VIGO: NOTAS DE ARQUELOGIA URBANA

(publicado no nº 1 de A Buguina, novembro-decembro 1997. Boletín bimestral do programa Urban do Concello de Vigo)

Texto: Ángel Acuña. Arqueólogo-director das excavacións.

Durante los últimos cinco años se llevaron a cabo una serie de controles arqueológicos en el Casco Histórico de Vigo con el objetivo prioritario de avanzar en el conocimiento de las zonas de potencialidad arqueológica, a la par que desarrollar los mecanismos de protección y difusión del Patrimonio Histórico de la ciudad.

En este texto abordaremos, sumariamente, dos de los aspectos específicos de este proceso investigador. En la primera, presentamos un avance sumario de las intervenciones, esbozando en la segunda parte una propuesta de futuro.

Vigo ha crecido a lo largo del último siglo extasiada en sí misma. Adormilada, contempla indiferente como los viejos referentes de su identidad (calles y plazas, espacios y distancias, sabores y olores, hombres y nombres) mueren olvidados bajo la piqueta apresurada de su desarrollo. Pocos vigueses podrian imaginarse hoy que su ciudad estuvo rodeada durante trescientos años por una pretenciosa muralla que mal la defendía de los ataques corsarios. Pocos saben que la precaria cerca defensiva, dentro del cual se hacinaban unos cinco mil habitantes, empezó a quedarse pequeño hace apenas 100 años y la ciudad creció "por fuera" de la muralla (Alameda, Principe, Carral, Colón) ocupando terrenos ganados al mar y al campo. Otros tiempos.

Para recuperar, dentro de lo posible, aquellas señas de nuestra identidad, para recuperar parte de la historia de una ciudad desmemoriada, el gobierno municipal vigués promueve la realización de una serie de intervenciones arqueológicas, cuyos resultados cambian por completo nuestra percepción histórica de la ciudad. Las excavaciones sobre la antigua zona del Arenal confirman que el germen urbano del Vigo actual nació sobre un largo Arenal abierto al comercio y a la industria en los albores de la conquista romana. Sin embargo, poco conocíamos sobre el solar de la antigua ciudad amurallada, sobre el espacio urbano que hoy conocemos como el CASCO VELLO de Vigo. En las líneas que siguen, exponemos de una forma, que pretendemos divulgativa y no exenta del rigor que le corresponde, los resultados de una serie de controles arqueológicos dentro del antiguo recinto amurallado que arrojan, de forma parcial, algunas luces sobre el oscuro pasado.

Balance de las Actuaciones.

Las actuaciones arqueológicas se llevan a cabo sobre diferentes obras de dotación y mejora de servicios urbanos que el Ayuntamiento lleva a cabo en el interior del Casco Vello de Vigo. Todas las intervenciones se realizan por tanto sobre espacio público urbano (calles y plazas), siendo promovidas y financiadas desde el Departamento de Patrimonio Histórico y Medio Ambiente del Concello Vigués. Estas obras representan el desarrollo de una serie de Unidades de Gestión, Diseño y Mejora urbana aprobadas por el gobierno municipal en 1992 y que desembocarían en el presente PLAN URBAN. Las dotaciones consisten en mejora de los saneamientos, alumbrado, pavimentado y ornamentación. Por su propia naturaleza no alcanzan una gran profundidad, lo que limita, cuando no impide, la lectura e interpretación del depósito arqueológico.

CONTROL EN LA CALLE.FERMIN PENZOL.

La calle Fermín Penzol (antigua calle del Desengaño) baja en acusada pendiente hacia su entronque con la calle Carral y Marqués de Valladares, espacio ocupado antaño por el Baluarte de la Lama.

La zanja, ejecutada durante el mes de junio de 1993, estaba destinada a la mejora del tendido telefónico y recorría toda la calle en sentido descendente desde la Plazuela de Joaquín Yáñez hasta su remate en Carral.

