si es posible que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya". (Mt. 26, 42)

Déjate interpelar aquí y ahora por alguien que te ama. Preséntate desnudo ante Dios, sin esas fachadas que ya constituyen parte de nuestro yo, tal como eres.

Déjate cambiar por alguien que quiere transformarte y hacer de ti un hombre nuevo.

En lo que va de año te llevo rezados doscientos doce padrenuestros, trescientas avemarías y veinte horas de oraciones varías, lo que...No pretendas que Dios diga lo que a ti te interesa. No busques fabricar un dios a tu medida. Volver arriba.

No está reservado el derecho de admisión.

"Por eso os digo: no andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis; porque la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido; fijaos en los cuervos que ni siembran ni cosechan, que ni tienen bodega ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!... Si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¡cuánto más vosotros, hombres de poca fe!" (Lc. 12, 22-24.28)

¡Qué bien se está aquí, Señor! Lejos de los rollos que se trae la gente...Dios te quiere como eres, aún en el pecado, Dios te escucha siempre.

Acepta tus limitaciones ante Dios. Ante él no necesitamos los títulos de nuestras obras. El único título que necesitamos es el de hijos y ese lo tenemos siempre gracias a Jesús. Volver arriba.

Mi oración debe estar integrada en la vida.

Vida y oración no son realidades paralelas, que vayan una al lado de la otra sin que tengan nada que ver. Es la vida quien dicta, quien decide la materia y el estilo de oración.

Es la vida concreta quien interpela a la persona para que ore en espíritu de petición, alabanza, acción de gracias, queja... Las oraciones de la Biblia, los Salmos especialmente, son una buena muestra de ello.

Vive la plenitud del mundo, las luchas, las angustias y las alegrías de tus hermanos en la oración. Jesús hace oración antes de los principales hechos: elección de los apóstoles, elección de Pedro, resurrección de Lázaro...

Solamente cuando el quehacer diario lleva espontáneamente a la oración y cuando ésta, a su vez, expresa ante Dios la tarea y preocupaciones de la vida, sólo entonces es posible la verdadera oración. Volver arriba.

Debe ser algo constante, no algo que tomo y dejo.

"¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en tentación". (Mt. 26, 40)

La oración es la expresión y el cultivo de la fe. Es la fuerza del creyente para mantenerse firme en su esfuerzo por construir la nueva sociedad fraternal.

¡Qué rollo! Tengo 3 reuniones y he de esperar a un amigo y...!!!No tenemos tiempo, es verdad, pero esto sucede cuando la oración no ha llegado a ser una necesidad unida a nuestra piel. Podemos estar muy ocupado, ir de viaje o entregarnos a un asunto muy importante, pero ninguno se olvida del desayuno o de la comida. Es algo integrado físicamente en nuestra vida.

Márcate un tiempo de oración diaria. Llevar un estilo cristiano en el caminar por la vida no puede lograrse sin contactos asiduos con Cristo que se nos comunica. Volver arriba.

Seis formas de orar

 

Nadie debe introducirse en ese complejo mundo que constituye el encuentro entre Dios y el hombre. En la intimidad de esa unión siempre hay algo nuevo, algo que no se ata a normas, a métodos, a técnicas. Estamos en un terreno que se nos escapa. Este es un principio clave en toda oración: que siempre mantendrá su independencia, su originalidad, su novedad.

Esta es la razón fundamental de este apartado. Ayudarte simplemente a que te inicies en la oración. Te presento varios métodos de oración. Hay muchos otros que podrás ir conociendo por tu cuenta. De lo que realmente se trata es de que encuentres tu manera peculiar de orar, con libertad espontánea. Cada uno debe aprender a orar como aprende a andar o leer.Volver arriba.

1.- Lectura de la Biblia o de un libro religioso.

Lee sin prisa, a veces a media voz. "Leer es escuchar a Dios en su palabra".

Es muy importante la actitud con que me acerque a esa palabra: abre tu corazón a Dios, aplícate todo el texto a ti, evita que la lectura sea una mera curiosidad intelectual.

Deja resonar en ti tal texto o tal palabra. Piensa qué te dice ese texto en este momento de tu historia y de la historia de los hombres.

2.- Examen de conciencia como oración.

Pide luz al Espíritu Santo para ver con realismo tu situación.

Repasa la "película" de tu jornada ante la presencia del Padre.

Da gracias por lo mucho recibido durante todo el día. Pide perdón por el mal hecho.

Márcate un compromiso realizable para el día siguiente. Volver arriba.

3.- La meditación.

Meditar es reflexionar sobre un punto que nos interesa, volviendo una y otra vez sobre él, hasta comprenderlo, hasta dejarse penetrar. Se trata de hacer fuertes nuestras convicciones, luego echamos una mirada a nosotros mismos para ver nuestra situación en el asunto que meditamos.

De la situación descubierta surgirá la necesidad de pedir, de alabar a Dios, de darle gracias...

Sacar alguna conclusión, algo nuevo que nos sirve para entendernos mejor, para cambiar algo en nuestra vida. Volver arriba.

4.- La oración vocal.

Se apoya en fórmulas establecidas, ya redactadas. Las pronuncio vocalmente. La oración por excelencia, el Padrenuestro, es una oración vocal.

Lo importante en este tipo de oraciones no es tanto la emisión de palabras cuando el corazón que en ellas se ponga.

Nadie puede menospreciar una oración vocal bien rezada como nadie podrá decir que no hace arte un guitarrista que toca melodías compuestas por otros.

Conviene, sí, que reces pausadamente, saboreando lo que dices, haciéndolo tuyo.

Métodos de inspiración oriental.

Los dos métodos restantes son de inspiración oriental y antes conviene tener en cuenta estos aspectos: la postura, la relajación y la concentración son pasos previos a toda oración de inspiración oriental:

5.- Escuchar a Dios.

Cierra los oídos con los dedos pulgares. Cubre los ojos con las palmas de las manos. Escucha el sonido de tu respiración. Después de diez respiraciones, pon las manos, despacio, reposando sobre tus rodillas, mantén cerrados los ojos. Escucha cada sonido a tu alrededor: el más suave, el más lejano. La facultad de escuchar se va activando.

Pon nombre a cada sonido. Quítales luego el nombre y deja que te lleve la inmensa gama de sonidos que hay a tu alrededor. Descansa en ellos. Hay un silencio en el corazón de cada sonido, procura oír ese silencio.

Cada sonido es Dios que está sonando. Es Dios que te habla, Dios que te llama. Oirás el sonido de los pájaros, el sonido de las máquinas, el sonido de la gente, Dios te está hablando, te está llamando, te está invitando.

Así, rodeado de sonidos, deja que tu corazón exprese ante Dios lo que siente: felicidad, alegría, dolor, rebeldía, alabanza, deseo de compromiso...

Este mismo ejercicio se puede hacer con los colores que hay a nuestro alrededor. Volver arriba.

6.- Orando con el gesto.

Uno debe orar con toda su persona, no con una parte de ella como normalmente lo hacemos.

El gesto tiene un sentido y un significado profundo. Puede tener dos modalidades: o hago un gesto y lo interpreto, o tomo una actitud y la expreso por el gesto. Vamos a tomar la primera modalidad en el famoso ejercicio de la flor de loto:

Tengo las manos cerradas, recogidas en el regazo y las voy abriendo, muy despacio, de modo que tenga conciencia de ese movimiento. Como los pétalos de una flor que se abre... Hasta abrirlas por completo... ir levantando los brazos hasta mantenerme quieto, vuelve hacia arriba las palmas de las manos.

Es el gesto más antiguo de oración de todas las religiones del mundo.

Experimenta lo que tu cuerpo está diciendo. ¿Qué expresa este gesto para ti? ¿Qué expreso a Dios en este gesto: rechazo, plenitud, vacío, pobreza, rabia, rebeldía, petición, generosidad...?

"Si queremos llevar el testimonio de Cristo a las calles del mundo, a los lugares que bombardean y solicitan nuestra atención, si queremos estar dispuestos a ofrecer hospitalidad, una hospitalidad gozosa, a permanente, no sólo la del techo o del trozo de pan, sino la del corazón, si queremos vivir en continua disponibilidad, necesitamos silencio.

Desierto, silencio, soledad, no son lugares sino estados del espíritu. Pueden encontrarse desiertos en el corazón de las ciudades y en lo cotidiano de la existencia".
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("Pustina", Catherine de Hueck)

DIEZ REGLAS PARA ORAR CON SENCILLEZ

  1. Tómate cada día dos minutos de tiempo para estar a solas y en paz. Relaja tu cuerpo, tu cabeza y tu corazón.
  2. Habla con Dios con sencillez y naturalidad, y cuéntale todo lo que te preocupa. No hace falta que uses fórmulas extrañas. Háblale en tus propias palabras. Él las entiende bien.
  3. Entra en diálogo con Dios cuando estés en tu trabajo diario. Cierra tus ojos un par de segundos donde estés, en el negocio, en el autobús, en tu mesa de trabajo.
  4. Convéncete de esta verdad: que Dios está contigo y te quiere ayudar. No es que tú estés siempre acosando a Dios para que te dé su bendición: es al revés, es El el que quiere bendecirte.
  5. Ora con la seguridad de que tu oración es inmediatamente eficaz, más allá de las tierras y los mares, y protege a tus personas queridas allí donde estén, y hace que también a ellas las alcance el amor de Dios.
  6. Cuando ores, has de tener ideas positivas, no negativas.
  7. Siempre tienes que constatar, cuando te pones a orar, que estás dispuesto a aceptar la voluntad de Dios, cualquiera que sea.
  8. Cuando ores, déjalo todo en las manos de Dios. Pide que te dé fuerza para hacer todo lo que te sea posible, y lo demás déjalo a El.
  9. Di una palabra de intercesión por aquellos que no te quieren bien o que te han tratado mal. Eso te dará fuerzas de un modo extraordinario.
  10. Cada día tendrás que decir una oración por tu país y por la paz.