Los cortes nos ofrecieron una interesante lectura de las vicisitudes de esta calle durante los últimos tres siglos, asomando a los perfiles de la zanja el antiguo colector de saneamiento, los cambios y el recrecimiento del pavimentado de la calle, así como una gran abundancia de materiales arqueológicos de los siglos XVII, XVIII tales como fragmentos de las anforetas de Indias, recipientes característicos del comercio con América, la cerámica azul de Talavera o las características producciones grises de tonos y sonoridad metálica. Del siglo XIX y primera mitad del siglo actual una larga lista de residuos urbanos tales como los fragmentos de loza cartujana de Pikman, las tarteiras y las tazas vidriadas de origen catalán, las sempiternas tejas curvas y planas, terrazos, plasticos, envases de vidrio, conchas y metales presentes en todo relleno de la ciudad.. Próximo a su conclusión en la calle Carral, recuperamos de la zanja una serie de materiales romanos como un fragmento de Terra Sigillata Hispánica de la forma Dragendorf 37, un fragmento de pestaña de tégula y varios fragmentos de una excelente cerámica común romana. Estos restos, muy significativos tanto por el lugar de localización (en ladera y al comienzo del antiguo arenal) como por su escasa profundidad de rescate amplia los datos de la intervención arqueológica en el antiguo edificio Ferro (en la actualidad biblioteca Penzol) y confirman la presencia romana en esta parte de la ciudad entre los siglos IV-VII de nuestra era.

BAIXADA O FORTE y PRAZA DO PEÑASCO.

La empinada escalinata de Baixada o Forte salva el desnivel entre el tramo final de la calle Elduayen y la calle de Pobladores. Estaba recorrida hasta comienzos de siglo por un lienzo de la muralla que nacía en la Puerta/Baluarte de la Falperra y remataba en el fortín de S. Julián, cerrando el flanco de esta acusada pendiente natural conocida como A Barronca. La Plaza do Peñasco es una pequeño espacio urbano nacido de la ampliación del camino de ronda que salía desde el flanco oriental del fortín de S. Julián hacia la puerta del Berbés.

Las obras de mejora de este depauperado entorno urbano incidieron preferentemente sobre las conducciones de saneamiento, pavimentado y alumbrado, tanto de Baixada ó Forte como de la Plaza do Peñasco.

A pesar de las intensas remociones de ambos espacios, los resultados se limitan a documentar los fuertes niveles de relleno realizados durante la demolición y adecuación del lienzo de muralla en espacio urbano a comienzos del presente siglo. La Plaza do Peñasco hace honor a su nombre y el sustrato natural aflora en gran parte de su superficie, imposibilitando la formación de cualquier depósito arqueológico.

RUA LAXE.

La Rúa Laxe es otra de las antiguas calles del Vigo y probablemente existiese antes del amurallamiento de la ciudad. Baja en acusada pendiente en busca de la desaparecida Porta da Laxe, entrada natural a la villa del trafico de viajeros y mercancías que subía desde el primitivo puerto de A Laxe. Aparece en todas las cartografías de época moderna que poseemos de la ciudad, y dada su importancia y situación, es una de las primeras en ser urbanizada.

La transformación de esta calle fue de las más importantes acometidas en el Casco Viejo. Se cambian las viejas tajeas de mediados de siglo pasado, algunas todavía en uso, por modernas conducciones de alcantarillado. Agua, luz y teléfonos son también reemplazados. Un nuevo pavimentado sustituye al habitual de chapa/cuña que cubría la calle en vistosos casetones desde principios de siglo y orientaba al viajero en sus primeros pasos por la ciudad portuaria.

Tan sustanciales cambios en esta vieja calle, alcanzan unas inusuales cotas de profundidad y nos posibilitan el poner al descubierto estructuras coetáneas con el amurallamiento de Vigo. La antigua cerca, desmontada a fines del siglo pasado para facilitar el ensanche de la ciudad, aparece en el arranque de la calle Laxe, entre los potentes niveles de relleno realizados desde mediados del siglo pasado para suavizar el acusado desnivel. Las zanjas para el saneamiento alcanzan, sin sobrepasarlo o destruirlo, el empedrado del antiguo camino que nacía en la inmediata Porta da Laxe y subía contiguo a la muralla interior y desde donde se accedía por estrechas calles hasta el corazón de la ciudad. De este gran horizonte de relleno recuperamos cerámicas de calidad, esmaltadas en blanco y decoradas con motivos en azul traídas de Talavera o Cataluña, las decoraciones con motivos de Rendas de procedencia portuguesa, o bien las decoradas en azul y morado originarias probablemente de Muel, Teruel o el área castellano-leonesa, cuyos restos, entre originales e imitaciones, pueden datarse entre finales del S. XVII y el siglo XIX. De esta época, proceden las típicas anforetas recubiertas de una gruesa capa de vidriado verde al interior con el objeto de hacerlas impermeables y que comparten horizonte con las producciones comunes de formas abiertas, pastas grises y rojizas, con bordes almendrados o en pestaña. Los depósitos de conchas de vieira, ostra, berberecho y almeja se combinan con huesos de cerdo y vaca configurando por su abundancia y espesor auténticos niveles orgánicos. Dos monedas, una de los Reyes Católicos reacuñada posteriormente y otra del rey Carlos II con fecha de 1680 nos sitúan con gran aproximación estos retazos de historia en su tiempo. Para finalizar, hemos de señalar que entre los materiales de este horizonte mixto, recuperamos un fragmento de asa de ánfora del tipo Haltern 70 y varios trozos de tégula romana provenientes de algún desmonte próximo.

BAIXADA A PRINCIPE.

Otro de los estrechos viales urbanos que busca en la pendiente el camino natural para salvar el desnivel entre la calle Abeleira Menéndez y la Plaza del Sol. Bajada a Príncipe fosiliza el trazado del antiguo camino de ronda que arrancaba de la antigua Puerta del Placer, rebasando el inutilizado Baluarte del Foso o de la Pulguiña, hasta encontrase con la Puerta del Sol, donde la ciudad salía al Barrio del Salgueiral y a la explanada que a fines del siglo pasado acogía la feria de los cerdos, ocupada en la actualidad por el ensanche de la calle del Príncipe.

Las obras de remodelación inciden preferentemente sobre las conducciones de saneamiento, pavimentado y alumbrado, tanto de Baixada a Príncipe como de los entronques con Abeleira Menéndez, Cruz Verde y Puerta del Sol.

Durante las obras se cierra el acceso a una de las bocas de las antiguas galerías subterráneas de abastecimiento de agua a la ciudad amurallada. El sustrato natural aflora a lo largo de toda la calle, bajo los restos del pavimento original de chapa/cuña de principios de siglo, imposibilitando la formación de cualquier vestigio arqueológico.

SAN BERNARDO y BAIXADA A FONTE

Las calles de Baixada a Fonte y San Bernardo forman parte del tramado de estrechas callejuelas que se desarrolla entorno a la iglesia parroquial y por su ubicación privilegiada dentro de este germen urbano, se presentaban a priori, como plataforma ideal para atisbar en los niveles arqueológicos más antiguos de la ciudad. Ambas calles nacen en los aledaños del antiguo atrio y cementerio parroquial de Sta. María, fosilizado parcialmente bajo la actual calle de la Oliva.

La remodelación afecta a todos los servicios urbanos de que disponen estas dos calles. Se aprovechan las viejas tajeas sanitarias para el tendido de los nuevos tubos de alcantarillado y se reemplazan las acometidas de agua, luz y teléfonos. Un nuevo pavimentado sustituye al adoquín en el tramo final de Baixada a Fonte, manteniéndose el pavimento de losas irregulares de grandes dimensiones en S. Bernardo.

Las cotas de profundidad alcanzadas por los trabajos en los primeros tramos de ambas calles son irrelevantes desde el punto de vista arqueológico y únicamente en la mitad inferior de Baixada a Fonte, una zanja de 1,20 m. de altura pone al descubierto las hiladas de base del antiguo Alfolí de la sal, desaparecido a principios de siglo cuando en la zona se construye la nueva plaza de abastos de la Lage. El basamento descubierto, corresponde a una parte de la pared y esquinal oriental del Alfolí, con más de diez metros de longitud, que se introduce bajo el eje central de la calle y desaparece hacia el norte. Las hiladas estaban sepultadas bajo un fuerte nivel de rellenos urbanos de principios de siglo que dan cuenta de los hábitos alimenticios y útiles de cocina del momento. Grandes bolsadas de conchas de berberecho, ostra, lapa y bígaros atestiguan el uso que los vigueses aportaban a su peculio culinario de su entorno próximo. La dieta se complementa con aportes de carne de cerdo y vaca. Entre la vajilla de diario predomina el barro común del país con tazas y tarteiras de cú ancho vidriadas al interior, y tan comunes hasta mediados de este siglo en nuestras cocinas. La loza de calidad aparece muy fragmentada, con cubiertas de esmalte estagnifero blanco y pintadas en colores siena, marrón, azules y amarillos vivos, propios de las producciones de la segunda mitad del siglo pasado. De estos fragmentos rescatamos un fondo de plato con sello estampado de corona y orla, elaborado durante la Tercera o Cuarta época de la Real Fabrica de Sargadelos y datable entre 1845 y 1875.

 CARCERE VELLA e SUBIDA A PEDRA.