  11.  
El consejo más sencillo es éste: habla con Dios como si estuviera sentado contigo en una silla, como si acabara de entrar en la habitación y dijera:

¿qué quieres que haga por ti?

(Del neurólogo de Zurich, Th. Bobet: tomado del catecismo Evangélico de Adultos, de 1975) Volver arriba.
 
 

PEQUEÑOS SECRETOS DE UNA ORACIÓN QUE VA MADURANDO

  1. Al principio se siente uno inclinado a ver la oración como una acción propia, como una realización humana.
  2. Pero a medida que uno madura se da cuenta de que es un don de Dios. Como afirma Pablo en Rom 8, es el Espíritu el que nos enseña a orar y el que ora en nosotros. No es tanto lo que nosotros hacemos o lo que ofrecemos. El gesto del orante, ya desde el tiempo de las catacumbas, es precisamente elevar hacia el cielo las manos abiertas y vacías. No podemos dar nada Dios. En todo caso, nuestra acción de gracias. Es Él el que nos llena. Y también el que nos mueve a orar.

  3. Al principio se entiende la oración como pedir para sí. Más tarde se descubre que también significa interceder, pedir por los demás Las dos formas, la petición y la intercesión, son legítimas y deben durar toda la vida.
  4. Pero con los años se descubre que vale mucho más el dar gracias, y sobre todo el alabar a Dios. Abrirse a los demás es una gran cosa. Pero abrirse Dios y alabarle, es todavía más. Es una actitud de apertura que ya nos enseñaron los judíos con su oración más hermosa: la bendición y acción de gracias. 

  5. Al principio se toman para la oración fórmulas aprendidas de memoria o sacadas de los libros. Eso es una ayuda que hace falta toda la vida. Siempre se necesitan fórmulas un poco fijas, en las que uno se reconoce, se goza.
  6. Pero hay que aprender también a orar desde el corazón, con oración espontánea. La oración de los hijos que se dirigen a su Padre con ánimo confiado, con sencillez, sin preocuparse demasiado de las fórmulas que emplean.

  7. Al principio se aprecia una oración detallada y extensa, que exprese todas las ideas de uno y todas sus intenciones.
  8. Cuando uno madura más, se aprende la fuerza que tiene una jaculatoria, una oración breve. Ya el evangelio nos advirtió que nuestra oración no debía ser como la de los paganos, llena de palabrería. Un ejemplo magnifico: la "oración de Jesús" de los orientales, breve y sencilla, repetida muchas veces. Otro ejemplo: una oración escuchada a pescadores bretones: "Señor. Tu mar es muy grande. Nuestras barcas, muy pequeñas. Amén".

  9. Al principio se busca mucho el cambio y la variedad en la oración. Sobre todo los jóvenes no suelen querer repetir fórmulas. Y no se les puede molestar por ello.
  10. Con la edad se aprende el valor que tiene la repetición. Y gusta el ir repitiendo una invocación litánica en un ambiente de paz y meditación.

  11. Al principio uno depende mucho del lugar, del tiempo, de los gestos tradicionales de la oración. Son elementos que ayudan a todos.
  12. Pero es bueno que se aprenda a rezar también en todo lugar, fuera de los ambientes y de los tiempos o posturas acostumbrados. (Cuenta de un jesuita que le dijo el secreto de su apostolado. Se acostaba muy pronto, a eso de las diez de la noche; pero luego, de dos a tres de la madrugada, se levantaba y hacía una hora de oración. En medio de Nueva York, se sentía extraordinariamente ambientado para orar en ese momento, intercediendo por la ciudad, en diálogo con Dios...).

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Epílogo

Bueno y hasta aquí las reglas, consejos, orientaciones, etc., ahora un poema, una sugerencia para que puedas usarla en tus oraciones.
 
 

¿Y si Dios fuera "el viento"

que penetra por las narices y por los ojos

hasta inundarnos los pulmones y las arterias?

¿Y si Dios fuera "el silencio"

que envuelve cada noche en papel de celofán

nuestros sueños azules?

¿Y si Dios fuera "el mendigo"

que nos tiende su mano

sin atreverse a confesar sus miedos

y sus hambres?

¿Y si Dios fuera "el niño"

que desde las ventanas

de sus ojos y de sus manos

nos hace carantoñas de plastilina?

¿Y si Dios fuera "el grito"

de los pueblos oprimidos de la tierra

que viven y mueren

ignominiosamente

reclamando un puñado de libertad?

¿Y si Dios fuera "Jesús de Nazaret"

muerto y resucitado hace dos milenios

y en la actualidad

estandarte de vida y esperanza

para millones de cristianos?

(Julián del Olmo) Volver arriba. 


Tomado del Boletín "Sígueme" del Secretariado de Juventud del Ob. de Huelva y otros documentos de los que no conservo su origen.
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