Uno de los estrechos y viejos viales que daban salida al atrio parroquial hacia el norte, hacia el mar o en su defecto hacia la muralla, era y es conocida como Carcere Vella. La calle, que remata en la escalinata de Subida a Pedra, recibe su nombre al acoger, al menos desde el S. XVIII hasta 1880 en que se abre la nueva carcel de la calle del Principe, en varios de sus inmuebles la Vella Cadea de Vigo. Subida a Pedra salva en larga escalinata el acusado desnivel entre la antigua plaza del pescado y la plaza de la Piedra.

El proyecto de Rehabilitación afecta a todos los servicios urbanos de que disponen estas dos calles. Al igual que en los casos anteriores, se aprovechan en lo posible las viejas conduciones para alojar el nuevos saneamiento y se reemplazan las acometidas de agua, luz y teléfonos. Un nuevo pavimento sustituye al anterior de chapa/cuña en toda la calle de Carcere Vella y se reforma la escalinata de Subida a Pedra.

Los trabajos de rehabilitación se desarrollan de forma superficial adaptándose y reutilizando las canalizaciones y trazados anteriores. Unicamente en la zona media de Carcere Vella se profundiza hasta una cota de 1,35 m. para alojar un pozo de saneamiento continuando la zanja hasta la transversal calle de la Oliva con una altura de 1,20m. Aprovechamos para ojear los cortes y estratigrafías de esta interesante zanja tan próxima a la iglesia y en una condiciones calamitosas de agua, barro y falta de tiempo, Documentamos bajo el pavimento de chapa/cuña hasta TRES recrecidas de la calle, atestiguadas por sendos pavimentos de empedrado y tierra batida sustentados sobre niveles de relleno. En ningún caso, y al igual que las actuaciones anteriores, agotamos los niveles arqueológicos de esta zanja que continúan en profundidad.

ARGUELLES, CALATRAVA y S. SEBASTIAN.

El entorno de la plaza de Arguelles (antigua plazuela de la Hierba) sufre un cambio cardinal a finales del siglo pasado al llevarse a cabo la travesía de Vigo. Esta necesidad de comunicar la Puerta del Sol con la Puerta de la Falperra requiere del derribo de varias casonas, de la capilla de la Misericordia situada escaleras abajo la plazuela y el alineamiento de las nuevas fachadas que hoy configuran la calle de Elduayen.

La rehabilitación conlleva el tratamiento y nivelación del pavimento de plazas y calle, dotación de nuevas luminarias y mobiliario urbano así como la reposición de las líneas de abastecimiento y saneamiento existentes.

La vieja plazuela de la Hierba descubre bajo su pavimento actual, que había sido desmontada y vaciada para alojar los antiguos urinarios urbanos, obra de Antonio Palacios, hoy destinados a servicios sociales. En la zanja que recorre la plazuela de Calatrava aflora la roca natural y en su avance a lo largo de la estrecha travesía corta en un paquete de relleno actual que le sirve de pavimento.

Unicamente la amplia zanja para dotación de servicios que se abre en la calle de S. Sebastián aporta algunos datos de interés arqueológico. La excavación, que alcanza una profundidad de 1,10 m. bajo la rasante de la calle actual, pone al descubierto los restos de una bajada escalonada de piedras y del antiguo pavimentado de la calle, anterior a la apertura de la calle Elduayen en 1889. En efecto, la apertura de la nueva travesía transforma el acceso desde la antigua calle de Sombrereros (hoy parte de la calle Elduayen) a la calle de S. Vicente. La bajada escalonada da paso a la larga rampa que hoy conocemos. El antiguo vial queda sepultado bajo una capa de rellenos decimonónicos entre los que descuella una numerosa representación de la loza sevillana de Pikman con diferentes sellos estampados y grabados fechados en 1862. La loza inglesa esta presente a través de los platos de ala corta decorados con la serie de las mariposas. La loza francesa con las facturas de Carreguemines. El influjo portugués lo atestiguan las cerámicas de variada paleta de colores, con decoraciones metopadas y de guirnaldas en un vivo azul, vegetales en verde y motivos geométricos en amarillo. Entre las producciones de cerámica española destaca la abundancia de tazas o cuncas de La Bisbal caracterizadas por su vedrio cubriente de gran calidad. Estas producciones, originales e imitaciones, importadas por los arrieros catalanes y maragatos, introducen durante los siglos XVIII y XIX, nuevas formas cerámicas que serán muy populares en la costa gallega y cuyas producciones conocerán una gran dispersión. Nos referimos a la conocida tarteira catalana asimilada en la mayoría de los centros alfareros del país y principalmente en la zona de A Guarda, el plato farrapeiro de basto esmalte y una serie de tazas, fuentes y barreños cuyo origen habría que buscarlo en las importaciones castellanas.

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